Enrique, malagueño de 27 años, conductor de autocares, nos contó como en uno de sus viajes, llevando a un colegio en viaje de estudios, precisamente su antiguo colegio y con el mismo destino que tuvo el que hizo él, tuvo la suerte de gozar con dos maduras señoras, con una de sus antiguas profesoras así como la promesa de continuar con alguna otra chica calentorra, además de conseguir el amor de la que había sido el sueño de su época de estudiante.

Dejé el relato cuando, mientras todo el grupo estaba visitando monumentos, Adriana vino al autocar para hablar conmigo. Fuimos a la parte de atrás del vehículo. Me dijo que su hermana le había comentado que yo quería habla con ella y que allí estaba. Al principio solo le dije tonterías hasta que le confesé mis sentimientos. Resultó que eran mutuos. Empezamos a hacer manitas pero cada vez íbamos más lejos besándonos hasta que logré sacarle un pecho fuera de la blusa mientras ella me sobaba el paquete por encima del pantalón. Parecía que íbamos a llegar hasta el final pero llegaron los estudiantes y nos cortaron el rollo.

Al llegar al hotel, Adriana y yo nos quitamos de en medio y fuimos a mi habitación. Allí pude contemplar por primera vez su belleza. Desnuda era preciosa, de aspecto frágil, larga melena lisa y morena, delgada, pechos pequeñitos, culito respingón y una mata de pelo en el coño muy bien arreglada. Le gustaron mis pelotas y el tamaño de mi polla. Consumamos nuestro amor follando apasionadamente pero ocurrió que Milagros vino para echar otro polvo como el del día anterior y al habernos olvidado de cerrar la puerta, entró y nos pilló en plena faena. Llegué a verla unos segundos pero ella, simplemente, se dio media vuelta y se marchó. Después, en la cena, en la mesa los tres, Milagros nos sorprendió diciendo:

- ¿Por qué no pasáis las dos noches que faltan juntos?.

Adriana, contentísima, le dio las gracias con dos besos y cuando Adriana se marchó. Milagros me cogió aparte y me dijo:

- Lo tuyo con esta supongo que va en serio, pero espero que vuelvas a visitar mi coño...

Le di un beso prometiéndoselo. Esa noche Adriana ya estaba instalada conmigo. Pasamos la noche entera follando y al día siguiente, que era de descanso, al estar ella tan agotada la dejé durmiendo y salí a dar una vuelta sin saber que me aguardaba una inesperada sorpresa. Tropecé con Sandra, Ruth y Patricia, muy alegres.

- Ya te lo dije, gracias a mi, has terminado acostándote con mi hermana y ahora creo que merecemos un premio - me dijo Sandra.


Me llevaron a su habitación y allí, las tres se quedaron en pelotas. Pretendían que me las follara. Casi me arrancaron la ropa y al ver mi polla se pusieron como locas. Las tres tenían sus coños rasurados por completo, anillitas en los pezones y en el ombligo, además que algún pequeño tatuaje. Lo que me chocó es que eran muy habilidosas. Sabían hacer de todo y muy bien. Por supuesto, hacía mucho tiempo que no eran vírgenes.

Estaba tan ensimismado en lo que me hacían Ruth y Patricia, que no vi salir a Sandra. Había ido a por Giovanna. Quería ofrecérmela como regalo. Cuando la vi, ya estaba desnuda, mostrando su piel blanquísima con un aspecto que parecía ingenuo, la raja también depilada pero un triángulo de vello la distinguía de las demás. Para Giovanna tampoco era la primera vez y fue muy intenso todo lo que hicimos los cinco. Estábamos descansando cuando en la habitación de al lado oímos ruidos. La ocupaban Manoli y Mariluz, las empollonas de la clase. La terraza estaba compartida y mos pudimos asomar. Lo que vimos fue increíble. Mariluz, que estaba como una foca, se encontraba a cuatro patas recibiendo por el culo de uno de sus compañeros y Manoli chupando la polla de otro, agarrándola con una mano y con la otra dándose al coño.


- ¡Con lo formales que son siempre y con lo bobas que parecían, míralas ahora como se mueven, como si llevaran haciéndolo toda la vida y con esos desesperados! - exclamó Sandra.


Volvimos a la habitación riendo y yo me marché temiendo que Adriana se despertara. Me la encontré en el pasillo nada más salir. Casi me pilla. El viaje acabó. Me hizo gracia el cinismo del reencuentro, sobre todo el de las madres. Al poco tiempo, Adriana y yo nos fuimos a vivir juntos. Sandra venía mucho a vernos y esto mosqueaba a Adriana por lo tan atenta que estaba la chica siempre conmigo. Al final le confesé a Adriana que Sandra fue la que nos unió y las artes que utilizó. Se lo tomó bien pero yo no esperaba que hasta llegáramos a hacer un trío. Lo que no le conté es que a veces me veía con Milagros. Reacciono sorprendentemente cuando se enteró, pero eso lo contaré en otra ocasión.

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