Cuando regresaba su casa, después de un partido se fútbol entre amigos, no podía imaginar que se iba a encontrar con las tres chicas más calientes que nunca pudo soñar. Venciendo su timidez, habló con ellas, le invitaron a pasar a su chalet y allí, una tras otra, le enseñaron todo lo que un muchacho debe saber del sexo e incluso algo más que se inventó él, ayudado por su instinto de macho recién despertado.

Quiero contaros como me inicié en los placeres del sexo. Eran ya las siete de la tarde, cuando terminamos de jugar al fútbol y menudo sol pegaba aquella tarde de septiembre. Tenía yo por aquel entonces 18 años y unas ganas de pillar una tía que no veas. Pero como ni novia ni nada, pues descargaba las ansias de sexo con el fútbol. Todo empezó una mañana en la que me dirigía a mi casa. Entré en una urbanización, que estaba entre mi casa y el polideportivo. Bonitos chalets, de por lo menos 40 millones. ¡Quien tuviese uno, con eso si que se liga!. Las vallas de los chalets eran de plantas altas, forrado con malla metálica. En uno de los chalets, la valla estaba pelada dejando el interior al descubierto.

Dentro había tres chicas, dos de ellas bañándose en una piscina y otra de ellas cerca del hueco de la valla, recogiendo algo que no vi. A las otras dos no las vi bien, pero la que tenía cerca era una verdadera belleza. Morena, de ojos marrones, pelo largo y liso, una cara preciosa, con labios carnosos y nariz respingona, y un cuerpo de infarto, con unos pechos grandes y firmes, dejando ver un apetecible canalillo, y unas piernas bien largas. Solo verla me quedé sin respiración y parado. Yo soy un tío del montón, moreno, ojos marrones, 1,85 de estatura y todo hay que decirlo, con un par de kilillos de más. Las chicas que estaban en la piscina le gritaron algo que no oí a la que estaba cerca de mi, que contestó:

- Nada, solo es un chico - y mirándome añadió - Hola.

Me quedé de piedra. ¿A qué venía saludarme?.

- Hola - le dije y acto seguido suspiré.
- ¿Ese suspiro, a que viene? - preguntó.
- Pues que estoy muy quemado.
- Pues ponte la camiseta - me dijo ella al ver que yo la llevaba en una mano .
- No es ese tipo de "quemaera".

Ella se rió, una risa preciosa, y yo no pude más que sonreírle también.

- Oye, por cierto... ¿no tendrías por casualidad un vaso de agua? - le dije.
- Sí, claro, por supuesto - respondió - Da la vuelta por ahí y llama.

Hice como me indicó y al llamar, me abrió ella.

- Hola de nuevo - dijo.
- Hola.
- Sígueme - casi me ordenó.

Lo hice encantado, la seguí fijándome en su precioso culo, que movía a un lado y a otro, poniéndome a cien. Como me descuidase un poco, se me iba a levantar un bulto increíble en el pantalón de deporte. Ella se agachó a sacar un vaso y se le marco todo su coño, precioso. La rajita bien marcada. Era increíble. Antes de que se diera la vuelta me tuve que sentar para disimular el paquete, porque eso se la levanta a un muerto.

- Toma, tu vaso.

Cogí el vaso y empecé a beber, lentamente. Quería fijarme en ella todo lo posible. Mientras bebía, aparecieron sus dos amigas. Ella se había apoyado en el borde de la encimera. La dos me saludaron y nos presentamos.

- Me llamo Juan - dije.
- Yo soy Ana - me dijo la guapa morena - Y ellas son Laura e Isabel.

