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Hola queridos lectores, tengo 56 años y llevo separada más
de 15. Tengo dos hijos, varón y hembra, y llegué a este
país buscando un nivel de vida distinto. Anduve por varias comunidades
y en Madrid me asenté. Empecé cuidando a un señor
muy mayor, que se enamoró de mi. - Mami, es un tío legal y parece muy majo, felicidades. Ya daba por sentado que éramos amantes. Cuando quedamos solos charlamos de todo. Me estaba gustando aquel joven, aunque sólo tuviera 30 años. - ¿No has sentido la necesidad de seguir tus impulsos? - me preguntó. Cuando iba a seguir selló mis labios con los suyos y me sorprendí a mi misma cuando mi propia lengua penetró en su boca. No sólo aceptaba aquel beso sino que lo deseaba. Mis bajos estaban encharcados. Estaba tan excitada que cuando sentí su mano sobre uno de mis pechos y como sus dedos pellizcaban el pezón, le agarré de la nuca y lo besé con desesperación para ahogar la tremenda corrida que inundaba mi entrepierna. Luego, en la soledad de mi cuarto me masturbé, cosa que jamás había hecho, tantas veces como pude hasta quedar dormida. Nunca pensé que un hombre más joven pudiera provocar en mi aquella ansia. Ahora comprendía que mi hijo gustase de salir con mujeres mayores que él. Hablamos por teléfono varias veces. Su voz me excitaba y acababa con algo entre las piernas, normalmente mi mano. Por fin quedamos otra vez. Me puse muy provocativa. Una falda amplia y larga. Me saqué el sujetador y me puse una ligera rebeca ya que la primavera tocaba a su fin. Nos habíamos citado en una piscina. El apareció y se sacó el bañador en la parte trasera del coche y se puso unos bermudas. Por más que hice para verlo, no pude. Estuvimos dando un corto paseo hasta que extendió una manta en el suelo y nos tumbamos. Procuré mostrar una buena dosis de muslos. Creo que lo conseguí. Incluso pienso que se dio una buena ración de culo, ya que mis bragas estaban dentro de la hendidura de mis nalgas. La noche se echaba encima por lo que nos se levantamos para él doblar la manta. Me fijé en que estaba empalmado. Eso me halagaba pero no me atreví a decirle nada. Andamos hasta el coche y mientras él metía la manta en el maletero yo me agaché para orinar. Cuando me estaba limpiando, le vi delante de mi. Su polla parecía querer romper el pantaloncito y yo no sabía si terminar de subirme la braga o tirarme sobre él y violarlo. Él estaba frente a mí, no decía nada pero me lo estaba diciendo todo. Me encontré de pie, con la falda en los tobillos, sentí su mano acariciarme los pechos, el vientre, sus dedos en mis ensortijados vellos, mientras su otra mano recorría lentamente mi espalda hasta alcanzarme el culo. Sentí como uno de sus dedos se deslizaba entre mis glúteos hasta llegarme al ano. Me agité, intentado sacarlo, pero con eso provoqué que se deslizase hacia el interior. Nunca me habían hecho nada parecido. También era la primera vez que un hombre me veía completamente desnuda, sin nada de ropa. Ni tan siquiera mi propio esposo consiguió jamás verme completamente desnuda. Aquel joven acababa de conseguir dos cosas que jamás pensé pudieran sucederme. Me estaba sodomizando con un dedo y podía disponer de mi cuerpo desnudo. Pero lo más excitante es que aún no era noche cerrada y podía pasear cualquiera por el entorno. Estaba sintiendo a tensión de su polla mientras me besaba en el cuello y succionaba el lóbulo de mis orejas. Aquello me excitaba del todo y me corrí un par de veces. El sabía que me tenía en sus manos. - Te quiero dar por detrás - me dijo al oído. Asentí, sorprendida hasta que punto deseaba sentirlo dentro de mi y me daba igual por donde. Le advertí que era virgen de ese lado y el me contestó que era evidente pero que me gustaría. Bajó la ventanilla del coche y me hizo meter medio cuerpo dentro dejando el culo bien alto. - Sepárate las nalgas lo más que puedas - me dijo - que te voy a hacer algo que te va a encantar. Sentí su lengua deslizarse por mis nalgas hasta alcanzarme el centro. Mi ano estaba siendo lamido lentamente mientras con uno o dos dedos me lo penetraba, masturbándomelo. Sentí como su lengua penetraba dentro del agujero de mi culo. El gusto me derretía. Comencé a sentir sus lametones por la espalda y al notar el vello de su pubis en mis nalgas, los estertores de una nueva corrida sacudían mis cervicales y el muy cabrito aprovechó esas sacudidas para sacarme los dedos y meterme media polla dentro. Noté un pinchazo tremendo que me hizo gritar. El comenzó
a susurrarme al oído palabras dulces que me relajaban y así,
lentamente, me la fue calzando hasta que sentí como sus huevos
