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Tengo 22 años y voy a explicar una experiencia que estoy viviendo la cual me ha abierto caminos insospechados para mi sexualidad. Desde siempre me han gustado las mujeres. A decir verdad mi única experiencia sexua, hasta que sucedió lo que seguidamente te cuento, había sido la masturbación. Nunca había tenido una relación completa con una chica pues las dos veces que conseguí estar con una, ella me la peló mientras yo le masturbaba el coño. Hace cosa de dos meses, me quedé impresionado al conocer a la hija de unos nuevos vecinos del barrio. Se llama Olga, tiene 21 años y es un perfecto bombón. Es
alta, esbelta, con unas pierna largas, de ensueño, con un culito
respingón y un par de tetas de impresión, que aún
parecían más grandes por el apretado jersey que llevaba
y que, al mismo tiempo, desnudaba como un palmo de su estomago, luciendo
un ombligo redondo y atractivo. Contrariamente a mi carácter, retraído
y algo tímido, me propuse conocerla y para ello usé a mi
madre cuando me enteré de que ella conocía a sus padres.
Muy animado al entender que yo no le caía nada mal, me atreví también a invitarla a salir una noche. Con gran alegría por mi parte, aceptó hacerlo aquel mismo día aunque diciéndome que a la una tenía un cita con unas amigas. Nos encontramos después de cenar. Estaba preciosa. Llevaba una mini tan mini que cuando se sentó a mi lado, en el coche que me había prestado mi padre, pude ver no solo toda la longitud y belleza de sus muslos sino también la blancura de su pequeña braga. Llevaba un top que recogía justo sus grandes tetas y le desnudaba el estómago. Mi polla, ante aquel espectáculo, se me puso tan dura que, con disimulo, tuve que ponérmela a un lado. A pesar de todo ella se dio cuenta de la maniobra, me miró la entrepierna, luego a los ojos y sonrió. Creo que me puse como un tomate de encarnado. - No te preocupes - me dijo sin dejar de sonreír - Eres un hombre y es normal que te ocurra esto. Ya estoy acostumbrada. No supe que contestar. Yo sí que no estaba acostumbrado a estar con una chica aparentemente tan liberada. Arranqué y nos dirigimos a la discoteca que ella me dijo. Estaba llena a tope pero conseguimos una mesa. Pedimos las consumiciones y luego salimos a bailar. Había tanta gente en la pista que aquello no era bailar. Permanecíamos abrazados y nos arrastraban. Lo de abrazados es un decir pues en realidad éramos como un sólo cuerpo. Yo la cogía por la cintura y ella, con los dos brazos rodeando mi cuello, pegaba sus enormes tetas contra mi torso y su bajo vientre contra mi polla que ahora me era imposible disimular. - La tienes muy dura - me dijo muy directamente - Si seguimos así vas a correrte en los pantalones, mejor que nos sentemos y te hago una paja. En mi vida una chica me había hablado así. Me sentía como un tonto. Como un inexperto. Aunque en realidad eso era yo. Me cogió de la mano y nos dirigimos a nuestra mesa. Estaba muy oscuro pero pude ver que en las mesas de al lado había muchas parejas dándose el lote. Al sentarnos y como la cosa más natural del mundo, me dijo: - Anda, sácatela. Con mano temblorosa, lo hice, dejándola fuera del pantalón pero debajo de la mesa. Ella alargó la mano y me la cogió, palpándomela, como comprobando su longitud, su gordura y su dureza. Luego comenzó a meneármela despacio proporcionándome un gusto tremendo. Quise abrazarla para acariciarla pero ella se apartó diciéndome: - No, tranquilo, deja que yo te lo acabe, después ya veremos... Continuó con el meneo hasta que, mordiéndome los labios, reventé en el mayor orgasmo de mi vida. Toda mi leche cayó al suelo, bajo la mesa. Ella me la sacudió y la soltó. Me la escondí y tras un momento de descanso y tomar unos sorbos de la bebida, salimos de nuevo a la pista. Había tanta gente como