![]() |
|||||||||||||||
Esto que te relato, amiga Charo, sucedió en Kenia, en un viaje que hice. Fui a un Safari, el cual consistía en ir con un grupo de cazadores que tenían un contrato legal con un zoo, ellos le facilitaban los animales mientras los turistas observábamos ese mundo. El grupo era de unos quince, la mayoría chicos, y solo una pareja. Nos presentaron a los cazadores al frente de los cuales estaba una chica que se llamaba Maite. Era española, rubia, de complexión fuerte, alta, delgada pero con senos grandes y un culo salido y respingón. Solía ir con un pantalón muy corto y una camisa, todo ello marrón. El primer día, tras ver algunos animales, la caravana se instaló a pocos kilómetros de donde habíamos visto una manada o familia de leones para pasar la noche. Al anochecer empezamos a cenar todos, sentados formando un corro y hablando de lo que habíamos visto. Una vez que finalizó la cena, nos fuimos a las tiendas, observando yo como Maite agarraba a uno de los excursionistas, un argentino, y se lo llevaba a su tienda. Al día siguiente, mientras desayunábamos, el argentino nos contó a unos pocos lo que hizo la noche antes. Nos dijo que entraron en la tienda, casi sin hablarse, ella le desnudó rápidamente, lo tiró al colchón y empezó a chuparle la polla velozmente. Dijo que tardó poco en correrse, por lo que Maite le miró enfadada, aunque momentos después se desnudó ella, dejando ver su voluptuoso cuerpo, sus grandes pechos, su gran culo, su coño poblado de bello rubio y entonces ella se puso de rodillas encima de la cara de él y éste empezó a chuparle la raja, pero por lo que se veía a Maite no le gustaba como él lo hacía, ya que no tardó mucho en quitarse para volver a tirarlo al suelo y a continuación ella sentarse encima de él pero nuevamente el chico no aguantó mucho con la rubia, y Maite lo echó. Una vez terminado el desayuno, partimos. A Maite se le veía muy
enfadada y le gritaba al resto de los cazadores de su grupo. Fuimos a
observar los leones para saber por donde andaban. Al atardecer retornamos
al campamento y por la noche, de nuevo nos pusimos en coro para cenar,
y cuando terminamos cada uno se fue a su tienda, pero esta vez Maite cogió
de la mano a un inglés del grupo. Por la tarde salimos a explorar el terreno cercano a los leones, el momento
de la caza estaba próximo y el plan casi listo. Una vez esto realizado,
retornamos a cenar y comimos en coro como siempre. Por la noche, esta
vez Maite cogió a dos hombres y una mujer, eran argentinos también
los tres. Le había gustado lo de los grupos, nunca tenía
problemas para escoger puesto que todos estábamos ansiosos por
follar con ella, además era bastante guapa y su fama de ninfomanía
le daba mucho morbo. Tras desayunar ella nos convocó a todos y nos dijo que hoy era el día en que iban a cazar al león. Maite formó varios grupos de cuatro personas y yo fui con ella y con dos franceses. Nuestro grupo iría a vigilar la trampa y los demás llevarían a los leones hacia allí que podía haber un trayecto de una hora. Nos colocamos en los alrededores detrás de unos arbustos, en parejas de dos, yo y un francés, y el otro con ella, pero ambas parejas nos veíamos. Llevábamos unos minutos echados en el suelo esperando, cuando Maite empezó a tocarle la polla a su compañero, el cual se resistió al principio pero acabó sucumbiendo y el mismo se desabrochó los pantalones y se los quitó, se bajó los calzoncillos y se sacudió la verga para que cogiera consistencia. Maite mientras tanto, se abrió la camisa que llevaba, se quitó el sujetador y dejó al descubierto sus tremendas tetas, él empezó a chuparle los pezones y a bajarle los pantalones. Nosotros éramos testigos de todo ello con una inmejorable situación y ella sabía que los veíamos, pero no le importaba. El, de un tirón, le rompió las bragas y la tumbó en el suelo, le separó las piernas y se la metió. La polla del francés estaba taladrándola y en cada sacudida le proporcionaba placer, hasta que él llegó al orgasmo y empezó a soltar chorros de semen. Al poco Maite se incorporó y le chupó ansiosamente las últimas gotas del pene, después le lamió el tronco, se la metió en la boca y empezó a resucitarla hasta que lo logró y volvió a ponerse firme. Entonces se la sacó de la boca y se puso a cuatro patas, apoyó la cara en el suelo y con las manos se separó los labios vaginales, el francés empezó a palparle las nalgas, introduciéndole un poco un dedo en el culo. - ¡Sí, eso es lo que tienes que hacer! - le dijo Maite. Se la oía perfectamente, luego le metió el dedo en el coño y empezó a moverlo en círculos, ella cerró los ojos y empezó a disfrutar del momento. Tras esto, él le agarró las tetas y le clavó su polla en el coño empezó a moverse compulsivamente y a bufar ruidosamente. Ella jadeaba cada vez con más fuerza. Nadie prestaba atención al león y la trampa, ellos estaban en lo suyo y nosotros éramos los espectadores, hasta que él soltó su semen y Maite inmediatamente se corrió intensamente. Segundos después abrió los ojos y vio como el león estaba bajo la trampa, se subió los pantalones apresuradamente. Llegó a la cuerda, soltó la trampa y en el límite cazó al león, se arregló la camisa adecuadamente y los demás grupos fueron llegando. Tras esto llegamos al campamento y estuvimos todo el día por allí.
