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Me llamo Alfredo, tengo 23 años, nací y vivo en Las Palmas y trabajo en una agencia de viajes. Mi apariencia es algo feminoide en el sentido de que no tengo vello en el cuerpo, salvo en las axilas y en el sexo, aunque escaso. Mi culo es gordo y salido como el de una chica, así como mis muslos y piernas podrían pasar por los de una modelo. En Carnaval, aprovechando mis facciones suaves y ese cuerpo del que dispongo, siempre me disfrazo de chica y nadie puede adivinar que en realidad soy un macho. En eso de macho tengo que insistir ya que mi apariencia nada tiene que ver con mis gustos sexuales. No me van nada los tíos y me vuelvo loco por las tías, habiendo tenido con alguna de ellas muy buenas experiencias. Lo que voy a contar ocurrió este verano pasado. Mis mejores amigos son los tres que trabajan conmigo en la agencia. Los domingos solemos ir juntos a la playa y por las noches de copas y de ligue. Hacía poco más de un mes que había entrado un chico nuevo. Se llama Javier, tiene 34 años, es alto, atractivo y muy simpático así que pronto entró a formar parte de nuestro pequeño grupo. La primera vez que fuimos a la playa no me sorprendió que mirara mi cuerpo con ojos de sorpresa. Ya estaba acostumbrado. Incluso uno de los compañeros también reparó en esa mirada y riendo y señalándome, le dijo: - Con tetas y sin eso que le cuelga entre las piernas, pasaría por un atractiva chica, ¿no crees?. Todos reímos la broma y sin darle más importancia, me lancé al agua. Pero durante toda la mañana me di cuenta de que Javier no me quitaba ojo de encima, sobre todo de mi culo cuando yo estaba de pie y que, por llevar tanga, me quedaba por entero a la vista. Desde este día Javier se me hizo inseparable. En la playa estaba siempre a mi lado e igual por las noches, cuando íbamos de copas. Llegué a pensar que era homosexual aunque, por el momento, no había hecho nada para demostrármelo. Me tranquilicé cuando nos presentó a su novia. Pili era una chica fantástica, canaria como todos nosotros, morena, pelo muy negro que llevaba largo hasta casi la cintura, un cuerpo escultural, tetas altas, agresivas, piernas fenomenales y un culito respingón que era todo un encanto. La chica y yo nos caímos muy bien y ya no me molestó que
Javier se pegara a mí pues, desde entonces, siempre llevaba a su
novia en nuestras salidas. Acabamos saliendo los tres más que con
el grupo. Me gustaba tanto Pili que, si no hubiera sido la novia de mi
amigo, hubiera intentado ligármela. Estuvimos toda la mañana jugando a pelota y bañándonos juntos, notando como Pili, al parecer sin darle importancia, no se preocupaba si me rozaban, en esos juegos, sus tetas, su culo o sus manos precisamente en mi polla. Cuando Javier y yo fuimos a la caseta de las duchas, mientras Pili iba a la de las mujeres, yo seguía con una tremenda erección. - No te importa que lo hagamos juntos, ¿verdad? - me dijo Javier - Es tarde y así ganaremos tiempo. No me dio tiempo a contestar, se metió conmigo y se sacó el bañador. Dudé unos instantes pero al final lo imité y quedé ante él desnudo y con mi polla más tiesa que un palo. - Veo que Pili te ha impresionado - dijo señalándome la
polla - A ella también le gustas tú, así me lo ha
