Todos eran unos buenos golfos y les gustaba la candidez y timidez de aquella muchacha por lo que no pararon hasta llevarla al huerto, enseñándole todo sobre el sexo para poder llegar a tirársela entre todos por todos sus agujeros convirtiéndola en una auténtica furcia. Al final, preñada, logró engatusar a un palomo con el que se casó.

Las vacaciones solíamos pasarlas, un grupo de amigos, en una residencia de estudiantes situada en un hermoso lugar de la costa catalana. El año pasado se incorporó a la cocina de la residencia, una mujer de unos 40 años, con su hija que tenía 18. Se trataba de una muchacha menudita, de mirada tímida que, como era de esperar, hizo que a todos los chicos se nos abriera la imaginación. Lo cierto es que, mi grupo, comenzó a madurar una idea para hacerse amigo de esta chica y, si era posible, llegar a convertirla en nuestro juguete sexual. Por este motivo planeamos la forma de llegar a tratar con ella y lo que se nos ocurrió fue introducir a uno de los nuestros en la cocina, para poder tomar contacto con Carmina, que es como se llamaba la chica.

Cuando pidieron voluntarios para ayudar en cocina nos presentamos varios chicos y, por suerte, me eligieron a mí.Dicho y hecho, comencé a trabajar en las tareas auxiliares, como ir a la despensa, ordenar los cacharros, etc. De esta manera contacté con Carmina. Me di cuenta que se trataba de una muchacha tímida que miraba al suelo cuando hablaba conmigo. En cierta ocasión le pregunté por su pasado. Me dijo que su madre había estado de cocinera en una rica mansión y que allí se quedó embarazada de ella. Es decir que su padre bien podía ser el señor de la casa o uno de sus hijos. Esta confesión, que me demostraba su confianza, me permitió preguntarle cosas más íntimas como, por ejemplo, sobre los novios que había tenido. Me contestaba bajando la voz y poniéndose colorada, que no había tenido novio.

- No me lo creo - le contesté - ¿Nunca te ha besado un chico?.
- No, nunca.

Estábamos en la despensa y me pareció que podría dárselo yo. De manera que me acerqué a ella por detrás y la llamé. Cuando se volvió le di un beso en los labios. Esperé su reacción un tanto asustado, pero no dijo nada.

- ¿Te ha gustado? - le pregunté.
- Sí, es el primero que me da un chico, pero no quiero que me des más, podría vernos mi madre - contestó.

De esta forma inicié un tiempo de acercamientos a Carmina, tomándola de la mano cuando sabía que nadie nos veía. Un día, dentro de la despensa, me atreví a abrazarla. Se quedó quieta y le di un beso en la boca. Ella no me rechazó de manera que seguí abrazándola y besándola. En los siguientes días repetí mis abrazos, hasta que en uno de ellos, le puse la mano en el culo. Miró hacia abajo y se puso colorada.

- ¿Quieres que te lo toque más veces? - le pregunté.

Ella me dijo que no, pero yo no estaba dispuesto a dejar de hacerlo, de forma que lo repetí el resto de los días de la semana. Una vez, cuando trataba de abrazarla, se dio la vuelta y la toque los pechos. Me dio la sensación que estaban duros.

- No, déjame - dijo ella.

Pero yo persistí y la perseguí. Comencé a hablarle sobre la necesidad que los chicos toquen a las muchachas, para hacerlas mujer. Lo cierto es que era una conversación de lo más tonta, pero ella no me rechazaba cuando yo la iniciaba cada día. Con el paso del tiempo logré abrirle la camisa y tocar sus pechos con libertad. En cuanto teníamos un rato libre nos metíamos en la despensa y yo la tocaba, abrazaba y, poco a poco, desnudaba.
Unas semanas después ya le tocaba el coñito por encima de sus bragas. Este era el momento esperado para que mis compañeros pasaran a disfrutar de esta muchacha. Un día, los cinco de nuestro grupo maquinamos la forma de llevar a Carmina a un lugar donde pudiéramos estar todos con ella.

Esperamos que dieran las doce y, cuando calculamos que todos estaban dormidos, nos dirigimos los cinco a la habitación de la chica. Yo le había dicho que quería ir a verla, de forma que, en cierto modo, estaba esperando mi visita. Lo que ella no sospechaba era que nos presentaríamos cinco. Cuando llamé a su puerta mis amigos se escondieron y ella, al verme, me preguntó qué quería.

- Solo quiero estar contigo un rato, como en la despensa - dije.
- Vete por favor, mi madre puede oírte.
- No lo creo pues duerme varias habitaciones más allá - respondí, añadiendo - ¡Déjame entrar!.

Con estas y otras palabras conseguí que me franquease la puerta. Una vez dentro comencé a abrazarla. Ella estaba en camisón de dormir y se la veía francamente atractiva. Mi pene se erizó como un palo y, al abrazarla, ella se dio cuenta.

