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Insisto en que soy lo que los tíos mayores llaman una niñata "bollycao". Mido 1'78, peso 56kg y poseo unas medidas superespectaculares: 89-60-93. Mis ojos son verdes y mi cabello negro, que luzco con un "look" afro, de lo más guay a base de pequeñas trencillas adornadas en las puntas con bolitas de colores. Soy la típica pija pedorra, perversa y muy creída a la que le encanta presumir de modelo a todas horas. Voy siempre de superguapa y soy una borde total con la cantidad de moscones pobretones, sobre todo de mi edad, que intentan ligar conmigo. A mí me mola el lujo y la ostentación, por eso solo tonteo y salgo con tíos de mucha pela, que sean capaces de satisfacer mis caros caprichos. De siempre me han gustado mogollón los tíos supermayores y los viejos, cuanto más "verdes" y guarros sean, mejor. Sobre todo me ponen un montón los pulpos babosos. Esos cabrones que siempre te llevan enganchada de la cintura, sobándote a la menor ocasión y que no dejan de comerte la boca y de babearte el cuello y las orejas. Cuando me acosan así delante de la basca, disfruto, riendo y burlándome de los mirones, sacándoles la lengua y dejándoles muy claro que nunca en su puñetera vida, van a tener siquiera la suerte de tocarme. Alex tiene 57 años y además de ser mi tío, primo de mi padre, es mi novio. Es un playboy de lo más atractivo, bastante chulo y cabrón, pero estoy supercolada por él, tanto que me he tatuado su nombre encima del culo. Es un macho muy seguro de sí y sabe muy bien como tratara las nenas como yo dándoles, a la vez, la protección y la caña que necesitan. Alex tiene cantidad de pasta y no para de hacerme regalos, destacando entre los demás, una sortija de brillantes, un abrigo de visón y... ¡un Porche rojo el mes pasado! Y es que, según él, nada es suficiente para un bombón de niña como yo. A Alex se lo debo todo ya que fue el que me ayudó a salir de casa de mis padres nada más cumplir los 18 años y el que me consiguió trabajo de modelo gracias a sus contactos. Desde entonces, vivo con él en un lujoso chalet de Las Rozas y se ha convertido, además, en mi manager. Yo trabajo para una agencia de azafatas y modelos de Madrid cuyo director, Esteban, de 61 años, es íntimo amigo de Alex. Al contrario de muchas de mis compañeras, no le hago ascos a nada y estoy siempre dispuesta a hacer todo tipo de "extras" aparte de las sesiones y de los pases habituales. A mí me encanta el sexo y el dinero, cosa fácil de conseguir si se olvida una, como hago yo, de estúpidos escrúpulos. Hace cosa de un mes, Alex habló con Esteban y me consiguió un pase de lencería y trajes de baño en un centro comercial de Madrid capital. Me dijo que dos italianos, amigos de Esteban, estaban buscando modelos para una fiesta privada que organizaban y que yo estaba entre un grupito de chicas en el que se habían fijado. Por lo visto Esteban les había enseñado mi "book" y les había gustado, así que Alex me dijo que flirteara con ellos durante el desfile con mis habituales sonrisitas y gestos provocativos. Me di cera por las piernas la noche antes y Alex me afeitó el coño para evitar que esos antiestéticos pelitos pudiesen aparecer por fuera de los tangas y las braguitas. Me tumbé boca arriba y me abrí bien de piernas. Mi novio me pasó los dedos por la raja y me dijo: - ¡Que pegajoso lo tienes, guarra! ¿Estás cachonda, verdad? No te preocupes, niña, que cuando termine con esto, te voy a hacer una paja como a ti te gusta, hasta que te corras como una cerda. Cogió el bote de espuma y me untó una buena cantidad sobre los pelos del coño. A continuación pasó la maquinilla con mucho cuidado rasurando todo, excepto un pequeño triangulito encima de la raja. De mi coño rezumaron varias perlitas blancuzcas, fruto de mi excitación. Alex las recogió con el dedo y se las llevó a la boca, me abrió el capuchón y comenzó a darme golpes muy fuertes en la pipa con la palma de la mano. Esto es algo que me vuelve loca y no paré de chillar hasta que me vino el gusto sufriendo varios espasmos y perdiendo la conciencia durante unos segundos. El sábado a la una, todo estaba dispuesto para comenzar el pase. La pasarela la montaron en la primera planta, junto a la tienda de la firma que patrocinaba el desfile. El aforo estaba a tope y antes de comenzar, vi a los dos italianos sentados en primera fila, junto a Alex y Esteban. El más gordo y asqueroso, según supe después, se llamaba Giovanni y tenía 68 años. El otro, Marco, tenía 65. Con el ritmo machacón de la música techno comenzó el pase. Hicimos el pase descalzas, primero con la moda baño y después con la lencería. Hice ocho salidas a pasarela con distintos modelitos a cual más sexy y me dediqué a tontear con los italianos con mis acostumbrados