Le costó convencer a su mujer para hacer un trío con su mejor amigo pero cuando ella se encontró en el juego, entró en él con toda la fuerza de su caliente cuerpo obteniendo todos los placeres que una relación a tres puede proporcionar. Incluso le permitió al amigo desvirgar un agujero que su marido nunca pudo conseguir.

Mi nombre es Toni, tengo 34 años y estoy casado con Mari de 32. Somos un matrimonio muy normal aunque a mí me apasiona todo lo relacionado con el sexo, incluyendo situaciones morbosas como amor en grupo, tríos y demás. A ella le cuesta un poco más meterse en estas situaciones. Es más recatada aunque, cuando ella quiere, es una fiera muy cachonda y golfa en la cama. Su físico es muy apetecible. Tiene grandes tetas, un buen culo, un precioso y peludo coño y está maciza de arriba a abajo. Tengo un amigo que se llama Paco. Tiene 43 años y es una persona muy honesta y agradable. Con él me llevo muy bien, cada vez que nos encontramos tomamos algo y charlamos un buen rato. Yo sabía que a él le gustaba mi mujer porque siempre preguntaba por ella de una forma muy especial.

Un día en que él y yo estábamos tomando café en un bar, le pregunté directamente:

- Paco, ¿verdad que a ti te gusta mi mujer?.
- Hombre, es una mujer muy simpática - respondió.
- No, Paco - insistí - Me refiero a gustarte físicamente.

Él, esbozando una sonrisa, contestó:

- La verdad es que tu mujer está muy buena y sí que me atrae.

Entonces le propuse intentar hacer un trío. Al menos intentarlo, puntualicé, ya que a ella yo sabía que le costaría dar el paso. Mi amigo Paco, no hace falta decirlo, se puso muy contento con la idea. Sólo quedaba trazar un plan que nos permitiera disfrutar del trío y pensamos en salir una noche a cenar los tres. Le conté a mi mujer que Paco nos había invitado a cenar un sábado. Ella no sospechó nada pues era normal que saliésemos con los amigos a cenar de vez en cuando. Lo que ella no podía imaginar era que Paco y yo le habíamos preparado una encerrona para darle gusto entre los dos. Cuando ella se preparaba para salir a cenar, le propuse que se pusiera un vestido corto. Me enseñó los que tenía y elegí el más corto de todos ellos. Me dijo que lo era demasiado pero al insistir yo, acabó poniéndoselo. Como ropa interior se colocó unas minúsculas bragas de color negro, medias del mismo color y un sujetador de encaje. El vestido era muy escotado y por el escote se le veía gran parte de sus pechos y un poco del encaje del sujetador.

Estaba muy provocativa y yo me empalmé al verla así. Como hacía fresco, se puso un abrigo largo y, cogiendo el coche, nos fuimos al restaurante. Al entrar vi a Paco que nos esperaba sentado en una mesa. Mari dejó el abrigo, nos dirigimos hacia él y nos saludamos justo cuando llegaba el maitre. Le pedimos el vino y Mari, al sentarse, se le veían todos los muslos ya que la falda a penas le tapaba nada y menos sentada. El escote también era prodigioso, muy exuberante. La cena fue muy cordial. Lo pasamos muy bien hablando y comentando muchas cosas. Al terminar, Paco propuso ir a una sala de fiestas de ambiente tranquilo. Allí fuimos. El local estaba casi vacío. Yo bailé un poco con mi mujer pero enseguida la dejé pues no me gusta mucho el baile, al contrario que ella. La cogió Paco y bailaron un rato salsa, después rumbas y por fin música lenta. Los dos bailaban muy pegados y yo pensé que aquello marchaba. Al dejar de bailar, nos sentamos los tres en un sofá y tomamos un combinado.

Con el calor de la bebida y de la situación en la cual nos encontrábamos, yo empecé a besar a María apasionadamente mientras Paco, que estaba al otro lado, aprovechaba para acariciarle los muslos, lo cual ella lo permitía ya que no decía nada. Yo pude ver como, al poco rato, Paco metía la mano bajo la falda de mi esposa y como ella separaba un poco los muslos, seguramente para permitir que la mano de nuestro amigo llegara hasta su entrepierna y le acariciara su peludo coño. Al menos eso parecía pues cuando dejamos de besarnos, ella me susurró al oído:

- Tu amigo me está tocando el coño.
- ¿Y te gusta? - le pregunté en el mismo tono.
- Sí - dijo.
- Entonces deja que disfrute que a mí también me pone cachondo ver como te lo hace - añadí.

