Isa, la que ella misma se define como una come pollas, nos cuenta otra de sus aventuras, esta sin esperarla ni haberla montado previamente. Ocurrió en un bar donde entró a tomar café. Dos individuos la observaban, desnudándola con la mirada y acabó caliente como un horno y con el coño chorreando, pero viendo que ellos no acababan de lanzarse, actuó por su cuenta y al poco rato formaban un trío más que espectacular.

Vuelvo a ser yo, Isa, la comepollas, y te escribo para contarte una aventura más de mi golfa vida. Como ya conté en otros relatos, estoy buscando cinco tíos para una fiesta que montaré el día de mi cumpleaños y que, con los cuatro que buscará David, el dueño de la disco, y él mismo, serán los diez que quiero para que me follen y me llenen de leche el 18 de marzo, día en el que cumplo los 21. No hay mejor regalo para una puta como yo, ya que la leche de macho es mi bebida favorita. Los amigos de David van locos por follarnos a mi y a mis amigas Vanessa y Esther que, dicho sea de paso, también estarán en la fiesta pues tengo pensado que, mientras yo soy follada, ellas se dedicarán a mantener el resto de pollas bien duras.

Cada vez que vamos a la disco, David nos presenta nuevos amigos, los cuales acaban follándome el culo en el cuartito y después me bebo su leche, sin desperdiciar ni una gota. Sus amigos tienen grandes rabos, los cuales me hacen disfrutar una pasada cuando me enculan y ya no digamos cuando me follan dos a la vez. Es una gozada sentir una polla en el culo y otra en el coño, dándome caña, hasta que se corren, llenándome de leche caliente. Ahora, cuando me voy de fiesta, nunca llevo bragas porque me encanta que en la disco de David, los tíos me metan mano mientras me invitan a cubatas o a chupitos. Casi cada fin de semana hay un concierto en ese local y siempre acabamos, mis amigas y yo, follando en el cuartito con los que han actuado, ya que David nos los presenta.

Pero lo que voy a contar me pasó el otro día, al salir de trabajar. Camino de mi casa, me paré a tomar algo y como salí a las tres de la tarde, en el bar en el que entré, había gente comiendo. Mientras yo estaba en la barra con un café, había en una mesa, dos tíos que no dejaban de mirarme y de hacer comentarios. Me desnudaban con la mirada, cosa que me puso cachonda perdida. Aquellas miradas lujuriosas me mojaron las bragas y sin pensármelo dos veces y ante su asombro, me decidí a sentarme con ellos. Eran dos tipos de 38 y 40 años y se llamaban José y Luis, respectivamente. Habían acabado de trabajar y tenían ganas de fiesta. Yo me presenté y al decirles que tenía 20 años, se les hizo la boca agua. Charlamos un rato y como vi que no se decidían, les ataqué diciendo:

- ¿Qué, no me vais a llevar a un sitio donde podamos charlar más cómodos?.
- Podemos ir a mi casa - dijo Luis, que ya estaba salidísimo - Allí tomaremos café y lo que quieras, bombón.

Llegamos los tres al piso de Luis, y éste preparó café. Me senté en el sofá, entre los dos, y José me preguntó:

- ¿Eres de aquí, de Hospitalet?.

Les dije que sí y ellos me contestaron que también. Los dos eran separados y me estuvieron explicando cosas de sus fallidos matrimonios. Yo les conté algo de mis correrías y, cachonda perdida, les empecé a tocar la polla por encima del pantalón diciéndoles:

- ¡Ahora quiero que me folléis los dos a la vez!.

Les faltó tiempo y en un santiamén estábamos los tres en pelotas. Sus pollas no eran muy grandes, pero no me importaba. Lo que quería era chuparlas y que me follaran por todos los sitios. Mientras le comía el rabo a Luis, José disfrutaba chupándome el chochito afeitado. Estuvimos así un rato hasta que José se decidió a follarme. Me la metió hasta los huevos y mientras me follaba, Luis se corrió en mi boca, tragándome yo hasta la última gota de su espesa leche. Disfrutaba con aquella polla en la boca pero me la saqué un momento para preguntarle a Luis:

- ¿Te gustaría darme por el culo?.

Al oirme preguntarle aquello, su polla se volvió a poner dura otra vez, ante mi completa alegría. Se la seguí chupando y José, mientras me follaba con fuerza, me decía:

- ¡Que zorra eres para tu edad... te vamos a follar y llenar de leche, putita!.

Cuando Luis tuvo la polla dura como una piedra, cambiamos de posición. Me senté encima de José y me incliné hacia adelante diciéndole a Luis:

- ¡Venga, tío, fóllame el culo, métemela en el culo hasta los huevos!.

No se hizo de rogar y después de ensalivármelo y meter dos dedos, puso su gordo capullo en el agujero y de un tirón me la metió hasta los cojones. Yo estaba en la gloria y aún así echaba en falta otra polla en la boca. Me corría una y otra vez. José me comía los duros pezones y también me comía la boca mientras Luis me follaba desesperadamente el culo. Estuve un rato disfrutando del bocadillo hasta que mis dos folladores se corrieron a la vez, llenando mis agujeros de leche caliente.

Descansamos un rato pero mis dos folladores no dejaban de sobarme y yo de acariciar sus pollas.

- Isa, cuando se me ponga dura, te la meteré yo también por ese culo tragón que tienes - me dijo José - ¡Seguro que es el culo más tragón que hay en Hospitalet y yo te lo voy a llenar de leche!.

Aquellos machos eran incombustibles y cuando las tuvieron duras de nuevo, me volvieron a follar los dos a la vez, ahora José por el culo y Luis por el coño. Como ya se habían corrido anteriormente, su aguante era mayor y me follaron hasta la saciedad. Me despedí de ellos y llegué a casa. Me duché y me acosté satisfecha. Aquellos dos folladores me apagaron la calentura y ahora ya sé donde tengo dos pollas más, porque cada día van al mismo sitio a comer.

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