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Soy un chico que tiene los 18 años recién cumplidos, me llamo Jaime y vivo en Málaga, en un pequeño piso junto a mi madre. Conocí las revistas porno por medio de una amiga de mi madre que se las trae para que las lea pese a que mi madre le dice que no le gustan esas cosas pero yo sé que, al final, las lee por las noches en su cuarto, contiguo al mío, y se masturba con ella pues la oigo jadear y suspirar. Yo, en cuanto tengo ocasión, cojo la revista y la leo pajeándome como un mono. Luego la pongo donde estaba. Esta amiga de mi madre, es de su edad. Tiene 42 años y se llama Rosa. Es muy descarada, siempre se estaba metiendo conmigo porque soy muy tímido y no salgo con chicas por lo que era virgen. Ella me avergüenza con sus comentarios así que, siempre que está en casa, me encierro en mi cuarto y no salgo hasta que se va. No obstante las oigo hablar. Rosa siempre saca el tema del sexo. Le cuenta a mi madre como ha sido con el último que se ha ido a la cama, diciéndole que debería hacer lo mismo. Pero mi madre no quiere saber nada de hombres desde que mi padre nos dejó hace diez años. Rosa no se cansa y además de traerle la revista, le enseña consoladores e incluso creo que le ha hecho una demostración de como usarlos por las voces que daba mi madre diciendo que lo dejara, temiendo que yo pudiera salir. Incluso una vez le propuso irse a la cama juntas, negándose mi madre muy avergonzada, pero aún y así, continúa manteniendo la amistad con ella. Una calurosa mañana mi madre me dijo, al levantarme, que Rosa pasaría a recogernos para ir a la playa. Yo empecé a protestar diciendo que no me apetecía acompañarlas pero mi madre me dijo que no podía hacer ese feo a Rosa y tuve que ir. En su coche no me hizo el menor caso pero al estar ya en la playa empezó a meterse conmigo diciéndome: - Venga, espabila y vete a ligar con alguna de las preciosas chicas en top-less que hay por ahí. No le hice caso y me dejó en paz. Después se volvió hacia mi madre y le dijo: - Bájate el bañador, déjatelo como una braga y toma el sol en top-less como yo misma haré. Añadió que se iba a quitar la parte de arriba de su minúsculo bikini pese a lo voluminoso de sus tetas pero mi madre dijo que le daba vergüenza y Rosa no insistió y ella continuó con su bikini puesto, pero volvió a meterse conmigo. Me cabreé tanto que me levanté y me alejé oyendo a Rosa decir a mi espalda que volviera, que era una broma. Regresé a las dos horas encontrándolas recogiendo todo. Mi madre dijo que Rosa nos invitaba a almorzar en su casa. El almuerzo consistió en una pizza que pidió por su teléfono móvil desde el coche y que llegó justo al hacerlo nosotros. Nos la comimos en la cocina, tal y como vinimos de la playa. Al acabar yo fui al servicio y al volver con ellas mi madre me pidió que me quedara en casa de Rosa para ayudarla a mover unos muebles ya que sola no podía. Mi madre añadió que se tenía que ir y ni siquiera quiso ducharse allí como le ofreció Rosa la cual, finalmente, la llevó en su coche de vuelta a nuestra casa. Me quedé solo y aproveché para ducharme. Tras secarme caí en la cuenta de que la muda se la había llevado mi madre, sin querer, en la bolsa. Lo único que tenía para estar allí era sólo el bañador, que me tuve que volver a poner. Rosa no tardó en regresar y queriendo estar yo allí el menor tiempo posible, le pregunté qué había que hacer. - Tranquilo - me contestó - Deja primero que me duche. Se tomó su tiempo pero cuando volvió, sólo llevaba unas braguitas y sus voluminosas tetas al aire. Se contoneó delante de mi y me preguntó: - ¿Qué tal estoy?. Mi reacción fue insultarla, llamándola guarra y otras lindezas. Los dos nos alteramos y no sé lo que dijo que me bajé el bañador y le grité: - ¡Si quieres ver mi