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Su amante, estaba casada y cuando querían echar un polvo,
utilizaban el piso de su hermano que viajaba mucho. Una tarde y mientras
estaban en plena faena llegó la novia del hermano.Les dijo que
iba a buscar unos papeles y se iba. Al día siguiente llamo a su
amante y le hizo una proposición.
Hacía unos tres meses que había empezado mi relación
con Paula y las cosas no estaban siendo fáciles en lo tocante a
nuestros encuentros.
Me explico: En su casa solía estar su marido, la mía, ya
se sabe, no estaba en condiciones para recibir a nadie, y coger una habitación
de hotel cada vez que queríamos echar un polvo era muy gravoso
para nuestras economías. Lo que pasa es que Paula estaba tan buena
que compensaba aquellos inconvenientes.
Por suerte, aliviaba algo esta situación el hecho de que, su hermano,
divorciado, tenía que hacer frecuentes viajes a causa de su trabajo,
y aunque tenía una hija de 23 años, casada, prefería
dejarle a Paula una llave para que le regase las plantas. Ni que decir
tiene que en esas ocasiones aprovechábamos su casa para nuestros
encuentros sexuales.
En esa situación estábamos aquel sábado, desnudos
en la cama de la habitación del hermano y gozando a tope del sexo
de la forma tan salvaje que Paula sabía hacerlo. Pero las cosas
se iban a complicar.
Estábamos los dos tan ensimismados en nuestros placenteros juegos
que no oímos que se abría la puerta, ni que alguien andaba
por la casa hasta el dormitorio. De lo primero que nos percatamos fue
que María, la novia del hermano de Paula, estaba mirándonos
desde la puerta del dormitorio. Naturalmente nos quedamos totalmente cortados.
-No, seguid, seguid -Dijo la joven-, no quería interrumpir ni sabía
que estabais aquí, solo vine a por unos papeles que necesito, pero
ya me marcho.
Habíamos tirado de la sábana para cubrirnos un poco y Paula
dijo:
-Busca lo que tengas que buscar, nosotros ya nos marchamos.
-De marcharos nada. Yo busco los papeles, tardo diez minutos como mucho,
pero vosotros seguid follando. ¡Ya quisiera yo estar en tu lugar!
Se fue y la oímos trastear por la casa, pero lo cierto es que a
nosotros ya nos había cortado el rollo.
Al cabo de unos minutos volvió a aparecer en la puerta, ya con
el bolso colgado del hombro.
-Vaya -comentó-, veo que os habéis cortado. Bueno ahora
lo retomáis porque ya me voy, por cierto, cachonda pérdida.
Efectivamente, escuchamos como cerraba la puerta de la calle, pero aunque
lo intentamos, la cosa ya no fue lo mismo. Paula comentó que le
preocupaba que María se lo contase a su hermano.
Ambos sabíamos que nuestro encuentro podía tardar en volver
a repetirse, por las circunstancias. Pero lo realmente curioso ocurrió
tres días después, cuando Paula me llamó por teléfono.
Yo sabía que el marido estaba en casa, y el hermano también,
luego la llamada no podía ser para uno de nuestros encuentros.
-Dime Paula.
-Hace un momento que me ha llamado María para decirme que el otro
día, cuando nos vio, se puso tan cachonda que no tuvo más
remedio que hacerse un dedo.
-¡Coño! ¿Y cuál es el problema?
-Problema ninguno, lo que dice es que quiere montarse una orgía
con nosotros dos. Pero claro, yo no sé si a ti te gusta ella...
| IMPORTANTE |
El
relato completo lo encontrarás en la revista Charo Medina
266, correspondiente
al mes de Febrero de 2011
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Muchísimas
gracias.
* La foto que ilustra este testimonio no ha sido
enviada por el autor del mismo
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