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Su trabajo en la biblioteca le proporcionó uno de los mejores
polvos de su vida. Conocía a la chica, ya que habían coincidió
en alguna clase.
Este es el primer relato que escribo y perdonad mi falta de experiencia.
Éste es un relato real que me ocurrió hace ya unos meses.
Trabajar en la biblioteca era penoso después de acabar la carrera
y con tan solo 23 años, o eso pensaba yo cuándo mi padre
me propuso ayudarle eventualmente por las tardes en ése trabajo
para hacer algo, claro está, pero pronto empecé a cogerle
el gustito a mi nuevo trabajo.
Era época de exámenes y cómo no las bibliotecas estaban
siempre a rebosar y casi todos mis amigos y amigas aún estaban
acabando sus respectivas carreras por lo que los veía en mi trabajo
y entre ellos se encontraba ella.
Siempre venía a saludarme y se quedaba estudiando en la mesa que
lindaba a la de mi mostrador porque siempre hemos sido buenos amigos pero
salvo algún beso y algún magreo en plena fiesta no ha habido
nada más.
Era un auténtico bombón, morena con el pelo estilosamente
ondulado, labios carnosos, bastante alta aunque acorde con mi estatura
y con unas tetas perfectas y naturales, bien delgada y con un buen culo
para ser una chica tan delgadita, era redondito y respingón
cómo
me gustaba mirarlo y no decir que no se me pasaban por la cabeza todas
las cosas que haría con él.
En una de esas tardes de estudio, con ella en la mesa de al lado yo estaba
atareadísimo con una nueva llegada de un pedido de libros que había
que codificar y colocar con lo que me temía que ésa iba
a ser una noche bastante larga. Al verme tan agobiado se ofreció
a que en cuánto acabara de mirarse los temas que le quedaban vendría
conmigo a ayudarme.
No sé exactamente lo que me pasó en ése instante
pero en el momento en el que accedió me puse muy caliente pensando
en lo que podría pasar si jugaba bien mis cartas, ya que, una ocasión
así no se me presentaba todos los días y además con
el morbo añadido de follar en un lugar donde nos podrían
pillar.
Iba vestida con unos pantaloncitos cortos que dejaban ver sus largas piernas
y una camisa de tirantes blanca que no dejaba mucho a la imaginación
ya que trasparentaba casi por completo su sujetador insinuando sus preciosas
y grandes tetas.
Y así lo hizo, poco a poco la biblioteca quedo prácticamente
vacía y ella vino a ayudarme y nos quedamos allí los dos
solos, así que cerramos la puerta por dentro por si las moscas.
Nos metimos en el almacén y comenzamos con nuestro trabajo, ella
estaba de pie pero inclinada recogiendo unos cuántos libros del
suelo, lo que me dejaba una buena perspectiva de su culo, que con los
pantaloncitos que llevaba le daban una forma perfecta y con esa vista
me estaba poniendo bastante caliente, ya que ése día hacía
bastante calor y con el sudor la camisa se le pegó al cuerpo transparentando
por completo su sujetador blanco, no podía apartar la mirada.
| IMPORTANTE |
El
relato completo lo encontrarás en la revista Charo Medina
266, correspondiente
al mes de Febrero de 2012
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Muchísimas
gracias.
* La foto que ilustra este testimonio no ha sido
enviada por el autor del mismo
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