Se llama Jonathan y a sus 19 años se considera un adolescente soñador. Dice ser normal y corriente, sin ninguna experiencia sexual. Lo que va a contar empezó cuando se mudaron al piso de al lado sus tíos y su hija, su prima que tiene también los 19. Dice que está buena que se sale, aparenta ser mayor de lo que es y se llama Ana Belén. Al estar tan buena y vestir muy descarada siempre va con maromos mayores que ella por lo que pasa de él, yendo a su bola.

Mis tíos son estupendos, sobre todo mi tía Olga. Tiene 41 años y unas tetazas muy aparatosas por lo grandes que son y tiene dificultades para encerrarlas en sus vestidos. Parece que se va a ahogar de lo apretada que va. También está un poco gorda y su trasero es voluminoso a más no poder. Yo soy más bajito que ella y cada vez que me ve me demuestra su cariño con efusivos abrazos, comiéndome a besos y dándome achuchones por lo que no es extraño que me empalme cuando me restriega sus tetazas por la cara sin darse cuenta. Por lo efusiva que es pega su corpachón al mío y noto su calor. Yo no soy de piedra, me pongo colorado y me escabullo como puedo.

Como digo, se mudaron al piso de al lado que queda comunicado con el nuestro por un patio. La ventana de mi cuarto, donde yo tengo mi propio mundo y donde me paso casi todo el tiempo que estoy en casa, da a este patio. Desde allí oía los cotilleos de mi madre y de mi tía cuando se ponen a tender la ropa pero también hice otros descubrimientos. El primero era que el cuarto de mi prima era el que estaba frente al mío. Una noche, por casualidad, vi a mi prima pasearse desnuda por su habitación. Desde entonces me dediqué a espiarla todas las noches, haciendo de mirón a oscuras desde mi cuarto cuya puerta había cerrado con llave ya que, mientras la admiraba desnuda, yo me desnudaba y me pajeaba lentamente viéndola.

A veces tenía la sensación de que ella sabía que la miraba ya que parecía exhibirse para mí y no sólo eso, también descubrí que se masturbaba frotándose con los dedos su coñito que al parecer se lo depilaba, pues siempre lo tenía limpio de pelos. Veía como se lo abría y se metía los dedos. Los fines de semana aún era peor. Mis padres y mis tíos se iban al campo y tanto ella como yo nos quedábamos solos pero ni nos hablábamos. Ella iba a lo suyo y yo a lo mío. Así fue como descubrí sus otras actividades. Traía sus novios, siempre distintos, a casa, llevándoselos a la cama e incluso un día se lo hizo con tres a la vez. Yo gozaba con sus actuaciones pues era una auténtica golfa. Mamaba las pollas como si se las fuera a comer. Cuando la follaban lo hacían con fuerza, porque así lo pedía ella. Desde mi habitación se oía todo porque gritaba mucho.

El coño de mi prima lo tragaba todo y también el culo, porque por el culo también le daban todos y, por lo visto, con gran placer porque era ella quien se lo ofrecía. Su puede decir que mi prima era toda una guarra viciosa. Pero, contrariamente a lo que parece, no fue con ella con quien tuve esta experiencia si no con mi tía Olga. Empezó cuando descubrí que la ventanita de su baño, que también da al patio, estaba rota. Al no poder cerrarla, desde mi habitación podía ver cuando se duchaban pero como únicamente veía las cabezas, un día en que se estaba duchando mi tía, cogí una silla y así pude ver sus voluminosas tetas desnudas, y como se las frotaba en toda su enorme extensión. Ver a mi tío no me interesaba y mi prima tampoco ya que, como he dicho, la había visto infinidad de veces en su habitación desnuda y follando, así que únicamente miraba cuando se duchaba mi tía. Verle esas enormes tetazas descubiertas me trastornaba y viéndola masajeárselas una y otra vez, jugando con sus pezones me excitaba. Incluso creo que se masturbaba por la manera como ponía el brazo, como se le movía y la expresión de gusto de su cara en un momento dado.

En una ocasión me llevé un gran corte al ser mi madre la que se duchaba. Verle las tetas me causó una extraña impresión y me bajé de la silla avergonzado. Se duchaba en casa de mi tía porque mi padre estaba arreglando algo en nuestro lavabo y se tiró todo el día teniendo que hacerlo todo en el lavabo de mis tíos. La situación de espiar a mi tía Olga se prolongó durante varios meses. Estaba obsesionado con sus tetazas. Quería aplastarlas con mis manos, sobárselas y chupárselas pero... ¿cómo iba a hacérselo si era mi tía?. De esta forma llegó el veinticinco aniversario de mis padres. Mi tía les insistió mucho en que se fueran a hacer un viaje, que ella su cuidaría de mí. Al final les convenció. Iban a irse a París durante una semana, dándose la coincidencia de que mi tío estaría ausente también por trabajo. Mi prima se quitó del medio marchándose de acampada con unos amigos. Mi tía no le puso pegas y de esta manera nos quedamos ella y yo solos.

