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Mónica y yo habíamos terminado cinco meses atrás, para frustración de mi vida sexual y de mi vanidad, porque nunca he tenido mujer más bella y me hacía sentir importante, muy importante, pasear por la Universidad con ella de la mano, y porque follaba como las diosas, pero también para descanso de mi espíritu, porque los ocho meses que duró nuestro noviazgo formal fueron una tormenta permanente. Mónica era, es, como una princesa, salvo por la estatura, porque medía 1,63 ó 1,64. Fuera de eso podía haber salido en la tele en los anuncios. Su carita parecía sacada de un cuadro de Boticelli, y es delgada, de muy buen cuerpo y, sobre todo, tiene una mirada ardiente que asoma tras sus verdes ojos cuando ella así lo quiere, por entre sus largas pestañas. Imaginadla. Durante tres meses nos esquivamos con éxito, pero cuando empezó el siguiente semestre, el último, coincidimos en una clase fundamental, y aunque apenas nos dábamos los buenos días, me dolía verla. Así, pasaron dos meses hasta que salimos de viaje de prácticas, quizá unos 75 tíos en dos autocares, con tres profesores, a algún lugar del sureste de la península. El viaje duró seis días y cinco noches y marcó mi último encuentro con Mónica, el último, pero el más heterodoxo, no cabe duda. Yo compartí cuarto, en los hoteles en que paramos, con Tomás, un buen amigo, que era uno de los más bebedores de mi grupo de camaradas en el que ninguno era abstemio, pero yo ya sabía que, a menos que Tomás se ligara una chavala, cosa no tan fácil, estaría todas las noches en el cuarto del "escuadrón suicida", es decir, cuatro tíos que compartían habitación, a los que les llamábamos así por su manera de beber hasta caer. Yo tenía la mira puesta en Lidia, una buena y querida amiga, pero
la presencia de Mónica, sentada unos asientos delante de mí,
me hizo olvidarlo todo. La primera noche, volviendo del paseo que había
que hacer, no lo vi por ningún lado y tuve que ahogar penas con
el escuadrón suicida, pero el segundo día la seguí,
hablamos, nos tiramos varias indirectas y, como era de esperar, terminamos
follando como desesperados...
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