dicho. En mi vida me habían hecho una proposición tan indecente. Me ofrecían a una mujer preciosa a cambio de poner yo el culo. Miré la verga de Javier. Todo y estando en descanso era tan grande como la mía. Si yo la tengo de 18cm, ¿qué mediría aquella en plena erección... 22... 25...?. Era una locura. Aprovechando mi estupor, Javier alargó la mano y me cogió la polla. Durante unos segundos me la masturbó hasta que, apartándome le repetí que estaba loco, salté de la ducha, me vestí y salí fuera de la caseta. Allí ya estaba Pili, vestida, esperándonos. - ¿Te ha hablado Javier de ti y de mí? - me preguntó como la cosa más normal del mundo - ¿Has aceptado? - y al decirle yo que no, añadió - Lástima, me hubiera gustado follar contigo. ¿Me estaba volviendo loco?. Resultaba que era verdad, que Pili quería que la jodiera pero a cambio de que su novio me follara a mí. Entonces apareció Javier. Fuimos a comer juntos. Pili, a pesar de mi negativa a ser usado como una mujer, estuvo muy cariñosa conmigo hasta que a la hora del café, me dijo: - Entiendo que la mayoría de los hombres penséis que al daros por el culo perdéis la hombría. Lo entiendo pero no comparto la opinión. Esto que tienes aquí - añadió metiéndome mano en la bragueta - tanto te va a servir si te dan por el culo como si no. Tú me gustas mucho y sería feliz de tener tu verga en mi coño pero también le gustas mucho a Javier y sería feliz de tener la suya en tu recto. ¿Si yo me entrego a ti porque tú no puedes entregarte a él en justa correspondencia?. Mientras hablaba no había cesado de remover su mano, protegida por el mantel, contra mi polla. Mi erección volvía a ser total. Javier me miraba con ojos brillantes. - ¿Ves como te excito? - seguía ella al tocar la dureza de mi verga - Como tú excitas a Javier. Me cogió la mano y antes de que yo imaginara lo que iba a hacer, me la colocó en la entrepierna de su novio. Encontré una cosa de una dureza extrema, una cosa larga y gorda. Aparté la mano casi asustado. - Mira como estoy - añadió ella llevándome ahora la mano a su coño - ¿Qué decides?. No llevaba bragas, tenía el coño afeitado por completo y estaba super mojado. Sin decir una palabra, asentí con la cabeza. Aquella mujer merecía el mayor de los sacrificios para poder follársela. - Gracias, amor - exclamó ella dándome un beso en los labios - Ahora os vais los dos a casa de Javier, yo me voy a la mía, me pongo guapa, os recojo, vamos a celebrarlo por ahí y luego lo hacemos tú y yo. Como un autómata seguí a Javier hasta su casa. Nada más entrar me fue desnudando lentamente, besando cada trozo de piel que iba apareciendo, hasta dejarme en pelotas. Yo estaba incómodo, muerto de vergüenza, sin saber que hacer y sin poder articular palabra. Cuando Javier también se desnudó, miré con miedo aquella enorme tranca ya totalmente endurecida. Entonces me tendió en el sofá y empezó a lamerme la polla y los huevos. Pensé morirme de asco pero el cabrón lo hacía tan bien que cuando, tragándose más de la mitad, empezó a chupármela, se me endureció a tope. En este momento, se fue girando hasta subirse también al sofá pero en la posición del 69. Sus huevos y su polla me golpearon la cara. Mentalmente me negué a abrir la boca pero cuando sus chupadas me excitaron hasta límites insospechados, por inercia la abrí y me tragué lo que pude de aquel inmenso badajo que me dilataba los labios. Mi placer era cada vez más intenso. Incluso me sorprendí dando golpes de culo para meterme más en aquella boca tan sabía. Pero de pronto y sin poderme apartar por la postura, Javier eyaculó una tonelada de semen que me llenó la garganta y la boca. Tuve que tragar para no ahogarme. Mientras se corría y yo tragaba, él me pasaba la lengua por el ano intentando meterla en mi pequeño agujero. Entonces se apartó. Miré su verga y me sorprendí al verla tan tiesa y dura como antes de orgasmar. No protesté cuando me dio la vuelta, dejándome de bruces sobre el sofá. Colocó dos cojines bajo mi vientre para que mi culo quedara bien expuesto. Separó mis nalgas y me lamió el ano a conciencia. Luego sacó, de no se donde, un tarro de vaselina y me lo untó bien. Cuando me metió un dedo, lancé un pequeño gemido. No era de dolor. Era una