polla, ahí la tienes y déjame en paz!. Nos quedamos en silencio. El tono cambió y Rosa exclamó: - ¡Que grande la tienes! - se bajó las bragas y añadió - ¿No te dabas cuenta cuando iba a tu casa que me atraías?. Incluso iba sin bragas para enseñártelo con disimulo. Mírame el coño... ¿no te gusta?. Lo tenía muy peludo Lo cierto es que me atraía y así se lo dije. Rosa, entusiasmada, contestó. - ¿A qué esperamos?. Me llevó al dormitorio, me notó nervioso y me tranquilizó diciendo: - Sé que es tu primera vez pero no te preocupes, yo te lo voy a enseñar todo. Vaya si me enseñó. Lo primero fue comerme su peludo coño. Lo restregaba contra mi cara indicándome como debía mover mi lengua en su raja. Noté sus jugos en mi boca y me supieron deliciosos. Tras esto se apartó y me dijo: - Ahora te voy a mamar tu enorme polla para que después me destroces el coño con ella. Se la metió en la boca y empezó a chupar. Lo hacía tan bien que me hizo sentir un placer intensísimo, notando como iba a correrme de inmediato. Así se lo dije pero, sin hacerme caso, se puso a chupar más rápido haciéndome correr sin remedio al no sacársela de la boca. Todo le cayó dentro, tragándoselo con mucho gusto. - ¿Por qué lo ha hecho? - le pregunté. Volvió a usar su boca sobre m polla consiguiendo rápidamente su objetivo de ponerla dura. Se apartó y restregó sus grandísimas tetas en mi verga diciendo: - ¡Ahora me vas a joder el coño, cabrón!. Se abrió de piernas y me invitó a clavársela. Tuve una sensación de placer, que no sé explicar, al sentir mi polla dentro de un coño por primera vez. Rosa me indicaba como debía moverme haciéndolo cada vez más deprisa, aumentando nuestro placer mutuo. Rosa parecía enloquecer, gritando toda clase de obscenidades, pidiendo que le destrozara el coño y la insultara. No podía resistirme a ella. Me dejé llevar y empecé a insultarla. La llamé zorra, ramera, golfa y todo lo que se me ocurrió y contra más lo hacía más parecía gustarle. Concentrado en lo que le hacía, sólo pensaba que Rosa era una viciosa y una degenerada. Cambiamos de postura. Me tendí y Rosa se dejó caer, con mucho cuidado, clavándose mi polla en el coño hasta quedar sentada sobre mí. Estábamos frente a frente. Rosa empezó a moverse arriba y abajo, deslizando su coño por toda mi polla y al ver sus tetas bailando ante mis ojos, no pude resistir la tentación de alargar mis manos y agarrárselas. Al verlo, Rosa dijo: - ¡Así, mi amor, apriétalas!. Se las sobé y estrujé a gusto. Entre sus exclamaciones de placer, de vez en cuando, se inclinaba sobre mí ofreciéndome su boca para morrearnos dándonos las lenguas, hasta que Rosa intensificó sus movimientos sobre mi polla y entre gemidos, me decía: - ¿Lo ves, mi amor, como resistes sin correrte...?. ¡Sigue así... aún me tienes que dar más... me he corrido ya cinco veces!. Rosa se estiraba hacia atrás, como si así encontrara más placer pero la última vez, se estiró tanto que la polla se le salió del coño y ella cayó hacia atrás. Soltó una carcajada y se puso a cuatro patas indicándome que continuara follándola así. Me incorporé, me acerqué a ella de rodillas y le enchufé la polla por detrás. Tenía el coño tan mojado de tanto correrse, que mi verga se movía dentro con mucha facilidad. Rosa no paraba de decir que volvía a correrse y pedirme que, al tiempo que la follaba, le metiera los dedos en el ano. Lo hice. Se lo noté muy abierto, cosa que me confirmó al decirme que se la metiera en el culo pues, pese a lo grande de mi polla, le entró hasta el fondo con toda facilidad. Le gustaba que la follara despacio para sentirla toda dentro y entre suspiros, la oía decir: - ¡Así... sigue... no pares... que gusto me estás dando...! - continué y entonces añadió - La amiga de tu madre ha sido mala contigo, merece un castigo... ¡Pégame en el culo!. Con