Ella ya estaba muy excitada y le guiñé un ojo a Paco para que diésemos el segundo paso. El dejó de sobar a Mari y dijo:

- ¿Por qué no vamos a mi casa y tomamos la última copa?.

Mari fue la que contestó y lo hizo taxativamente diciendo:

- ¡Vale, vamos!.

Aquello prometía. Nos fuimos a casa de Paco, que en realidad era un apartamento que había alquilado para la ocasión ya que él está casado. Pero eso no lo sabía Mari. Era un detalle que merecía quedar en secreto. Llegamos al apartamento, Paco nos preparó una copa y luego propuso echar un partida de poker y como a Mari le gusta jugar a las cartas, rápidamente dijo que sí pero yo añadí que, para que fuera más interesante, el que perdiera una mano pagaría sacándose una prenda.

Ella me miró y sonriendo me dijo:

- Vale, os voy a dejar en pelotas a los dos.

La verdad es que ella juega muy bien y al poco rato nos dejó a los dos en calzoncillos. Ella sólo había perdido los zapatos pero, afortunadamente, la suerte cambió y en pocas manos se quedó en sujetador y braguitas. Estaba de muerte. Paco no paraba de mirarla de arriba a abajo y cuando perdió los calzoncillos y quedó desnudo por completo, tenía la polla muy tiesa.

- Perdona que la tenga así pero es que viéndote tan sexy, no puedo evitarlo - le dijo.
- No, si no me importa, al contrario, está muy bien - le respondió ella.

Eso marchaba. La calentura era latente y al poco tiempo nos quedamos todos sin ropa. Mari con las tetas al aire, mostrando su peludo coño, y Paco y yo con el aparato duro. Entonces Mari dijo:

- Bueno, ¿ahora qué?.
- Ahora cierra los ojos y relájate - le contesté.

Ella cerró los ojos y Paco por un lado y yo por el otro, empezamos a sobarle todo el cuerpo, lamiendo sus pezones y deslizando nuestras manos por sus muslos tersos y calientes, sus tetas blanditas que nos invitaban a comérselas todas sin descanso. Cuando le toqué el coño lo tenía empapado. Paco se arrodilló y empezó a lamérselo, pasando su lengua por toda la pipa. Yo miraba como él, metido entre las piernas de Mari pasaba la boca por todo su coño. Se lo comía con gran excitación mientras yo le chupeteaba las tetas. Ella debió tener un orgasmo con la comida de coño que le daba Paco pues pegó un suspiro y cerró fuertemente las piernas, atrapando la cabeza del amigo. Cuando éste pudo liberarse de la prisión, dijo:

- ¡Que coño más bueno y caliente, estaría horas comiéndomelo!.

Yo estaba muy cachondo ante aquella situación tan morbosa y preferí sentarme frente a ellos y pajearme mientras disfrutaba del espectáculo que Mari y Paco me brindaban. Abrió ella los ojos y al verme sentado, pasó a la acción. Abrazó a Paco y le dio un largo beso en el que se entrelazaban las lenguas mientras sus cuerpos permanecían muy juntos. A final ella le cogió la polla con una mano y se la agitó.

- ¿Por qué no me la chupas? - le dijo él.

Mari me miró. Después se inclinó hacia la polla de Paco y comenzó a lamérsela con cara de zorra. Pasaba la lengua por toda la verga y yo disfrutaba más que si ella me la estuviera mamando a mí. De pronto se la metió entera en la boca y empezó a succionarla mientras le apretaba los huevos con las manos. Paco alucinaba. Estaba a punto de explotar. Mari, cada vez más cachonda, se la chupaba con más ganas y cuando Paco se fue a correr, se la sacó de la boca y descargó toda la leche sobre sus tetas. Su abundante leche se las bañó enteras y yo, al contemplarlo, no pude aguantar más y acercándome a ella descargué toda mi leche sobre su cara. Mari, muy excitada, me la cogió y se la metió en la boca donde terminé de descargar mi semen que ella, con gusto, tragó sin desperdiciar ni una sola gota. Paco y yo quedamos hechos polvo. Ella se dirigió hacia la ducha diciendo:

- Esperar, vuelvo pronto y con ganas de marcha.