Miré a ambas de arriba abajo, sin ninguna timidez. Total, más empalmada de lo que la tenía era imposible. Laura era rubia, muy alta, con unos ojos verdes de mirada penetrante. Juraría que solo esos ojos son capaces de levantártela. Sus pechos no eran tan grandes como los de Ana, pero eran respingones, y sus pezones se marcaban mucho en su bikini verde, cosa que no ocurría con el bikini negro de Ana. Pero su coño lo tenía totalmente marcado, con una bonita rajita, en el tanga del bikini. Si tuviera algo para medirme las pulsaciones, las tendría que tener a 200 por lo menos.

Luego posé mi mirada en la otra chica.Isabel era pelirroja. Me preguntaba si lo sería natural o teñida. Sus ojos eran grises y me miraban de arriba abajo. Creo que era la mas atrevida. Entonces baje la vista hacia sus pechos desnudos, pues era la única que estaba en top-less. Eran unos pechos muy grandes y firmes, más grandes aun que los de Ana. Y el tanga blanco que llevaba, no dejaba nada a la imaginación. Estaba mojado, y dejaba a la vista un precioso coño, con un poquito de pelo pelirrojo por encima de la raja. Desde luego, pelirroja natural. Se sentaron las tres en la mesa y yo me giré para estar frente a ellas.

- ¿Y sois de aquí? - pregunté.
- No, estamos de vacaciones - contestaron.
- ¿Solas?.

No aparentaban más de 18 años. Si tuviesen más, desde luego todas las ideas que tenía en mente se esfumaban .

- Sí, solas las tres. El chalet es del padre de Ana.
- Oye, si no es indiscreción... ¿cuantos años tenéis? - me atreví a preguntar.
- Veamos... yo tengo 20, Laura tiene 22, y Ana 25. ¿Y tú, cuantos tienes?.
- Bueno, yo...18.
- ¿Siiií...?. Te echaba por lo menos 20.

Pensé que aquel era mi día de suerte e intenté tentarla una vez más diciendo:

- ¿Y no hay ningún chico que os haga compañía?.
- Pues no, veníamos a buscar uno aquí.
- ¿Uno para las tres??
- Si alguno se siente capaz, ¿por qué no?. Y tú, ¿tienes novia?
- Yo, esto...
- Pero déjalo, Isabel. Fíjate en su cara. Para mi que no ha estado a solas con una chica nunca - soltó Ana.

Eso me dejó más colorado que un tomate. ¿Tanto se me notaba?.

- Bueno, yo, esto.... - repetí como un tonto.
- Seguro que además, es virgen - insistió Ana

Más rojo que la sangre y el vino, acabé confesando:

- Bueno... sí, vale, me habéis pillado. ¿Y vosotras qué?.
- Yo no lo soy - dijo Ana - Y ellas tampoco.
- Chicas, creo que podríamos hacer algo por este chico. ¿No veis como lo hemos alterado? - dijo Isabel señalándome el paquete que seguía con el empalme y de pronto soltó - ¡Todas a por él!.

En un momento tuve seis manos intentado quitarme el pantalón, que era lo único que yo llevaba. Cuando me lo quitaron, me miraron la polla fijamente.

- ¡Que polla más rica! - dijo Ana - ¿Cuanto creéis que medirá? - sin dar tiempo a que ninguna contestara, salió y volvió con una regla - A ver... ¡21 cm! - se relamió los labios y los puso sobre mi glande.

Ana comenzó a hacerme una mamada. Era la primera que me hacían en la vida y las pase canutas para no correrme en la primera lamida. Su lengua empezó acariciando la parte baja de mi glande y fue pasando hacia arriba, para acabar lamiéndome todo el glande. Mientras tanto, Eva e Isabel se quitaron la poquísima ropa que llevaban. Isabel terminó antes y me puso los pechos frente a mi cara. Con una voz cargada de deseo me dijo:

- ¡Lámeme los pezones!.

