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| Le gustan los hombres como un caramelo
a un niño. Tiene un amante que le da todo lo que ella necesita
y más. Pero algo había en sus entrañas, un pequeño
resquicio que necesitaba llenarse. La amistad que inició con
una atractiva fotógrafa le fue dando pistas para resolver este
problema, este enigma, que flotaba en su mente. Al tener el cuerpo
desnudo de esta chica, ofrecido a sus caricias, a su poder, descubrió
que, sin dejar de ser una perfecta mujer para su amante, podía
ser un perfecto amante para otra mujer. |
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Me llamo Olga, tengo 23 años, no soy muy alta, pero como mis tetas
son redondas y de gran tamaño y mi culo muy gordo, me hace parecer
algo regordeta. Mi pelo, que llevo largo hasta casi la cintura, es negrísimo
aunque tengo la piel muy blanca. Me gusta mucho lo que da la vida y por
lo tanto soy una enamorada del sexo. He follado mucho y quizá por
ello mi curiosidad ha ido siempre en aumento. Bueno esto hasta que conocí
a Paco, un hombre de 40 años, casado, que ha sabido darme todo
lo que yo deseaba e incluso más. El círculo de amistades
en el que nos movemos, ya que Paco es artista pintor, es muy amplio y
por eso no es extraño que conozcamos a gente de muy diversas profesiones.
Y así conocimos a Manoli. No soy bisexual o al menos yo no pensaba
serlo. Los hombres, como digo, me iban y van más que un caramelo
a un niño. Paco, que es un hombre muy sensual y sexual, me da todo
lo que necesito y más. Me llena por completo pero siempre hay un
hueco que te hace pensar que quizá falta algo en tu experiencia.
Algo en mis entrañas me animaba a conocer otros placeres. Manoli
era fotógrafo profesional.
La chica era muy atractiva, algo más alta que yo, aunque debido
a los zapatos con altas plataformas que siempre llevaba, pelo rubio largo
también hasta la cintura, pero que lo llevaba casi siempre en cola
de caballo o en una hermosa y complicada trenza, pechos normales, tiesos,
culo tan gordo como el mío, o más, y cierto aire masculino,
aunque lo disimulaba muy bien. A Paco también le caía muy
bien pero su masculinidad debía intuir que algo en Manoli no era
lo suficientemente femenino ya que, sin dejar de tratarla como amiga,
no se interesaba demasiado por ella. Por el contrario, nosotras nos hicimos
amigas muy pronto. Era una chica alegre, agradable e inteligente con quien
daba gusto hablar y así llegamos al tema preferido de Manoli: la
fotografía. No tardó en proponerme hacer una sesión
conmigo y yo, tras preguntarle a Paco y animado por este, acepté
más por morbosa curiosidad por si pasaba algo, que no porque me
atrajera el que me retrataran.
Me citó en su estudio el sábado siguiente, festivo para
mí, y allí me presenté. Antes le había dicho
a Paco si me acompañaba pero él, sonriendo, me dijo que
no, que podía ser una experiencia nueva para mí y que sería
tonta si la desaprovechaba.
- Me harías daño si te acostaras con otro tío pero
con una mujer no es lo mismo aunque, si ocurre algo, espero que me lo
cuentes todo - añadió dándome un beso en la boca.
Para la sesión y ya que ella no me había dicho nada en
este sentido, me vestí como siempre. Una mini muy mini negra y
una blusa blanca, zapatos de alto tacón y braga y sujetador blancos.
Nada de particular. Es una manera de vestir que le gusta mucho a Paco
ya que mis gruesos muslos quedan a la vista así como la forma completa
de mis nalgas y mi culazo. Y no digamos nada de mis enormes tetas, asomando
la profunda raja entre ellas por el escote de la blusa. Nada más
abrirme la puerta y entrar en su piso, Manoli me dio un beso en cada mejilla.
Le comenté lo de la ropa que llevaba y ella, mirándome con
detalle de abajo a arriba, me dijo que iba perfecta.
