![]() |
|||||||||||||||
Somos María y Manuel un matrimonio de Ciudad Real de 33 y 36 años,
hasta hace poco normal. Los que nos conocen nos consideran atractivos.
Fuimos a aquella boda de unos vecinos y luego a la cena y la consiguiente
fiesta. Mi marido hacía tiempo que me hablaba del intercambio de
pareja o bien el trío con un hombre con una mujer ya que nos consideramos
bisexuales. También una experiencia en la que él actuase
de mirón y yo follara con otro o realizara una tortilla con otra
mujer. Pero yo no me decidía ya que lo consideraba peligroso o
anormal o inmoral. ¡Que sé yo!. Aquella noche en la fiesta
de la boda, bailamos y bebimos. Lo estábamos pasando estupendamente.
Como yo me muevo muy bien en la pista, especialmente si tocaban rumbas
o sevillanas, todos querían ser mi pareja. Esto enorgullecía
a mi esposo. - Muy bien bonita - me decía - Estupendo preciosa, así, así, cariño... un poco más despacio, tesoro... Pero de inmediato tocaron una canción lenta. Berna me abrazó y ni corto ni perezoso pegó su cara a la mía y su cuerpo y como no su entrepierna que yo no daba crédito a lo que allí tendría que haber pues notaba un bulto descomunal. - Que cuerpo tan suave tienes, querida - empezó a susurrarme - Que apetitosa debes de estar y que cosas debes saber hacer en la cama, preciosa mía. Yo estaba sorprendida. A cada vuelta miraba a mi marido y le preguntaba con los ojos si dejaba a aquel tipo en medio de la pista o me quedaba a su lado. Él me respondía, con señas, que esperara para ver lo que pasaba. Acabó la canción y volví al lado de Manuel, pero Berna me acompañó muy galante. Se plantó ante mi esposo y le dijo: - Gracias por permitirme bailar con su mujer, es maravillosa. Esta respuesta animó al chico ya que se sentó a mi lado. - ¡Que suerte tiene usted! - añadió dirigiéndose a mi esposo - ¡Pocos maridos disfrutan de una mujer así!. Entonces mi marido le preguntó: - ¿Está usted casado?. Yo permanecía callada, sorprendida de la actitud de Manuel. Casi avergonzada. - ¡Vaya! - suspiró Berna - Eso se merece que les invite
a una copa pero fuera, a otro lugar más tranquilo, sin este bullicio.
Nos fuimos con él en su elegante coche. Yo me senté a su lado y Manuel se acomodó en los asientos de atrás. Manuel le preguntó: - ¿Le gusta mi mujer?. Al mismo tiempo, desde atrás, mi marido me subía la falda
hasta dejar a la vista el triángulo trasero de mis braguitas. Y
encima me besaba y me mordía el cuello, las orejas y los hombros.
Así llegamos a lo que yo creía era la casa de Berna pero
al bajar del coche comprobé que estábamos frente a un hotel
situado en el centro de la ciudad. - Puedes considerar a Mari y a mí como un punto más a tus salidas sexuales. En la habitación puso una película porno y una música lenta. Nos pusimos a bailar Berna y yo. Me apretaba contra su entrepierna que lucía un descarado bulto. Me besó. ¡Y vaya como besa el tío!. Poco a poco fue subiéndome el vestido hasta descubrir no sólo mis bien torneados muslos sino también todo mi apetecible culo, que magreó y manoseó durante un buen rato. Yo estaba muy excitada y mojada y más cuando vi a Manuel sacarse la polla y empezar a meneársela. Aquella visión y los magreos de aquel extraño, me llevaron a un punto tal de excitación que bajé mi mano diestra en busca del bulto de Berna. Al desabrocharle el pantalón y dejar salir su polla comprobé que era efectivamente tan descomunal como yo había pensado. Debería medir más de 20 cm y era muy gorda. Estaba muy firme, muy dura, tiesa, caliente y palpitante contra mis muslos. Se la cogí para apretarla, sobarla, retorcerla, pellizcarla y masajearla, mientras él me sacaba las tetas y me desprendía del resto de ropa ante la mirada fija de Manuel. Entonces Berna, con sus manos en mis hombros, me empujó hacia abajo. Comprendí que quería que le chupara el miembro. ¡Si es que podía metérmelo en la boca!. - Chupa, María, chupa - me decía. Era aún más grande viéndola de cerca. Empecé a chupar el capullo con glotonería pero me costó muchísimo meterme unos centímetros más de aquella enorme polla en la boca así que nuestro amigo se sentó en el sofá, yo me senté encima de él y sin mediar palabra, me introduje su miembro dentro del coño no sin antes sentir una presión que casi diría yo que era dolor. Así comencé a follar a Berna mientras Manuel se ponía debajo chupándome el coño y creo que parte de la polla de nuestro nuevo amigo, sin dejar de meneársela. Los tres nos corrimos al mismo tiempo. - ¡Que corrida más genial he tenido! - exclamó mi
marido. El amigo se arrodilló ante mi coño y empezó a succionar, intercambiándolo por mi ano. Incluso metió la lengua y un dedo en mi culo pero di un respingo cuando sentí que metía dos dedos. Manuel había cogido la polla de nuestro compañero y cuando empezó a maneársela parecía gustarle pues no dijo nada e incluso sus chupadas en mi coño y culo aumentaron en rapidez e intensidad. - ¡Chúpala, chúpamela! - le dijo de pronto. Y ahí tienes a mi esposo chupándole la polla a Berna. Cuando la tuvo bien tiesa, me dijo: - Antes me follaste tú pero ahora quiero follarte yo. Me la metió despacio pero con mucha fuerza. De vez en cuando daba acelerones y yo no paraba de correrme. - ¡Para, para ya, cabrón! - le decía - ¡Para que ya no puedo más!. Mi esposo se puso debajo, entre los dos me colocaron encima de él, con su verga en mi coño, mientras Berna se colocaba detrás de mí. Intuyendo lo que iba a pasar quise protestara pero él ya había metido el gordo capullo en mi ano. - ¡No, no... sácala...me haces daño... aaah... soy
virgen por ese lado! - decía yo entre sollozos. Mis suplicas ya no tenían sentido. Mi entrega era total pero el dolor era intenso. Me escocía y parecía que mi ano se iba a partir. Sus sacudidas eran lentas pero precisas. Manuel se estaba corriendo y yo igual. Pasado el dolor mi gusto era terrible. Nada tiene comparación con dos pollas juntas llenándote por completo. Berna no se había corrido y su polla mostraba su mayor poder cuando le dije: - ¡Lléname el culo, cabrón, llénamelo, córrete de una vez!. Así lo hizo. Al sentir su leche quemar mis intestinos pensé que no podía ser. Me venía, me venía otro orgasmo. - ¡Sigue, sigue, no pares ahora, no pares... aprieta fuerte!. Pegué un grito que debió oírse en todo el hotel. Quedé rendida y satisfecha a pesar del dolor de mi ano. Nos quedamos dormidos los tres y cuando despertamos, Berna se había ido, sin un adiós, sin una despedida. |
|||||||||||||||
![]() |