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Quiero contaros como me inicié en los placeres del sexo. Eran
ya las siete de la tarde, cuando terminamos de jugar al fútbol
y menudo sol pegaba aquella tarde de septiembre. Tenía yo por aquel
entonces 18 años y unas ganas de pillar una tía que no veas.
Pero como ni novia ni nada, pues descargaba las ansias de sexo con el
fútbol. Todo empezó una mañana en la que me dirigía
a mi casa. Entré en una urbanización, que estaba entre mi
casa y el polideportivo. Bonitos chalets, de por lo menos 40 millones.
¡Quien tuviese uno, con eso si que se liga!. Las vallas de los chalets
eran de plantas altas, forrado con malla metálica. En uno de los
chalets, la valla estaba pelada dejando el interior al descubierto. - Hola - le dije y acto seguido suspiré. - Toma, tu vaso. - ¿Y sois de aquí? - pregunté. En un momento tuve seis manos intentado quitarme el pantalón,
que era lo único que yo llevaba. Cuando me lo quitaron, me miraron
la polla fijamente. - ¡Lámeme los pezones!. No tuvo que decirlo dos veces. Sus pezones, muy grandes, estaban como aletargados, planos, de un color casi marrón. Estiré mi lengua todo lo que pude y empecé a recorrer todo el pecho en círculos, círculos cada vez más pequeños, hasta que llegué al pezón. Para entonces ya lo tenía muy duro. Mientras, Eva se arrodilló junto a Ana y entre las dos me lamían la polla. Yo disfrutaba de la mamada mientras seguía lamiendo los pechos de Isabel. De pronto sentí que me iba a correr y sacando la teta de mi boca, exclamé: - ¡Chicas, me voy a correr, me voy a correr...!. Isabel se agachó también y entre las tres lamían mi polla. Era increíble y el placer infinito, así que me corrí. Las tres unieron sus caras y apuntaron mi polla hacia ellas. Largos chorros de caliente esperma salieron. Alcancé a Ana en la boca y en la mejilla y a Isabel un poco en la nariz. Pero Eva fue la más duchada. Cinco chorros de leche le caían en la cara. Pelo, nariz, boca y ojos llenos de mi leche. Ellas se tragaron la que tenían en sus bocas. Ana pasó a chupar y besar la cara de Eva, lamiendo el semen que le chorreaba, mientras Isabel me limpiaba la polla, lamiendo los restos de esperma que quedaban. Tan buena era haciendo mamadas, que consiguió volver a ponérmela dura. Yo iba lanzado, así que poniéndome de pie les dije: - ¿Quien quiere ser la primera en tenerla dentro?. Eva se levantó y se inclinó en la mesa, ofreciéndome su coño y su culo. Me agaché y empecé a lamerle la raja. Nunca había probado una pero era mejor de lo que nunca había soñado. Mientras, Isabel se arrodilló y siguió saboreando mi polla. Yo intentaba dominar la situación, pero desde luego no lo conseguía. Ana, mientras tanto, se desnudó y se tumbó en el suelo, metiéndose tres dedos en su coñito, que llevaba depilado, como los de sus amigas. Estas tres chicas eran unas viciosas increíbles. Me levanté y puse la punta de mi polla en la entrada del coño de Eva y se la metí de un golpe. Ella gritó. El placer la embargó. Le gustaba y gritaba pidiendo más. Yo me movía adelante y atrás, rápidamente. El coño de Eva apretaba mi polla desde todos los lados y pronto sentí que me iba a correr de manera que bajé el ritmo. Para durar mas, decidí mirar a ver que hacían Ana e Isabel. Y mi polla se endureció aún más al ver que ocurría. Ana, tumbada boca arriba en el suelo, tenía a Isabel sobre ella, boca abajo. Ambas hacían un 69 perfecto, lamiéndose el coño la una a la otra. Se acariciaban los pechos y se metían dedos en el coño y en el culo. Decidí probar también el culo de Eva, así que la saqué y se la puse en la entrada de su culo y presioné. Era estrecho y cálido, casi mejor que su coño. Seguí presionando, hasta que metí mis 21 cm de carne dura, en su culo. Ella gimió de dolor, pero después de un rato metiéndola y sacándola de ese agujero, sus gemidos se transformaron en gritos de placer. Sentí que no me quedaba mucho, así que le pregunté: - ¿Donde quieres la leche, Eva... dentro o fuera?. La saqué y ella se arrodilló. Me limpió la polla con su lengua, moviéndola en mi glande y acariciando mis huevos. Sentí