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Después de follar como locos Inma, Isa y yo, habíamos ido al cuarto de baño para limpiarnos el sudor y los jugos que teníamos por todo el cuerpo. Primero me pusieron debajo de la ducha y abrieron el grifo. El agua empezó a manar y caer sobre mí al tiempo que sus manos recorrían mi cuerpo. Inma se ocupaba de mi pecho mientras que Isa lo hacía de mi espalda. De vez en cuando me daban besos y pequeños mordiscos por todo el cuerpo. Después cogieron gel de baño y me enjabonaron todo, de arriba a abajo, dejándome bien espumadito y suave. Inma se entretuvo en enjabonarme perfectamente la polla y los huevos que, ante el delicado masaje y la visión de los dos cuerpos desnudos, se me puso más tiesa que un mástil dando pequeños saltitos como si dijese que quería perforar los mimosos chochitos de aquellas dos hermosas estudiantes que tanto se aplicaban en la asignatura del placer. Al ver la reacción de mi polla, me enjuagaron el jabón y agachándose las dos empezaron una mamada a dúo que cada vez que la recuerdo me empiezan a doler los cojones. Mientras una se metía la punta en la boca, la otra lamía la caña y le daba lengüetazos a los huevos, momento en que la que tenía la punta en la boca aprovechaba para meterse un trozo mayor y follarme con su boca, apretando sus labios alrededor de mi miembro, subiendo y bajando su cabeza, acelerando el ritmo para después hacerlo más lentamente hasta que se la sacaba de la boca para que la otra tomase el relevo. Yo, mientras tanto, sobaba las tetas de ambas entreteniéndome en pellizcar y estirar los pezones. De tanto en tanto le metía dos dedos en la boca a la que no tenía mi polla metida entre los labios y ella los chupaba y lamía como si fuera una verga. Cuando ya no pude más, cogí a Inma, la puse bajo la ducha y con la colaboración de Isa le enjabonamos todo el cuerpo. Yo me encargué de la parte delantera mientras Isa lo hacía de la trasera. Primero le estuve limpiando la cara, besándole los párpados, la nariz, las orejas y lamiéndole los labios sin llegar a besarla. Quería excitarla sin darle la oportunidad de desahogarse. Luego bajé las manos por su cuello, poniendo espuma por su torso hasta llegar a sus pechos. Entre su dureza y el tacto suave y resbaloso del jabón la sensación era tremendamente excitante. De repente, la mano de Isa cogió mi polla y empezó a pelármela suavemente, aprovechando que el jabón hacía mi rabo más resbaloso. Su mano la recorría desde la punta hasta la base en una caricia tremenda. Yo había puesto una mano en el chochito de Inma y, apartando la pelambrera, acariciaba su inflamado clítoris mientras con la otra le acariciaba la cara, los labios, la nuca y la abrazaba. Acercando mi boca a su oído le susurré que si le apetecía que le afeitase los pelos del conejito a lo que, tras pensárselo unos segundos, me dijo que sí. Se lo contamos a Isa y le pareció magnífico, diciendo que ella también se apuntaba si yo lo hacía, así que nos acabamos de duchar y preparamos la espuma de afeitar y las maquinillas que ellas usan para depilarse. Primero, con unas tijeras recortamos los pelos del chochito de Inma y después se lo embadurnamos hasta casi el ombligo. Era como un pastel de nata con la rosada guinda del clítoris en el centro. Estaba para comérselo. Empezamos el trabajo pasando la cuchilla por la delicada zona. Tras la cuchilla aparecía la fina y rosada piel que se escondía debajo de la densa mata de pelo negro. Una vez afeitado todo el chochito, Isa y yo le limpiamos los restos de jabón que quedaban y una vez limpia empezamos a lamerle el recién descubierto chumino. Tenía un sabor especial, tal vez por el jabón, pero estaba delicioso de modo que decidimos que mientras yo le afeitaba el conejo a Isa ésta le estaría comiendo el conejo a Inma. Mientras yo estaba ejerciendo de barbero, Isa se estaba pegando un atracón de coño y no debía hacerlo nada mal a juzgar por los gemidos y gritos que lanzaba Inma. Una vez listas las dos hembritas, me tocó el turno a mí. Mientras una me sostenía la polla entre sus labios y me ponía su conejito a la altura de mi boca para que fuese dándole besitos y lengüetazos, la otra me recortaba los rizos de mi pelambrera y luego me enjabonaba. Una vez enjabonadillo y a punto para el afeitado, se cambiaron las tareas poniéndome ahora Isa su chocho en la boca y mi pene en la suya mientras la cuchilla recorría mi pubis y me hacía unas agradables cosquillas. Como yo soy así de majo, me ensalivé dos dedos de la mano derecha y sin avisar se los clavé a Isa en su recién estrenado culito. Ella, como acto de venganza, me apretó la polla con los dientes hasta que le saqué los dedos pero para mi sorpresa, soltando la pinza que ejercía sobre mi pobre pene, me dijo que no se los sacase, pero que la avisase antes de volver a hacer algo así. Cuando ya estábamos los tres afeitados, volvió a empezar la orgía en la habitación