antes así que, de nuevo, nos apretamos como lapas. Animado por lo que me acababa de hacer, bajé mis manos de su cintura a sus nalgas. Las encontré duras, prietas. Las sobé y acaricié y al ver que ella no decía nada, llevé una de mis manos a su estómago. A continuación, deslicé los dedos bajo el top y toqué la curva inferior de uno de sus pecho. Ella tampoco dijo nada así que continué subiendo hasta que llegué al pezón que encontré tieso y muy duro. - Vas a excitarte de nuevo - me dijo entonces con aquella sonrisa tan encantadora - Pero ahora es igual, sigue, no te pares, tócame lo que quieras, ponme bien caliente... Le sobé los dos pechos bajo el top, le masajeé el culo y acabé como al entrar en la disco, con la polla tiesa como un palo. En ese momento ella miró el reloj. - Voy a hacer tarde a la cita - dijo - Tengo que irme pero, me da pena dejarte así. ¿Quieres que te la pele de nuevo, ahora en el coche?. Era asombroso. Aquella chica no era sólo encantadora, sino también comprensiva y muy liberada. En el mismo parking de la disco, en el lugar más oscuro, no sólo me hizo sacar la polla sino bajarme los pantalones y slips hasta medio muslo. Mientras con una mano me la pelaba, con la otra recorría mis nalgas hasta lograr meterla bajo mi culo y encontrarme, con la punta de un dedo, el ano. Lancé una especie de chillido cuando, sin avisar, me metió todo el dedo en el culo. Nunca me habían hecho nada parecido. Sentía cierta vergüenza pero me gustaba pues ella, mientras movía aquel dedo en mi ano continuaba la masturbación. Cuando me corrí, creí que me moría. Con las contracciones del placer, mi ano se contraía sobre aquel dedo aumentándome el gusto. Sin poder controlarme, toda mi leche saltó contra el cristal y el salpicadero. Olga me dio un beso en la mejilla y salió del coche diciéndome: - Voy a coger un taxi y gracias por todo, me lo he pasado muy bien. No entendí lo de pasárselo bien. Yo me había corrido dos veces y ella ninguna. El que se lo había pasado bien era yo. Llegué a mi casa hecho un lío, notando en mi ano la sensación de aquel dedo que lo había sodomizado pero también tremendamente satisfecho por el doble placer recibido. Dos días después me la volví a encontrar y de nuevo aceptó salir conmigo. Tras tomar unas copas en un pub, donde ella me puso a cien, volvimos al coche y allí se repitió la misma ceremonia de la vez anterior. Es decir, mientras me la pelaba me dio por el culo con su dedo. Yo quería tocarle el coño pero ella no me dejaba aunque sí sobar sus gordas tetas. Salimos cinco veces durante todo el mes. Al cuarto día me metió dos dedos e incluso creo que tres. Mis corridas fueron espectaculares. Sabiendo yo lo que iba a ocurrir ya me calentaba con solo pensar que iba a tener un placer enorme con aquellos dedos perforándome el ano. Ya casi no me importaba que ella no me dejara tocarla ni follarla. Empezaba a tener claro que yo era una conquista suya, que deseaba mi placer, dominarme con ello. Y la verdad es que lo lograba. A pesar de todo, una noche, después de dejarme con los huevos vacíos y el culo abierto, le pregunté porque no me dejaba follarla. - Mira, te he de ser sincera - me contestó - Tú me gustas mucho, pero salgo con un chico desde hace dos años, somos novios y sólo follo con él... pero le he hablado de ti y le gustaría conocerte... quizá podamos hacer un trío. Como he dicho antes, yo era virgen, nunca había follado con una mujer y eso de estar con otro hombre y con experiencia, me daba mucho corte. Me atreví a confesarme con ella. No se rió como yo esperaba, al contrario, me abrazó y besándome en la boca me dijo: - ¡Estupendo, Marcos te enseñará todo lo que a mí me gusta y entre los dos me volveréis loca!. Marcos era el novio, un chico de 25 años, alto y fuerte, atractivo y simpático. Cuando me lo presentó se comportó