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Voy a contar una historia que sucedió hace dos años con Adela, la hija de mi vecina del 4 y que ahora tiene 20 años. Por aquella época yo había discutido con su madre por asuntos de la comunidad de propietarios y llevaba un año sin hablarla, mas bien ella no me hablaba. Pero debo presentarme. Tengo 35 años y soy divorciado. Vivo solo en mi pequeño piso y dedico mi tiempo a trabajar, de forma que no salgo mucho de casa, cuando vuelvo de la oficina. Como os contaba, hacía un año que Blanca, la madre de Adela, no me dirigía palabra. Yo no me molestaba mucho por ello, sin embargo no le retiré el saludo nunca. En aquella época Adela solía bajar a casa de unos vecinos para charlar con su hija, de una edad aproximada a la suya. Yo la veía bajar en el ascensor, donde coincidía con ella. Normalmente bajaba en pijama o con la bata de estar por casa. Una tarde, cuando yo subía del garaje, el ascensor se paró en el segundo piso y entró Adela. Yo la saludé como siempre y ella me devolvió el "Hola". Me fije en su indumentaria. Llevaba solo el pijama y tenía frío. Lo puedo afirmar pues sus pezoncitos tiesos se hacían notar bajo la chaqueta. Además su cara mostraba una expresión de contrariada. Me quité el tres cuartos y se lo puse por encima de los hombros. - Gracias, realmente tengo frío - dijo. Le propuse ir hasta mi casa, donde estaría más cómoda y aceptó. Cuando llegamos a mi piso pasamos al salón y le invité a tomar algo. - ¿Un refresco? Le serví la cerveza. Para mí preparé una ginebra. Comencé a contarle lo motivos de mi "bronca" con su madre y así pasamos un buen rato. Ella se terminó su cerveza y me pidió otra. Lo cierto es que comencé a mirarla, no como la niña que me había parecido, sino como una adolescente. Me fijé en su cara rubita y su nariz respingona. Su busto anunciaba que sería potente. Me di cuenta que sus caderas estaban desarrolladas y cuando se levantó para ir al servicio, me fijé en su culo, pequeño pero prometedor. Como unas dos horas después me dijo: - ¿Sabes el motivo por el que he salido de casa de Gloria, sin
la bata? Lo cierto es que me hice una idea y quise saber más. - ¿Qué pasó? - pregunté. Lo cierto es que, cuando terminó de contarme eso, mi polla estaba dura como un hierro. - ¿Te había pasado esto antes? Me miró con cara colorada y me dijo que sí. - Cuando un amigo de mi madre vivía con nosotras yo me metía en la cama con él y mi madre. Un día estaba ella dormida y sentí la mano de él sobre mi tripa. No sabía que pasaba y le dejé. Comenzó a bajarla hacia mis braguitas y se metió debajo, comenzando a acariciarme y siguió haciéndolo todas las veces que me acostaba en la cama. Cuando yo no iba venía él a mi habitación a darme un beso y me lo hacía también. Os aseguro que mi polla no podía seguir dentro de mis pantalones. - ¿Y te gustaba lo que te hacía? En ese momento decidí follármela por dos motivos. Primero por ella misma y segundo por fastidiar a su madre que era una tipa asquerosa. La follaría hasta donde pudiera y se la dejaría lista para un supuesto novio. Además esta chica sería follada por un hombre mayor que ella, por un motivo o por otro. De manera que yo sería ese hombre que la iniciaría en el sexo. Estaba sentada junto a mí y me levanté para ofrecerle un trago de ginebra. Ella hizo un gesto de levantarse, golpeó el vaso y la bebida le cayó encima. - Lo siento, como te has puesto... ¿qué dirá tu
madre? Yo había pensado un plan sobre la marcha, pensaba emborracharla para tirármela, pero al mancharse la ropa me vino la idea de entrar en el baño cuando ella estuviera dentro y ver si me la podía joder allí. Efectivamente, cuando sentí correr el agua del baño me desnudé por completo y abrí la puerta. Ella estaba bajo la ducha, me fijé en su pecho floreciente y en el pelo de su coñito. Casi me corro al anticipar los placeres que me haría sentir esta joven. -Te he traído una toalla - dije. Ella me dio las gracias sin mirarme. - ¿Quieres que te enjabone? En ese momento abría la cortina del baño y ella se dio la vuelta. - ¿Qué haces? - exclamó al verme en pelotas. Me miró con cara de sorpresa y yo no la dejé hablar. Le tomé de las manos el jabón y le abracé la cintura comenzando a besarla. Ella se resistió un poco, pero yo no dejé que saliera de la ducha. Mi polla le rozó el culo y ella la miró asombrada. Tengo una buena tranca y creo que ella no había visto ninguna de ese