Estaba loca por su novio. Le encantaba sentirse sometida y poseída por él. Por eso no protestó cuando le ofreció compartir su cuerpo con su mejor amigo. Sus dudas desaparecieron cuando tuvo ocasión de contemplar lo que le colgaba entre las piernas a su compañero en el trío. En la actualidad sigue compartiéndolo todo con su novio y su amante, juntos y por separado.

Soy Eva de Barcelona. Desde que conocí a Javier hemos establecido una relación sexual completa, a la cual me entrego como la más sumisa de las amantes. Acudo dos días por semana a su casa donde me transformo en su mujer, le arreglo las cosas y me folla como le viene en gana hasta el punto que me ha convertido en adicta a su polla. Mi culito se la traga como un coño jugoso y mi boca disfruta saboreándosela entera. Me gusta contemplarme en el espejo cuando me pongo la lencería sexy que me regala mi novio. Al verme entiendo sus constantes ganas de poseerme. Es esta excitación lo que nos ha hecho vivir este verano pasado unas experiencias alucinantes.

Desde el principio de nuestra relación, Javier me había comentado en varias ocasiones que le gustaría verme entregada a otras personas, disfrutando de esta manera especial de entender la sexualidad. Este comentario se convertía en provocación en los momentos en que hacíamos el amor. Cuando me excitaba, tratándome como una zorra. En una ocasión, después de haberme penetrado en varias posturas, me tenía abierta con las piernas sobre sus hombros y su polla entrando y saliendo de mi culo con un vaivén terrible. Yo estaba destrozada y le suplicaba que acabase y me llenase el culito de leche y él me respondía:

- ¡Tómala toda por el culo, muévelo como una zorra que si te portas bien un día te dejaré que disfrutes de dos rabos a la vez!.

Acabamos rendidos. Yo con mi coño palpitando de placer y él con su polla morcillona entre mis húmedas nalgas.

- ¿Te ha excitado mi propuesta? - me preguntó.
- No sé si me atreveré a estar con dos hombres a la vez, pero reconozco que la idea me pone a cien - le contesté.

Un buen día, en pleno verano, entré en su casa. Lo encontré desnudo y medio dormido sobre su cama. Al ver su pollón, que le caía hacia un costado, me entraron unas ganas terribles de chupárselo. Me desnudé y me tendí, con el cuerpo invertido, empezando a besarle los cojones y pasarle la lengua a lo largo de su estaca. Mientras se la mamaba, mi novio empezó a acariciarme el culito, metiéndome los dedos en él sin dificultad, pues siempre que quedamos tengo la precaución de lubricarme para que me meta la polla como quiera.

- Has llegado en el mejor momento - me dijo - Me estaba imaginando que te follaba junto con mi amigo Ramón. ¿No te gustaría tener su enorme rabo en el culo en vez de mis dedos, mientras me la chupas?.

Yo no quise interrumpir lo que hacía, que era metérmela hasta la garganta, pero mi ronroneo y el meneo de mi culo daban claramente a entender que me hubiera encantado.

Esta fue una de las mejores mamadas que le he hecho pues siguió excitándome contándome lo que podríamos hacer entre los tres. Consiguió que le devorase con una ansia extraordinaria y que, por fin, me tragase toda su esperma. Al principio pensé hacer como en otras ocasiones, sentir su eyaculación en la boca y después vaciarla en una toallita pero era tal el placer que me daba que pensé que se merecía el gusto de verme tragar hasta la última gota y como le dejaba el rabo totalmente limpio pasando mi lengua mientras le miraba a los ojos. Esta tarde me comunicó que había hablado con ese amigo. Es arquitecto y tenía que hacerle un presupuesto de reforma de la casita que Javier tiene cerca de Barcelona. Cuando le comentó nuestra estupenda relación, el amigo le dijo que le gustaría conocerme como mujer y si todo acababa bien, se notaría en su factura de servicios. Por supuesto es un hombre absolutamente serio y fiable. Javier propuso compartir unos días entre semana pues estaríamos más tranquilos, quedando en que llegaríamos hasta donde quisiéramos, sin imposiciones.

El día elegido, Javier y yo llegamos por la tarde a su casa y lo dispusimos todo para pasar tres días de descanso y placer. Yo llevaba cantidad de lencería sexy. Enseguida me arreglé lo mejor que supe, me pinté y me puse un corpiño precioso y una mini falda sugerente que apenas ocultaba unas braguitas de ensueño. Como siempre, mantenía mi triangulito púbico arreglado. Pasé toda la tarde muy excitada, sintiendo un agradable picorcillo en mi culito jugoso. A última hora llegó Ramón. La presentación resultó menos tensa de lo esperado, pues en todo momento me trató con máximo cariño y simpatía. Sobre todo me encantaron los comentarios que le hizo a mi novio diciéndole la suerte que había tenido al haber encontrado a alguien como yo. Todo eso me hizo comportarme como la señora de la casa. Preparé unas copas y Javier decidió tomar un baño en la piscina. Fui a la habitación y me puse un bañador. Cuando volví, ellos estaban dentro del agua. Yo me senté y seguí tomando mi copa. Al momento salieron los dos, desnudos. Al notar mi cara de sorpresa, Ramón se disculpó diciendo que Javier había insistido pues había confianza. Yo le respondí que no había ningún problema pero sin decirle que el motivo de mi sorpresa era el tamaño de su polla y huevos. Nunca había visto nada igual. Era algo descomunal.

