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Soy Almudena, la tía de Javi, de Sevilla. Escribo de nuevo para relatar como se inició Javi de puto hace cosa de tres meses. Como ya he contado en anteriores experiencias, estoy casada, tengo 44 años y soy una guarra viciosa de lo más exhibicionista. A Javi y a sus amigos, les encantan las furcias cuarentonas y cincuentonas, en particular casadas, como yo. Por eso, cuando descubrió por casualidad la clase de hembra que yo era no solo no se disgustó sino que está encantado de tener una tía tan puerca y putarrona. Desde entonces hemos iniciado una morbosa relación de complicidad en todo lo tocante al sexo que nos lleva, incluso, a salir juntos en pandilla con sus amigos para divertirnos los fines de semana cuando el cabrón de mi marido está ausente. Un día, a principios de abril, estábamos Javi y yo solos
en casa por la noche viendo un programa sobre prostitución masculina
que daban por televisión. En él hablaban de que la demanda
de estos servicios era muy grande y que la mayor parte de las clientes
eran casadas de más de 40 años y con un nivel económico
bastante alto. Yo le comenté a Javi que con el pedazo de verga
y el aguante que tiene durante las montas, podía probar suerte
como puto o gigoló. Además de pasárselo de maravilla,
podía ganar bastante dinero y dejar de repartir pizzas con la moto.
Como a él, que es un chulo y un cara, le pareció fenomenal,
le dije que no se preocupara y que lo dejara todo de mi cuenta. El número de teléfono que incluí era el del móvil de mi sobrino para que mi marido no se enterase de nada. El anuncio salió publicado a los dos días y nada más llegar de clase, se lo enseñé a Javi. Leyó divertido todo lo que puse sobre él y me dijo que le había encantado el texto. A partir de aquel momento solo había que esperar las llamadas de las posibles clientes. Aquel mismo día por la tarde, había una reunión el instituto, para hablar sobre el viaje de fin de curso de los alumnos. Javi me pidió que le acompañara y como sabe que me pone cantidad dar la nota en público, me dijo que fuese bastante fuertecita, con una mini bien corta y sin bragas. Como siempre, me cambié en el garaje del edificio, situado en el sótano, para que ningún vecino pudiera verme vestida de putón. Salí de casa con un discreto traje de chaqueta color crema y bajamos Javi y yo en el ascensor, junto con un vecino. Esperamos a que saliese con su coche y a que se quedara el garaje desierto. Mientras que mi sobrino vigilaba por si aparecía alguien, yo me cambié con rapidez, agachada entre la puerta del coche y la pared. Me quité la falda, que me llegaba por las rodillas y me puse una mini de licra elástica de color blanco muy cortita y ceñida. No llevaba pantis ni medias, solo me calcé unas sandalias de tacón muy alto y subí al coche, delante. Me pinté muy exagerada con el espejo retrovisor y Javi, nada más sentarse al volante, me dijo: - ¡Así de corta, como no te tapes con las manos se te va a ver todo el coño al sentarte! ¿Por qué no vas a saco y te quitas también la blusa? Sonreí con malicia y aprovechando que no había nadie, me quité la chaqueta. Aquello era puro morbo y la excitación que me producía el estar haciendo algo prohibido era brutal. Me quité la blusa y me volví a poner la chaqueta a pelo, sin nada debajo. La sensación de llevar las tetas sueltas es increíble y más cuando Javi me dijo que no me abotonase la chaqueta en el coche para poder exhibirme como una guarra por toda la autopista. Al salir del garaje, me cerré con las manos la chaqueta pero nada más dejar la urbanización y entrar en la autopista, me la abrí bien y puse los pies descalzos en el salpicadero. Durante el trayecto, Javi adelantó muy lentamente a un par de camiones y a un autocar, quedándose unos segundos en paralelo para que pudieran verme bien. Nada más llegar al instituto, me puse las sandalias y me abroché los tres botones de la chaqueta. Me quedaba un escotazo tremendo y Javi me comentó que así, de lado, se me veían las tetas. El salón de actos estaba bastante concurrido y tanto los alumnos como los padres con los que me cruzaba, se me quedaban mirando descaradamente. Nos encontramos con Fran, uno de los amigos de Javi, de su misma edad y que me folla habitualmente. Javi le dijo que nos esperara a la salida, junto al coche. El chico me susurró al oído que estaba tremenda con la mini y que me preparara porque tenía los huevos a