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Mi nombre es Liliana, soy ejecutiva en una empresa y me gusta mucho el sexo desde que empecé a tener relaciones con mi novio, el cual fue el primer hombre con el que completé el acto sexual. He tenido novios anteriormente pero nunca pasé de caricias cachondas. Para que se hagan a la idea como soy diré que mido 1,65, tengo 29 años, pelo negro, piel clara y modestia aparte, mis medidas son 85-60-90, con piernas bien torneadas pues practico aerobic, soy bastante coqueta y me gusta que me miren los hombres, sobre todo las nalgas, las cuales tengo bastante bien formadas y son mi orgullo, así como un busto también firme y redondo con pezones bien formados. Pues bien, he tenido todo tipo de experiencias en el sexo con mi novio desde lo normal hasta voyeurismo y exhibicionismo pues me excito bastante, pero un día me dijo mi novio que le comentara alguna fantasía que tuviera y yo le confesé que desde siempre he tenido la fantasía de hacerlo con dos o más hombres, solo que me da un poco de miedo. Cuando se lo comenté trató de convencerme diciéndome que lo hiciéramos y que el ya hablaría con un amigo de confianza. Después de mucho tiempo de insistir sobre ello, cerca de un mes, me convenció y lo hicimos pero este no es el relato que quiero contar, solo diré que fue bastante excitante. Después de esto y ya con experiencia, una de sus ideas fue que fuéramos al cine a ver películas porno que a mi me excitan bastante. Así lo hicimos colocándonos en la última fila de un cine del centro de la ciudad. Yo vestía una minifalda, un tanga y arriba solo un top. Al entrar al cine las miradas de todos los hombres se posaron en mi cuerpo, lo que hizo que el estómago se me encogiera de excitación y ta desde ese momento, empecé a segregar líquidos en mi vagina y un pequeño palpitar se apoderó de ella. Empezó la sesión y mi novio comenzó a acariciarme por todos lados hasta que llegó un momento en que no aguanté y me senté sobre él viendo la película. Me aparté el tanga y como él ya se había sacado la polla, me penetró el coño sin ninguna dificultad. Me corrí dos veces mientras todos nos miraban. Fue excitante. Una sensación fenomenal y al salir, todos los hombres me comían y desnudaban con la mirada. Pero un día ocurrió lo que nunca esperé que me sucediera. Era viernes, mi novio me llamó y me dijo que sí quería repetir lo del cine. Le dije que sí y me contestó que pasaría por mi casa a recogerme pero que me vistiera con un vestido que el me regaló. Es de tirantes, se abrocha con cinco botones al frente y es bastante corto pues me queda justo bajo las nalgas, en el pecho es ajustado hasta la mitad de las nalgas y de ahí la falda es de vuelo, o sea que cae la tela floja. Me pidió también que no usara nada de ropa interior. Tuve que ponerme una gabardina para salir de mi casa para que mis padres no notaran el vestido, pues me matarían. A mi me gusta este vestido pues a veces, cuando hace viento me levanta indiscretamente la falda. Ya camino al cine, me dijo que él entraría primero y después yo, simulando que cada uno iba por su lado y no nos conocíamos. - Pero siéntate en una butaca frente a la que yo me encuentre - añadió. Al entrar en el cine, y estar las luces encendidas, pude ver como todos los hombres observaban con morbosidad mi cuerpo al igual que con curiosidad por ir sola. Distinguí tres parejas y el resto eran hombres. Podría decir que todos ellos estaban en una edad comprendida entre los 50 o 60 años. No había mucha gente, deduzco por la hora, las diez de la noche. La función terminaría a las dos de la mañana por ser una sesión doble. Vi a mi novio y me senté frente a él. Al sentarme la falda se subió dejando ver una parte de mi peluda panocha. Mi novio, en voz baja, me dijo: - Desabróchate los dos botones de abajo y cruza la pierna