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Somos Mari y Salva, una pareja de Las Palmas que queremos contar una experiencia que vivimos el día en que fuimos a disfrutar de los carnavales. Había un ambiente estupendo, como siempre en estas fiestas, nos pasamos casi toda la noche bailando y bebiendo hasta que nos fuimos a un bar a descansar un poco y comer algo para que el cuerpo siguiese aguantando toda aquella marcha. El bar estaba muy lleno así que, tras pedir permiso a una pareja, nos sentamos con ellos, en su mesa. Con la confianza que daban estas fiestas y la alegría que llevas en el cuerpo, empezamos a hablar con ellos. Se llamaban Paqui y Carlos. Eran de una edad parecida a la nuestra, atractivos y simpáticos. Al cabo de un rato Carlos nos dijo: - Todo esto está muy cargado, os invito a dar una vuelta con nuestro
coche. Yo, además de ser una mujer muy caliente y tener, junto con mi marido, mucha experiencia en el cambio de parejas, también soy bisexual por lo que, al oír que ella me acompañaba, pensé que si le iba el rollo podría ser una noche completa. Pero no fue así. Salimos del lavabo sin que hubiera ocurrido nada. Montamos en su coche y al ser ellos de Barcelona y no conocer nada de Las Palmas, nos dijeron: - Vamos donde ustedes digan y así, de paso, nos enseñan la isla. Después de estar paseando un rato en el coche, hablando de todo un poco y mostrándoles los lugares más bonitos nos dimos cuenta de que Carlos tenía la mano bajo la falda de Paqui y le estaba acariciando los muslos. Al darse cuenta él de que habíamos visto sus movimientos, sonrió y levantó la falda de su mujer para mostrarnos sus espléndidos muslos y la blancura de sus bragas. Así continuó con el magreo de sus carnes prietas hasta que ella se fue acercando a él para que le metiera mano en el coño. Mi marido y yo nos quedamos mirando como ellos se metían mano y acabamos haciendo lo mismo sin dejar de mirar como ellos se sobaban. Carlos, entonces, encendió con la luz interior del coche y miraba por el espejo retrovisor como nosotros nos acariciábamos. A decir verdad con todo esto el hielo estaba suficientemente roto y Carlos debió pensar eso mismo cuando nos dijo: - ¿Qué tal si nos vamos al apartamento?. A Paqui le gustan
las mujeres y me ha comentado lo buena que está Mari. ¿Entendéis
lo que queremos decir?. Con todo aclarado, nos fuimos a su apartamento, nos sirvieron unas copas y pusieron música. Yo bailaba con Carlos y Paqui con mi marido. Los cuatro actuábamos ya con toda libertad. Las manos de Carlos me sobaban a placer todo el cuerpo mientras nos dábamos la lengua, y mi marido y Paqui hacían lo mismo hasta que los dos hombres, tras dejarnos más excitadas que un horno, se sentaron para disfrutar del espectáculo que estaban seguros les íbamos a ofrecer Paqui y yo. Empezamos a bailar las dos mientras, entre besos y caricias, nos íbamos quitando mutuamente, y muy lentamente, la ropa hasta quedarnos completamente desnudas. Los dos hombres no nos quitaba ojo de encima. - ¡Que buen cuerpo tienen las dos! - oí que comentaba Carlos. Seguimos bailando, restregando nuestras duras tetas, nuestros vientres, muslos y los pelos del coño. Con la temperatura en el cuerpo que todos teníamos, ayudada por el alcohol, vi como Carlos y mi marido empezaban a desnudarse, quedándonos así los cuatro en pelotas. Admiré las dos pollas, tiesas, gordas y duras, los cojones apretados y los ojos de calentura que ambos lucían. Entonces Carlos nos dijo: - Tanto mi mujer como yo somos exhibicionistas y nos gusta que nos vean follar. ¿Queréis ser nuestros espectadores?. Por toda respuesta mi esposo y yo nos sentamos en el sofá para ver como ellos se lo montaban. Carlos empezó chupándole las tetas, jugando con la lengua en sus tiesos pezones mientras, con las manos, le acariciaba las nalgas. Su verga golpeaba el aire, endureciéndose cada vez más al mismo tiempo que de su punta manaba un hilo blanquecino, muestra de su excitación. A continuación, él se tumbó en el suelo boca arriba dejando su erecta polla apuntando al techo, ella se arrodilló encima de su cara y le ofreció todo su coño para que se lo comiera. No veas lo excitados que estábamos nosotros dos por todo lo que estábamos viendo y oyendo. Mi marido tenía su mano en mi chorreante coño mientras yo, con la mía, le meneaba lentamente la polla. Al cabo de un rato de estar Carlos comiéndole el coño a su mujer y esta haberse corrido ya una vez ella, sin apartar su coño de la boca de su esposo, se inclinó hasta que sus labios se tragaron la dura verga, acabando así en la posición del 69, pegándose una mamada y una comida de coño sensacional. Salva me metió los dedos en el coñito y notó que ya lo tenía super mojado. Estuvieron un buen rato en esta posición hasta que ella se corrió de nuevo en la boca de su marido y este lanzó toda su leche en la garganta de Paqui la cual se la tragó sin ningún problema. - Ahora os toca a los dos con Paqui - dijo entonces Carlos - mientras yo os grabo con la cámara. Paqui le dijo a Salva que se tumbara en el suelo, como antes había estado Carlos. Ella se puso a cuatro patas y empezó a hacerle una paja primero y luego a hacerle una mamada que no veas mientras yo me tumbé entre sus muslos, boca arriba y le comía el coño. Nos estábamos dando un gusto y un placer enormes. Mientras yo le comía el coño ella gemía sin parar y Carlos, sin perderse detalle, seguía grabando. Luego nos cambiamos de posición. Yo me tumbé en el suelo con las piernas encogidas y separadas, ofreciéndole mi conejito a Paqui para que me lo comiera. Era una imagen tan fuerte, tan sexual la que ofrecíamos a los hombres, ver como Paqui me comía el coño y el gusto que me estaba dando, que la polla de Salva, totalmente erecta, buscaba el culo de Paqui, aprovechando la posición de cuatro patas en la que ella estaba. Cuando el glande encontró el agujero, estaba muy dilatado, ya que al entrarle la polla de mi marido por entero en el culo ella no lanzó ni un quejido, comenzamos un trío de lo más caliente. Ahora éramos las dos las que gemíamos de placer mientras Salva le sacaba y le metía la polla en el culo a Paqui en enculadas salvajes, hasta que, sin poder soportarlo más, se la sacó del culo y se la metió en el coño, la agarró de las caderas lo más fuerte que podía y metía y sacaba la polla hasta que explotó en un orgasmo lanzando toda su leche en el ardiente coño de Paqui. Cuando yo estaba ya a punto de correrme con las lamidas que Paqui me estaba haciendo en el coño, Carlos le dijo a Salva que cogiera él la máquina que ahora quería darle también por el culo a su mujer. Así lo hizo y al poco rato nos corrimos los tres, Carlos, Paqui y yo en un concierto de suspiros y gemidos. No obstante, tras descansar un rato, aún tuvimos fuerzas Paqui y yo para montarnos un caliente bollo ante la mirada encendida de nuestras parejas. Le pedí a Carlos copia de la cinta que había grabado y como ellos se iban al día siguiente para Barcelona, nos despedimos. |
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