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A mitad del verano, don Braulio me dijo que quería poner a una camarera ya que había mucho trabajo. A los tres días se fueron presentando diversas chicas y mujeres, que iban siendo entrevistadas por don Braulio en su despacho e incluso a algunas las tuve yo a prueba en la barra. Al quinto día se presentó Juana, una joven de 19 años recién cumplidos. Era una preciosidad. Morena con rizos, 1,60 de estatura, simpática y con buenas referencias como camarera. Don Braulio la hizo pasar a su despacho, como había hecho con las demás, pero con esta tardaba mucho más para entrevistarla. Lleno de curiosidad, dejé la barra y me acerqué a la puerta de su despacho que, curiosamente, estaba entreabierta, y miré por la rendija. Pude ver las bragas de Juana en el suelo, ella abierta de piernas encima de la mesa y don Braulio, de pie, metiéndole la polla en todo el coño. - ¡Que buena estás Juana, que bien follas...! - decía don Braulio sin parar de follársela. Juana, entre sorprendida y excitada, no dejaba de gemir: - ¡Aaah... que gusto... don Braulio, que polla tiene... aaah...!. La verdad es que a mí también me sorprendió ver el enorme pollón de mi jefe. Le mediría unos 22 cm y tenía mucho aguante. Estuvo follándosela un buen rato mientras Juana, que ya se había corrido unas cuatro veces, le decía: - ¡Córrete cabrón... aaah... me estás matando... oooh... córrete dentro de mí... oooh... me estoy corriendo otra vez, sí... sí... otra vez... aaah.... Braulio, quiero tu corrida en mi coño... sí, sí, me corro... oooh... me corro... aaah...!. Entonces don Braulio se corrió en su coño humedecido diciéndole: - ¡Muy bien chochito, muy bien cariño, me corro, yo también me corro... oooh... toma mi leche, nena, tómala toda!. Estuvo un rato con su polla dentro de Juana hasta que esta se incorporó y empezaron a morrearse. - Cariño, el puesto es tuyo, te lo has ganado, nena, eres deliciosa y si sirves igual que follas lo vamos a pasar muy bien - le dijo él. El se la sacó y se la limpió en el lavabo. Ella se bajó la falda y se arregló la blusa dispuesta a salir del despacho con don Braulio. Yo me fui corriendo a la barra y cuando llegaron él me dijo: - Emilio, esta es Juana, será nuestra nueva camarera, mañana empezará y espero que os llevéis bien. La chica y yo nos dimos la mano y cuando Juana se fue, don Braulio me llamó a su despacho. Al entrar me percaté que Juana se había ido sin las bragas y con la leche entre los muslos. Esto hizo que mi polla estuviera todavía más dura. - Veo que tú también te la quieres follar, ¿eh? - me soltó de pronto y al verme muy cortado ya que al decirme esto pensé que me había visto espiarles desde la puerta, añadió - Tranquilo hombre, mira, esta noche vais a venir a trabajar a mi casa. Es el cumpleaños de mi mujer y damos una fiesta. Cuándo termine la fiesta nos quedaremos los cuatro para celebrarlo, jugaremos al strip-poker y todo estará preparado para que pierda ella y tú ganes, ¿de acuerdo, golfo?. Me sonrió y me fui a mi trabajo con la polla tiesa. Por la noche fuimos a la fiesta de don Braulio. La cena era en el jardín. Yo estaba en un expositor y Juana iba y venía con canapés entre la gente. Fue una típica fiesta de cumpleaños, sin más historia. A la una los últimos invitado se fueron. Juana y yo recogimos y entonces salieron don Braulio y Sara, su mujer. - Venid chicos, entrad y celebrad con nosotros este día - nos dijo él. Sara es una mujer de unos 45 años, con unas buenas tetas y una melena rubia que le llega hasta un culo increíble. Entramos al salón y ante mi sorpresa todavía quedaban como invitados la hermana de mi jefa y su marido. Ester es una mujer de 39 años, muy parecida a Sara de cara, pero no tan espectacular. Es más alta, 1,75, el pelo no tan largo y más delgada, con un tipito más estilizado. Isaac, el marido, es un tío de 46 años, 1,85, moreno, muy atlético y musculoso. Empezamos a tomar cava y comer canapés, hablando y riendo, hasta que Ester comentó: - Esta fiesta ha estado muy bien pero, ¿os acordáis de la del año pasado?. ¿Por qué no la ponéis en el vídeo?. Sara, entre risas, aceptó. En el año anterior una de las invitadas, que había bebido mucho, se había empeñado en demostrar a las otras que conocía a su hombre sólo palpándole el paquete. En la pantalla aparecían tres hombres con los pantalones bajados, en fila, mientras ella, de rodillas y con los ojos vendados, les iba sobando los paquetes por encima del slip. Sólo a don Braulio se le vio la punta del capullo deseando salir de la prenda. La verdad es que nos reímos mucho del vídeo pero también nos excitamos un poco. Entonces Ester propuso jugar al strip-poker. Al principio