chocaban contra mi conejo ardiente. Aquella fue la primera de una interminable, larga y maravillosa relación secreta. Cada vez que nos veíamos lo hacíamos, pero un día se me presentó con una falda y me hizo ponérmela. Era muy corta, 55 cm. La verdad es que al principio pensé que estaba ridícula pero luego, al salir del coche y pasear, cogidos por la cintura, decía que se sentía envidiado pues al ver las miradas de los hombres en mis piernas y como me desnudaban mentalmente, le encendía más y le ponía caliente. Una vez, en la cafetería donde solemos ir, me senté en una mesa con él y al cruzar las piernas pude verme en la cristalera. Se me podían ver todos los muslos. Un grupo de chicos muy jovencitos que pasaban por la calle se fijaron en mi y me miraban con cara de deseo. En los mayorcitos incluso pude apreciar el creciente bulto de su entrepierna. Me sentía alagada por ello. Desde ese día me he comprado faldas de 50 cm. En una ocasión vino una de mis sobrinas y mi amigo me llevó en su coche al aeropuerto para recogerla. A mitad de camino él me dijo: - Estás preciosa pero, ¿crees que tu sobrina aprobará esta falda tan corta?. No sólo la aprobó sino que me pidió permiso para insinuarse a mi amigo. Ella ya sabía la relación que manteníamos. Se lo dije a él y me contestó: - Sí, pero si tú te quitas las bragas. Ellos iban delante del coche muy sonrientes. Tardé en decidirme porque me daba cierto corte pero al final, por el lado de la puerta, le di mis braguitas. Me puse en el centro de los asientos y él, puso el retrovisor de manera que me viera todo el papo, bien depilado. Era una sorpresa que yo le reservaba. Pude ver la tremenda erección que aquel gesto le causó. Mi sobrina se dio cuenta también y comenzó a meterse con él. - Tu tía dice que tienes unas tetas preciosas... ¡demuéstramelo! - le dijo mi amigo sin cortarse. Al igual que yo antes con mis bragas, ella también dudó unos segundos pero al final, desabrochándose la blusa, se sacó el sujetador y liberó las tetas. El alargó la mano y se las sobó prolongadamente. Ella sin darse cuenta de que estábamos en medio de la carretera, se estaba metiendo mano en su conejo, levantándose la falda. - Echa una mano para atrás y acaricia a tu tía - le dijo José, mi amigo - Está super caliente. Era cierto. Yo, con algo más de disimulo, me estaba masturbando hasta que sentí la mano de mi sobrina acariciando mi coño. Era pleno verano. Cuando me di cuenta estábamos a unos 25 metros de la carretera, en mitad del campo. Paró el coche y salió fuera. Nosotras seguíamos acariciándonos, yo sus tetas y ella mi coño. Nos pidió que saliésemos del coche, nos puso juntas y comenzó a desnudarnos a las dos. A poco estábamos en pelota picada. A continuación pidió que le hiciéramos lo mismo. Lo último que le sacamos fue el slip. Era tal su erección que más de media polla asomaba por arriba. Nos ordenó, aunque con voz suave, que se la chupásemos. De vez en cuando sentía en mi lengua la de mi sobrina. Me gustaba aquello. Luego él sacó la manta, se tumbó e hizo que mi sobrina se sentase sobre su vástago, dándole la espalda y las piernas estiradas. A continuación que se recostase sobre él. Yo me puse a horcajadas sobre la boca de mi sobrina y comenzó a comerme el coño que ya parecía un manantial hasta que mi amigo me dijo que me pusiese a cuatro patas de modo que mis tetas estaban en su boca, succionándome los pezones. Me volvía loca de placer. Mi sobrina, cada vez más excitada, me lo demostraba lamiendo y chupándome el clítoris con rabia. Sentía su excitación hasta que las manos de José, alternando sus manos en las tetas de mi sobrina y metiendo los dedos en mi culo, provocaron el orgasmo de la chica, la cual me dejó el sitio. José me hizo poner a cuatro patas y calzó su vara en mi ardiente coño mientras mi sobrina, debajo, formaba un 69. José me la sacó, tras un rato de follarme el coño, para metérmela en el culo donde soltó el semen. Notaba como la leche me resbalaba del culo al coño y como mi sobrina se lo tragaba. Cuando acabamos, mi sobrina preguntó que se sentía cuando me la clavaba en el culo. - Eso tiene solución - dijo mi amigo. La pusimos a cuatro patas y en cuestión de un cuarto de hora dejó su virginidad anal y supo el tremendo placer, tras un intenso dolor, que se siente cuando una central lechera te deja parte de su producción en semejante parte. Yo paladeé el sabor del semen caliente allí depositado. Durante más de un año lo hemos hecho en los lugares más inverosímiles. Me ponía super cachonda el no llevar ropa interior con las minis y el coño afeitado. Me folló donde quiso, en un parking público, en un mirador, él detrás de mi, levantándome la falda y clavándomela hasta los huevos... pero tuve que regresar a mi tierra. Nos carteamos un tiempo pero, como es ley de vida, todo acabó. Ahora os escribo estando las dos, mi sobrina y yo, desnudas en la cama, con un consolador bien metido en el coño pero con José en la mente. No somos felices ni gozamos a tope. Nos falta nuestra batuta, nuestro director de orquesta. Besos. |
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