derecha. Obedecí pues jugar al juego de los extraños, me excitaba. Antes de apagarse las luces un hombre se sentó en la misma fila y a tres butacas de mi. Observé como antes de sentarse fijaba su mirada en mi entrepierna. Yo bajé discretamente la mirada y observé que, efectivamente, tenía todas mis piernas y mi obscura pelambrera, completamente a la vista del hombre. Esto me excitó y a la vez me dio un poco de temor. La película comenzó y las escenas eróticas empezaron a aparecer en la pantalla. Los gemidos y aquellas escenas hicieron que me relajara y que empezara a disfrutar de mi calentura que en ese momento empezó a ser cada vez mayor. Sentí como mi vagina se humedecía y palpitaba nuevamente como aquella vez. De pronto escuché la voz de mi novio que me dijo: - Abre las piernas y mastúrbate. Yo no supe que hacer, pero él me repitió otra vez que lo hiciera. Bajé mi pierna y lentamente las fui abriendo para que el hombre de al lado no lo notara. Luego, discretamente, bajé mi mano y comencé a acariciarme. Sentía mi vagina húmeda y mi excitación se hizo más fuerte por aquello que estaba sucediendo. Al cabo de un rato, sin darme cuenta, emití unos leves gemidos de placer, ya que soy un poco expresiva cuando tengo sexo. De reojo miré al hombre que me miraba como me masturbaba lo que provocó que el tipo se estuviera tocando la entrepierna. Me giré disimuladamente y seguí observando la película pero alcancé a oír el sonido de una cremallera al correrse. Miré discretamente al tipo y vi como sacaba de su pantalón un miembro de buen tamaño, lo que me hizo excitarme. Esta vez olvidé el miedo, seguí con lo mío y de vez en cuando miraba para ver al hombre como se masturbaba también, pero lo hacia mirándome a mi. De pronto sentí como las manos de mi novio resbalaban por mis hombros hasta alcanzar mis tetas las cuales comenzó a masajear antes de desabrochar los dos botones de arriba del vestido y mis tetas salieron de su lugar dejándose ver desnudas por el resplandor de la película. Miré al hombre de al lado que fijaba su mirada en mis tetas y pelaba su pene con desesperación. Después de un rato de tocarme las tetas, mi novio retiró sus manos y me dejó nuevamente masturbándome, mas excitada que nunca pues ya había tenido un orgasmo. - Que rico es masturbarse, ¿verdad? - oí de pronto que
me decía el vecino de fila. Seguí haciéndolo pero para entonces me tocaba todo el cuerpo y me metía los dedos en la vagina. El tipo volvió a hablarme pero esta vez me dijo: - Y también es rico masturbar a otro... Me quedé fría. En ese momento no supe que hacer o decir. El tipo se levantó de su butaca semiagachado y se sentó a mi lado sin decir palabra. Siguió masturbándose mientras yo miraba de reojo su enorme verga. El tipo se dio cuenta y de pronto, se bajó totalmente el pantalón, se giró y me dijo: - Ahora estamos iguales. La verdad es que yo ya me encontraba con el vestido totalmente abierto y mi cuerpo desnudo a merced de la mirada del hombre que, en ese momento, deslizó su mano hacia mi vagina y comenzó a masturbarme. Al sentirlo me dio temor y esperaba alguna reacción de mi novio pero no sucedió nada pero el hombre, que notó mi tensión, me dijo que lo disfrutara. Me era difícil pero al cabo de un rato, volví a mi anterior estado de excitación, ahora más fuerte por lo que, sin pensarlo, estiré mi mano izquierda y tomé aquel enorme miembro. Así comencé a corresponder el favor. El hombre ya no se conformó con masturbarme y de pronto, comenzó a tocarme las tetas con ambas manos. El se encontraba ya de lado por lo que yo hice lo mismo y comencé a sobarle los huevos. Sentía su verga dura y húmeda mientras que mis pezones comenzaron a ser succionados por el hombre. Notaba su lengua que, a cada lamida y succión, provocaba en mi una gran necesidad de tenerlo dentro. Me giré a ver a mi novio y vi que él