Resultaba precioso ver el balanceo que su movimiento provocaba en aquel paquete. A partir de ese momento no pude quitármelo de la cabeza. La cena fue muy agradable hasta el punto en que bebimos más de la cuenta, acabando de estropearse la noche cuando Ramón atendió una larga llamada de trabajo. Al fin decidimos irnos a descansar pues no estábamos en el mejor de los estados. De madrugada me desperté dispuesta a arreglar el fallo de la noche anterior. Me arreglé y me vestí con el conjunto de lencería que me había regalado Ramón. Preparé un ligero desayuno y me fui a la cama. Desperté a Javier dándole unos bocaditos cariñosos en la polla.

- ¿Qué haces así vestida tan temprano? - me preguntó.
- Voy a llevarle el desayuno a Ramón - le contesté - Espero que sepa usar la mantequilla. Puedes venir a desayunar dentro de un ratito, cuando la mantequilla esté en su punto.
- Adelante - dijo - Que haya suerte.

Cuando entré en el dormitorio de Ramón lo encontré recién duchado, con una toalla alrededor de la cintura. Me dio las gracias y se sentó al lado de la mesita mientras yo colocaba, en ella, la bandeja. Al tiempo que me decía lo bien que me quedaban las braguitas, alargó el brazo y me hizo sentar sobre sus rodillas. Me bajó las cazoletas del sujetador y empezó a morderme los pezones. Inmediatamente busqué con mis manos su pollón que parecía querer elevarme como una grúa, y lo hice coincidir con mi rajita, removiendo el culo para sentirla bien.

- Tranquila, zorra - exclamó - que vas a quedar harta de polla... ven, que antes de follarte quiero tontear.

Nos tendimos. Me arrancó las bragas. Agarré su manguera y empecé una mamada frenética. Casi no me cabía en la boca. Él, para mi sorpresa, agarró mis nalgas y empezó a lamerme el culito. Esto fue demasiado. Me hizo gritar. Era el 69 que había deseado toda mi vida y disfruté de él durante un buen rato hasta que llegó Javier. Se desnudó y ambos acercaron sus pollas a mi cara. Las agarré, besé y mordí suavemente.

- Será mejor que se la meta yo primero - dijo Javier - Así te la dejo bien abierta para que no le duela tanto.

Me abrió las piernas, las puso en sus hombros y me metió el rabo de un par de golpes. Ramón se colocó de rodillas acercándome el pollón a la boca, golpeándomela con ella. Se la cogí con las manos, me la metí en la boca y se la chupé mientras Javier me la hundía hasta los huevos. Así estuvimos hasta que acabaron por inundarme con la primera lechada del día. Después de desayunar, nos tumbamos para que yo intentase ponérselas duras otra vez pues Ramón quería encularme. Sumisamente me puse a cuatro patas y moviendo el culo le dije:

- ¡Entra, hazme sentir como una zorra, rómpeme el coño!.

Se colocó a mi espalda y me restregó el enorme y precioso capullo bien untado en mantequilla. Mi culo hacía chup-chup. Apretó y empecé a moverme para facilitar la penetración. En un momento tenía dentro la mitad pero la introducción del resto me hizo aullar hasta que sus cojones tocaron contra mi culo. Yo me movía, pues sobre todo deseaba dar gusto a un macho tan potente, aunque me daba más gusto cuando sólo tenía metida la mitad. Pero el dejarle meterla como quisiera me hacía sentir mujer total, sumisa y femenina.

Me tendió de costado, sin sacarla, poniendo mi pierna en su hombro, haciendo la enculada más fácil y permitiendo que Javier viera como me follaban.

- ¡Sabía que te iba a encantar, zorra, disfruta de polla! - me decía Javier.
- ¡Sí, cariño, gracias, me siento como una zorra hambrienta de pollas... ven, dame la tuya, que os quiero dejar secos! - contestaba yo.

Ha sido la mejor follada de mi vida pues la postura era ideal para disfrutar jodiendo, chupando y mirando. Ramón me dejó el culo tan abierto que, una vez que se corrió, aquello parecía un túnel. Finalmente Javier me la sacó de la boca y me puso a cuatro patas.

- Quiero ver el boquete que te ha dejado Ramón - me dijo - Mi polla bailará ahora en tu culo.

La apoyó en mi ano y empezó a eyacular y a depositar su esperma en la entrada de mi agujero que funcionó como un sumidero tragándosela toda. Fueron tres días de locura en los que el placer físico se unió al morbo de sentirme, en cierta forma, como la zorra de mi hombre. Hemos vuelto a repetir, ocasionalmente, la experiencia con Ramón quien, incluso sin saberlo Javier, me ha follado a solas en su casa.Seguiré contando mi vida secreta como zorra particular, la cual me gustaría compartir con alguna chica comprensiva, pareja abierta u hombre dominante. Hasta la próxima, recibid una larga mamada en vuestras pollas y coños.

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