El primer día fuimos a despedir a mis padres al aeropuerto y volvimos a su piso. Me arregló la habitación de mi prima para que la ocupara yo y nos fuimos a dormir. El segundo día me levanté temprano para ducharme. La bañera no tenía cortina pero sin darle importancia, tranquilamente empecé a ducharme hasta que, inesperadamente, se abrió la puerta. Fugazmente pude ver a mi tía Olga con la bata abierta. No levaba sujetador ni bragas ya que pude verle por un segundo pero perfectamente un chocho extraordinariamente peludo. Seguro que ella pudo verme la polla ya que yo estaba de cara a la puerta y no me dio tiempo a taparme. Cerró la puerta con rapidez y detrás de ésta se disculpó y me dijo que ya estaba el desayuno. Pasé un rato pensando en lo sucedido y en lo que le había visto. Muy excitado, bajo la ducha me hice una paja a su salud. Desayunando vi que ya se había arreglado la bata y la tenía cerrada pero su mirada hacia mí era distinta. Me ponía nervioso. Pasé la mañana ayudándola, salimos a hacer la compra, almorzamos y echamos la siesta. Por la tarde me preguntó si me apetecía salir a dar una vuelta con ella. Acepté y fue a arreglarse tardando más de cuarenta y cinco minutos en aparecer de nuevo.

Me pidió perdón por la espera. Se había arreglado en exceso, como si fuera a una boda. Su mejor vestido, maquillada y cargada de alhajas. Al preguntarle el motivo me contestó que si no podía ponerse guapa para salir con su sobrino. Estuvimos en la calle hasta casi las nueve. Todo el tiempo me llevó enganchado de su brazo haciéndome ir pegado a ella como dos enamorados. Llegó a decir que quería presumir de sobrino ante los vecinos. Al volver a casa lo primero que hizo fue ir a cambiarse y ponerse una ropa más de estar por casa diciéndome que hiciera lo mismo y fuera a ponerme el pijama. La obedecí y volví al salón. Ella tardó más en hacerlo pues se quitó el maquillaje. Cuando salió llevaba una vieja falda muy amplia y una camiseta que parecía que iba a reventar debido al exagerado volumen de las tetas. Entonces me miró, titubeó un poco y al final me dijo:

- Jonathan, me agobia ir todo el día con esto aprisionándome. ¿Te importa que me lo quite?.

Me quedé sin habla y ella, tomándoselo como una aprobación, se sacó la camiseta delante de mí y después el amplio sujetador que atrapaba sus tetas y que ahora, libres, se desparramaron ante mis ojos. Eran mayores de lo que yo suponía, blandas como la gelatina, con unas aureolas marrones y unos pezones muy desarrollados. En su barriga se le notaban algunas estrías. Mi tía, al sentir sus tetas liberadas exclamó, estirándose:

- ¡No sabes que alivio poder estar así!.

Me quedé como hipnotizado mirando sus tetorras. No podía apartar la vista de ellas. Mi tía se dio cuenta pero disimuló y con aquella amplia sonrisa que siempre adorna su cara, me dijo:

- Tengo poca hambre, cenamos algo ligerito y vemos la tele, ¿te parece? - y al decirle yo que de acuerdo, añadió - Estupendo, voy a hacer un par de tortillas a la francesa que te vas a chupar los dedos.

Se fue a la cocina y media hora más tarde estábamos cenando. Me daba conversación y yo contestaba como un robot absorto en sus tetas. Tras acabar la cena dijo que iba a poner en el vídeo una película de la colección de mi tío. Era una de esas subidas de tono y de risa, que hacían Pajares y Esteso, con chicas paseándose desnudas o ligeritas de ropa durante toda la película. Mi tía se lo pasaba pipa desternillándose de risa con todas las paridas que salían. Al reír sus tetas bailaban sin cesar y yo estaba sufriendo con todo aquello. El sudor me caía como si fuera agua, la polla se me había puesto tiesa y el bulto era imposible de disimular. Entre el baile de sus tetas, que se apoyaban en mi de vez en cuando y las actrices que estaban como trenes enseñándolo todo, yo estaba a punto de explotar. Tentado estuve de meterle mano pero no acababa de atreverme hasta que, inesperadamente, se levantó diciendo que tenía sueño y se iba a dormir. Me dio dos efusivos besos de buenas noches restregándome las tetas por el pecho, me dijo que lo apagara todo y se fue a su habitación.