No tuvo que decirlo dos veces. Sus pezones, muy grandes, estaban como aletargados, planos, de un color casi marrón. Estiré mi lengua todo lo que pude y empecé a recorrer todo el pecho en círculos, círculos cada vez más pequeños, hasta que llegué al pezón. Para entonces ya lo tenía muy duro. Mientras, Eva se arrodilló junto a Ana y entre las dos me lamían la polla. Yo disfrutaba de la mamada mientras seguía lamiendo los pechos de Isabel. De pronto sentí que me iba a correr y sacando la teta de mi boca, exclamé:

- ¡Chicas, me voy a correr, me voy a correr...!.

Isabel se agachó también y entre las tres lamían mi polla. Era increíble y el placer infinito, así que me corrí. Las tres unieron sus caras y apuntaron mi polla hacia ellas. Largos chorros de caliente esperma salieron. Alcancé a Ana en la boca y en la mejilla y a Isabel un poco en la nariz. Pero Eva fue la más duchada. Cinco chorros de leche le caían en la cara. Pelo, nariz, boca y ojos llenos de mi leche. Ellas se tragaron la que tenían en sus bocas. Ana pasó a chupar y besar la cara de Eva, lamiendo el semen que le chorreaba, mientras Isabel me limpiaba la polla, lamiendo los restos de esperma que quedaban. Tan buena era haciendo mamadas, que consiguió volver a ponérmela dura. Yo iba lanzado, así que poniéndome de pie les dije:

- ¿Quien quiere ser la primera en tenerla dentro?.

Eva se levantó y se inclinó en la mesa, ofreciéndome su coño y su culo. Me agaché y empecé a lamerle la raja. Nunca había probado una pero era mejor de lo que nunca había soñado. Mientras, Isabel se arrodilló y siguió saboreando mi polla. Yo intentaba dominar la situación, pero desde luego no lo conseguía. Ana, mientras tanto, se desnudó y se tumbó en el suelo, metiéndose tres dedos en su coñito, que llevaba depilado, como los de sus amigas. Estas tres chicas eran unas viciosas increíbles. Me levanté y puse la punta de mi polla en la entrada del coño de Eva y se la metí de un golpe. Ella gritó. El placer la embargó. Le gustaba y gritaba pidiendo más. Yo me movía adelante y atrás, rápidamente.

El coño de Eva apretaba mi polla desde todos los lados y pronto sentí que me iba a correr de manera que bajé el ritmo. Para durar mas, decidí mirar a ver que hacían Ana e Isabel. Y mi polla se endureció aún más al ver que ocurría. Ana, tumbada boca arriba en el suelo, tenía a Isabel sobre ella, boca abajo. Ambas hacían un 69 perfecto, lamiéndose el coño la una a la otra. Se acariciaban los pechos y se metían dedos en el coño y en el culo. Decidí probar también el culo de Eva, así que la saqué y se la puse en la entrada de su culo y presioné. Era estrecho y cálido, casi mejor que su coño. Seguí presionando, hasta que metí mis 21 cm de carne dura, en su culo. Ella gimió de dolor, pero después de un rato metiéndola y sacándola de ese agujero, sus gemidos se transformaron en gritos de placer. Sentí que no me quedaba mucho, así que le pregunté:

- ¿Donde quieres la leche, Eva... dentro o fuera?.
- ¡En mi cara, échala en mi cara y en mi boca!.

La saqué y ella se arrodilló. Me limpió la polla con su lengua, moviéndola en mi glande y acariciando mis huevos. Sentí que me iba y exploté dentro de su boca. Ella intentaba tragar todo mi esperma, pero no era capaz de contener tanta leche. Empezó a salírsele y sus pechos se llenaron de mi blanco esperma. Pero mi polla no se quería calmar. Quería aprovechar al máximo esa primera vez. Por ello me dirigí hacia las dos que estaban en el suelo. Le dije a Ana que me dejase con Isabel. Ana miro a Eva y vio sus pechos manchados con mi esperma y se dirigió a limpiarlos. Mientras, Isabel se tumbó boca arriba. Mi polla estaba morcillona, así que decidí probar el 69, a ver si ayudaba. Isabel empezó a mamar, acariciando mis huevos. Luego chupó un dedo, y empezó a acariciarme el ano. Decidí dejarla hacer y me concentré en su coño. Estaba depilado, como los otros dos, a excepción de una fina línea en la parte de arriba. Uní mi cara a su coño y la restregué en el, usando mi lengua y mis labios para darle placer. Ahora ella introdujo un dedo en mi ano. Al principio no me gusto, pero cuando lo movió suavemente, mientras seguía lamiendo, empezó a gustarme. Mi polla empezó a reaccionar y al minuto, volvía alcanzar su máxima longitud.

