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Soy un chico de veinte años, me llamo Daniel y vivo en Bilbao.
Físicamente parezco mucho más joven de lo que soy. Más
bajo que la media, pelo castaño claro, ojos azules, delgado y vello,
aunque escaso, sólo en mi sexo. Mi madre tiene una hermana mucho
mayor que ella. Se llama Rosa, tiene 55 años y está casada
con Rafael, de 62. Rosa, a pesar de estar muy gorda, es una mujer muy
atractiva y muy alegre. Siempre está de broma. Se ríe de
todo pero también de ella misma, de sus enormes tetas, de su culazo,
de sus brazos casi tan gordos como sus muslos... De acuerdo en que hacía calor pero yo no entendía que fuera necesario ir mi tío con un simple y minúsculo tanga por casa, con el culo al aire, y mi tía con una camiseta larga hasta el principio de sus muslos, y bragas. Estaba claro que no llevaba sujetador por como se le movían los enormes pechos y como se le marcaban los también grandes pezones. Yo no tenía ninguna practica en el tema del sexo. A lo sumo me la había pelado cinco o seis veces viendo revistas porno pero ahora confieso que todo y siendo mi tía muy distinta de las mujeres retratadas que yo miraba con mi verga en la mano, su desnudez y el baile de su carne me producía tal efecto que mi polla se me puso tiesa a tope. Pero el problema no había hecho más que empezar. Me dijeron que, al acabar de instalarnos en el apartamento, iríamos a la playa. Cuando acabé de colocarlo todo en la habitación que me habían destinado, me puse el bañador y salí al salón. Allí estaban mis tíos esperándome, él con el tanga y ella con su camiseta. Bajamos al garaje, entramos en el coche ellos dos delante y yo atrás, y salimos de la población. - Mira, Daniel - me dijo mi tía girándose y apoyando un brazo en el respaldo de su asiento con lo cual media tetorra apareció por el abombado escote de la camiseta - Nunca se lo hemos dicho a nadie de la familia porque seguro que no lo entenderían, pero tanto yo como tu tío somos unos enamorados del naturismo, te habrás dado cuenta de que nunca comemos carne, no bebemos alcohol ni fumamos, pero también nos gusta ir desnudos, por eso ahora nos dirigimos a una playa nudista, fuera de la población. Esperamos que no te moleste ni mucho menos escandalice. No dije nada. No podía decir nada. Ver a mi tío desnudo por completo me era, hasta cierto punto, indiferente pero a mi tía... No podía creer que aquello fuera posible, que se atreviera a mostrar a todo el mundo sus bultos, su enorme corpachón. Pero me equivocaba pues sí que se atrevió. Cuando llegamos al aparcamiento de la playa nudista, mi tío paró el coche, bajamos del mismo y allí, sin perder tiempo, él se sacó el tanga dejando al aire una magnífica polla, mucho más grande de lo que yo hubiera supuesto. Era más del doble de la mía, tanto en longitud como en grosor y eso que no la tenía dura. Yo intenté imitarle pero no podía, me moría de vergüenza. Entonces mi tía, levantando los brazos, se sacó la camiseta. Nunca pensé que dos pechos pudieran ser tan grandes, tan aparatosos. Los tenía redondos como dos globos inmensos, se apoyaban sobre un vientre salido perforado en su centro por un ombligo metido en la carne profundamente y cuando, a continuación, se sacó la braga casi no se le veía el coño, cubierto por la masa de carne. A pesar de todo pude ver que lo llevaba afeitado por completo ya que sus gordos labios sí que aparecían por debajo del repliegue de la barriga. Pero si antes había tenido vergüenza de quedarme desnudo ante ellos ahora me aterraba sacarme el bañador y es que mi polla, inexplicablemente, al ver el cuerpo desnudo de mi tía, se me había puesto tiesa como nunca, dura como el hierro. - Venga, cariño - me dijo mi tía al ver mi titubeo - Aquí
no te dejaran estar con bañador. Tía Rosa se me acercó, apartó mis manos de mi entrepierna, donde yo las había puesto para taparme la erección, y de un golpe me bajó el bañador. Mi pollita saltó como un resorte y tras dar dos o tres bandazos en el aire, quedó perpendicular a mi cuerpo, apuntando el enorme vientre de mi tía. - No sé de que te ríes, Rafael - le dijo a su marido - Para mí es un piropo que a un chavalito joven se le empine por mi culpa - y pasando un brazo por mis hombros, añadió - Vamos, cariño, deja a tu tío con sus broma. Este simple gesto hizo que toda su carne desnuda se pegara a la mía, que una de sus tetazas se aplastara contra mi brazo y que mi polla vibrara buscando una erección ya casi imposible de superar. Cuando entramos en la playa, muy poco concurrida, la verdad sea dicha, mi tía me dijo al oído mientras señalaba con la mano mi tiesa verga: - Y esto que te ocurre no te preocupes que ya buscaré yo un momento para arreglártelo. No entendí lo que quería decir pero cuando me sacó el brazo del