reventar del semen acumulado durante varios días. Javi me dejó el asiento junto al pasillo y me dijo que no cruzase las piernas para que la gente que pasase disfrutara de la visión de mi higo peludo. Un par de chicos, que se sentaban unas filas más adelante, al otro lado del pasillo, debieron darse cuenta de que iba sin bragas ya que no dejaron de volverse mirándome la entrepierna, a cada momento. Nada más terminar la reunión, Javi se acercó al estrado cambiando unas palabras con una de sus profesoras. Después supe que era casada, se llamaba Pilar y tenía 48 años. Se acercaron los dos y en un rincón de la sala, Javi me presentó diciendo: - ¡Mira Pilar, esta es Almu, la guarra de mi tía, estoy seguro de que las dos os vais a llevar fenomenal! Me quedé muy sorprendida y a la vez muy excitada por la forma en la que me había presentado pero muy pronto entendí el porque. Nos dirigimos los tres al despacho de tutoría, situado en el piso de arriba. A aquellas horas no había nadie por aquella zona y nada más entrar, Javi cerró el pestillo por dentro y le pegó a Pili un morreo con lengua bestial, ordenándole que se subiera la falda, que le llegaba por debajo de las rodillas. Ella le obedeció sin rechistar y entonces lo comprendí todo. Pilar era otra de las yeguas del picadero de Javi. La muy puerca tampoco llevaba bragas y además le asomaba un pequeño cordoncito blanco por el coño. Javi tiró de él y salieron unas bolas chinas plateadas, cubiertas de jugos. ¡Estaba claro que la profesora de mi sobrino era una guarra como yo! Javi me dijo que le iba a echar un polvo rápido allí mismo y que estuviese atenta a la puerta por si llegaba alguien. De un manotazo tiró al suelo todos los papeles que había en la mesa, tumbó boca arriba a Pilar, le remangó la falda hasta la cintura y le quitó los zapatos. Javi se sacó la verga, toda empalmada y babeante, por la bragueta de los vaqueros, se escupió en la palma de la mano y se la machacó con fuerza varias veces. A continuación, de un golpe seco, se la clavó en el coño hasta los cojones, iniciando un bombeo durísimo y muy rápido. A cada embolada se oía un chasquido al golpear los cojones en las cachas del culo, acompañado de los gritos y jadeos de Pilar. La visión de la escena era de lo más morboso y me mojé entera. Javi la estuvo montando así de fuerte casi durante diez minutos durante los cuales, la muy puerca, se corrió al menos un par de veces. Al final Javi gritó que se iba y se vació completamente dentro de aquel coño. Chuleando como todo un macho, le metió el pollón en la boca para que se lo limpiara antes de guardárselo en la bragueta. Antes de irnos, le metió de nuevo las bolas chinas en el coño, rezumándole por los muslos parte del semen que le había echado. Javi y yo salimos del instituto en busca del coche. Por el camino, le felicité por el polvazo que le había echado y él me comentó que Pilar era una grandísima putarrona. Por lo visto, llevaba follándosela seis meses y no solo se la había tirado en el coche al acabar las clases, sino que varias veces la había montado en su propia casa y en la cama de matrimonio, aprovechando las ausencias del cornudo de su marido. Fran nos esperaba apoyado en el coche, fumándose un cigarrillo. Javi se puso al volante y Fran y yo subimos detrás diciéndole Fran a Javi: - ¿Qué tío, ya has descargado los cojones de cuajada con Pilar, verdad...? ¡Pues ahora me toca a mi con esta guarra, estoy que reviento, tío! Como seguro que mi marido ya había vuelto a casa de su último viaje de negocios, no podíamos ir allí a joder, así que Javi nos dijo que nos iba a llevar a un sitio que conocía, donde podíamos hacerlo tranquilos en el coche. Por el camino, Fran y yo, nos estuvimos besando y yo le hice una paja y se la chupé para ponérsela bien dura. Javi nos llevó hasta un polígono industrial de las afueras de Sevilla y aparcó junto a una nave. Cuando Javi nos señaló un par de coches aparcados al final de la calle que estaban allí para lo mismo que nosotros, solo se oía el ladrido de varios perros. Mi sobrino salió del coche y le dijo a Fran: - ¡Venga tío, fóllatela duro y sin parar, a base de bombazos, demuéstrame lo macho que eres! Fran se picó. Me levantó la mini y me hizo una señal para que me subiese encima. Me descalcé y me senté a horcajadas, de cara a él, clavándomela hasta los cojones. Me agarró de la grupa y comenzó a subirme y a dejarme caer con fuerza. No varió el ritmo durante toda