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Me llamo Pedro, nací y vivo en Castellón y en la actualidad tengo 28 años pero todo empezó cuando acababa de cumplir los 19. Todos los veranos, mis padres y yo, nos trasladábamos a la casa del pueblo de mis abuelos que ahora habitaba la hermana menor de mi madre, Encarna. Allí estaban mis padres todo el mes que él tenía de vacaciones pero como yo estudiaba y mis vacaciones eran de tres meses, me quedaba solo con mi tía hasta que mi padre venía a recogerme para reemprender la vida normal del año. Cuando cumplí los 19 años ocurrió algo que me hizo entrar de golpe en todos los secretos del sexo. Encarna, mi tía, era una mujer aún muy atractiva a sus 40 años. Había permanecido soltera y se cuidaba mucho. No le gustaba vestir de negro como la mayoría de las otras mujeres del pueblo y procuraba ir siempre a la última moda. A mí encantaba ir con ella de paseo y ver como los hombres se la comían con los ojos. Cuando, tras cumplir el tiempo de vacaciones, mis padres se marcharon, mi tía no puso ningún inconveniente en que yo, alguna noches, me fuera de juerga con los amiguetes que había hecho en el pueblo. Eran unas juergas muy inocentes, hablábamos de lo que nos gustaría hacerle a tal o cual chicas y cada uno contaba sus batallitas, la mayoría de las cuáles yo estaba seguro que eran mentira. Una de esas noches en la que nos enrollamos con unas chicas del pueblo, sin darme cuenta, pasó el tiempo muy deprisa y regresé a casa pasadas las dos de la madrugada. Cuando yo volvía de mis salidas nocturnas, mi tía estaba metida en su habitación y por si acaso dormía yo procuraba no hacer nada de ruido. Me sacaba los zapatos en la puerta y descalzo subía al piso hasta mi cuarto. Pero aquella noche me sorprendió ver, por la puerta entreabierta, que había una tenue luz en el comedor, como si la tele estuviera funcionando. Pensé que mi tía se la había dejado encendida pero, por si acaso, me acerqué de puntillas a pesar de estar descalzo. Al mirar por la rendija de la puerta casi se me escapa una exclamación de sorpresa. La verdad es que no había para menos. Mi tía estaba sentada en un sillón frente al televisor donde, sin voz, estaba viendo una película porno. Pero lo más sorprendente es que ella tenía el camisón subido hasta la mitad de sus gordas tetas y muy abierta de piernas, se metía y sacaba algo de su peludo coño. Yo nunca había visto a mi tía en pelotas ni a ninguna otra mujer. Desde mi posición podía verle los pezones asomando por debajo de la tela del camisón, su vientre algo abombado, sus gordos muslos y la pelambrera de su coño. Al poco rato vi que lo que se estaba metiendo era un consolador. ¡Mi tía se estaba masturbando!. El silencio de la película era, con toda seguridad, para que yo no me despertara ya que ella debía pensar que yo ya había regresado, como los otros días. Yo tenía la polla como un palo y acabé por sacármela fuera del pantalón. Me la fui acariciando sin perder detalle de lo que hacía mi tía. Ahora se había subido más el camisón y cogiéndose una teta con la mano libre, estaba pasando la lengua por el pezón. En este momento empezó a gemir. Soltó la teta, agitó más la mano que masturbaba su coño y con un profundo suspiro supuse que se estaba corriendo. Yo también estaba a punto de hacerlo. Mi polla temblaban en mímanos pero entonces ella se puso en pie, frente a mí. Toda la belleza madura de su cuerpo desnudo apareció a mis ojos. Se agachó un poco, separó los muslo y se sacó el falso pene de su coño. Aquello ya fue demasiado para mí, y agarrándome la polla, que ya empezaba a lanzar sus primeros chorros de semen, salí corriendo hacia mi cuarto. Algún ruido debí hacer con mi precipitada huida pues oí como mi tía preguntaba: - ¿Hay alguien aquí... eres tú, Pedro... Pedro...?. Como es natural no hice ningún caso y cuando cerré la puerta, mi mano estaba llena de mi leche. Muy nervioso y excitado, me desnudé y me metí en la cama sin ponerme el pijama. Antes de dormirme me la pelé otra vez pensando en el cuerpo de mi tía, el primero que yo veía al natural. El haberme acostado tan tarde hizo que