hacia lo suyo también, masturbándose. Al ver esto me di cuenta que los tres lo estábamos disfrutando y que tenía el consentimiento de él para hacer lo que quisiera, por lo que alcancé el pequeño bolso que traía y saqué un condón mientras el tipo, que ya se había apoderado de mis nalgas, metía y sacaba sus dedos de mi vagina. - Ponte esto - le dije suavemente al oído y y le mostré el condón. Rápidamente el hombre lo abrió y se lo puso. Yo estaba por acercarme a él cuando me besó en el cuello e hizo deslizar mi vestido por mis hombros, quedando en la butaca y yo completamente desnuda en aquel lugar público. Me acarició unos momentos, luego me las ingenié para montarme sobre sus rodillas en la butaca, viéndolo a la cara a él y a mi novio que seguía masturbándose, tomé el enorme pene y lo acomodé en mis labios vaginales. Los acaricié un momento con el instrumento y luego comencé a dejarme caer lentamente hasta sentir como sus huevos tocaron mis nalgas. Fue sensacional sentir aquel desconocido dentro de mi y ver como varios hombres disfrutaban del espectáculo. En ese momento tuve otro orgasmo. El tipo dejó escapar un gemido de placer al igual que yo y comencé a mover en forma giratoria las nalgas mientras el hombre mamaba mis tetas y se apoderaba de mis nalgas. Yo gozaba enormemente con aquel miembro que me taladraba el coño. Entonces comencé a hacer movimientos de adelante hacia atrás, sacando un poco el pene, lo que provocó que el tipo comenzara a venirse. Pero no podía ser. Yo todavía necesitaba más pues mi calentura era enorme, así que opté por decirle que se relajara y que tenía que satisfacerme a mi pues yo no había terminado. Me salí de él y me arrodillé entre sus piernas, le quité el condón, con todo su semen dentro, y acerqué mi boca a su húmeda verga, que olía a semen cosa que me excitó mucho, y comencé a darle lengüetazos. El tipo daba brinquitos. Después de un rato logré que se recuperara y al notar como su verga crecía nuevamente, esperé hasta que se sintiera dura otra vez. Saqué otro condón pero esta vez se lo puse yo. Me levanté, ofreciéndole mis nalgas. El tipo las besó y las tomó guiándome hacia su miembro. Pronto sentí como su pene comenzaba a abrirse paso en mi vagina y nuevamente lo tuve dentro mientras me besaba la espalda y me sobaba las tetas - ¡Que ricas nalgas tienes putita, tienes las tetas más
jugosas que he visto...! - me decía. La verdad es que yo ya no recuerdo bien lo que le decía hasta que, de pronto noté que me iba a correr y le dije que aguantara, pero no fue necesario mucho rato pues, de pronto, reventé en un orgasmo con el cual mi estómago se convulsionaba, la piel se me erizaba y el aire me faltaba. Fue sensacional pues duró bastante esta sensación ya que ayudó el hecho de que, en ese momento, el tipo también se viniera otra vez, apretándome fuertemente las nalgas. Me retiré de él y me senté en mi butaca cansadísima hasta que, un poco restablecida, busqué mi vestido pero ya no se encontraba en la butaca. Me agaché para ver si estaba en el suelo pero nada. Me giré a mi derecha y al lado contrario de donde se encontraba sentado el tipo con el que acababa de follar, y vi a un muchacho de unos 19 años con mi vestido en la mano y pelándose la verga. Pude ver que tenía su pene de fuera y usaba mi vestido para masturbarse. Le dije que sí me lo podía dar y me dijo: - Ven a por él. Tuve que ponerme de pie, completamente desnuda, y mi figura se dibujó en la pantalla lo que motivó que se oyeran mil exclamaciones. Llegué a donde estaba el joven y me senté a un lado: - Si quieres el vestido - me dijo - has de hacer conmigo lo mismo que has hecho con el otro. Como ya no me quedaban condones y las enfermedades me dan miedo, le dije: - Si quieres te hago una mamada pues ya no tengo más preservativos.
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