como si nos conociéramos de toda la vida. - Sé que le caes muy bien a Olga - me dijo - Sé también todo lo que habéis hecho y me gusta que la hayas hecho feliz. Espero que entre los tres nazca un buen lazo de amistad y de placer. También me ha dicho Olga que nunca has follado con una mujer - y al ver como me salían los colores añadió, sonriendo y dándome un golpecito en la espalda - Tranquilo, estás entre amigos y tanto Olga como yo te ayudaremos a descubrir los placeres más intensos del sexo. Fuimos a tomar copas. Me encontraba muy bien con ellos. Parecía que los conocía de toda la vida. Marcos me trataba como un amigo y me recordaba, cada vez que podía, que le gustaba la relación que manteníamos su novia y yo. En realidad era una relación unilateral ya que, prácticamente, era ella la que me daba placer pues yo solamente me había limitado a tocarle las tetas y alguna vez el coño por encima de la braga. Para mí, desconocedor de todo lo relacionado con el sexo, eran unos comentarios algo desconcertantes. Luego me llevaron a la discoteca. Al bailar con Olga, y como tenía por costumbre, no pude evitar excitarme. Mi polla estaba a tope. Pensé que aquella vez, con la presencia de Marcos, ella no me haría nada, pero me equivocaba. Sentados me dijo que me la sacara. Yo, muy nervioso, miré a Marcos. - Ya te he dicho que sé que te lo ha hecho ya varias veces - me dijo - ¿Por qué ahora va ser distinto?. Venga, sácatela y deja que te la pele. Olvídate de que yo estoy presente. A pesar de todo me la tuvo que sacar Olga. Me la peló un rato debajo de la mesa hasta que, cuando yo la tenía dura como una barra de hierro y estaba a punto de correrme, tiró de ella y me la metió en la mano de Marcos. Cuando el chico me la agarró solté una exclamación. Nunca me la había tocado un hombre. Quise apartarme pero él me la apretaba, impidiéndome moverme. Entonces Olga se sentó a mi lado, me abrazó y comenzó a besarme en la boca como nunca lo había hecho. Su lengua me acariciaba los labios y cuando yo los abrí me penetró la boca empezando a lamerme la mía, el paladar, los dientes. Perdí el mundo de vista. Me entregué a aquel beso apasionado y a la masturbación que ahora me estaba haciendo Marcos. Acabé pensando que tanto daba la mano de una mujer como la de un hombre. Cuando me corrí chupé la lengua de Olga llenando, al mismo tiempo, la mano de mi primer hombre con toda mi leche. Quedé algo confundido. - No tiene nada que ver que a la hora de dar placer, lo haga un hombre o una mujer, ¿verdad? - me preguntó Olga. No dije nada pero pensé que tenía razón. Me escondí la polla sin atreverme a mirar a Marcos, acabamos la consumición y me invitaron a ir a casa de Marcos. Yo les seguí como un autómata. Me sentía raro. Desde que conocí a Olga nunca me la tiré y ahora su novio me masturbaba. No entendía nada y menos mi comportamiento tan sumiso. En el coche nos sentamos Olga y yo detrás mientras que Marcos conducía. La chica empezó a besarme y a meterme mano. Me sentía incómodo porque veía como Marcos nos miraba por el retrovisor pero Olga logró desabrocharme el cinturón y no paró hasta bajarme pantalones y slip hasta las rodillas, como tenía por costumbre. Me acarició la polla hasta ponérmela, como ella sabía, bien tiesa. A continuación se inclinó y empezó a lamerme el capullo. Esta sí que era una caricia que nunca me habían hecho. Me entregué, olvidándome de Marcos o quizá gozando más por el morbo de su presencia. Cuando se la metió en la boca y empezó a chupar, no pude evitar un gemido mientras me deslizaba hacia abajo en el asiento para darle más verga a chupar. Mi postura era idónea para que ella, como también era su costumbre, deslizara su mano por debajo de mis nalgas y me metiera dos de sus dedos en el ano. Ahora sí que me olvidé de la presencia de Marcos. Abrí lo que pude mis