Sentía cierta envidia de su hija por tener un novio tan atractivo y tan ardiente. Entre las dos, madre e hija, existía un gran entendimiento y la segunda le contaba todo lo que hacía con el novio, sin olvidar detalle, por íntimo que fuera. Un fin de semana en el que la hija tuvo que ausentarse, dejó bien claro al novio que se cuidara de su madre como se cuidaba de ella. El chico hizo lo que le pedían y la señora recuperó, sin esperárselo, todo el tiempo perdido.

Escribo para contar una experiencia que acabo de vivir y que, a pesar de que para mucha gente sea algo incorrecta, no me gustaría que dejara de repetirse. Tengo 46 años, me llamo Antonia y soy viuda desde hace ocho años. Físicamente, sin ser nada del otro mundo, me conservo bastante bien. Estatura media, regordeta como muchas mujeres de mi edad, mucho culo pero tetas muy pequeñas por lo que se me conservan muy tiesas. Tengo una hija, Toni, de 23 años que vive conmigo. Se me parece mucho pues es de mi misma estatura, también regordeta, buen culo pero, al contrario que yo, posee unas muy buenas tetas, gordas y muy redondas. Con mi hija siempre nos hemos llevado muy bien, nos lo contamos todo e incluso hablamos corrientemente de sexo. Las dos somos muy calientes. Me cuenta sus experiencias con chicos e incluso, al no poder convencerme para que me busque un amante, me ha prestado sus consoladores para que me tranquilice sola por las noches.

La cuestión es que hace dos meses que Toni se ha echado novio. Beto tiene 27 años y es un chaval, estupendo en todos los sentidos. Alto, atractivo, simpático y que al estar por casa en pelotas, como siempre lo hemos estado nosotras dos, he podido verle a placer la hermosa verga que le cuelga entre las piernas. A mí me daba cierta vergüenza estar desnuda ante él pero a instancias de mi hija acabé por hacerlo y ahora me alegro de ello ya que, después de haber contemplado la hermosa desnudez de Beto, mis peladas nocturnas eran mucho más intensas y agradables al tener algo en que pensar. Beto venía todas las tardes a casa y normalmente cenaba con nosotras. Luego se metía en la cama con mi hija y follaban como locos. Por lo general nunca cerraban la puerta y yo podía ver como gozaban. No era extraño que, medio a escondidas, llevara mi mano al coño y me masturbara contemplándolos. Los fines de semana también los pasaba con nosotras. Mi hija trabaja como secretaria de dirección en una empresa de Barcelona. Su jefe viaja mucho pero raramente ella lo acompaña pero hace quince días nos comunicó a Beto y a mí que tenía que acompañar a su jefe a Francia y estarían allí todo el próximo fin de semana.

- Espero que tú te lo pases haciendo compañía a mi madre - le dijo a su novio - Quiero que te portes con ella como te portas conmigo, ¿entiendes, verdad?.

Beto, sonriendo, le dijo que sí, que lo entendía y que no pasara cuidado que yo quedaría bien satisfecha. Entendí esta conversación como que Beto estaría amable y cariñoso como siempre pero no cogí el doble sentido que ellos le daba a sus palabras. Llegó el fin de semana. El viernes por la tarde mi hija se despidió de mí y de su novio y se marchó. Era la primera vez que me quedaba sola con Beto. Cuando se quedó a pelo, como tenía por costumbre, dudé en imitarle. No era lo mismo que estando mi hija con nosotros. Cuando al final, para no parecer una tonta, lo hice, me sentí más desnuda que nunca. Mientras Beto se servía una copa, yo me metí en la cocina para preparar la cena. Al acabarla le grité a Beto que pusiera el mantel y los cubiertos y al contestarme él que ya estaba todo puesto, coloqué los platos en una bandeja y sosteniéndola con las dos manos me fui al comedor. Nada más llegar a él, Beto se colocó a mi espalda y cogiéndome con ambas manos por la cintura, empezó a besarme el cuello y los hombros al mismo tiempo que notaba su gorda y dura polla apretarse contra mi gordo culazo.

- ¡Que haces! - exclamé - ¡Me vas a tirar la bandeja!.

No me hizo caso y siguió besándome, ahora cogiéndome las tetas mientras refregaba su pollón contra mi culo. Si me había calentado y masturbado infinidad de veces pensando en él, en su cuerpo y en su polla, ahora que los sentía todo apretado contra mí no puedo negar que me gustaba y me excitaba. Con gusto me hubiera abandonado a sus caricias pero era el novio de mi hija y Toni merecía un respeto.

