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Hace años, mi empresa me propuso trasladarme a Bilbao por una
temporada. Lo cierto es que yo era joven, 30 años, y sin compromiso.
Me ofrecieron ascender a un buen puesto y acepté. Como era uno
de los directivos de la sucursal me concedieron una casa para que no tuviera
que vivir en hoteles. Durante un tiempo mi vida se dedico al trabajo y...
a las mujeres. Lo cierto es que no tenía ningún problema
para conseguir compañía. Las chicas eran amables y yo un
buen partido desde el punto de vista económico. Como tenía que solucionar el problema del servicio lo comenté con mi secretaria y le pedí que encontrase una chica para mi casa. Me habló de una hermana de su criada, una chica de 18 años que vivía con sus padres en una aldea cercana. Les propuso a sus padres traerla a la ciudad y estuvieron de acuerdo. Cuando llegamos a mi casa le indiqué donde estaba su cuarto y le enseñé el resto de la casa. Como no tenía ropa adecuada, le compramos algo en unos almacenes y la vestimos de forma que no desentonase entre el vecindario. Volví a mi rutina diaria, regresando a casa muy tarde. Siempre me la encontraba esperándome. Me preparaba la cena y se acostaba. Un día, al regresar, la encontré con mala cara. - ¿Qué te pasa? - pregunté. Comprendí cual era el problema. En la casa no había compresas
ni nada parecido de forma que llamé ala farmacia para que las trajeran.
Le di una aspirina y se fue a acostar. Así seguimos varios meses.
Ella engordó y se redondearon sus formas. No era alta, pero su
culo se puso grande y sus tetas apuntaron bajo su uniforme. - Me dormí. Bueno, ¿por qué no hacer que me admirase más? Estábamos sentados en su cama y puse mi mano por encima de su hombro. Ella se estremeció pero me dejo hacer. - ¿Por qué tienes fotos mías en tu cuarto? No contestó. Yo comencé a desabrocharle el uniforme de
manera que pude ver sus pechos. Y me quedé maravillado. Eran de
tamaño medio y terminaban en un pezón como una tetina de
biberón, de color muy oscuro. - ¿Por qué tienes mis fotos? No entendí la respuesta y le pedí que me la explicara. - El día que vine aquí, mi madre me dijo que yo debía hacer cuanto usted me pidiera y atenderle cuando viniera a mi cuarto. ¡Atiza! Resultaba que yo era el atrapado. Cuando me recuperé, pensé que si ella esperaba esto, pues que lo tuviera. La puse de pie frente a mí. Acercándola con mis brazos, dejé sus pezones a mi alcance y comencé a chupárselos. Ella tembló y decidí quitarle las bragas y las medias. Así lo hice y se quedó frente a mí, con una buena mata de pelo negro cubriendo su coñito. Mi polla ya no aguantaba más dentro del pantalón. Me desnudé rápidamente. Ella miró mi miembro inflamado y lo tomó con sus manos, comenzando a masajearlo. - ¿Donde aprendiste esto? - pregunté. La tumbé en la cama y apunté mi polla hacia su vagina. - ¿Qué es lo que sabías? - le dije. Cuando me dijo eso, se la metí toda dentro. Dio un pequeño grito pero pronto empezó a moverse a mi ritmo. Eso era joder. Era como una serpiente, se retorcía y hacía unos movimientos con su coñito, como masajeando mi polla. Me corrí dentro de ella como hacía tiempo no lo hacía. Ella había tenido cinco orgasmos desde que la penetré. Descansamos un rato y la llevé a mi habitación. Cuando me recuperé, me senté en una silla y la hice sentarse sobre mis piernas, con su coño abierto, mirando hacia mí. Puse mi polla frente a su entrada y se la metí dentro. Como estaba muy excitado comencé a moverla, entrenado y saliendo de su coño. Se volvió a correr dos veces y yo, no aguantando más, me corrí de nuevo