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En la primera noche de bodas comprendí su pudor y la desvirgué
con dulzura y procurando no herirla pero a medida que pasaban las semanas
y los meses empecé a comprender que su falta de interés
por el sexo quizá no tuviera remedio. No aceptaba cambiar de la
típica postura del misionero, ella debajo y yo encima, para hacer
más interesante el acto sexual. Tirármela por detrás,
ella a cuatro patas, era una humillación para la mujer, me decía.
Chupármela o comerle el coño, una obscenidad y el día
que le propuse darle por el culo creí que me mataba. Cuando la tenía desnuda era un enorme suplicio para mi no follármela
a lo bestia y olvidarme de sus prejuicios. Este matrimonio amigo del que hablo, Tere y Mario, lo escogí porque
yo sabía que tenían experiencia en tríos y cambios
de pareja. Al igual que ellos sabían, porque yo se lo había
contado, los problemas que tenía con mi esposa. A la hora del café, Mario empezó a contar chistes verdes e historias cargadas de morbo. Empleaba palabras guarras y, en algunas ocasiones, incluso obscenas. Yo, que observaba la reacción de Lucía, veía que a veces se ruborizaba y daba muestras de malestar hasta que, al cabo de un rato, vi con asombro que las reía sin recato. Supuse que la cosa empezaba a funcionar. No obstante tenía que comprobar que era así. Me acerqué a ella, que estaba sentada en el sofá y la besé en la boca. En otras circunstancias, me hubiera apartado pero aquella vez no protestó sino que me respondió al beso. El afrodisíaco o lo que fuera, estaba funcionando. Continué besándola al mismo tiempo que la iba acariciando por encima de la ropa. Parecía que Lucía sólo estaba ocupada en responder a mis caricias y que se había olvidado de la presencia de nuestros amigos así que aproveché para desabrocharle el vestido. Subiéndole las cazoletas del sujetador, saqué al aire sus suculentos y hermosos pechos. Era la primera vez que veían la luz en un lugar que no fuera nuestra habitación. Y además ante la presencia de otras personas. Lucía parecía transformada. Animado por todo aquello, me incliné y empecé a besar sus pechos, succionándole los pezones tiesos y ya duros como dos piedras. Mientras yo iba calentando a mi esposa, comprobé que Tere y Mario se habían desnudado por completo y sobre el otro sofá se estaban dando un lote de impresión. Entonces Lucía también se dio cuenta de lo que estaban haciendo la otra pareja. Pensé que todo se había acabado, que ella reaccionaría y con toda la mojigatería que llevaba encima, haría que nos marchásemos a casa. Pero fue todo el contrario. Me miró sonriendo, como animándome a imitarlos. No puso ninguna resistencia cuando le saqué el vestido, luego el sujetador y las bragas dejándola desnuda por completo. Yo estaba con una erección tremenda. Incluso me dolían los huevos. Cuando eyaculé en su vagina, me separé de ella para observarla tras su brutal orgasmo. Estaba preciosa. Sus pechos aparecían turgentes, sus pezones tiesos y duros al máximo, su vientre palpitante por el intenso placer sufrido y los pelos de su peludo coño mojados de mi leche y de sus jugos. Mantenía los ojos cerrados y una expresión de suprema felicidad iluminaba su hermoso rostro. Entonces Tere, que acababa de ordeñar a su esposo, se me acercó y cogiéndome la arrugada verga, me dijo: - ¡Voy a hacer que disfrutes con lo que no te ha hecho nunca tu mujer!. Empezó a lamerme la polla desde su raíz hasta el capullo.
Lo enrolló con su lengua y luego, tragándoselo, empezó
a chuparlo. A base de mamadas, se fue tragando mi polla hasta más
de la mitad mientras yo daba pequeños golpes de riñón,
como si me la estuviera follando por la boca. Tere aceptaba encantada
esta follada bucal y al mismo tiempo se acariciaba su también peludo
coño. Yo sentía que el placer me invadía de nuevo.
Mis huevos estaban duros y mi polla palpitante. Sabía que por primera
vez desde mi boda, me iba a correr en una boca sabia y viciosa. Me corrí
copiosamente en la garganta de Tere la cual, sin ningún asco, tragó
toda mi leche con cara de intenso placer. Mientras todo eso estaba ocurriendo,
Mario se acercó a mi mujer y empezó a acariciarle las gordas
tetas. - ¡Eso es, métemela hasta el fondo, más, más... oooh... así, fóllame con fuerza... que gusto siento... aaah... me voy a correr, sigue, sigue... así...!. Conmigo jamás había dicho nada. A lo sumo un ligero y vergonzoso
suspiro al correrse. Tere tenía sus piernas cruzadas en mi espalda
por lo que mi verga estaba enteramente metida en su caliente coño.