Estas eran sus palabras pero lo más curioso es que al ver la cara
de Manoli observándome de abajo a arriba algo comenzó a
calentarse en mis entrañas y me di cuenta de que aquello de retratarme
no era más que una especie de trampa para ver si yo caía
en ella. Había ido allí, como he dicho antes, más
por ver lo que ocurría que para que me retratasen así que,
fríamente estaba dispuesta a caer. Nunca una mujer había
intentado ligarme y la cosa me hacía, además de excitarme,
gracia. En el amplio estudio de Manoli había un gran lienzo blanco
que cubría por entero una pared, iluminado por dos focos, y entre
otros muebles, una cama rodeada también de focos estratégicamente
colocados para iluminarla. Me hizo colocar frente al lienzo de pie y empezó
a mover el dedo sobre el disparador. Yo iba adoptando las poses que ella
me indicaba pero la verdad es que la cosa empezaba a parecerme bastante
sosa hasta que me hizo tender en la cama. Allí todo empezó
a ser distinto.
Me hacía abrir las piernas, con lo que mi corta falda subía
hasta dejar aparecer mis bragas, luego levantarlas para retratar mi redondo
y ahora ofrecido trasero. Con tan movimiento se me habían desabrochado
dos botones de la blusa y la mitad de una de mis mamas estaba al aire.
Mi calentura empezaba a ser notoria y ya me estaba impacientando de que
Manoli no hiciera nada más que retratarme. De pronto me animé
a romper el hielo de un vez y yo misma, con toda la mala idea, separé
la tela de la braga y le ofrecí la visión mi coño
al desnudo. Nunca lo había hecho a una mujer y me excitó
su cara, su expresión de mal disimulado deseo. El morbo de la situación
era enorme. Me sentía como una guarra, pero me gustaba lo que estaba
haciendo y el calor que se propagaba en todo mi cuerpo. Manoli seguía
haciendo fotos, ahora muy directamente a mi ofrecido coño cuyos
labios, ya lanzada y cachonda perdida, yo abría con mis dedos para
aumentar la excitación de aquel momento. Reconozco que al principio,
quería jugar un poco con Manoli pero ahora no podía evitar
darme cuenta de que mis deseos sexuales también se ponían
al rojo vivo. Era la ocasión única para probar algo nuevo
y que no me repugnaba en absoluto.
Supe que todo empezaba marchar cuando Manoli, abriendo un cajón
de un pequeño armario, me tendió en silencio y temblándole
algo la mano, una braga provista de un largo, enorme, consolador de color
carne y forma perfecta de polla gigantesca. Había oído hablar
de estos artilugio y también visto varios modelos en revistas,
pero nunca, la verdad, me habían interesado. Ahora era distinto.
Allí había una mujer con el deseo de ser follada marcado
en el rostro y era evidente que yo tenía que ser el macho que la
poseyera. Levantándome de la cama me metí, aún con
cierta vergüenza, tras el biombo, me saqué la falda y braga
y me puse la nueva apareciendo a los pocos momentos ante Manoli provista
de un monstruoso aparato, mucho mejor y mayor que la de la mayoría
de los hombres que yo había conocido y catado. Frente al espejo
que había colgado de una pared del estudio, me vi como un atractivo
transexual.
Mis gordas tetas, aunque seguía llevando la blusa, hacían
contraste con aquel enorme y largo palo que sobresalía de mi entrepierna.
Manoli al verme aparecer, dejó la máquina de retratar sobre
el pequeño armario y arrodillándose a mis pies, sin poner
reparo alguno, comenzó a lamer y chupar la falsa polla con unas
ganas increíbles. Mi coño ya no podía retener su
humedad y me la notaba resbalar incluso por mis muslos. Aquello no había
quien lo resistiera así que, con cierto nerviosismo, la aparté,
la hice levantar y comencé a desabrocharle la blusa hasta desnudar
sus pechos, de una perfección maravillosa. Se los acaricié
y animada, tanto por mi calentura como por su entrega, se los lamí
y se los mamé. Era la primera vez, pero me gustó. Me gustó
oír sus gemidos de placer, notar como su cuerpo se ponía
en tensión, como se entregaba a mí del mismo modo de como
yo me entregaba a mi amante. Totalmente metida en mi papel de macho, con
las dos manos desabroché su falda, dejándola caer al suelo,
acaricié sus largos y gordos muslos lentamente hasta que, cogiéndole
la braga por el elástico, comencé a hacérsela descender
por sus enormes caderas. Cuando descubrí su coño, peludo
y lleno de gotitas blancas, noté como el mío se humedecía
aún más. La hice tender, desnuda por completo, sobre la
cama, haciéndole abrir las piernas.