- ¿Suéltame! - volví a decirle - ¿Qué diría Toni si supiera lo que haces?.
- Es ella la que quiere que lo hagamos - contestó ante mi sorpresa - ¿No te acuerdas que, estando tú delante, dijo muy claramente quiero que te portes con ella como te portas conmigo?.
- No quería decir esto... - dije algo confusa.
- Claro que quería decir esto, muchas veces hemos hablado de ello, sabe lo que necesitas una polla, te quiere mucho y desea que seas feliz y.. ¿quien mejor que yo para lograrlo?. Todo quedará en casa y nadie se enterará - añadió sin dejar de besarme, magrearme los pechos y pasar su polla, cada vez más dura por mis nalgas.

Cuando acabó de hablar, me cogió la bandeja, la colocó encima de la mesa con cuidado y me dio la vuelta. Abrazándome por la cintura pegó mis tetas a su pecho, su polla a mi vientre y uniendo sus labios a los míos me dio un morreo con lengua que casi me quita el sentido. No sabía si entender las palabras de mi hija como él las interpretaba pero yo ya estaba muy excitada. Mi coño rezumaba líquidos y me ardía toda la piel. La boca de Beto estaba ahora en mis pechines, lamiéndolos y chupando los pezones ya duros como piedrecitas. Con una mano me acariciaba el culo y la otra la pasaba por mi chocho. Me sentía vencida y sólo deseaba que me follara. Beto debió entenderlo así pues me llevó hacia el sofá, me tendió en él y abriéndome las piernas, se colocó entre ellas apuntando su hermosa verga a la raja chorreante de mi almeja. Grité de alegría cuando aquel palo de carne dura comenzó a penetrarme. Después de tantos años me sentía como una virgen a la que van a abrir por primera vez. Consciente de ello, Beto fue entrando lentamente, retrocediendo un poco y apretando otra vez.

Un leve dolor se mezclaba con un tremendo placer. Mis suspiros eran cada vez más fuertes y antes de que la cabeza del pene llegara a tocar lo más profundo de mi coño, me corrí agitando mi cuerpo como si me diera un ataque.

- ¡Oh, Beto, te quiero... que feliz me haces... dame más, sigue, empuja, jódeme... que gusto tengo... hacía tanto tiempo... que bueno... oooh... me voy a correr otra vez... sigue, así, así... me viene... aaaah...! - gritaba yo totalmente descontrolada.

Me corrí tres veces hasta que Beto ya no pudo aguantar más pero entonces, en vez de metérmelo en el coño, sacó la verga y llevándomela a la boca, me dijo:

- ¡Ábrela, quiero correrme en tu garganta, quiero ver como te tragas mi leche!.

Obedecí y metiéndome el glande comenzó a escupir largos chorros de esperma que fueron directamente a mi garganta y que tragué hasta no dejar una gota. A mi esposo esto no se lo había hecho nunca. En realidad no le había hecho muchas cosas y él a mí tampoco. Los dos éramos muy calientes pero era otra época. Subía encima de mí y me follaba hasta corrernos los dos. Yo lo lograba dos o tres veces antes de que él me llenara con su leche. Quedábamos más que satisfechos. Cuando me hube tragado toda la leche del novio de mi hija, éste me ayudó a levantarme y pasamos a la mesa. No hablamos para nada de lo que acabábamos de hacer. Daba la impresión de que, al menos para Beto, había sido lo más normal del mundo. Lo que si hizo fue meterme mano siempre que podía al tiempo que alababa la forma y dureza de mis pechos, lo sabroso de mis carnes y mi gordo culazo.

Al acabar de cenar y sentados en el sofá, frente a la tele, sí que habló de sexo.

- Desde que te conocí - me dijo pasando su brazo por encima de mis hombros - he deseado follarte y así se lo he dicho a tu hija hasta que, como ves, ella me ha dado permiso para hacerlo.
- ¿Y no hubiera sido más correcto pedir mi permiso y no el de ella? - pregunté.
- El tuyo ya lo tenía sin que tú lo supieras - añadió riendo - Si hubieras visto como me mirabas la polla...
- ¡Eres un golfo y un sinvergüenza! - dije dándole mis labios y mientras nos besábamos, sus manos se apoderaron de mis pechos, luego una de ellas bajó a mi coño y se entretuvo en pasarme un dedo por la raja llegando incluso al agujero de mi culo.