todo era normal. Todos íbamos perdiendo ropa a la vez que seguíamos con el cava. Así llegamos a la última mano. Juana estaba en braguitas, yo en calzoncillos, las dos hermanas conservaban también el sujetador e Isaac y don Braulio lucían unos pequeñísimos tangas. En la última mano el que ganaba se tenía que follar al que perdiera. Yo estaba tranquilo. Sabía lo que iba a suceder. Y sucedió. Gané yo y Juana perdió. La chica se levantó y se quitó las braguitas, me besó en las tetillas y me bajó los calzoncillos. Mi polla saltó al momento y entonces Ester se levantó, se puso detrás de mí, rozando sus tetas en mi espalda y mientras con la mano me acariciaba la polla decía: - ¡Que polla tan buena te vas a llevar Juanita, guarra!. Entonces intervino don Braulio diciéndonos que nos fuéramos a una habitación. Nada más entrar, Juana se tumbó en la cama, se abrió de piernas y empezando a masturbarse me dijo: - ¡Venga, métemela Emilio!. Me tendí a su lado y le metí dos dedos. Estaba como una moto. Le besé las dos tetitas y le mordí los pezoncitos mientras ella no paraba de gemir y decirme: - ¡Métemela, estoy mojada, métemela, vamos... aaah...!. Me puse encima, apunté con mi capullo a su coño y empecé a restregarla por su raja. Estaba muy mojada y entre suspiros insistía: - ¡Métemela ya, venga, métemela... ya... ahora, toda, sí... aaah...!. Fui apretando poco a poco pero cuando iba a empezar a clavársela, entraron Ester y Sara. Cogieron a Juana, la levantaron y empezaron a sobarle el coño mojado, a besarla en la boca y en las tetas. - ¡Mira lo mojada que estás guarra, eres una putita caliente, pero esta polla nos la vamos a comer nosotras, vete a follar con los cerdos de nuestros maridos! - dijo Ester. A todo esto yo estaba bastante aturdido. La verdad es que no entendía nada ya que la cosa se había montado para que me tirara a Juana y no que aquellas dos se me tiraran a mí. Sara se había sentado a mi lado, se había sacado el sujetador y me había amorrado a sus tetas. - ¡Chupa, pollita, chupa pollita mía! - me decía. Yo enterré mi cara entre sus dos tetas y chupaba la una y a otra al mismo tiempo que ella se metía la mano en el coño, masturbándose. Cuando se corrió se metió la mano dentro, luego la sacó y me la puso en la boca. Saboreé sus jugos mientras Ester empezó a lamerme el capullo poco a poco al mismo tiempo que, con un dedo, me masajeaba el ano. - Este ya está listo, hermana - dijo Sara - ¡Vamos, chúpame el coño y fóllame, chaval!. Bajé mi cara hasta su coño, metí mi lengua y tragué sus jugos. Su chocho inundaba mi boca. - ¡Límpiamelo bien y métemela! - me ordenó. Ester seguía detrás de mí y me había metido un dedo en el culo. Aquello me estaba excitando. No pude más, se la metí a Sara en el coño y empecé a cabalgarla como un loco. - ¡Sara, Sara, es increíble! - exclamaba yo - ¡Voy a dejar mi polla ahí dentro, la voy a perder... aaah...!. Seguimos follando cuando noté que Ester me había clavado un consolador en el culo. El sobresalto hizo que se la clavara más a Sara que se acababa de correr. Iba a sacársela pero Ester me apretó el consolador en el culo diciéndome: - ¡Sigue follando, perro, fóllatela más!. Volví a metérsela. - ¡Quiero tu leche en mi coño, la quiero toda... fóllame, sigue, sigue... sí, así... aaah..! - gritaba Sara. Seguí clavándose la hasta que volví a notar algo duro en el culo. Ester se había colocado una braga con un consolador, este ya de un tamaño más grande que el de mi propia polla, y empezó a follarme con frenesí. Yo sentí dolor pero lo que más me dolieron fueron mis huevos pues se me pusieron durísimos al igual que mi polla. Ester me follaba con fuerza, como una loca. - ¡Venga, putita, fóllate a mi hermana! - me decía - ¡Mueve tu culito, vamos muévete, puta!. Yo no podía dejar de follarme a Sara, mientras notaba como se estaba corriendo otra vez. - ¡Me corro... oooh... me corro... que buena está tu polla, nene... que bien... aaah... sí, tú sí que sabes hacer regalos, hermanita...!. En una clavada de Ester en mi culo, me corrí en el coño de Sara. Me corrí como nunca. Vacié toda mi esperma en su chochazo. Los tres nos tendimos boca arriba jadeando. Ester se quitó el consolador y empezó a limpiarme la polla y después con mi semen en la boca, me morreó para que yo supiera el sabor de mi leche. Entonces Ester me hizo bajar la boca hasta el chochazo de Sara para que se lo limpiara. Se lo limpié tan bien que se volvió a correr. Entonces empecé a meter mano en el coño de Ester. Lo tenía muy bonito, depilado, dejando sólo una tirita de pelo en su entrada. Me puse encima y la morreé mientras le tocaba las tetas. No tenía yo la polla ni mucho menos dura, pero empecé a restregarla contra