Me separé de ella y le puse la polla a la entrada de su coño. Presioné. Ella gimió. Me moví dentro y afuera una y otra vez. Mientras, Ana y Eva se separaron y vinieron con nosotros. Ana puso su coño en la boca de Isabel y esta empezó a lamer y chupar la raja pelada una y otra vez. Eva se colocó detrás de mi y empezó a lamerme el culo. El placer me embargaba y sentí que me iba a correr. La saque del coño de Isabel, que ya se había corrido unas tres veces, y me corrí sobre su estomago. Era la tercera eyaculación en veinte minutos y aun así seguía con ganas y con bastante leche. El estómago de Isabel quedó lleno de mi esperma y Ana y Eva se pusieron a lamerlo. Isabel también tenía derecho a un poco de leche, así que le puse mi polla en sus labios. Ella lamió, chupó y saboreo todo el esperma que quedaba, dejándome la polla dura de nuevo. Solo quedaba Ana y decidí disfrutar de ella. La separé del estómago de Isabel y le di un beso en los labios notando el sabor de mi propia leche en su boca.

- Ana, llévame a tu cuarto - le susurré al oído .

Se sorprendió, pero me llevó, dejando a sus amigas allí. Seguro que se bastarían ellas solas. Entramos en una habitación grande, con una magnifica cama de matrimonio. La tumbé en ella y la volví a besar. Ella me respondió con pasión. Nuestras lenguas jugueteaban, una contra la otra. Mis manos bajaron a sus pechos y los acariciaron, amasándolos, tirando de sus pezones. Ella me cogía el culo, tirando de él, acariciaba mi ano. Yo hice lo mismo. Bajé mis manos a su culo, lo acaricié, separé los glúteos y metí mi dedo en su agujero, suavemente. Ella gimió. La tumbé en la cama boca arriba, y me puse a su lado. de esta. Mi boca buscó su cuello y empecé a besarla. Luego dejé un húmedo reguero con mi lengua, bajando desde su pezón hasta su coñito. Mi lengua empezó a secar toda la humedad que destilaba. Todos los jugos que de allí manaban eran recogidos por mi lengua y mis labios. A los pocos minutos, ella gimió y me dijo:

- Métemela ya, no aguanto más, quiero correrme con tu polla...

No me hice de rogar, puse mi polla en la entrada de su coño y moví la punta arriba y abajo, pero sin llegar a meterla. Ella gritó y gritó pidiendo que se la metiese. Finalmente, colocando mis brazos como para hacer flexiones, presioné con mis caderas hasta hundirle mi barra de carne. Mis caderas se movían adelante y atrás, y ella movía su cuerpo en sincronía con el mío. Ella, al par de minutos, empezó a gritar más, el orgasmo la poseyó y empezó a chorrear jugos de su coño sin parar. Yo seguí moviéndome, mientras ella arqueaba la espalda, poseída por el placer. Casi un minuto después, ella gimió más suave, tumbada, casi sin moverse. Pero yo aun no me había corrido. Saqué mi polla y moviéndome, la puse sobre sus labios. Ella empezó a mamármela hasta que descargué casi seis buenos chorros de esperma en su boca y cara. De esta manera tan sensacional me inicié en el juego del amor.

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