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Iban a la boda de un amigo de la universidad. Se desplazaban todos
a La Coruña e iban a recordar viejos tiempos. Fue a la habitación
de Ramón para asesorarle sobre unos negocios y la mujer de su amigo
le montó un espectáculo, que acabó en una buena sesión
de sexo. Por supuesto, el marido no se entero de nada.
Ese fin de semana se casaban nuestros amigos Juancar y Sofía en
La Coruña y habían invitado a toda nuestra pandilla. Juancar,
Miguel, Ramón, Felipe y yo somos amigos desde la Universidad y
cuando todos nos echamos novias, todas congeniaron muy bien y continuamos
viajando todos juntos.
Cuando empezamos a trabajar y aún cuando varios nos fuimos casando,
seguimos siendo amigos. El último que quedaba por casarse era Juancar
y caería ese fin de semana de agosto.
Mi mujer y yo llegamos al hotel el viernes por la tarde y vimos que éramos
los últimos en llegar. En cuanto pisamos la habitación ya
estaban llamando a la puerta un par de mis amigos para ir a tomar una
cerveza y ponernos al día. Me despedí de mi mujer y le dije
que luego nos veíamos.
Después de estar juntos un par de cañas, uno de mis amigos
Ramón y me dijo que si podía hacerme una consulta legal
en la habitación puesto que soy abogado. Después de llamarle
de todo por darme el coñazo con temas de trabajo acepté
a cambio de por la noche las copas corrían a cargo de él.
Cuando llegamos a la habitación saludé a su mujer Ana. Ana,
aunque era agradable, siempre había guardado muchas distancias
conmigo desde que nos conocimos. Ramón me preguntó por varias
cuestiones legales sobre un negocio. Revisé con ellos dos todo
el papeleo y después de un rato empecé a tener clara la
solución. Cuando estaba terminando, Ana se levantó y dijo
que tenía que empezar a vestirse para la recepción de la
noche o no le daría tiempo. De pronto me di cuenta de que la podía
ver por el espejo que tenía delante de mis narices.
Mientras su marido y amigo mío leía los documentos, la muy
zorra se fue quitando el sujetador girándose para que pudiera verle
las tetas. Dios, qué tetas más impresionantes, eran bastante
grandes, redondas y muy firmes, con dos pezones rosas bien marcados. Mientras
ella me miraba, se bajó el tanga y pude observar su depilado coño
mientras ella disimulaba una caricia. Yo, ya ni sabía lo que me
decía Ramón y hasta me dolían los ojos de mirar el
espejo. A continuación, se puso despacio el nuevo sujetador negro
y aquel diminuto tanga, pero la muy zorra tuvo que doblarse hasta llegar
al lado de la cama en el que tenía el vestido brindándome
una visión perfecta de cómo se metía el hilo del
tanga por su perfecto culo. Cuando se había puesto el vestido se
sentó en la cama abierta de patas para que pudiera verle el coño
y se dedicó a hacerse las uñas mientras su marido acababa.
En ese momento, llamaron a la puerta. Era uno de los familiares del novio
que necesitaba que alguien le ayudara a
llevar el coche de los novios hasta el parking del hotel y Ramón
propuso que yo me quedara explicándole todo a su mujer mientras
él iba a por el coche.
-Claro Ramón, no hay problema, si ya casi no queda nada -Le dije
intentando que no se notara mi excitación.
Nada más cerrar la puerta, me giré de frente hacia Ana.
La zorra seguía abierta de patas pero ahora subió una de
sus desnudas piernas y la apoyó en el filo de la cama. Dios, qué
visión tan perfecta de su coño...
| IMPORTANTE |
El
relato completo lo encontrarás en la revista Clima 1663
correspondiente
a
la semana del
5 al 12 de Febrero 2012
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Muchísimas
gracias.
* La foto que ilustra este testimonio no ha sido
enviada por el autor del mismo
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