Notaba como sus labios vaginales me comprimían la polla, proporcionándome
un placer intenso pero, a pesar de eso, mis ojos estaban fijos en mi mujer
y en el amigo que se la jodía. Tere se corrió casi al mismo
tiempo que su esposo y al retirarse éste, se la saqué a
Tere y me acerqué a Lucía. Pude ver como hilillos de esperma
se deslizaban por su coño y llenaban el copioso vello de su pubis.
Sin pensarlo ni un momento, me cogí la polla y se la metí,
hasta la empuñadura, en sus entrañas. De pronto y casi antes
de que empezara a moverme, Lucía comenzó a orgasmar. Era
un orgasmo intenso, continuo, como si en aquellos momentos le salieran,
una tras otra, todas la corridas que reprimió a lo largo de nuestro
matrimonio. Me corrí eyaculando un torrente de semen, en un orgasmo
tan brutal que incluso me dejó algo mareado. Pero la sorpresa la
tuve cuando, mientras descansaba en el sofá para reponer fuerzas
vi como Lucía se acercaba a Mario, cogía su polla con una
mano y sin dudarlo, se la metía en la boca. Con ojos, casi saliéndome
de las órbitas, observé como le hacía una mamada
descomunal. Al poco rato Mario, con los ojos en blanco, eyaculó en la garganta de mi esposa mientras le apretaba la cabeza contra su vientre. Lucía se tragó toda la descarga e incluso, luego, sacándose muy lentamente la polla de su boca se la fue lamiendo hasta dejársela limpia. Viendo todo aquello, mi polla volvía a estar en plena erección. Me fui hacia ella. Mientras chupaba la polla de Mario lo que quedaba más a la vista era su hermoso culazo. Tuve un idea. Aquel agujero era el único que tenía virgen ya que mi jamás me dejó penetrarlo. Escupiendo sobre mis dedos, le llené de saliva el ano. Ella no decía nada. Le introduje un dedo y luego dos hasta que comprobé que su esfínter se había relajado. De los labios de Lucía aún no había salido ni una queja, ninguna protesta. Apunté la cabeza de mi glande en ese ano y poco a poco la penetré. Mientras que con la mano derecha atraía sus caderas hacia mí, con la derecha le masajeaba el clítoris. Ella, sin dejar de chupar la ya arrugada polla de Mario, no paraba de gemir e incluso de gritar como si le hiciera mucho daño. Pero yo ya estaba lanzado así que seguí enculándola hasta que los dos, gracias a mis caricias en su coño, nos corrimos. Cuando salí de ella Mario, excitado de nuevo y sin dejar que Lucía se levantara y mucho menos pedirme permiso, se la metió en el mismo agujero que yo había dilatado. Si antes había tenido que comerme mis celos al ver que otro hombre se la follaba, imaginaros ahora que este mismo hombre se la estaba jodiendo por el culo. Cuando se corrieron los dos, ella ayudada igualmente por la mano de Mario en su coño, nos duchamos, vestimos y despedimos de estos amigo, convertidos ya en nuestros compañeros de cama y de placer. Ya en casa, desnudos en la cama, me atreví a preguntarle como le había parecido todo lo sucedido. Lucía se giró hacia mí, me besó cariñosamente en los labios y sonriendo, me dijo: - En el vino no había ni afrodisíacos no nada extraño. Mi comportamiento ha sido con plena voluntad. A la mañana siguiente de quedar para cenar, me llamó Teresa y me puso al corriente de todo. Comprendí que había sido una egoísta y que tú merecías ser feliz. Me puse en combinación con ellos y te hicimos creer que mi actuación se debía al afrodisíaco. Me lancé a cosas que jamás hubiera hecho sino fuera para hacerte feliz. Me he entregado a otro hombre por ti, le he chupado la polla, tragado su leche, me he dejado follar e incluso dar por el culo y te confieso que me he sentido una mujer nueva. Tú tenías toda la razón aunque ahora pienso que no podré pasar sin estos encuentros con otras parejas o añadiendo, de vez en cuando, a otro hombre en nuestra relación sexual. El resultado está muy claro. En lugar de ser Lucía la que cayera en mi trampa fui yo el que caí en la suya. A pesar de todo, estoy muy contento ya que he ganado una hembra ardiente y sedienta de placer que colma todas mis aspiraciones aunque a veces tenga con contemplar como se la folla otro. Un beso de los dos y felicidades por la revista. |
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