dentro de ella. Pusimos la silla muy sucia con nuestros jugos. Desde ese día, todas las noches ella dormía en mi cama. Me la follaba dos e incluso tres veces, en una noche. Ella era cada vez más experta. Una noche le di por el culo. Al principio no le gustó pero, en noches sucesivas, le fue tomando gusto. Así seguimos un año más, hasta que una tarde, cuando regresé la encontré con su hermana. Era distinta a ella. Regordeta, bajita y morena. No era muy agraciada. Dolores, mi criada, me explicó que, desde hacía tiempo, su hermana sabía de lo nuestro. - ¿Y qué es lo quiere?- pregunté. Me quedé de piedra. - ¿Quieres que me la folle? Su hermana dio un respingo, pero Dolores dijo escuetamente: - Sí. Me fije en su hermana, Lupe, no me pareció muy atractiva. - De acuerdo, pero hará cuanto yo le pida, donde le pida y cuando le pida. Aceptó y me acerqué a ella. Llevaba un vestido rojo y cuando me acerqué, metí mis manos bajo su falda y se la subí hasta la cintura, dejando sus bragas al aire. La chica hizo un pequeño intento de retroceder, pero yo la tomé de la cabeza y le obligué a acercarse. - ¿De modo que quieres ser mi puta? - dije. Me abrí el pantalón y sacándome la polla, le dije: - ¡Chúpamela! No reaccionó rápido y le obligué a meterse mi polla en su boca. De esta forma la fui acercando a la mesa de la cocina. Cuando su culo dio contra ella, casi se atraganta, pues no le avisé. Mientras seguía chupando, le desabroché el vestido y se lo bajé. Tenía dos grandes tetas, mucho más colgantes que las de su hermana a la que, por cierto, había mandado al salón. Le cogí una de ella y tiré hacia mí. Se quedó en una postura extraña, seguía con mi polla en su boca y yo tiraba de su teta. Le saqué la polla de la boca y me metí su pezón en la mía. Siempre me ha gustado ser tierno con los pezones de las mujeres y no iba a ser menos con esta. Se lo chupé observando como le gustaba. - ¿Te gusta, puta? Dijo que sí. Le quité las bragas y la apoyé sobre la mesa, con su culo al aire. Era un buen culo. Separé sus nalgas y vi el ano oscuro. Tomé un poco de aceite de cocinar y le unté el ojete. Apunté mi polla en la entrada y la penetré. Sentí como se resistía. Su espalda se lleno de sudor y soltó un leve gritito de dolor. - ¡Aguanta, pequeña zorra, que luego te gustará! - le dije. Acaricié el clítoris y se corrió antes que yo, que
le dejé el culo lleno de semen. Me di cuenta que había encontrado
el contrapunto a Dolores. Esta era resignada, se consideraba fea y me
dejaría hacerle lo que quisiera. Dolores me preguntó si
me había gustado. Sí, cuando me la folle será una
putilla fabulosa. Quede claro que no pensaba hacerme proxeneta, era un
forma de hablar. Cuando nos fuimos a la cama, me acosté con Dolores
y su hermana ocupó su antigua habitación. - Te voy a joder como te mereces - dije. Dicho y hecho. Se la metí hasta el fondo. Dio un grito y se quedó quieta. Pronto demostró que lo de apretar la polla con el coño era cosa de familia. Me lo hizo como su hermana, pero no esperé a que se corriera, me corrí yo y se la saqué. - Si quieres más me lo pides. Ese día me siguió como una perra en celo. Me pedía
cada dos por tres que se lo hiciera. Me dio pena y la metí en el
coche. Cuando estuvo allí, separé sus piernas y se la metí
toda de golpe. Le di tiempo para que tuviera un orgasmo. Se corrió
entre gritos, yo terminé después. Imaginaos que tenía
a dos hembras en celo a mi disposición. Con Dolores era atento
y con su hermana no. Le decía una y otra vez que era mi puta privada
y ella se ponía cachonda al oírme. |
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