también me encontrara en la cama muy tarde. Deberían ser cerca de la una cuando se abrió la puerta y apareció mi tía. Se sentó en el borde de la cama, a mi lado y tras mirarme un buen rato a los ojos, sonriendo, me preguntó: - ¿Ayer noche me viste, verdad? - permanecí mudo y quieto - En la puerta del comedor encontré dos manchas y otras en la escalera... manchas de tu leche, ¿Me equivoco?. Tras dudarlo unos instantes, acabé por mover la cabeza afirmativamente. Yo estaba cubierto hasta la cintura por la sábana. Entonces ella puso la mano sobre uno de mis muslos. - Una mujer soltera también necesita el placer de vez en cuando - dijo - Yo no tengo hombre que me alegre y debo hacérmelo sola... Entonces, casi sin creerme que fuera yo quien lo decía, exclamé de sopetón: - ¡Me tienes a mí!. De un golpe separó la sábana. Aparecí ante ella completamente desnudo y con una erección bárbara. Entonces volvió a cogerme la polla con la mano y empezó a masturbarme muy lentamente. Yo permanecía quieto, como muerto, pero sintiendo un placer increíble llenarme el cuerpo. Mi polla ya no podía estar más dura cuando Encarna se inclinó y empezó a lamerme el capullo antes de metérsela en la boca y comenzar a chuparla. Era tanta la excitación que yo tenía, tanto el placer que me daba y tanto el morbo de ser mi tía la que me lo hacía que al poco rato exclamé: - ¡Tía, que me corro... tía, para... para... que gusto... oooh...! Pero mi tía no paró, al contrario, chupó con más fuerza y yo, vencido por completo, exploté en un orgasmo brutal, lanzando largos y abundantes chorros de esperma hacia la garganta de mi primera mujer, la cual se lo tragaba todo. Al acabar de correrme, se la sacó de la boca, acercó su cara a la mía y me besó en los labios. Una de mis manos fue a sus tetas y la otra a su coño, por encima de la ropa, pero ella se apartó y sonriendo me dijo: - Tranquilo, tenemos mucho tiempo para todo, ahora dúchate que pronto será la hora de comer. Bajé al comedor sin creerme aún lo que había sucedido. Comimos y al acabar nos sentamos los dos en el sofá, frente a la tele. Hacían una película, pero mis ojos estaban más por mi tía que por la pantalla. Ella se daba cuenta y me sonreía hasta que, pasando un brazo por mis hombros, me acercó a ella. Me besó metiéndome la lengua hasta la campanilla y no protestó cuando, llevando yo una mano a su blusa, empecé a desabrochársela. Al poco rato tenía uno de aquellos gordos pechos en la boca, lamiéndolo y chupando el duro pezón que iba creciendo entre mis labios. Ella misma se sacó el otro y así fui alternando mis mamadas de teta a teta, volviéndome loco con tanta carne. Mientras yo se las chupaba, ella se iba subiendo la falda hasta que se la dejó en la cintura. Miré. No llevaba bragas. Su peludo coño estaba a un palmo de mi mano. Se lo toqué. Estaba muy mojado. Entonces ella me empujó de la cabeza hasta llevármela entre sus muslos. Entendí lo que quería pero yo era una cosa que no había hecho nunca y así se lo dije. - Tú hazlo que yo ya te iré guiando - contestó. Ella misma se apartó los largos y negros pelos, dejando a la vista una raja rojiza y de labios abultados. La besé y sacando la lengua, comencé a lamer. Ella se movía haciendo que mi lengua incidiera en un punto u otro de su coño. - ¡ Sí, así... un poco más a la derecha... eso es...! - me decía entre gemidos - ¡Sigue aquí, sigue... lame le pipa, eso es... la pipa, chúpala... oooh... que gusto me das, cariño... sí, así... así... aaah... me vas hacer correr... sí, me corro... ya... ya... aaah...!. Recibí toda su descarga en la boca e intenté tragármela como ella había hecho con mi leche. - Nos vamos a entender muy bien - me dijo ya más tranquila - Pero,