que me iba y exploté dentro de su boca. Ella intentaba tragar todo mi esperma, pero no era capaz de contener tanta leche. Empezó a salírsele y sus pechos se llenaron de mi blanco esperma. Pero mi polla no se quería calmar. Quería aprovechar al máximo esa primera vez. Por ello me dirigí hacia las dos que estaban en el suelo. Le dije a Ana que me dejase con Isabel. Ana miro a Eva y vio sus pechos manchados con mi esperma y se dirigió a limpiarlos. Mientras, Isabel se tumbó boca arriba. Mi polla estaba morcillona, así que decidí probar el 69, a ver si ayudaba. Isabel empezó a mamar, acariciando mis huevos. Luego chupó un dedo, y empezó a acariciarme el ano. Decidí dejarla hacer y me concentré en su coño. Estaba depilado, como los otros dos, a excepción de una fina línea en la parte de arriba. Uní mi cara a su coño y la restregué en el, usando mi lengua y mis labios para darle placer. Ahora ella introdujo un dedo en mi ano. Al principio no me gusto, pero cuando lo movió suavemente, mientras seguía lamiendo, empezó a gustarme. Mi polla empezó a reaccionar y al minuto, volvía alcanzar su máxima longitud. Me separé de ella y le puse la polla a la entrada de su coño. Presioné. Ella gimió. Me moví dentro y afuera una y otra vez. Mientras, Ana y Eva se separaron y vinieron con nosotros. Ana puso su coño en la boca de Isabel y esta empezó a lamer y chupar la raja pelada una y otra vez. Eva se colocó detrás de mi y empezó a lamerme el culo. El placer me embargaba y sentí que me iba a correr. La saque del coño de Isabel, que ya se había corrido unas tres veces, y me corrí sobre su estomago. Era la tercera eyaculación en veinte minutos y aun así seguía con ganas y con bastante leche. El estómago de Isabel quedó lleno de mi esperma y Ana y Eva se pusieron a lamerlo. Isabel también tenía derecho a un poco de leche, así que le puse mi polla en sus labios. Ella lamió, chupó y saboreo todo el esperma que quedaba, dejándome la polla dura de nuevo. Solo quedaba Ana y decidí disfrutar de ella. La separé del estómago de Isabel y le di un beso en los labios notando el sabor de mi propia leche en su boca. - Ana, llévame a tu cuarto - le susurré al oído . Se sorprendió, pero me llevó, dejando a sus amigas allí. Seguro que se bastarían ellas solas. Entramos en una habitación grande, con una magnifica cama de matrimonio. La tumbé en ella y la volví a besar. Ella me respondió con pasión. Nuestras lenguas jugueteaban, una contra la otra. Mis manos bajaron a sus pechos y los acariciaron, amasándolos, tirando de sus pezones. Ella me cogía el culo, tirando de él, acariciaba mi ano. Yo hice lo mismo. Bajé mis manos a su culo, lo acaricié, separé los glúteos y metí mi dedo en su agujero, suavemente. Ella gimió. La tumbé en la cama boca arriba, y me puse a su lado. de esta. Mi boca buscó su cuello y empecé a besarla. Luego dejé un húmedo reguero con mi lengua, bajando desde su pezón hasta su coñito. Mi lengua empezó a secar toda la humedad que destilaba. Todos los jugos que de allí manaban eran recogidos por mi lengua y mis labios. A los pocos minutos, ella gimió y me dijo: - Métemela ya, no aguanto más, quiero correrme con tu polla... No me hice de rogar, puse mi polla en la entrada de su coño y moví la punta arriba y abajo, pero sin llegar a meterla. Ella gritó y gritó pidiendo que se la metiese. Finalmente, colocando mis brazos como para hacer flexiones, presioné con mis caderas hasta hundirle mi barra de carne. Mis caderas se movían adelante y atrás, y ella movía su cuerpo en sincronía con el mío. Ella, al par de minutos, empezó a gritar más, el orgasmo la poseyó y empezó a chorrear jugos de su coño sin parar. Yo seguí moviéndome, mientras ella arqueaba la espalda, poseída por el placer. Casi un minuto después, ella gimió más suave, tumbada, casi sin moverse. Pero yo aun no me había corrido. Saqué mi polla y moviéndome, la puse sobre sus labios. Ella empezó a mamármela hasta que descargué casi seis buenos chorros de esperma en su boca y cara. De esta manera tan sensacional me inicié en el juego del amor. |
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