nalgas para que aquellos dedos me follaran el culo sin problemas mientras la mano se deslizaba arriba y abajo de mi polla. Faltaba muy poco para mi orgasmo cuando Marcos dijo que habíamos llegado. Olga soltó mi polla y sacó los dedos de mi culo. No me atreví a protestar. Cuando Olga me cogió de la mano y me hizo bajar no me dio tiempo de subirme los pantalones así que quedé fuera del coche con mi polla y mi culo al aire, mis pies trabados por la prenda. Afortunadamente estábamos en el jardín de una pequeña torre a las afueras de la ciudad. - Esta es mi casa y la tuya - me dijo amablemente Marcos - Puedes acabar de sacarte los pantalones porque dentro de muy poco estaremos todos en pelotas. Obedecí y entramos en la casa, yo desnudo de cintura para abajo y con la polla más tiesa que un palo después del tratamiento a la que me la había sometido Olga. Nada más encontrarnos en el salón, Olga empezó a desnudarse siendo imitada por Marcos. Al poco rato podía contemplar y admirar el cuerpo magnífico de la muchacha y la poderosa polla de su novio, tan tiesa como la mía aunque de un tamaño y una gordura mayor. Olga me ayudó a desnudarme también, luego me hizo tumbar en el sofá y reemprendió aquella mamada que había iniciado en el coche. Yo me retorcía de placer pero antes de que me fuera a correr, cosa que ella notó por las vibraciones de mi polla entre sus labios, me soltó, me hizo levantar, se tumbó y abriéndose de piernas me dijo: - ¡Venga, métemela en el coño, sé que te mueres de ganas de follarme!. Miré a Marcos, éste me hizo una señal de asentimiento con la cabeza y colocándome encima de la chica dirigí mi polla por primera vez a un coño. La penetré con ganas y con miedo. Gemí al notar mi polla inmersa en una cavidad mojada, suave y caliente. Obedeciendo sus indicaciones, empecé a moverme lentamente. Casi al instante noté como ella, pasando sus manos a mi trasero, me acariciaba el ano. Si había tenido gusto con esta penetración y la masturbación, ahora era increíble lo que estaba sintiendo. Yo entraba y salía de ella a impulsos de su movimiento en mi culo hasta que, sacándome el dedo noté algo mucho más gordo que empujaba. Lancé un alarido cuando mi ano se abrió, como para romperse, al mismo tiempo que se tragaba el capullo de Marcos pues era él quien ahora me estaba dando por el culo. Quise escapar pero los brazos y las piernas de Olga me lo impedían. Grité, supliqué e incluso lloré pero el torpedo, inexorablemente, iba metiéndose en mis carnes. Al final noté sus cojones contra los míos y Marcos empezó a follarme. Su empujones me mandaban contra su novia, mi polla entraba y salía de su coño como la de Marcos entraba y salía de mi culo. Lentamente el placer en mi sexo fue aliviando el dolor de mi culo y me sentí dichoso cuando Olga empezó a decir que se corría y en el acto noté como un mar de jugos mojaban mi verga por completo. Justo en es momento me corrí yo. Pensé que me moría. El gusto era terrible, definitivo. La presión en mi ano aumentaba el placer de mi polla y cuando comencé a lanzar mi esperma perdí por unos instantes el conocimiento. Pero me enteré perfectamente que una catarata caliente entraba en mis entrañas cuando la leche de Marcos me las llenó por entero. Sentado los tres en el sofá no pude decir nada. Estaba claro que Olga me había utilizado y preparado para que su novio pudiera encularme aunque fuera al mismo tiempo que yo me la follaba a ella. Me dolía mucho el culo pero el placer había sido de muerte. Así tuve que reconocerlo cuando Olga me lo preguntó. Desde este día nos hemos convertido en amigos inseparables. Tanto me follo yo a Olga como Marcos se nos folla a los dos. Me he convertido en bisexual o mejor sería decir que gracias a mis dos "novios" he descubierto mi bisexualidad. |
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