tamaño. - Prueba a enjabonarme tú a mí - le dije dándole el jabón. Se quedó quieta pero yo llevé su mano hasta mi polla, con su mano izquierda le hice que me agarrara el pene y con la izquierda que me diera jabón. Le quedaba un poco lejos, de forma que la empujé par que se arrodillara. En esa postura, su cara quedó frente a mi polla palpitante. Me miró desde esa posición y yo le dije: - ¡Chúpala! Tardó un poco en comprender por lo que yo empujé su cara hasta que su boca quedó sobre mi glande. - ¡Chúpala! - volví a decirle. Ella abrió la boca y poco a poco me la fue chupando. La dejé un buen rato con mi pene en su boca. Quería que se acostumbrase a él. Como unos diez minutos más tarde, no pude contenerme y eyaculé dentro de su boca. No se retiró y se tragó todo lo que salía de mi polla. Luego hice que me chupara los testículos. Al terminar, la puse de pie y le chupé los pezones. Fue una delicia chupar por primera vez los pezones de esta jovencita. Me dio un placer difícil de narrar. Mientras mi boca chupaba sus pechos, mi mano se dirigió a su coñito. Los pelitos estaban mojados y mis dedos comenzaron a acariciar los labios de su vagina. Poco a poco abrí su coñito y se lo acaricié suavemente, haciéndolos entrar. Busqué su clítoris y comencé a acariciarlo. Así estuve hasta que se corrió. Lo cierto es que la tuve que sujetar pues se le doblaban las piernas. Entonces decidí que ya estaba bien de ducha, la saqué de allí, la sequé de cualquier manera y la llevé a mi cama. Estaba boca arriba y le dije que se chupara un dedo. Se metió el índice de la mano derecha en la boca y comenzó a chupárselo. Era un espectáculo que me puso a cien. Mi polla ya estaba dispuesta para el segundo polvo, que para ella sería el primero. Doblé sus rodillas y su coño, semi abierto, quedó a mi disposición. Con la mano se lo abrí y observé el color de sus labios. Ella se movía al borde del orgasmo, hasta que lo tuvo. Entonces puse mi polla en la entrada de su coñito y comencé a metérsela. Estaba muy lubricada y cachonda. Se la fui metiendo dentro, hasta que topé con su himen. Di un empujón fuerte y se la metí hasta dentro. Ella hizo un gesto de dolor. - ¿Te ha dolido? - pregunté. Empecé a metérsela y sacársela despacio, moviendo
mi polla hacia los lados para ensancharle el coño y me corrí
dentro, justo al mismo tiempo que ella volvía a tener otro orgasmo. - He estado todo el día pensando en ti, me gustó lo que me hiciste ayer. Me sentí complacido, esta nena de 18 años volvía a mí sin necesidad de llamarla. Le di un beso mientras agarraba sus tetitas y se las estrujaba. La llevé a la cocina y la tumbé en la mesa. Bajé sus bragas y le endiñé mi polla, que como podéis suponer, estaba dura como un palo. Ella estaba cachonda, los jugos de su vagina lo decían. Jodimos intensamente y ella dio sus primeros suspiros de placer, cuando mi polla dejó en su coñito el semen que le correspondía. Esa noche su madre había salido con su amigo y regresaría
tarde. Desde la cocina nos fuimos al salón y la fui desnudando
por el camino. Llevaba ropa interior de color azul claro, el sujetador
dejaba entrever unos pechitos crecientes, con los pezones duros por la
excitación que sentía. Su coñito estaba rodeado de
un suave plumón moreno y caliente como un horno. Cuando llegamos
al salón me senté en una silla, totalmente desnudo, y la
puse frente a mí. Separé sus piernas y puse una mía
entre ellas. Su coño quedó a mi disposición. Le introduje
un dedo y luego otros. Cuando tuvo tres dedos dentro se corrió
copiosamente. Entonces hice pasar su pierna sobre la mía y la senté
frente a mí. Coloqué mi polla delante de su coño
y se la metí mientras la atraía hacia mí. Fue otro
polvo dulce y delicioso. En el verano se quedó sola en casa, cuando su madre hizo vacaciones. En esa época bajaba a mi casa todas las tardes y follábamos duro y seguido. Su culito ha merecido mis atenciones también. Pero lo mejor ha sido que su coño se ha ensanchado y ahora soy capaz de meterle la mano dentro. Desde luego el que se la lleve a la cama deberá tener un buen instrumento si quiere satisfacerla. El amigo de su madre no ha conseguido jodérsela. Ella lo ha rechazado siempre. Cuando veo a su madre me río de ella y luego, cuando baja Adela, la pongo a cuatro patas y me la tiro por el culo. Entonces pienso que se lo hago a su madre y ataco con mas saña, casi para hacerle daño. |
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