Una vez solo me saqué la polla meneándomela como un desesperado pero no habían pasado ni diez minutos cuando me llamó. Corrí a su habitación. Estaba estirada sobre la cama completamente desnuda. Su chocho, muy peludo, destacaba como su barriga y sus tetazas. Iba a dar la media vuelta pero ella me pidió que me acercara, me cogió la mano y me dijo, con voz muy mimosa y sensual:

- Sé que me deseas, así que te lo pongo en bandeja... pero como veo que no te atreves a dar el primer paso, lo voy a dar yo.

Estaba aterrorizado, temblando por lo que iba a pasar. Condujo mi mano por encima de su orondo corpachón, por sus tetas, su barriga y su coñazo peludo. A continuación me bajó el pantalón del pijama saliendo mi polla en su máximo esplendor.

- ¡Que hermosura! - exclamó mi tía - Anda, ven aquí conmigo, quítate el pijama.

Obedecí y desnudo, me metí con ella en la cama. Seguía igual de efusiva pero ahora unía su boca a la mía, dándome la lengua. Entre nosotros se había roto una barrera. Ya no éramos tía y sobrino, sino un hombre y una mujer llenos de deseo. Sin dejar de besarnos nos sobábamos el uno al otro hasta que llegó el momento en que me acoplé a ella metiéndole en el coño mi polla, operación facilitada por ella que se abrió de piernas. Mi tía no hacía más que jadear, al igual que yo, y noté que se corría al aumentar el ritmo de su respiración. Poco después le pasó lo mismo y yo, no pudiendo resistir más, también me corrí echándoselo todo dentro. Esto le gustó mucho. Me pasé un buen rato encima de ella hasta que la polla se salió de su coño por sí mismo. Después nos quedamos los dos tumbados, el uno junto al otro y nos sinceramos. Le dije que hacía tiempo que la espiaba y ella, riendo, me dijo que ya lo sabía y que también pudo verme cuando me la meneaba. Añadió que se sentía halagada de ser deseada por su sobrino. Además me confesó que a mi tío casi no se le levantaba y no se enteraba de nada.

- Yo soy muy ardiente - añadió - Necesito mucho y pensé en ti para dármelo. ¿Quién mejor que el sobrino que más quiero?.

Ya que habíamos empezado, estábamos lanzados. Volvimos a besarnos apasionadamente, sobándonos por todos lados. Me gustaba explorar todas las imperfecciones de su cuerpo. Eso era lo que más me excitaba de ella. Su cuerpo distinto al de las demás. Le dije que quería comerle el coño. No puso objeciones. En el acto tuve su gran chochazo peludo ofrecido. Me volvía loco la gran cantidad de pelo que tenía. Metí mi lengua en su raja y comencé a lamer y chupar. La cosa la entusiasmaba hasta que llegó a correrse. A pesar del cuerpo que tiene, mi tía Olga está muy ágil así que pegó un brinco y se metió mi polla en la boca. La chupó sin descanso durante un buen rato hasta que decidió que era el momento de volver a montarla. Se puso a cuatro patas y me invitó a fallarla de esta forma.

Le metí la polla en el coño y desde el primer momento empecé a disfrutar expresándolo ruidosamente.

- ¿Te gustaría metérmela también en el culo? - me dijo en plena follada y al contestarle yo que me encantaría, añadió - ¡Pues hazlo!.

Abrí sus redondas nalgas y descubrí el agujero marrón. Le di un par de lengüetazos que le gustaron mucho, después le fui metiendo los dedos para dilatárselo y finalmente le introduje mi polla. En ningún momento se quejó de dolor, más bien todo lo contrario pues me decía que nunca había tenido tanto placer por el culo. De nuevo volví a echárselo todo, ahora en su recto. Cuando nos relajamos me dijo:

- Puedes echarme siempre toda tu leche dentro.

A continuación encendió un cigarrillo, que terminamos compartiendo, hablamos de lo ocurrido y estuvimos de acuerdo en seguir con aquella relación que habíamos iniciado. Lo nuestro era puro sexo y pasamos la noche juntos.
Por la mañana mi tía me despertó con una suave mamada y no paró hasta que consiguió que me corriera en su boca.

- Quería probar también tu esperma en mi boca - me dijo.

El resto de la semana lo pasamos en cueros. A la más mínima nos achuchábamos y follábamos a cualquier hora y lugar. Fue una semana muy completa en la que nos dimos cuenta de que nos queríamos. A la vuelta de toda la familia tuvimos dificultades para vernos como deseábamos pero la imaginación de mi tía era infinita para buscar momentos y sitios para encontrarnos y gozar de nuestros cuerpos. He llegado a proponerle fugarnos juntos pero me dice que, aunque me quiere, no puede tomar esta decisión. Quizá más adelante. Ya os contaré.

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