de Inma. Formamos un anillo sobre la cama en el que yo le comía el coño a Inma y ésta se lo comía a Isa la cual, a la vez, se tragaba mi polla y me lamía el culo metiendo dos de sus dedos en su interior. Imagino que por venganza de lo que le había hecho yo antes. Luego nos intercambiamos hasta que Isa se levantó y dijo que volvía en un segundo. Inma y yo estábamos en un magnífico 69, ella tendida sobre la cama y yo a cuatro patas sobre ella, de espaldas a la puerta cuando, sin previo aviso, noté como me agarraban por la melena al tiempo que algo duro y resbaladizo apretaba mi expuesto ano, entrando un buen trozo dentro de mí mientras oía como Isa decía que ahora estábamos en paz. Me giré y la vi aferrada con una mano a mi cabello y la otra a mis caderas, con la polla de plástico atada por un extremo a su cintura y embutida más de la mitad en mi pobre y recién estrenado culo. Inma, riendo, se levantó y salió de la habitación mientras Isa ahora me follaba el culo, me cogía con una mano la polla, empezando a pajearme, y con la otra me pellizcaba los pezones dándome, de tanto en tanto, palmadas en las nalgas. Al momento entró Inma y se vino directamente hacia mí. Yo no podía dar crédito a lo que veía. Llevaba otro pene de látex atado a la cintura y agarrándome por la cabeza, me dijo que se lo chupase. Me quedé parado unos instantes hasta que un bofetón me devolvió a la realidad al tiempo que la punta del pene de plástico se metía entre mis labios. Empecé a chupar intentando imitar lo que antes habían hecho Inma e Isa con mi polla. Mientras, lo que sentía en mi culo se unía al placer que recibía de la pelada que me estaba haciendo Isa, formando como una nube que me envolvía en una agradable sensación. Inma siguió follándome la boca, pero soltó mi cabeza para atrapar las tetas de Isa al tiempo que se fundían las dos en un apasionado morreo. Yo me sentía como un cochinillo atravesado, asándome en el fuego del placer que me proporcionaban aquellas pollas entrando y saliendo de mí y las manos de las dos hembras que al convertirse en machos habían hecho de mí su fiel doncella. Cuando creí que ya había visto todo lo que se podía ver en una sesión de sexo desenfrenado, apareció Maite por la puerta de la habitación llamando a Inma y a Isa de todo al tiempo que se desnudaba para dejar ver su peludo chochamen y sus grandísimas tetas. Si las de Inma eran grandes, las de Maite eran como balones. Empujó a Inma sobre la cama y se puso a chuparle el pene de plástico, ensalivándolo bien. Luego se puso saliva en la mano, se la frotó por el culo y subiéndose de espaldas sobre Inma se clavó de un sólo golpe la polla artificial en el culo empezando a frotarse el chocho con la mano izquierda. A continuación cogió del pelo a Isa, obligándola a sacarme a sacarme el pollón del culo, para que se lo metiese a ella en pleno chumino. Aquello era increíble. Maite era la que habitualmente hacía el papel que yo estaba ejerciendo con aquellas dos fieras. Yo estaba sorprendido y no sabía como reaccionar, pero eso no fue problema ya que Maite me atrapó con sus manos y tiró de mí hasta situar mi polla en su boca. Antes de que me diese cuenta mis 18 cm habían desaparecido por completo entre sus fauces de devoradora mientras sus manos apretaban mis cojones hasta el punto de hacerme sentir un dolor intenso que subía por mi estómago, mezclado con el placer que me daba con su lengua maestra y labios prensiles. De vez en cuando paraba y me cogía la polla para meterla a la
fuerza en la boca de Inma, que no le hacía ningún asco.
Ante esta situación, se me ocurrió la idea de hacer el bocadillo
más completo. Me levanté y me puse detrás de Isa,
que seguía dándole embestidas al coño de Maite, la
cogí por las caderas para detener su vaivén y se la enchufé
de golpe en su chochazo haciendo que metiese entera la polla de plástico
a Maite en el coño. Aquello era demencial. Cualquier movimiento
de ellas o mío, lo notábamos los demás. Al rato de
estar así, Inma se salió del culo de Maite y poniéndose
detrás de mí, me la metió por el culo y se quedó
quieta. Yo no lo sabía, pero se estaba quitando el arnés
con la polla metida en mi culo. Luego empezó a meter y sacar aquella
gran verga de plástico y la sorpresa vino cuando, haciendo equilibrios,
acercó su conejo afeitado a mi boca. Mientras con una mano se sostenía, con la otra me castigaba el ano. Yo ya no podía más así que, sacando mi polla del conejito de Isa, lancé mi leche sobre su espalda. Entonces Inma dio un fuerte apretón a los huevos de la polla de plástico que lanzó un chorro de líquido dentro de mi ano. Isa también hizo lo mismo con su verga, corriéndose en el coño de Maite al tiempo que ésta empezaba a correrse chillando como una loca y haciendo de detonador de la corrida de Isa e Inma que, frotando sus coños, explotaron para unirse con nosotros a la cima del placer. |
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