Por instinto, imitando a los hombres, cogí mi falsa verga, llevé
el capullo hasta la entrada de aquel coño que se abría suplicante
y comencé a penetrarlo hasta que ya no pude más. Manoli
chillaba de placer, se removía, me insultaba y me pedía
más y más. Así me follé, por primera vez,
a una mujer, viendo como se rompía en un orgasmo brutal y se corría
encima y alrededor de mi verga de caucho. Cuando volvió en sí,
le saqué mi falsa verga del coño, ella me abrazó,
besándome en la boca, dándome la lengua que yo tomé
con la mía, que yo chupé sintiéndome cada vez más
caliente, más necesitada de una polla que me trabajara, que me
calmara el ardiente coño. En aquel momento no me importaba que
fuera la de Paco o la de aquella chica. Manoli lo entendió. Me
sacó la blusa primero, luego el sujetador y al final la braga con
el falso pene. Admiró mi cuerpo desnudo antes de irse a su habitación
para regresar con otro consolador, ahora blanco, atado a sus anchas caderas
con tiras de tela. Lo miré como se mira a una polla auténtica.
Abrí mis muslos suplicándole con la mirada que me penetrara,
que me la metiera hasta el fondo, que me follara hasta liberarme de la
tensión que me rompía el cuerpo.
Manoli agarró mis tobillos, abrió al máximo mis muslos
y entró en mis entrañas con enervante lentitud. Me sentí
llena de polla y con esta simple penetración me corrí como
una tonta, gimiendo y llorando con un gusto arrebatador. Pero Manoli,
sin hacer caso de mis gemidos, siguió jodiéndome sin descanso,
con aquella lacerante lentitud y al poco rato, por segunda vez, sentí
que se rompían mis entrañas. Me corrí sin remedio,
totalmente entregada, totalmente poseída por la primera mujer de
mi vida. Cuando Manoli, sonriente, se hubo retirado de mi almeja y me
vio más tranquila volvió a entregarme la braga con el consolador
negro. Supe lo que deseaba y me lo puse mientras ella se ponía
ahora a cuatro patas con el coño ofrecido por detrás. Arrodillada
me agarré a sus salidas caderas y deslicé mi negra verga
por entre sus muslos y penetré de nuevo en su caliente canal vaginal,
follándomela otra vez muy lentamente. Imitando lo que ella había
hecho cuando me follaba a mí, no paré cuando tuvo el primer
orgasmo a pesar de que se había desplomado y ahora estaba colocada
de costado con mi verga en sus entrañas. En esta postura me la
fui follando hasta que cayó de nuevo en un placer que la hizo chillar
como si la mataran. Rotos ya todos los tabúes, entregadas al placer
por completo, habiéndonos acariciado, follado y besado y siendo
las dos mujeres de muchos orgasmos, pudimos seguir toda aquella tarde,
entregándonos a los placeres como locas.
Ella había obtenido lo que, evidentemente, deseaba desde que me
había conocido, y yo había encontrado en otra mujer un placer
distinto al que me daban los hombres, un placer más dulce, más
delicado aunque usáramos pollas más duras que las de los
hombres y sobre todo siempre tiesas, nunca arrugadas por mucho que nos
trabajasen los bajos. Desde aquel día Manoli y yo somos inseparables.
Paco se me sigue tirando y estoy segura que lo seguiré haciendo
muchos años ya que pienso que le quiero, pero Manoli sabe que,
por mi gusto y con el permiso de Paco, cuando lo necesite siempre estaré
con el coño abierto para ella o con la polla preparada para llenarle
el suyo y darle todo el placer del mundo. Además he aprendido el
placer que da una lamida de almeja proporcionada por una mujer y el placer
que obtengo yo haciendo lo mismo con ella, cosa que con un hombre es imposible.
Ellos sólo tienen polla. Me estoy aficionando a este amor bisexual
o mejor dicho, ya soy una bisexual completa y la verdad sea dicha, es
algo que, junto con Paco, me llena la vida por completo. |
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