- ¿Qué te pasa? - preguntó.
- Tengo dolores - le contesté colocando su mano sobre mi polla erecta.

La retiró y repitió que me fuera. Como podéis imaginar no pensaba hacerlo, de forma que volví a tomar su mano y ponerla sobre mi polla. Ella me dejó hacerlo y, con paciencia, conseguí llevarla a la cama donde la tumbé. Comenzó un periodo de varios minutos para levantarle el camisón, cosa que conseguí después de quedarme yo desnudo. Ella se quedó parada y aproveché para quitarle la ropa. Se quedó en la cama, tumbada, mirando mi polla erecta.

- ¡Tócala! - le dije.

Ella lo hizo. Así seguimos un rato, hasta que pude acercarme a la puerta y entreabrirla. Volví junto a ella y la besé. Sabía que cerraba los ojos cuando me besaba. En esos momento mis cuatro compañeros entraron en la habitación. Ella, al abrir los ojos, quiso dar un grito, pero le tapé la boca.

- ¡Cállate! - le ordené - ¿Quieres que tu madre tenga que explicar qué hacen cinco chicos en tu habitación?.

Con estas palabras se quedó quieta. Mis amigos se desnudaron como yo. Estábamos los seis, ella tumbada en la cama y nosotros rodeándola. Comenzamos los cinco a tocarla por todas partes, las tetas, el culo, el coñito, la boca. Ella, finalmente, con cada mano, estaba tocando dos pollas. Con la boca chupaba otra, mientras dos de nosotros le chupaban a ella los pezones. Al poco rato se fue tranquilizando y comenzó a correrse. Hasta seis orgasmo tuvo. Nos chupó la polla a todos y nos corrimos en su boca. Al final acabó con el cuerpo lleno de semen, que le repartimos por el pelo de la cabeza y el del coñito. Hacia las tres de la mañana nos fuimos a nuestros dormitorios, no sin antes quedar con ella para el día siguiente. Nos marchamos satisfechos pensando que, si venía a la cita, le haríamos elegir uno de nosotros para que la desvirgase.

A la noche siguiente se presentó y la llevamos a una de nuestras habitaciones. Como habíamos pensado, una vez que estuvimos en la habitación, la desnudamos y le pedimos que eligiera al que más le gustase. No sé si por que tenía confianza, pero la cuestión es que me eligió a mi. Salieron los otros, yo me desnudé y me metí en la cama con ella. Comencé a acariciarle el coñito, hasta que sentí que estaba húmeda. En ese momento me subí sobre ella y apunté mi polla a su vagina. Hice un poco de presión y penetré dentro. Puso cara de dolor pero yo no estaba para pensar y se la metí entera. Me corrí rápidamente, al igual que ella. Se la saqué e hice ademán de marcharme.

- ¿Donde vas? - me preguntó.
- Ahora verás - contesté.

Di paso a otro compañero pero yo entré con él para tranquilizarla. Cuando se metió en la cama, ella hizo un intento de rechazarle, pero él le puso la mano en el coñito y comenzó a masturbarla. Pronto se tranquilizó y se dejó montar.

La penetró hasta el fondo y se corrió dentro de ella. Luego dio paso al siguiente hasta que la follamos los cinco. Luego entramos todos a la habitación.

- ¿Te ha gustado? - le pregunté.
- Al principio me he asustado - dijo - pero luego me ha gustado que me lo hicierais todos.

Con esta declaración quedamos para la noche siguiente en la que repetimos todo igual y así lo hicimos hasta que llegó final de mes. Nos la follamos los cinco cada día entre el 20 y el 31 julio.
El día 1 de agosto, a la noche, nos pareció que estaba preparada para darle por el culo. En esta ocasión nos quedamos los cinco dentro, mientras uno de nosotros le untaba aceite en el ojete. Como ya la había desvirgado por delante, me correspondió hacerlo también por detrás. El caso es que le endiñé mi polla hasta dentro, después de superar la resistencia de su esfínter. Ella se corrió entre gritos pues le gustó. Luego tomó mi lugar otro chico, y así hasta los cinco.

Hasta el día seis de agosto le dimos por delante y por detrás cada noche. En total la follamos setenta veces en esos quince días... Cuando acabaron las vacaciones, nos las ingeniamos para quedar con ella una vez cada semana y nos la seguimos follando por turnos. Así seguimos hasta que se quedó embarazada. Como para entonces era un putón, pero no era tonta, le dijo al tipo que entonces se la follaba a diario, que era suyo. El otro, que pensaba que era el único, lo admitió y se casó con ella, llevándola a vivir fuera de la ciudad. Desde luego que el tipo era tonto pues desde que se corrió la voz de que follaba, se la tiraba todo el instituto, en total veinticinco chicos. A saber quien era el padre de la criatura.

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