su cuerpo, su abdomen, sus tetas, su cara. La restregué contra sus pechos y bajé hasta su coño, se lo abrí con los dedos y cuando iba a metérsela, Sara me dijo: - No cariño, a Ester no le gustan las pollas, sólo le van los chochos, los coños. Ester se incorporó, me besó y me dijo: - Tranquila putita, que ya me follarás algún día. ¿Por qué no me comes el coño?. Ya lo tengo encharcado. Lo hice con ganas hasta que se corrió. Luego nos tendimos los tres en la cama, yo entre ellas y mientras me iban sobando la polla, Sara enchufó la tele que había en la habitación diciendo: - Vamos a ver lo que están haciendo nuestros mariditos. En la pantalla, ante mi sorpresa, aparecieron los tres follando. Juana estaba a cuatro patas en el suelo. Don Braulio le estaba metiendo el pollón por el culo e Isaac se la estaba metiendo por la boca. Juana chillaba como una loca. Tenía corridas por su culo y boca. Yo volvía a estar empalmado. - ¡Que pollita tan pequeña tiene tu marido! - dijo Sara
a su hermana. En el comedor Juana recibía la leche de los dos hombres en la cara y en el culo, con aspecto de satisfacción. Sara y Ester me dijeron entonces: - Anda, ve al comedor con ellos. Salí del cuarto, fui a la cocina a por una cerveza y allí estaba Juana chorreando semen. Al ver como estaba de dura mi polla me dijo simplemente: - Si quieres follarme, límpiame antes. No me lo pensé, me abracé a ella y empecé a mamarla, a lamerle el semen de la cara y de las tetas, del coño y del culo. Cuando ya estaba a punto volvieron a entrar Sara y Ester. Me dieron una palmada en el culo y me dijeron: - Muy bien, bien limpita como nos gusta... Venga zorrita, que ahora nos vas a explicar lo que les has hecho a nuestros maridos. Le dieron unos cachetes y se la llevaron a la habitación. De nuevo me había quedado sin poder gozar de la chica que tanto me atraía. Cogí unas cervezas y salí al salón. Allí estaban, ante mi sorpresa, Isaac y don Braulio, uno encima del otro, morreándose y sobándose. Me quedé con cara de gilipollas, allí de pie con dos cervezas y la polla tiesa, delante de dos tíos dándose el pico. - Hola Emilio, toma, siéntate aquí y gracias por las cervezas - me dijo Isaac. Nos sentamos en el sofá y empezamos a ver la tele que, ante mi sorpresa, nos ofrecía las imágenes de las tres mujeres follándose entre sí. Mientras me recuperaba de mi sorpresa de saber que lo estábamos haciendo todo delante de unas cámaras, noté como Isaac y don Braulio se me acercaban. - Tranquilo Isaac - dijo don Braulio - Si tu mujer no te lo hace, verás como esta putita sí que te chupa la polla. Mientras decía esto, llevaron mis manos a sus pollas que empecé a masajear. Ellos comenzaron a besarme el pecho, las tetillas, en la boca. Yo estaba atónito pero muy excitado. Pronto empecé a pelársela mientras ellos me lamían el cuerpo. Isaac, entonces, se tendió en el suelo con su pollita tiesa y me dijo: - Venga, zorrita, chúpamela. Me acerqué a su polla y empecé a besarle los huevos, el tronco, lo descapullé y le lamí el capullo. Empecé a chupársela poco a poco. Me gustaba el sabor a semen. Seguí chupándosela con más fuerza hasta que noté algo que me hizo chillar de dolor. Don Braulio me había metido su pollón en el culo y empezó a cabalgarme. - ¡Vamos, caliente pollas, muévete zorra, te has tirado a mi mujer, putón... no dejes de chupársela a Isaac!. Me estaba matando de dolor pero mi polla seguía muy tiesa y no paré de chupársela a Isaac. - ¡Trágatela toda, toda en la boca, puta, toda... aaah...!. Isaac se corrió en mi boca y don Braulio en mi culo. Les tuve que limpiar la polla a los dos y caí rendido en el sofá con mi polla a punto de explotar. Me la tuve que pelar dos veces ya que Isaac y don Braulio se fueron a dormir. Cuando Sara y Ester terminaron con Juana también se fueron a dormir. Yo aproveché para llevar a Juana a su casa. Por el camino nos miramos los dos y nos reímos. Los dos teníamos el cuerpo destrozado y el culo roto. Me giré hacia ella y le pedí perdón. - Mira Juana, lo que ha pasado esta noche, en principio, lo habíamos planeado don Braulio y yo para poder follarte. Juana se sonrojó, me miró y me dio un cariñoso beso en la boca. - Mira cariño, lo que ha pasado hoy lo planeamos mi tío Braulio y yo para que él e Isaac pudieran follarte - me quedé atónito, con la polla destrozada y el culo dolorido - Pero no te preocupes, que repetiremos más a menudo estas fiestas y tú y yo follaremos en el despacho de mi tío. El verano pasado fue el mejor de mi vida aunque no tuviera vacaciones. Cuando tuve que volver a Barcelona fue lo peor y ahora mi culo está deseando que vuelva el verano para regresar allí. |
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