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Todo empezó un sábado por la mañana cuando Pedro me llamó, porque todos dicen que soy un manitas, para que arreglara una persiana de la casa de Olga y también ponerle unos imanes en la puerta de la cocina ya que ella quería darles una sorpresa a sus padres cuando regresaran de pasar unos quince días en Asturias. Olga, que es la novia de Pedro, le llamó y él me llamó a mí. Quedé en que pasaría a recoger a Pedro por su casa y que sobre las diez estaríamos en la de Olga. Así se lo dijo Pedro a su novia y ella, confiando en que llegaríamos a esa hora, llamó a unas amigas para ir de compras esperando que a las diez ya estarían en casa. Nosotros llegamos sobre las nueve y media. Pedro aparcó el coche en el garaje del edificio y subimos al ático, donde vivía Olga. Llamamos y no contestó nadie. Afortunadamente Pedro tenía la llave así que abrió la puerta y entramos en el piso. Para ganar tiempo me dispuse a ponerme el mono que uso para esas reparaciones. Pedro me acompañó a una de las habitaciones, que resultó ser la de Olga. Me saqué toda la ropa, incluso calzoncillos, y me coloqué el mono. Pedro, que estaba allí conmigo, al verme desnudo, exclamó: - ¡Chico, que polla tienes!. Nos fuimos a la cocina y estaba Pedro preparando el desayuno cuando aparecieron
Olga con sus dos amigas Rosa y Magda. Al entrar en la cocina Pedro le
dio un morreo a Olga y le pegó un cachete en el culo. Después
les dio otro beso en la boca a Magda y a Rosa. Las conocía muy
bien y habían montado fiestas con ellas. Pedro me presentó
diciendo que era un manitas y que sabía arreglarlo todo. Diciendo
esto le guiñó un ojo a su novia. - No te los había visto nunca - le dijo. La chica entró en la cocina y se fue directa hacia mí. En el mono que llevo hay dos cremalleras, una arriba y otra abajo. Ella, sin decirme nada, cogió la de abajo y tiró de ella. En este momento no sólo comprobó que yo no llevaba calzoncillos sino que también como era mi polla ya que me saltó fuera completamente endurecida. Entonces Pedro empujó a su novia hasta hacerla caer de rodillas ante mí. Yo la cogí de la cabeza y le hice tragar mi polla hasta los huevos. Me costó ya que ella no quería pues a Pedro no se la había chupado nunca. Solamente quería sentirla en su cariñoso y joven chochete. Estaba así, mamándomela, cuando se presentaron Magda y Rosa. - ¡Olga, como la chupas!. ¿No decías que no te gustaba? - exclamaron casi a dúo. Moviendo la cabeza de Olga, de delante a atrás como si me follara su boca, y ante la atenta mirada de su novio y de sus dos amigas, me corrí en la garganta de la chica que se vio obligada a tragarse, por primera vez en su vida, la leche de un hombre. Cuando acabó, Pedro la cogió por un brazo, la hizo levantar, le dio la vuelta, haciéndola apoyar con las manos en el fregadero y levantándole la falda hasta la cintura, mostrándonos su culo ya que la chica no llevaba bragas, se sacó rápidamente la polla y se la clavó en el coño por detrás hasta los huevos, empezando a follársela como un loco. Comprendí rápidamente que si Pedro había permitido que su novia me la chupara y si ahora se la estaba follando delante de todos nosotros, es que el ambiente era liberal del todo. Me quité el mono quedándome en pelota pura y me acerqué a las otras dos muchachas. Cogí a Magda la cual, sin oponer ningún tipo de resistencia, se arrodilló ante mí y cogiéndome la verga se la tragó entera comenzando a chuparme muchísimo mejor que como me la había chupado anteriormente Olga. Magda era una experta. Mientras me la chupaba, Rosa se quitó la blusa y la falda apareciendo completamente desnuda. Tenía unos pechos grandes y tiesos, unos pezones largos y endurecidos y lo que más me sorprendió, el coño completamente afeitado. Yo nunca había visto uno así y me gustó. Mientras nos besábamos, con lengua, se lo acaricié al tiempo que Magda continuaba con su fabulosa mamada. A pesar de haberme corrido hacía tan poco, el placer que me estaba dando la boca de Magda amenazaba con llevarme a otra corrida y como yo no deseaba hacerlo tan pronto, la aparté y tumbé a Rosa sobre la mesa con la intención de metérsela en el coño pero ella, al ver mis intenciones, se dio la vuelta y abriéndose las nalgas me dijo: - No, por el coño no, métemela en el culo. Lo hice encantado. Mi polla entró con una facilidad asombrosa. Tenía un canal estrecho y caliente. Era una delicia deslizar mi verga por aquel tubo tan acogedor. Rosa suspiraba a cada embite mío al que yo respondía con un gruñido de placer. Mientras yo enculaba a Rosa, pude ver como Pedro se desnudaba, desnudaba a Magda y después que ella misma le pusiera un preservativo en el rabo, se lo metía en el coño follándosela salvajemente. Nos corrimos casi a la vez, yo en el culo de Rosa y él dentro de su condón. Descansamos un rato durante el cual yo comenté lo que me había gustado el coño de Rosa, tan depilado, tan suave. - Pues si tanto te gustan así, se los vamos a afeitar a las otras dos - me contestó Pedro levantándose para coger el jabón y la maquinita del baño. Cuando regresó, Magda y Olga se sentaron en sendas sillas, con las piernas muy abiertas. Pedro me dijo que me cuidara de su novia. Enjabonamos los pelos después de haberlos recortado con unas tijeras y luego los afeitamos con la maquinilla. Esta operación tan fácil parece mentira lo cachondo que me puso. Tanto tocar el coño de Olga, repasar sus labios abultados, rozar su clítoris, me habían puesto la polla a punto de explotar. Miraba su cuerpo desnudo, sus pechos tiesos, aquel coño ahora tan expuesto, tan desnudo y pesaba que era la novia de mi amago, una novia que se había tragado mi leche. Ahora me la iba a follar. Me puse en pie, levanté sus piernas pero cuando iba a meterle el capullo en la raja tanto ella como su novio me pararon. - No - me dijo él - Por el coño sólo la jodo yo, pero puedes metérsela en la boca o en el culo, como prefieras. ¿Otro culo para mí?. Aquello era una hermosa y excitante locura. Como por la boca ya me la había tirado, elegí el culo. Si el de Rosa me había parecido fácil y cómodo de penetrar, el de Olga era como un coño. Estaba tan dilatado que mi polla entró sin esfuerzo alguno hasta que mis cojones hicieron tope en sus nalgas. La orgía duró todo el día y en ella tuve más de una sorpresa. La primera fue, como ya he dicho, el que pudiera tirarme a las tres por el culo ya que Magda también me lo entregó pero no su coño. El coño de las tres era para Pedro y sólo para él aunque se las jodía con preservativo, menos a su novia ya que esta tomaba pastillas. Cuando ya no nos quedaban fuerzas para seguir, me despedí y no le cobré nada a Olga por las reparaciones que hice en el piso. Después de lo que me habían hecho gozar, hubiera sido una descortesía por mi parte. |
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