Maite, sola, no salió de su tienda en todo el día. Después
de cenar nos fuimos a dormir, pues al otro día emprendíamos
el regreso para ir a entregar los animales, era el último día
de safari. Maite tenía que hacer fuerza con los brazos para no irse hacia delante, hasta que ella nuevamente llegó a otro orgasmo que coincidió con el mío. El placer comenzaba a llegar, mi rabo empezó a bombear semen mientras yo gemía levemente. La leche empezó a salir de su coño y a caer al suelo cada vez que le daba un empujón. Las sacudidas eran más intensas y espaciadas hasta que con una de ellas Maite se soltó, llenando su culo, coño y piernas con lo que quedaba. Tras esto, Maite se quedó sentada mirándome, con cara de rareza, con sus senos desnudos, su rubio coño y debajo un pequeño charco de semen. Al rato, se levantó, con una toalla se limpió su raja y caminó hacia mí, agarró mi pene con la mano y se lo metió en la boca, entreteniéndose un rato, lamiéndomelo por los lados, metiéndoselo entero y quitándome los restos de semen. Seguidamente Maite me puso el coño en la boca, mientras ella empezaba a comerme de nuevo la polla, haciendo un sesenta y nueve. Me dediqué a lamerla y a meterle mis dedos, mientras ella le daba lengüetazos a mi miembro. A continuación, me tumbó en el suelo, Maite se sentó en mi polla y volvió a botar. Estuvo así hasta que nuevamente se corrió, luego se quitó de encima y se limpió con la toalla. Después se tumbó a mi lado, dándome la espalda,
yo la abracé por los pechos, le di besos en el cuello y con la
polla empecé a entrar de nuevo en ella, lentamente, hasta que de
forma lateral empezamos a follar más rápidamente, gemíamos
los dos, me movía y ella, pasiva, recibía, hasta que ambos
llegamos al nuevo orgasmo. Después de esto quedamos descansando
un rato tumbados en el colchón. - Mejor que me folles ahora por el culo, tengo el coño que me arde. Acepté, ella se puso en cuclillas, se esparció un poco de semen por la entrada del culo, luego se lamió el dedo anular y empezó a introducírselo muy lentamente por el ano hasta que se lo metió hasta el fondo, lo dejó dentro unos minutos para que se dilatara, después se lo sacó, se puso a cuatro patas y repitió la misma operación pero con uno de mis dedos. Cuando Maite creyó que estaba bien dilatada, me sacó el dedo, me chupó un poco la polla para lubricarla más y me dejó hacer. Situé mi polla en la entrada del culo y metí con mucha delicadeza la puntita. Ella gritó de dolor. Fui metiéndosela lentamente, con largos espacios de tiempo entre centímetros, ella soltaba en cada movimiento grandes alaridos, pero le gustaba, era una buena puta, ninfómana insaciable. La verga entraba lenta pero de forma constante y al poco tiempo estaba toda dentro. Repetí varias veces la operación hasta que su culo ya aceptaba bien mi verga, y entonces empecé a darle lentamente. Maite arañaba el suelo, gritaba desgarradoramente, gemía de placer, le estaba partiendo más aun su roto culo, pero le gustaba pues se corrió nuevamente. Entonces yo aceleré más, ella gritaba dolorida, hasta que minutos después nos corrimos los dos, inundando yo su culo. Momentos después saqué mi polla y su culo empezó a vomitar semen. Su ano estaba destrozado, abierto, enrojecido. Tras esto, nos tumbamos en el colchón y nos dormimos al rato. Al día siguiente el campamento se desmontó, y al otro día retorné a mi casa en Huelva, eso sí con el messenger de Maite. Ahora sigo en contacto y ella me cuenta lo que va haciendo en los safaris, más que nada a quien se tira y como. Besos, Charo y hasta otra. | |||||||||||||||
![]() |