![]() |
|||||||||||||||
Mi nombre es Vanesa y desde hace algún tiempo mi novio Carlos y yo compramos revistas porno, calentándonos mucho con ellas, pero ahora me gustaría contaros una historia que nos sucedió justo cuando a él se le ocurrió la idea de comprar una cosa tan normal como un consolador. Yo había visto fotografías de esos aparatos en las revistas pero debo confesar que tener uno en mis manos me excitó muchísimo. No sé explicar el por qué pero esta excitación, muy pronto, me recorrió el cuerpo y el coño se me empezó a mojar. No era una polla de verdad aunque se le parecía mucho en su tamaño y forma, con la ventaja, además, de que nunca se arrugaba, nunca perdía su potencia. Entonces, cachonda perdida, tuve la idea de conceder, a cambio de su regalo, uno de los deseos que tenía mi novio y que era el de afeitarme el chocho. Yo siempre he tenido mucho vello en esta zona y mi novio se quejaba de que no me veía con claridad el clítoris. Había demasiado pelo para poder hacerme una buena chupada de coño, decía. Esa era la razón por la que me pedía que me lo depilara. Con el consolador en mi mano, acariciándolo como si lo estuviera masturbando, se lo dije. Sonrió con cara de satisfacción y en el acto comenzó a desnudarse diciéndome que yo hiciera lo mismo. Ya los dos en pelotas y, bien abierta de piernas en el borde de la cama, él se situó de rodillas entre ellas y me lo empezó a llenar de espuma. El contacto de sus dedos y de la suavidad de la sustancia, empezaron a ponerme cachonda. Cuando tuve toda la zona llena de espuma blanca, procedió a afeitármela con su maquinilla, con todo cuidado. Según me lo iba afeitando y el pelo desaparecía, su polla se ponía cada vez más grande y yo cada vez estaba más excitada. Sus manos acariciándome la zona más sensible de mi cuerpo, el paso de la maquinilla y la postura, me estaban poniendo a cien. Y más al ver la dureza de aquella verga, balanceándose ante mis ojos. Al terminar de afeitarme, dejándome un coño completamente liso, con la raja totalmente visible, y sin dejarme cerrar las piernas, cogió el consolador y, aprovechando los jugos que me había producido toda la operación, empezó a introducírmelo en mi coño pelado mientras que, con su boca, me succionaba los pezones. Mi humedad y el placer que me estaba dando, hacía que el consolador entrara hasta el fondo y saliera sin dificultad a impulsos de su mano gracias, como digo, a los jugos que no paraban de producirse en mi chocho. Yo no podía más de la excitación. El consolador salía y entraba sin parar de mi caliente raja, en una continua follada, y si añadimos a eso la vibración que producía, yo me estaba derritiendo de gusto. A la vez que esto ocurría y para acabarlo de arreglar, mi novio, inclinándose, se entretuvo con mi clítoris, chupándomelo. Cuando estaba a punto de correrme, cuando todo mi cuerpo se había puesto en tensión y mi boca se abría para lanzar el gemido de mi placer, se levantó y, sin hacer caso de mis súplicas, puso en el video una película porno en la cual dos tías chupaban de maravilla la enorme polla de un negrazo imponente. - ¡Haz lo mismo! - me ordenó mi novio. Me hizo tumbar de espaldas en la cama, él se puso encima metiéndome su polla en la boca, y comencé una excitante mamada. Le chupaba la polla, loca por tenerla dentro. Sobre todo me entretenía en lamerle el capullo mojado. Él, mientras, sacó el consolador de mi coño y, dándose la vuelta sin dejar que su verga saliera de mi boca, metió su lengua en mi chocho en un maravilloso 69. Al poco rato y mientras continuaba comiéndome el coño, metió en él cuatro dedos de una mano, abriéndomelo a tope y empezando a juguetear con mi chocho. Mis gemidos eran cada vez más sonoros y mi novio, viendo que me corría paró otra vez. Casi me pongo a llorar por haberme cortado la corrida por dos veces. Todo el cuerpo me ardía pero, sobre todo, el coño. Sin hacer caso ni de mis gemidos ni de mis súplicas, me abrió las piernas todo lo posible y me las ató a la cama. A continuación hizo lo mismo con mis manos. Quedé como
una enorme letra equis, sin poder moverme. Nunca me había hecho
nada de eso pero el morbo que yo sentía era impresionante. Así
atada, encendida de deseo, con el coño ardiéndome y chorreando
jugos, empezó a morderme los pezones. Me hacía daño
pero también me gustaba. Todo mi cuerpo se tensaba en las ataduras
y de mi boca salían gemidos y peticiones de que me la metiera.
Al final me hizo caso. Se subió encima de mí, se cogió
la polla con una mano y apoyando el capullo en mi raja, me metió
su tranca de un solo golpe iniciando un metisaca algo salvaje. Así
me corrí, gritando, sin poderme esperar a que lo hiciera él. |
|||||||||||||||
![]() |