sensación muy agradable. Luego metió dos. La sensación seguía siendo muy agradable y sin darme cuenta, me entregué, me abrí. En este mismo instante Javier sacó los dedos y metió algo mucho más gordo. El glande entró de un solo golpe. A pesar de mis deseos de no gritar, de no demostrar dolor ni flaqueza, el alarido que lancé fue como de animal herido. Javier no hizo caso y siguió empujando hasta que noté sus cojones golpear los míos. Estaba todo dentro de mí, poseyéndome. Quise llorar pero de rabia. Entonces Javier me cogió la polla y mientras empezaba a encularme muy lentamente, comenzó a masturbarme, también con extrema lentitud. Al cabo de un buen rato, aunque el culo me dolía horrores, no puedo negar que un suave placer se estaba apoderado de mi polla. Javier aumentó la velocidad, tanto en mi culo como en mi sexo. Mi placer también iba en aumento hasta que exploté en un orgasmo como jamás había sentido. Mis huevos reventaron con una violencia terrible y entonces volví a gritar pero de gusto. En este mismo instante mi recto quedó lleno del semen de mi primer hombre. Cuando pude abrir los ojos, pero con la polla de Javier aún dentro de mi culo, vi que frente a nosotros, mirándonos con una amplia sonrisa en su bella boca, estaba Pili. No la había oído entrar. Se inclinó, me cogió la cara y pegando sus labios a los míos, me dio un morreo con lengua. Luego me dijo: - No me negarás que te ha dolido pero también que te ha
dado mucho placer. Luego me lo vas a dar a mí. Me duché con agua casi fría, para matar el calor de mi
cuerpo pero sobre todo de mi culo. A continuación los tres salimos
a la calle. Pili colgaba de mi brazo como si fuera mi novia y no la de
Javier. Fuimos a cenar y luego a bailar. Me demostró ser una mujer caliente o al menos estar muy excitada ya que a las pocas lamidas comenzó a correrse llenándome la cara con sus abundantes y espesos licores. Se lo relamí bien hasta dejárselo seco y entonces ella, cogiéndome de la polla, me dijo: - Vamos a la cama, quiero que me folles. La seguí como un corderito. Se tumbó de espaldas sobre la cama, bien abierta de piernas. Me coloqué sobre ella, lamí y mamé sus tetas, repasé todo su cuerpo y volví a comerle el coño. Al llegarle el orgasmo, me deslicé sobre ella, levanté sus piernas, me cogí la polla y entré en aquel coño tan deseado. Cuando mis cojones chocaron con su carne, pasé mis manos bajo su culo, lo apreté contra mí para meterme aún más, si esto era ya posible, y empecé a follármela. Pili cruzó sus piernas en mi espalda. Es imposible explicar lo que yo estaba sintiendo en aquellos momentos. Estaba en la gloria. De pronto dos fuertes manos me cogieron por la cintura y algo muy duro y gordo apretó mi ano. - ¡No! - grité intentando escapar pero impidiéndomelo
tanto las piernas de Pili como las manos de Javier - ¡Otra vez no!. Aunque hubiera querido ya no podía hacer nada para escapar. La polla de Javier estaba toda dentro de mi culo y a cada golpe que yo recibía, mi polla se lo daba a Pili. Tenía razón la chica. Era como si su novio se la follara a través de mi cuerpo pero haciéndome a mí partícipe del placer. Pero lo más interesante fue cuando me corrí. Creí morirme de placer ya que al derramarme en aquel coño, al mismo tiempo que una polla llenaba mi culo, fue como morirme. Grité y grité, como si estuviera pariendo, mientras eyaculaba un torrente de semen. Desde ese día me he convertido en amante de Javier y de su novia. El me folla a mí en solitario y yo a ella en solitario pero cuando hacemos un trío, yo siempre soy el relleno del bocadillo. No me importa. Por follarme a Pili lo aceptaría todo y además estoy contento con mi recién descubierta bisexualidad. |
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