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Decidí complacer a mi marido aceptando el meter a otro hombre en nuestras relaciones sexuales. Descubrí que con ello aumentaba mi placer pero no disminuía mi amor por mi marido. Al contrario. Ni el suyo por mi. Era magnífico ver como se excitaba Mario, mi marido, al verme follada por otro hombre o por varios a la vez. Así pudo metérmela por el culo cuando yo antes, siempre me había negado. Luego, casi un año después de practicar el trío, fue a mi a quien le entraron ganas de hacerlo con dos hombres más. Había encontrado placer en meterme pollas en la boca, en el coño y en el culo. Encontraba que me faltaba algo cuando dos hombres me follaban pues uno de mis agujeros quedaba libre y eso era casi una frustración. Una noche, estabamos en casa con mi marido y un amigo común, desnudos los tres y follándome en el salón, sobre la moqueta, tuve que decirlo. Mi marido estaba tendido en el suelo, yo cabalgándolo con su polla bien metida en mi coño y el amigo dándome por el culo, cuando grité que me faltaba una polla en la boca para mamarla al mismo tiempo que reventaba de placer por mis dos agujeros. Mi marido me entendió en el acto y cuando el amigo se hubo marchado, acariciándonos, me dijo : - Te gustaría que fuéramos tres en joderte ¿verdad,
amor?. A la tarde siguiente me llamó desde el despacho diciéndome que me arreglara pues iba a traer a dos amigos a cenar. Supe en el acto lo que quería decir y me preparé vistiéndome con una bata transparente y sin nada debajo, salvo un corsé liguero de cuero rojo, muy fino y medias del mismo color. Mis grandes pechos quedaban desnudos y mi coño de abundante pelo negro, también. Así como mi culo de nalgas redondas y muy respingonas. A la hora indicada se presentó Mario con sus dos amigos. Eran unos hombres atractivos, como el sabe que me gustan y que en el acto, por sus miradas, supe que yo les atraía. Les preparé unas bebidas y unas tapas para ir haciendo boca hasta que llegó la hora de cenar. - ¿Porqué no te sacas la bata? - me dijo mi marido- ¿Y sirves la mesa ya en posición de calentar a mis amigos?. Obedecí en el acto y sacándome la transparente prenda, me ofrecí a ellos en toda mi desnudez resaltada por el rojo de las pocas prendas que llevaba puestas. - ¿Os gusta mi mujer?- preguntó mi marido. No hizo falta repetirlo y cada vez que me acercaba a ellos para servirles, aprovechaban para tocarme las tetas, el coño o el culo sin disimulo alguno, cosa que me iba poniendo más encendida que un volcán. Cuando me senté a la mesa, tenía todo el coño mojado y mis pezones estaban totalmente erectos, prueba real de mi calentura. No pudimos acabar los postres, pues Juan, incapaz de aguantar más, me agarró de una teta y me dio un beso bestial, con lengua incluida mientras tres de sus dedos me perforaban el coño y me hacían gemir de gusto. Me entregué al hombre que me había levantado para tocarme mejor, cuando otras manos me empezaron a acariciar las nalgas mientras la boca de mi marido se apoderaba de mis pechos y me los succionaba como si deseara tragárselos. Acabé perdiendo la noción del tiempo. Toda yo era un coño enorme que deseaba placer. A cuatro patas sobre la moqueta, dejé que todas aquellas pollas se me acercaran y cogiéndolas con mis manos y mi boca me entretuve en lamerlas, acariciarlas y chuparlas con locura. Al cabo de un momento, mi marido me hizo sentar sobre uno de sus amigos que se estiró en el suelo y así me la metió de un solo golpe hasta muy adentro. El, colocándose a mi espalda hizo lo que tanto le gustaba, encularme mientras me agarraba las tetas y me retorcía los pezones. Me insultaba continuamente y eso todavía me ponía más caliente. Entonces me metieron una polla en la boca mientras yo mantenía mis ojos bien cerrados concentrada en buscar el placer. Tenía una polla en el coño, otra perforándome el culo y al última en la boca. ¡Al fin me hacían lo que tanto tiempo llevaba soñando!. Tres hombres, tres machos de polla enorme, me estaban jodiendo a su placer y al mio. Era terrible y placentero. Continuamente sentía ganas de correrme pero me paraban como si supiesen lo que pasaba en mi interior. Siguieron follándome una y otra vez con un mete y saca frenético y enloquecedor. Me corrí no sé cuantas veces ya que ellos, aguantando su eyaculación, cambiaron de posición varias veces para que yo pudiera mamarles las pollas a los tres, pudieran metérmela los tres en el culo y también en el coño. Cansada y agotada recibí cientos de orgasmos de aquellos hombres y entonces, dedicándome a ellos les devolví uno por uno el gusto que me habían dado. Agarré las pollas por todas partes, las mamé y lamí con estupenda maestría y les rogaba que me entregasen su caliente leche como recompensa. Y como volví a ponerme caliente me metí los dedos en mi raja y me masturbé con la misma maestría con la que se lo estaba haciendo a ellos. Recibí la leche de aquellos soberbios machos en todo mi cuerpo, bebí leche, lamí, tragué y me corrí como nunca hasta quedar rendida, destrozada pero completamente feliz y relajada. Nunca me había imaginado que pudiese a ser tan maravilloso pero lo fue. Creí que me iba a gustar, lo deseaba mucho, pero no se si es porque soy una cachonda sin remedio pero lo cierto es que me he acostumbrado a tener varias pollas a mi disposición. Aquella noche, mientras mi esposo me daba lentamente por el culo y me preguntaba que me había parecido, le contesté entre brumas que lo íbamos a repetir las veces que nos fuera posible. Y así ha sido. Ahora mi marido me folla a diario, incluso más de una vez, tengo una vez a la semana encuentros con otros amigos suyos y aproximadamente dos o tres veces al mes repetimos estos tríos de macho conmigo como única mujer, que es en definitiva lo que más me gusta. Es maravilloso aunque ahora estoy pensando seriamente en meter a otros dos ya que mis manos están vacias mientras los hombres me follan y masturban, por lo que podría agarrar fácilmente dos duras pollas más. |
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