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Voy a contaros como me convertí en un cornudo consentido y el placer que he obtenido con ello. Cuando me casé, me compré una pequeña camioneta con la cual salíamos adelante aunque a base de mucho trabajo por lo que mi mujer, un día me dijo: - Si te parece, me voy una temporadita a casa de mi madre y así nos ahorramos algo. Estuve de acuerdo y un día que regresaba yo de un largo viaje,
me presenté en el pueblo teniendo la sorpresa de ver que mi mujer
no estaba. - Tu mujer y mi hermana se han ido a una finca próxima que, con motivo de una cacería, necesitaban unas cocineras para atender a los cazadores y no te preocupes que los de la casa son conocidos míos. No le di mayor importancia y después de cenar, como yo estaba muy cansado del viaje, dije de irme a la cama a lo que mi suegra me contestó: - Acuéstate en la cama grande, que estarás más cómodo. Al rato estaba dormido como un bendito hasta que, en un movimiento, noté que había alguien en la cama. Mi sorpresa fue comprobar que era mi suegra. - Anda, no te preocupes - me cortó cuando yo iba a pedir explicaciones - Es para no hacer la otra cama y no hacer ruido. Automáticamente mi mano se posó en su entrepierna y acerqué mi boca a la suya para besarla. Ella, sin retirarse, me decía: - ¡Por favor, Luis, no... que si se enterase mi hija...! Yo había seguido metiendo la mano y ahora le estaba tocando la pelambrera notando como su raja estaba mojada de jugos. De un golpe le bajé la braga y me monté encima de su cuerpo. Ella se subió el camisón a la vez que yo me quedaba en pelotas. Lo primero que hice fue ponerle la polla en la boca. Ella no lo dudó y empezó a mamármela. Entonces me fui girando hasta que su coño peludo quedó contra mi boca. Así hicimos un fabuloso 69 en el que ella no paraba de correrse diciendo que era fabuloso y que hacía mucho tiempo que no se había corrido con una mamada de coño. - ¡Pero fóllame, que quiero correrme también con tu polla! - exclamó. A pesar de mi cansancio, no paramos en toda la noche. Creo que me la follé tres o cuatro veces, aparte de los toqueteos y mamadas que nos hicimos. Cuando ya iba a amanecer, le dije que nos cambiáramos de cama por si venían mi mujer y su hermana. - Luis, no te enfades - me dijo entonces - pero es que van a estar fuera toda la semana pues además de que están contratadas para la cocina, también para que se acuesten con los dueños de la finca y con alguno de sus amigos pero tranquilo, siempre que ellas quieran, nunca lo hacen a la fuerza. Otros años hemos ido yo y mi hermana o mi hermana y alguna amiga del pueblo, incluso casadas, porque son hombres formales que tampoco les interesa ningún escándalo ya que son de la alta sociedad y casados. Sin saber porque, a la vez que yo me imaginaba que a mi mujer se la estarían follando varios tíos, ya que ella es muy ardiente, mi polla se me estaba poniendo a tope. Agarré a mi suegra y le dije: - ¡No me extraña que de tu puto coño haya salido otra puta, que es mi mujer, pero mejor cuanto más tarden en venir porque más tiempo tendremos tú y yo para follar! - me dio un beso en la boca a la vez que me agarraba la polla y añadí - Y ya que estamos todos en el ajo, me gustaría follarme a tu hermana o hacer un trío con ella. Así quedó la cosa. Al día que ellas dos llegaron a casa, las trajeron en un gran coche. Mi mujer se quedó muy sorprendida al verme y me preguntó cuando había llegado, pero yo le dije: - No te preocupes, lo importante es que tú te lo hayas pasado
bien y si encima has ganado un dinerito, mejor. Esa noche en la cama, me puse a follar con mi mujer y cuando mejor se lo pasaba, le dije: - Cariño, cuéntame todo, sabes que tengo ganas de verte follar con otros. ¿Cuantos te han jodido? - y al ver su cara de sorpresa, añadí - Lo sé todo y a ti también te aguarda una sorpresa pues yo me lo he pasado muy bien con tu madre aunque... sin pagar. Me llamó cabrón, me insultó, pero se le pasó pronto. Siguió pasando el tiempo y cada vez que íbamos al pueblo yo jodía a Mari, mi suegra hasta que una noche de verano, muy calurosa, estábamos jodiendo mi mujer y yo. Ella es muy escandalosa y cuando se corre chilla como un demonio. Así estábamos cuando oímos chillidos y muchos movimientos de cama, que salían de la habitación de al lado, donde duerme mi suegra. Me levanté, por si pasaba algo, me fui hacia allí y lo que vi fue a mi suegra desnuda por completo, con su coño al aire y metiéndose los dedos en una fenomenal paja. Sin hacer ruido, me deslicé muy despacio a nuestra habitación y le dije a mi mujer: - Ven, mira como está mi suegra. Así lo hizo. Se acercó a la puerta entreabierta y sin yo esperarlo, le dijo a su madre: - Espera, deja que te calme Luis. Mi suegra no lo dudó, se quedó allí tendida, con las piernas muy abiertas, retorciéndose. Me situé entre esos muslos y le enchufé mi polla en todo el coño. Así empezamos a ser un matrimonio a tres. Unos años después, la suegra nos dijo que lo nuestro se terminaba, que había conocido a un hombre que le había dicho que se quería casar con ella. Le dimos nuestra aprobación e incluso fuimos sus padrinos de boda. En los veranos solemos ir unos días por su casa pero ya no hay nada de sexo, al menos por mi parte pero sospecho que entre el marido de mi suegra y mi mujer algo hay, aunque ella me lo niega. Pero si mis sospechas son ciertas no me importaría, ya que yo siempre le digo que lo aproveche, que me siento contento sabiendo que mi mujer me pone unos buenos cuernos. |
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