Me llamo Andrea, soy de Madrid, actualmente separada y con una hija, de apenas 4 años.
Lo que les voy a contar pasó hace siete años, pero antes diré que soy una chica atractiva, mido 1,50 m, no tengo uno de esos cuerpos esculturales pero tengo mucho pecho, una 110, y un culo que puedo decir que hace las delicias de todos los hombre que me miran.

En lo que a sexo se refiere me inicié a los 18 años y siempre me gustó follar con todos los chicos con quien salía y ofrecerles lo mejor de mí, mi boca y mi culo. Cuando una no es una modelo siempre tiene que ser más simpática para de alguna forma atraer al sexo opuesto, pues yo era mucho más simpática y por supuesto más puta.
Así fue que una noche en una discoteca conocí a Mauro, un muchacho de unos 1,80 m de altura, muy fornido. Recuerdo que era verano y llevaba un vaquero elástico que me marcaba el culo, y unas botas de tacón con el fin de aparentar una estatura mayor. Nos pusimos a charlar y nos tomamos unas copas, el ambiente subía de temperatura y nos fuimos a los reservados, conseguimos un lugar detrás de todo, en un sillón de una de las esquinas de la discoteca. El lugar no podía ser más adecuado para lo que se avecinaba. Lo primero que vi cuando me senté fue como una pareja se estaba manoseando a escasos centímetros de nosotros y parecía que el chico le estaba metiendo la mano por debajo de la blusa y ella le masturbaba la polla que asomaba fuera de su pantalón.
Cuando me senté, Mauro se me echó encima, primero sobó mis pechos, y comenzó a besarme de una manera feroz introduciendo la lengua hasta mi garganta. Me entregué con pasión a aquel beso, mordiéndole los labios de vez en cuando, me encanta dar pequeños mordisquitos. Nos besamos por espacio de media hora, yo aproveché y me subí sobre él con las piernas abiertas y empecé a restregarme contra aquel cuerpo duro y potente.
Pronto me dijo que no aguantaba más, que necesitaba algo más, yo entendí y enseguida le bajé la cremallera de los pantalones y le agarré su hermosa polla, empezando una buena paja, mientras el decía:
- Sigue, Andrea, me encanta - jadeaba Mauro - ¡Dale, Andrea, hazme correr, puta! - la conversación iba subiendo de tono y yo comenzaba a mojarme.
- ¿Te gusta? - le preguntaba yo, y apretaba con más fuerza.
- Ahora quiero que te agaches y te la metas en la boca - me ordenó.
Enseguida le respondí que no, si bien me gustaba la situación y amaba el sexo, no me gustaba mucho la idea de que alguien me viera.
- ¡Venga mámamela! - insistía, y acompañando esa orden me cogió la cabeza y quería bajármela hasta su polla.
No podía decir que no, pues su polla me encantaba y amaba comérmelas y llevar a los hombres a una nube. Me arrodillé ante él en el rincón de la discoteca y comencé a besar la punta de esa polla regordeta. El presionaba mi cabeza y así comencé a tragármela, aunque apenas entraba en mi boca y casi me asfixiaba, pero me gustaba. Empecé a hacerle una mamada a todo motor como siempre me ha gustado y él empezó a menear su pelvis como si me estuviera follando la boca. Yo trataba de acariciarle los testículos, pero los pantalones no me lo permitían, el empujaba mi cabeza cada vez mas abajo y yo estaba con mis labios apoyados sobre su pantalón

IMPORTANTE
El relato completo lo encontrarás en la revista Clima 1468 correspondiente
a la semana del
13 al 20 de Mayo



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* La foto que ilustra este testimonio no ha sido enviada por el autor del mismo

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