Paco, mientras ella estaba en la ducha, me dijo:

- Estoy alucinado, parece mentira que ese pedazo de hembra sea tan caliente, tan cachonda y...
- ¿Y puta, no? - añadí yo.

Se quedó cortado pues en realidad eso es lo que quería decir. Al salir Mari de la ducha, Paco y yo estábamos fumando. Ella nos dijo que cuando termináramos nos esperaba en la cama. No tardamos nada en apagar los cigarrillos y acudir al dormitorio.
Cuando entramos vimos a Mari tendida en la cama boca arriba, completamente desnuda y con una toalla puesta en los ojos. Estaba tremenda. Me acerqué a ella y le besé un pezón. Después le susurré al oído:

- ¿Estás dormida, cariño?.
- Sí, estoy dormida, así que podéis hacer conmigo lo que más os guste - contestó.

Paco se le montó encima, poniendo la polla entre sus tetas y comenzó a refregarla en ellas. Yo empecé a lamerle el coño. Mari no aguantó mucho rato pasiva. Se quitó la toalla que cubría sus ojos y se metió la polla de Paco en la boca empezando a chuparla. Yo tenía ganas de probar una postura algo comprometida. Se lo dije y lo intentamos. Me tendí boca arriba en la cama, Mari encima de mí con su coño en mi boca y mi polla en la suya. Era un caliente 69. Entonces le dije a Paco que se la metiera por el coño. Mientras yo lamía el chocho de Mari podía ver como la polla de Paco entraba y salía del coño de mi esposa. Eso me ponía a mil. Paco estaba muy cachondo y se la follaba cada vez con más fuerza. ¡Que zumbidos le pegaba en el coño con su polla!. Así estuvo hasta que se corrió llenándole todo el coño con su abundante y caliente leche y como yo seguía pasando mi lengua por aquella húmeda almeja, pronto vi como de ella brotaba la leche de Paco que, con mucha excitación, lamí pues todo lo que de aquel coño manaba sabía a gloria. Cuando dejé de comerle el coño, ella me dijo:

- Cariño, me has dejado el coño limpio, eres una guarro. Te gustan los coños empapados de leche, ¿verdad?.

Le contesté que esta noche me gustaba todo pues estábamos los tres cachondos perdidos. Descansamos algo y picamos un poco pues el esfuerzo había sido grande. Mientras comíamos a Mari se le ocurrió que como yo había hecho lo de comerle el coño mientras Paco se la follaba, que ahora Paco pidiera un deseo o fantasía y después lo pediría ella. Los tres, así, cumpliríamos con un deseo. La idea era muy morbosa. Después del descanso, Paco era quien mandaba pero, para estar bien seguro, le preguntó:

- Puedo hacer y pedir lo que desee, ¿verdad?.

Mari le dijo que sí, Paco entonces, la hizo poner boca abajo en la cama, le puso una almohada bajo el vientre y con su cinturón, le ató las manos a la cabecera.

- Paco, cuidado con lo que haces, que luego me tocará a mí - le dijo ella.

Él le dijo que se tranquilizara, que sólo la haría gozar. Paco cogió un poco de mantequilla y con suavidad se la juntó, con un dedo, en el agujero del culo. Mari pegó un respingo al notar el frío de la mantequilla en su ano. Poco a poco el dedo de Paco se fue metiendo cada vez más hondo en el culo de mi esposa, dilatándolo. Llegó a meterle tres dedos y ella estaba como loca de gusto. Estaba descubriendo el placer anal. Pero eso no fue todo. Paco se puso la manteca en la polla y lentamente se la fue metiendo en el culo a Mari hasta el fondo. Entró toda y empezó a follarla. El placer que sentían los dos era muy intenso. A Paco le corría el sudor por todo el cuerpo y Mari se contoneaba agitando todo su cuerpo al tiempo que jadeaba, suspiraba y gritaba de gusto. Paco terminó descargando toda su leche en el, hasta ahora virgen, culo de Mari y yo disfrute mirando y pajeándome pues no tenía participación en este juego. A Mari le gustó mucho que Paco se la follara por el culo y después de una ducha relajante para todos, le tocaba el turno a Mari. ¿Qué pediría?. Pero esto lo contaré en otra ocasión. Un saludo de Toni para todos.

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