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Aquella noche iba a un concierto de un grupo que eran amigos suyos.
Llegaron al local, empezaron a escuchar la música pero, como estaban
calientes, decidieron ir al coche para pegarse el lote.
Estábamos en febrero discurría y, tras una semana de estresante
trabajo, tocaba al fin el descanso del viernes noche. Hoy recogería
a mi chica, que era una belleza. Labios preciosos y unos pechos pequeños
pero bien puestos, era un bombón concentrado en menos de 1,57 de
altura y delgadita.
Íbamos a un concierto que un amigo daba en un pequeño pub
apartado de la civilización, y que en verano tenía muy buen
ambiente gracias a su terraza, pero que en invierno rellenaba la falta
de clientela con pequeñas oportunidades a grupos locales como el
de mi amigo.
Llegamos al lugar a eso de las doce de la noche y allí encontramos
al resto de la peña mientras el grupo montaba los instrumentos
en el escenario. Yo me fui a pedir unas copas y dejé a Carmela
con los amigos. Hoy iba francamente guapa, con unos vaqueros pegados y
una camiseta que tapaba con un abrigo largo.
Mientras esperábamos las cervezas y las copas fueron pasando y
yo me notaba cada vez mas achispado, Carmela se había sentado a
mi lado en un sofá y yo aprovechaba para estudiar la tira de su
tanguita y de camino la redondez de sus nalgas, cosa que me iba calentando
enormemente. Al fin los primeros acordes comenzaron a sonar y nos levantamos
para situarnos frente al escenario, aunque discretamente, mi chica y yo
aprovechamos para quedarnos retirados del grupo, que más o menos
era de unas sesenta personas. Así, mientras bailábamos y
Carmela levantaba las manos al ritmo de la música Rock del grupo,
yo bajaba las mías y las ocupaba en seguir estudiando su tanga,
pero ahora por la parte delantera, y en ir calentando su libido pasando
mis labios y mi lengua por aquellos sitios que yo sabía que mas
placer le daban.
De repente le susurre al oído:
-Vamos a la calle, sígueme
La agarré de la mano y la saqué sin que nadie nos viera,
ya que la puerta de la calle quedaba de espaldas al escenario. Una vez
fuera nuestras bocas automáticamente se buscaron y se unieron durante
todo el caminito hacia el parking donde llegamos a mi coche:
-No te subas
hagámoslo en el capó
Dicho esto mientras mis brazos la rodeaban y mis manos acariciaban sus
pequeños senos y su chocho por encima de los pantalones. No esperaba
encontrar demasiada oposición a este juego como de hecho sucedió.
Carmela es una chica pequeñita de apenas 50 kilitos de nada por
lo que la levanté y la puse contra el coche mientras le levantaba
la camiseta por encima del cuello y con un solo movimiento desabrochaba
su sujetador descubriendo así unas tetitas, como ya dije, pequeñas
pero redonditas con unos pezones rosaditos y que apuntaban directamente
al cielo de mi boca ya que mis labios habían pasado de navegar
por su cuello a hacerlo por las redondeces de sus tetas...
| IMPORTANTE |
El
relato completo lo encontrarás en la revista Charo Medina
266, correspondiente
al mes de Febrero de 2012
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Muchísimas
gracias.
* La foto que ilustra este testimonio no ha sido
enviada por el autor del mismo
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