mi mano abierta le di un azote en su gordo trasero, con mi polla bien metida en su culo. Pegó un grito diciendo que más fuerte. Le di otro y volvió a pedirme que más fuerte. Le di tantos azotes que le puse las dos nalgas encendidas. Satisfecha con los azotes, añadió: - ¡Tócame el coño mientras me das más fuerte por el culo!. Lo primero que dijo fue que frotara más deprisa mis dedos en su pipa. Así empezó a gritar como una histérica: - ¡Me corro... me corro...!. Nada más decir esto, se empezó a mear. Inocentemente, le dije: - Te estás meando en la cama... Viendo aquello no pude resistir y cogiéndola de las caderas, me corrí dentro de su culo. Cuando se la saqué, me puse de pie encima de la cama, mientras Rosa se tumbaba boca abajo y se daba la vuelta. Mirándome con cara de viciosa y de satisfacción, me preguntó: - ¿No te gustaría mearte encima de mí?. Su perversión me volvía loco y ya estaba dispuesto a hacer lo que Rosa quisiera. De pie, encima de la cama al lado de ella, que estaba tumbada boca arriba, me agarré la polla, la apunté hacia ella y comencé a regarla. Le caía sobre las tetas, la barriga y al estar un poco incorporada, el caliente líquido se deslizaba hacia su peludo coño. - ¡Échamelo en la boca!. Abriéndola todo lo que podía, dirigí allí mi chorro. No podía creer la meada tan larga que yo estaba echando. A Rosa se le llenaba la boca y la cerraba para que no le entrara más. Tragaba un poco y el resto se le salía entre los labios mojándole toda la cara. - ¿Te ha gustado? - me preguntó cuando acabé. Follando con Rosa perdí la noción del tiempo y ya era de noche. Al levantarnos de la cama, ella me dijo: - Tu madre debe de estar preocupada, vamos a llamarla - pero de camino al teléfono, añadió - ¿Quieres pasar la noche conmigo?. Al instante dije que sí. Rosa cogió el teléfono, llamó a mi madre y le dijo que se nos había hecho muy tarde con los muebles, que me iba a quedar a dormir allí y que por la mañana me llevaría ella. Mi madre quedó conforme por la expresión de Rosa al colgar. - Puedes quedarte - me dijo - Ahora vamos a darnos un baño. Desnudos por la casa, entramos en el baño. Rosa tenía una bañera muy grande que llenó de agua calentita y los dos nos metimos en ella. Al poco rato de estar allí, me dijo: - Aún no has probado mi lluvia dorada, ¿te gustaría?. No podía negarle nada y le dije que sí. Aprovechando el ancho borde que tenía la bañera, se subió a el en cuclillas vuelta hacia mí y abriéndose el coño, comenzó a orinar. Abriendo la boca, lo recibí todo pero guardé un poco para, al morrearla, pasárselo. Al darse cuenta, lo escupió al darle un ataque de risa por mi ocurrencia. Al acabar, pasamos al sofá del salón ya que la cama del dormitorio no se podía usar. Íbamos a dormir pero eso lo hicimos poco ya que lo que más hicimos fue follar. Por la mañana me llevó a casa. Mi madre no sospechó nada. Desde aquel día soy el amante de Rosa. No me importa la diferencia de edad. Sólo sé que con Rosa vivo el sexo intensamente y no quiero separarme de ella. Sigue viniendo a casa como la amiga de mi madre. Lo que no me esperaba es lo que pasó algunas semanas después de haber iniciado mi relación con Rosa. Mi madre se sinceró conmigo diciéndome: - Sé que te acuestas con Rosa, me lo contó ayer pero no te preocupes, no me importa, eres mayor de edad para hacer lo que quieras... Yo también me he iniciado en el sexo con ella, sólo quiero que lo sepas. No dijo más pero desde entonces estamos más unidos. Rosa nos ha liberado. Nos ha llevado a una playa nudista y no hay nada más sano que lucir los cuerpos libremente al sol. Rosa también ha pasado algunas noches en casa. Lo ha hecho conmigo o con mi madre pero nunca con los dos a la vez. Eso forma parte de nuestra intimidad. |
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