gestos y burlas. Cuando salí con las braguitas caladas y un top blanco de encaje transparente, los dos viejos comentaron algo entre ellos así que les sonreí sacándoles la lengua. La verdad es que no me quitaron ojo de encima durante todo el desfile, sobre todo el cerdo de Giovanni que no dejó de mirar ni un instante mis pies, que llevo adornados con un anillito en cada uno de los dedos. Nada más terminar el desfile, Esteban se pasó por el camerino. Estuvo hablando con varias chicas y al final nos hizo una seña a mi amiga y paisana Patricia y a mí. Patricia es una tinerfeña de 21 añitos y las dos somos de las pocas modelos de la agencia que hacemos servicios de "compañía". Esteban nos dijo que habíamos impresionado a los dos ricachones italianos y que querían que saliésemos con ellos de copas por Madrid. Tanto él como Alex nos acompañarían y nos indicó claramente que fuéramos vestidas de lo más sexis y provocativas. Quedamos citados a las nueve de la noche en un pub de la calle Serrano, en el elitista barrio de Salamanca. Alex y Esteban se llevaron a almorzar a nuestros dos "partenaires" mientras que nosotras nos fuimos a mi chalet a arreglarnos para la noche loca que nos esperaba. Comimos, como siempre, una simple ensalada con un refresco light, para mantener el tipazo, nos dimos juntas un baño de sales y envueltas en sendas toallas, nos dirigimos al dormitorio a vestirnos. Como las dos usamos la misma talla, no tenemos ningún problema. Decidimos salir muy marconas, para lo cual no nos pusimos bragas. Patricia, con un minivestido de licra azul superajustado y yo con unas mallas y un top blanco que me permitía lucir el piercing del ombligo. Las mallas que me puse eran superceñidas y de las llamadas de "cintura baja", ya que llegan justo a las caderas y me dejaban el comienzo de la raja del culo al aire. Patricia llevaba unas sandalias de plataforma y yo me calcé un modelo muy parecido pero con la suela y el empeine todo transparente para que el cerdo de Giovanni me viese los pies perfectamente. Nos maquillamos superagresivas, con los ojos carbonizados de tanto rimel y sombra negra, y los labios de color fresa brillante. Subimos al Porsche y me quité las plataformas, ya que me gusta conducir descalza. Me encanta correr, así que salí pisando a fondo y derrapando ruedas. Dejamos el deportivo en un parking subterráneo y los dos chicos que estaba vigilando se quedaron con la boca abierta cuando vieron bajarse a dos bombones como nosotras. En la puerta del pub nos esperaban nuestros cuatro acompañantes. Los italianos, muy sonrientes, contemplaron como nos acercábamos. Marco se fue a por Patricia y Giovanni a por mí, dejándonos besar las dos. Sin duda, aquel cabrón sabía muy bien lo que se hacía y como comerle la boca a una tía. Allí mismo, en plena acera y delante de mi novio, el muy cerdo me metió la lengua hasta casi la garganta, repasándome todo el paladar, las encías y cambiándonos la saliva de boca a boca. Los dos hablaban muy bien el español y Giovanni me susurró al oído: - ¡Grandísima cerda, me gusta mucho tu deliciosa boca y tu dulce saliva! A continuación me hizo girar sobre mí misma, para admirarme bien por delante y por detrás. El resto de machos se rieron, entrando todos en el pub. Había bastante peña y nos fuimos a uno de los reservados más oscuros, que estaba libre en un rincón. Carlos, el camarero, se acercó a atendernos. Es un chico veinteañero que nos conoce a Patricia y a mí, ya que somos clientes asiduas del local. Yo sé que le gusto cantidad y como soy muy mala, ni siquiera le saludé pasando de él. Para humillarle aún más no le hice ningún caso y dejé que Giovanni me sentase en su regazo y me enganchase por la cintura para que se diese cuenta de la clase de machos que me iban: maduros, con pelas, muy chulos y viciosos. Los tíos pidieron whiski y Patri y yo tequila, marchándose el camarero cabizbajo. Durante la hora que pasamos en el pub, Giovanni y yo estuvimos superacaramelados y me demostró que era un cerdo total. No paramos de morrearnos ni un momento y me lo pasé guay con las guarradas que se le ocurrieron, a cual más fuerte. Él bebió el whiski de mi boca y yo el tequila de la suya. Primero yo le daba un trago al whiski, lo mantenía en mi boca y besándole, se lo pasaba todo, incluyendo un gran cantidad de saliva. Luego Giovanni hacía lo mismo con el tequila. De esta forma nos tomamos cuatro copas cada uno. Entre trago y trago, Giovanni sacaba su gorda y carnosa lengua y yo se la chupaba como si fuese una pequeña polla, con mucha ansia. El viejo me puso cachonda como una perra a base de chupetones en el cuello y apartándome las trencitas, se dedicaba a babearme las orejas, que llevo perforadas por cinco pequeños pendientes en cada una. Al estar sentada encima de