sobre todo, que nadie se entere de esto. Todo aquello que había hecho en el coño de mi tía me había puesto el rabo tieso como un palo e intenté sacármelo de los pantalones pero ella me paró diciéndome que me quería muy caliente para la noche. - Quiero que me toques, que te pongas muy caliente para que, esta noche, me vuelvas loca con tu polla bien metida en mi coño... pero, ahora que pienso, si vas tan caliente te correrás enseguida... sí, sácatela que te la voy a pelar. Me hizo la mejor pelada de mi vida. Apretado a ella, mientras me besaba en la boca y no paraba de mover su mano, yo gemí sin parar hasta que, con un tremendo placer, toda mi leche saltó en el aire llenando el suelo de goterones blancos. Estuvimos un rato más viendo la tele, yo abrazado a mi tía y ella con mi ahora arrugada polla en la mano. Cuando apagó el aparato empezó a acariciarme y besarme mientras me iba desnudando. Al instante estaba yo en pelotas a su lado. Era muy morboso estar así, desnudo, mientras ella continuaba completamente vestida. Se entretuvo en chuparme las tetillas y el vientre. Luego metió su lengua en mi ombligo, bajó hasta mi polla y me la estuvo chupando un buen rato. A pesar de mi tan reciente corrida, logró ponérmela otra vez dura. Entonces se levantó la falda hasta la cintura y se sentó a horcajadas sobre mí. Cogió mi verga con una mano y la dirigió a su coño, sentándose lentamente. Por primera vez sentía yo el placer de penetrar un coño. Lo tenía húmedo y caliente. Al chocar mis huevos contra sus nalgas empezó a cabalgarme. Subía y bajaba, deslizando su chocho por mi polla una y otra vez. - ¡Que bueno... estaba cansada del consolador... necesitaba una polla de verdad y... que gorda y dura la tienes, sobrino, como me gusta! - decía sin parar de follarme. Yo estaba como loco. Era mi primera follada y aún no podía creérmelo. Mi placer era inmenso pero no podía correrme. Mi tan reciente eyaculación me lo impedía. Pero ella sí que podía pues empezó a gemir y a galoparme con más fuerza hasta que, con un grito, noté como mi polla se bañaba de jugos y ella exclamaba que se corría. No por ello paró sino que siguió moviéndose arriba y abajo por mi polla. Al correrse por segunda vez, salió de mí y me dijo: - ¡Así te quiero, mi amor, siempre empalmado para que me mates de gusto!. El resto del día me hizo continuar desnudo. Mi polla estaba empalmada
y ella aprovechaba para acariciármela e incluso alguna que otra
vez, mamármela unos segundos hasta que, a media tarde, me la mamó
de verdad hasta que me corrí en su boca, tragándose ella
toda mi leche. Después de cenar me dedicó un strip-tease
que me puso loco. - Soy tuya, mi amor, hazme todo lo que quieras. Empecé comiéndola entera, lamí sus pechos, chupé sus largos pezones, metí la lengua en su ombligo y le comí el coño hasta que, con fuertes suspiros, se corrió contra mi boca. A continuación, me coloqué entre sus muslos y llevé mi polla a ese coño que tanto deseaba gozar. Lo tenía muy mojado. Mi verga entraba y salía de él con suma facilidad. Al poco rato mi tía comenzó a decir que se corría. Aceleré los movimientos para buscarme yo también el orgasmo pero las corridas que había tenido durante el día, aunque mantenía mi polla tiesa, no dejaban liberarme. Encarna se corrió chillando como una loca, cruzando sus piernas en mi cintura, aprisionándome entre ellas. Aquel placer tan enorme y las ganas que tenía yo de correrme, me hicieron follarla con una violencia extrema. Mi polla parecía un émbolo entrando y saliendo del mojado coño de mi tía, pero con eso logré que ella se corriera otra vez y al poco rato una tercera. Cuando se tranquilizó un poco y estando yo aún dentro de ella, me dijo. - ¿Entiendes ahora por qué te la pelo antes de dejar que me folles?. La conservas dura largo tiempo y eso me permite gozar hasta reventar. Venga, sigue follándome hasta que puedas correrte pero, espera, deja que me cambie de postura. Salí de ella, se colocó a cuatro patas y me indicó que se la metiera de nuevo en el coño. En esta posición yo estaba más cómodo así que reemprendí la follada hasta que, por fin y tras una nueva corrida de ella, pude liberarme lanzando mi leche en aquellas preciosas y calientes entrañas de mi tía. Caí destrozado a su lado y abrazados, nos quedamos dormidos. Desde este día la relación que tuve con Encarna no fue de tía y sobrino sino de amantes, de perfectos amantes. Incluso ahora, yo con mis 38 años y ella con sus 59, la visito todos los veranos para pasarme un mes follando con ella. |
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