Nunca me lo habían tocado y me gustó la caricia. Separé mis piernas y empezó a masturbarme pero procurando que uno de los dedos siguiera tocándome el ano. No tardé en empezar a suspirar y ya me iba a reclinar para ofrecerme entera cuando Beto, cogiéndome por los sobacos, me levantó y me sentó encima de él, de espaldas, clavándome de un solo golpe toda su polla en mi coño. En esta postura me sentí aún más llena que la vez anterior. Las manos de Beto me asían con fuerza los pechos, me los apretaba y pellizcaba mis pezones al tiempo que me besaba y lamía los hombros, el cuello y los lóbulos de las orejas. Yo misma subía y bajaba por la tranca que me penetraba el cuerpo. Mi placer era muy suave pero intenso, largo. Gemía y suspiraba sin parar removiendo el culo para sentir más y mejor la polla que me estaba haciendo suya, que me poseía.

- ¡Dime que eres mía, golfa! - me decía Beto al oído - ¡Dime que te gusta como te follo, que te encanta tener mi polla en tu coño!.
- ¡Sí, mi vida, soy tuya, toda tuya... haz de mí lo que quieras, como haces con mi hija... que gusto me das, cabrón, que gusto... que polla más maja tienes... oooh... sóbame los pechos, mátame de gusto... sí... oooh...! - repetía yo totalmente excitada.

Entonces Beto bajó una mano a mi coño y mientras yo saltaba, cada vez con más violencia, sobre su estaca él me iba acariciando el clítoris. Aquello yo ya no lo pude resistir y con un enorme grito me corrí lanzando mis jugos sobre aquel miembro viril que tanto placer me daba. Justo en este instante mi follador eyaculó. Sentí como su leche entraba en mí con el mismo ímpetu con que antes había entrado en mi boca. Estuve un rato sentada sobre él, con mi espalda apoyada en su torso y recibiendo con sumo agrado las caricias de sus manos sobre todo mi cuerpo. Notaba perfectamente como la verga iba haciéndose pequeña en mi canal pero no la quise sacar. Permanecí un buen rato allí, quieta, sintiéndome la mujer más feliz del mundo y contenta por tener una hija tan liberada.Aquella noche dormimos los dos en mi cama, abrazados y besándonos como si fuéramos amantes. Bueno, en realidad eso éramos. Dormí hasta la madrugada, serían cerca de las tres, en que me despertaron los besos de Beto. Al instante estuvo encima de mí, me separó las piernas y me penetró hasta los cojones.

Me hizo algo de daño porque yo estaba seca pero a los tres o cuatro emboladas, el chapoteo de mi coño podía oírse en la habitación. Nos corrimos los dos y de nuevo caímos en un agradable sueño reparador. Cuando desperté, la casa olía a café recién hecho. Me levanté, fui a la cocina y allí estaba Beto, en toda su espléndida desnudez. Nos besamos en la boca y tras darme un cariñoso azote en el culo me dijo que fuera a ducharme, que al salir ya estaría el desayuno. Le obedecí, desayunamos y al poco rato me estaba follando en el sofá. A decir verdad estuvimos así todo el sábado y el domingo, hasta que regresó mi hija. Creo que nunca me había corrido tanto como aquel fin de semana en el que aprendí también a comerme una polla y a gozar con buenas comidas de coño. Al llegar Toni y darnos los besos de rigor, se despelotó sentándose sobre el regazo de su novio.

- Venga - nos dijo - contadme lo que habéis hecho.

Beto se lo contó todo con pelos y señales. A mí me daba un poco de vergüenza oírle contar nuestros encuentros pero al ver la cara de alegría de mi hija al enterarse de como había gozado su madre, me fue tranquilizando. Gracias a lo que estaba contando y a que la mano de mi hija no había parado de masturbar la polla de su novio, éste la tenía a punto de caramelo. Toni cambió un poco de postura e hizo coincidir la entrada de su coño con el capullo. Sentándose de golpe, se la metió hasta los cojones. Lanzó un profundo suspiro y empezó a cabalgar a su novio haciendo saltar sus gordas tetas que él pronto tuvo en sus manos. Viéndolos follar de aquella manera, viendo perfectamente como la polla de Beto entraba y salía del coño de Toni, me excité de tal modo que, sin poderlo evitar, llevé una mano a mis pechos y la otra el chocho. Por primera vez me masturbaba con espectadores pero el morbo era tan increíble que cuando me corrí, antes de que lo hiciera mi hija, mis chillidos tenía que oírse en todo el inmueble.

Aquella noche dormí sola. Era normal que Toni durmiera con su novio y gozara con él pero a la mañana siguiente, antes de irse los dos al trabajo, Beto vino a visitarme y me echó un polvo que me dejó tranquila por todo el día. Así estamos en la actualidad. Beto sigue viniendo todas las noches, se folla a Toni, como es normal, pero los fines de semana lo tenemos las dos. En una próxima carta te contaré como también me abrió el culo por primera vez. Me hizo mucho daño pero ahora, a base de encularme, lo tengo tan abierto como el coño y gozo por detrás como por delante.

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