Giovanni, noté como tenía el pollón, totalmente duro. Se lo palpé por encima del pantalón y pude comprobar que gastaba un buen tamaño. Giovanni me dijo al oído que quería que se lo chupara, porque iba a reventar, así que nos levantamos y nos dirigimos a los lavabos de los tíos. Entramos en uno de los reservados, bajé la tapa y me senté encima del retrete. Giovanni se la sacó rápido de la bragueta y pude ver que tendría unos 20cm. Me cogió de las trencitas y me la metió hasta la garganta, golpeándome los huevos en la barbilla y follándome la boca con fuerza. Con aquel ritmo tan rápido, aguantó un par de minutos y resoplando como un toro, se vació en mi boca. Soltó tal cantidad de semen que tuve que tragar rápido para no ahogarme. Tenía un sabor amargo y bastante salado pero no dejé ni una gota, ya que me encanta tragar semen. Al volver al reservado, abrí la boca y saqué la lengua para que Alex viese los restos de semen pastoso que me quedaban y supiese lo que había hecho. Giovanni, atento a nuestro rollo, me cogió del pelo y me besó, metiéndome la lengua sin importarle el sabor de su propio semen. Aquello me moló cantidad. Al momento volvieron Patri y Marco de los servicios. Me imagino que de hacer lo mismo que nosotros. Patricia y yo somos unas adictas al petardeo de nivel, así que decidimos seguir la fiesta en las terrazas de la castellana, una de las zonas más guays de Madrid en verano, por su ambiente superpijo. Salimos los seis a la calle y nos fuimos andando, ya que estábamos a un par de calles. Yo iba dando tumbos y riéndome como una loca del puntazo que llevaba por lo que Giovanni me agarró de la cintura. Para evitar caerme, me quité las plataformas y las llevé en la mano. La gente con la que nos cruzábamos, alucinaba al verme descalza y con la clase de pedo que llevaba. El guarro de Giovanni me tenía en la gloria ya que me llevó todo el camino chupeteándome el cuello y metiéndome los dedos en la raja del culo, por debajo de la malla, incluso con gente alrededor. Estuvimos en tres terrazas superanimadas y en las que abundaban los clásicos "Rodríguez" en plan buitreo. La mayoría de los casados se pirran por las niñatas pijas y aprovechan el mes de verano, que se quedan solos, para irse de caza. Con nosotras no se atrevieron a entrarnos, ya que íbamos muy bien acompañadas y se limitaron a mirarnos con cara de estúpidos. Yo me dediqué a burlarme y reírme de ellos mientras me dejaba sobar por Giovanni. No recuerdo cuantas botellas de champán nos bebimos pero lo que sí sé es que Marcos y Giovanni se gastaron cien mil pelas en total. Terminé con un "ciego" bestial y sin acordarme de nada. Según me contó Alex después, Giovanni me sacó de una de las terrazas descalza y cogida de la cintura para que no cayese al suelo, mientras que él recogía mis plataformas, mi móvil y el paquete de tabaco. A mitad de camino, di un par de arcadas y de rodillas, vomité toda la pota en la acera, a la entrada del portal de un edificio, ante las risas de todos. Después de largar, me sentí un poco mejor. Alex y Esteban se habían marchado y como Patricia y yo no podíamos conducir, Giovanni y Marco decidieron llevarnos, en su coche, a su hotel para terminar la fiesta. En el parking subterráneo, no pude aguantarme más y bajándome las mallas, me meé descalza entre dos coches, agachada en cuclillas, mojándome todos los pies de pis. Giovanni, que no había dejado de mirar como lo hacía, se agachó junto a mi y pasó los dedos por mi empapado coño lamiendo después todo el pis que quedaba. Con una gran maestría, me frotó con rapidez la pipa llevándome, al momento, a un orgasmo superfuerte que me hizo poner los ojos en blanco. Llegamos, sobre las cinco de la mañana, al hotel de lujo en el que se hospedaban. Los dos pidieron las llaves y los empleados de recepción les sonrieron con complicidad. Yo noté como me miraron de arriba a abajo y con el pedo que llevaba, me atreví a bajar un poco la malla por detrás, enseñándoles toda la raja del culo. Las habitaciones eran contiguas y yo me metí en una con Giovanni. Para no alargarme en demasía, diré que, tal y como sospechaba, el viejo era un guarro pervertido. Yo, por supuesto, le complací en todos sus deseos y caprichos, dejándome lamer las plantas de los pies, todas sucias de andar descalza por la calle. Me hizo sentar en su cara y tirarme varios pedos aunque lo más fuerte fue cuando me llevó a la bañera y me hizo mear encima de su cuerpo. La verdad es que disfruté mucho con aquella guarrada, llegando a correrme de puro morbo. Después de ducharnos juntos, me pegó un polvazo bestial, demostrando que, además de un cerdo, era un macho semental. Al final se corrió en mi boca de nuevo y me tragué toda su espesa leche. |
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