hombro eché a correr par tirarme al agua para refrescar mis sentidos y rebajar la erección. Ya más tranquilo fui donde estaban ellos pero al llegar no vi al tío. - Ha ido con unos amiguetes al chiringuito - me dijo la tía - Siempre lo hace, pero al menos este año no me dejará sola estando tú conmigo. Me tendí sobre la toalla, a su lado. Miré de reojo aquellos impresionantes montículos que eran sus mamas y su vientre admirando su sentido de la libertad personal, su ausencia de vergüenza y su desprecio por la opinión de los demás. - ¿Te importaría ponerme crema antisolar por la espalda? - me dijo dándose la media vuelta - Estoy muy blanca y el sol pica bastante. No me atreví a decirle que no pero sólo de pensar que iba
a tocar todo aquello, mi polla empezó a ponerse dura. - No tengas vergüenza - me dijo - Sigue, tócame el culo sin miedo. Lo hice, primero con cierto temor pero luego, excitado a tope, sintiendo un placer extraño en mis ingles, se lo masajeé con ganas, sobándoselo cada vez más fuerte, con más presión. Entonces ella separó los gordos muslos y en voz más baja me dijo: - Pasa la mano entre ellos, eso es así... despacio, despacio... ¿Sigue... estoy mojada por ti, como tú estás trempando por mí... oooh... mete los dedos... muévelos... eso es... sí, me voy a correr... aaah... mi vida, que gusto me das... que gustooo... oooh...!. Yo no sabía exactamente lo que estaba haciendo. Bueno sí, sabía que estaba masturbando a mi primera mujer que, para más morbo, era mi tía. Estuve un rato con la mano metida entre sus muslos, una mano mojada por completo como si ella se hubiera meado en ella. Entonces se dio la vuelta. Cogió mi cara con las dos manos y rozó mis labios con los suyos diciéndome: - Gracias mi amor, me has dado mucho placer y ahora te daré yo el que te he prometido antes. Me hizo tender boca abajo a su lado, pasó una mano bajo mi vientre y agarrándome la tiesa polla, comenzó a masturbarme con extrema lentitud. Pronto me di cuenta de que no era lo mismo pelártela tú que te la pelaran. El gusto era mucho mayor, más intenso. En un momento dado y sin dejar de mover la mano, mi tía, con la otra echó una teta hacia mí dejando su gordo pezón muy cerca de mi boca. - Lámelo - me dijo - chúpamelo. Haciéndolo, me corrí con un placer como nunca había sentido. Mi leche bañó mis muslos y la mano de mi tía, así como la toalla. Más tranquilo, me levanté y me fui al agua para refrescarme y poner en orden mis ideas. Mientras nadaba lo único que saqué en claro es que una mujer me había enseñado lo que era el placer y que sería tonto no seguir aprendiendo de ella. Cuando volví a acercarme a ella, mi tío aún no había vuelto. Me senté a su lado y nos miramos sonriendo. - ¿Volveremos a repetirlo, verdad tía? - me atreví
a preguntarle tras unos instantes de duda. Rafael no volvió hasta la hora de comer. Había estado jugando al domino con los amigos de todos los veranos y no se había preocupado por la hora sabiendo que yo estaba haciendo compañía a su mujer. Fuimos hacia el coche, nos pusimos los bañadores y llegamos a casa, donde nada más llegar y sabiendo yo cual era su costumbre, nos quedamos los tres en pelotas. Así comimos y mientras el tío iba a echarse una siesta, la tía y yo, en el sofá, vimos la tele. Yo había tenido todo el rato una erección fortísima ya que ver como al servir los platos, las tetorras de la tía bailaban ante mis narices me producía una excitación de muerte. Sentado a su lado, mi verga permanecía tiesa, apuntando al techo. Mi tía alargó la mano y me la cogió empezando a masturbarme con lentitud. Yo quise llevar la mía a su coño pero, apartándomela, me dijo que le besara y chupara los pezones, cosa que hice con mucho gusto para los dos ya que ella no paraba de gemir. De pronto me soltó la polla, apartó su teta de mi boca e inclinándose lo que pudo, se metió mi rabo en la boca empezando a chupármela como si quisiera tragársela entera. Yo tenía un gusto terrible y me mordía los labios para no gemir y despertar al tío. Pensé que me iba a correr en su boca pero no me dejó ya que, tan rápidamente como había hecho antes para chupármela, se colocó en el mismo suelo, a cuatro patas y en voz muy baja, me dijo: - ¡Cariño, venga, métesela a tu tía en el coño... fóllame... hazme tuya... fóllame que ya no puedo más!. Nunca pensé que mi primera follada de verdad sería con mi tía y a cuatro patas como los perros, pero tengo que reconocer, ahora que me la he tirado ya muchas veces, que debido a su gordura es la postura ideal para que le entre toda. Así empezó la relación más sensacional de mi vida. Mi tía y yo nos hemos convertido en amantes y ahora me la tiro siempre que su marido está fuera o cuando ella viene a mi casa sin que estén mis padres. |
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