la follada y tuve que agachar la cabeza para no golpearme con el techo de los bombazos que me daba. Aguantó casi diez minutos durante los cuales chorreé de gusto un par de veces. Cuando estaba a punto de venirse, lo descabalgué y se la chupé pajeándole con fuerza, reventando en mi boca y llenándomela de cuajada muy espesa y caliente. Javi entró en el coche y chocó las manos con Fran, diciéndole: - ¡Bien, tío, vamos a ver cuanto has soltado de cuatro días sin correrte! Yo junté las manos en forma de cuenco y escupí todo lo que guardaba en la boca, exclamando: -¡Es todo un macho, Javi, me ha llenado la boca e incluso he tenido que tragar un poco para no ahogarme! Mientras que los dos bromeaban y se reían, yo me volví a tragar todo el semen que tenía en las manos, sin dejar ni una sola gota. Dos días más tarde, a eso de la una del mediodía, sonó el móvil de Javi. Mi sobrino estaba recién levantado y acababa de meterse en la ducha, así que contesté yo. Era una mujer que preguntaba por Javier y llamaba por el anuncio. Por la voz, la noté tímida y un poco cortada. Yo le dije que era su tía y que ahora él no podía ponerse. Al notarla sorprendida y con muchas dudas, le dije que no solo conocía lo del anuncio sino que yo misma le había animado a hacerlo. Poco a poco cogimos confianza y le comenté un poco sobre las cualidades de Javi. Le dije que era todo un macho semental, con un pollón parecido a un vaso de tubo, de 24cm y 17 de circunferencia, y unos huevos de toro. Además le hablé del aguante que tiene y de que es capaz de estar montándose a una hembra más de una hora sin parar. Al final conseguí concertar una cita, pero eso y lo que ocurrió después, es mejor que lo cuente mi sobrino. Hola, Soy Javi y voy a relatar la primera experiencia que tuve de puto. Como bien ha contado Almu, mientras yo estaba en la ducha habló con una cliente y la citó a las siete de la tarde en una conocida cafetería del centro de Sevilla. Su nombre era MªJosé e iría vestida con una chaqueta turquesa. A la hora en punto me presenté en el lugar indicado y la vi en una mesa, al fondo del local. Era una mujer muy guapa, de unos 45 años y de una posición social alta, a juzgar por su forma de vestir, tan elegante, y la cantidad de joyas que llevaba. Nos saludamos discretamente con un apretón de manos y me fijé en su anillo de casada. Nos tuteamos de entrada y al momento, me di cuenta de que le gustaba. Rápidamente hablamos de lo que nos interesaba, o sea, del sexo. Me contó que su marido era un vejestorio impotente y que lo que necesitaba era un joven macho semental que la hiciera correrse varias veces. Le dije que yo era el macho que buscaba y le hablé sobre las clases de servicios que ofrecía y sus precios. Una vez de acuerdo, salimos de la cafetería y nos dirigimos al coche de MªJosé. Nada más subir, le comí la boca con mi chulería habitual y viendo que se dejaba hacer, le metí la mano en la entrepierna tocándole el coño por encima de las bragas, que tenía todas empapadas. Le indiqué la dirección de un hotel al que suelo ir habitualmente cuando tengo plan con alguna guarra. El recepcionista, un chico veinteañero que ya me conoce, me guiñó un ojo cuando me dio la llave. En el ascensor le pregunté a MªJosé si le gustaba que fuese un poco cabrón y violento con ella cuando me la follase y con un gesto de timidez, me contestó que sí. En la habitación nos desnudamos rápido. Me la chupó un rato para ponérmela bien dura y me coloqué el condón. Le comí con ganas el coño, negro y peludo, llevándola al primer orgasmo y tragándome todos los jugos que soltó. A continuación, se la metí hasta la cruceta de los cojones iniciando un bombeo continuo. Mientras la montaba me dediqué a insultarla, tirarle de los pelos y escupirle en la boca y en la cara. Con mi aguante, me la follé durante casi una hora y según me dijo ella, conseguí que se corriese cinco veces, mojando todas las sábanas. Cuando le avisé que me iba a venir me dijo que se lo echara todo en la cara y así lo hice, llenándole también todos los pelos y salpicando incluso el cabecero de la cama. El morbo que sentí cuando abrió el bolso y me pagó, fue algo increíble. Aquella fue mi primera cliente. Ahora, tres meses después, tengo tres, más o menos fijas, entre ellas MªJosé, y gano cantidad de pelas, tanto que este último mes he ganado diez veces más que lo que sacaba repartiendo pizzas. |
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