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Este relato es para contar lo que ocurrió una de las veces que hemos contactado con alguno de los amigos de una conocida revista de contactos. A nuestro anuncio contestó un amigo que era viajante de comercio. Tras hablar con él por teléfono y contarle como me gusta a mí que me pongan los cuernos y como le gusta a ella que la traten, colgó aunque asegurando que le interesaba conocernos. Días después llamó de nuevo y entonces se puso mi mujer al aparato. Hablaron un rato y al final quedaron para vernos un viernes por la noche. Dijo que estaba casado y lo había montado para esta noche, para que su esposa no sospechara nada. Después de comentarlo conmigo, mi mujer quedó con él para encontrarnos en un lugar cercano al pueblo donde vivimos, en Gijón concretamente. Una vez realizadas las pertinentes presentaciones y tras tomar unas copas, quedaron ellos dos de acuerdo en disfrutar juntos. Yo me las prometía muy felices porque me aseguraron que lo harían de manera que yo pudiera verlo todo. Entonces decidieron ir a un cine. Ellos se pondrían en la última fila y yo en la de delante pero un poco al lado, así con solo girar la cabeza vería como se metían mano. Mi mujer se había puesto una mini ajustada y una blusa que, por un lado, era fácil meterle mano. Empezó la película y parecía que no iban a hacer nada pero pronto empezó el cachondeo cuando oí unos murmullos. Me giré y vi como él comenzaba a morrearla y a tocarle las tetas por encima de la blusa. Así estuvieron un rato hasta que él, de pronto, paró y ella, levantando el culo, se quitó las bragas. Yo ya tenía la polla fuera del pantalón ya que había poca gente y nadie me podía ver. Él, entonces se sacó la suya y volvieron al morreo haciéndose una paja mutuamente. Yo seguía acariciándome la verga, que la tenía a punto de correrse. Cada vez que miraba hacia atrás los veía, sobre todo a ella, como se retorcían de placer. Así varias veces hasta que oí gemidos y ella, apretándose a él, se corría como una loca. Yo estaba seguro que se corría más de una vez por el tiempo que estuvo abrazada a él y gimiendo. En este mismo instante, yo me corrí también. A continuación ella puso más énfasis en mover su mano sobre la polla del amigo hasta que él, morreándola, se corrió también. Mientras se arreglaban la ropa, yo me giré y les pregunté: - ¿Os ha gustado? Al poco rato salimos del local y fuimos a tomar algo a un pub. Durante el camino él la morreaba y le metía mano por donde podía. Con todo ello, yo volvía a tener la polla tan dura como antes de haberme corrido. Mirándolos, ella me sonreía con cara de vicio. Ya en el pub yo, sentado, veía como ellos bailaban apretados, besándose y acariciándose por todas partes y sobre todo, cuando volvían a la mesa, veía el bulto que le hacía el paquete que él tenía en la bragueta. No pude resistirlo, me fui al lavabo del local y me hice una nueva paja. Cuando regresé a la mesa, estaban enroscados en un beso de tornillo y al separarse, ella me dijo escuetamente: - ¡Vámonos! Salimos y subimos a mi coche ya que el suyo lo había dejado en un aparcamiento subterráneo. Los llevé hasta allí, bajaron los dos y fueron a por el coche diciendo que me esperara. Tardaron en salir por lo que deduje que me estarían alargando los cuernos. Cuando, por fin, aparecieron, les dije que fueran delante y que yo les seguiría. Cuando llegamos al pueblo, aparcamos y los dos, bajándose del coche, entraron en el mío, en la parte trasera. Al ser muy tarde no había problema de que nos viera nadie por lo que empezaron de nuevo a morrearse y a meterse mano. Yo, muy excitado, les veía por el espejo retrovisor hasta que vi como ella le hacía una mamada algo rápida y luego él, ya que mi mujer ya no llevaba bragas, poniéndose encima, le clavaba la polla en el coño hasta los huevos. - ¿Te la ha metido? - le pregunté. Se la fue follando hasta que llegamos a casa. Por el camino ella se corrió varias veces pero él aguantaba lo suyo y yo cada vez estaba más empalmado. Metí el coche en el garaje y entonces él se la sacó del coño. Subimos a la habitación y allí él la desnudo entera, desnudándose él también. Los dos se tendieron en la cama y él comenzó a comerle las tetas mientras yo, de pie, los miraba. - Anda, desnúdate - me dijo entonces ella, apagando la luz. Así lo hizo y en el acto empezaron a besarse pero ahora yo, al lado de la cama, le tocaba a ella las tetas y se las besaba hasta que él se montó sobre mi esposa y se la volvió a clavar en el coño. Así estuvieron, follando, como media hora al mismo tiempo que ella me acariciaba la polla, que yo tenía a punto de reventar. Así se corrió ella varias veces y él, entonces, apretándose a mi esposa, se corrió también. Después la monté yo pero estuve poco tiempo ya que ella quería que la volviera a montar el amigo. - Anda, cornudo - me dijo al oído - quítate que quiero
que se ponga él otra vez. Mientras yo se la había tenido metida, ellos dos no pararon de morrearse, acariciándole mi esposa la polla y los huevos al amigo. Cuando me quité él volvió a metérsela en el coño y tras un rato de follársela, volvieron a correrse los dos. Al acabar de tranquilizarse, ella me dijo: - Anda, vístete y acompáñalo a su coche que tiene prisa. Se despidieron con un beso que parecía que se iban a tragar el
uno al otro. Lo llevé al coche diciendo él, antes de despedirse
de mí con un apretón de manos, que llamaría otro
día, pero esto no ha sucedido aunque no se por qué. - Me gustaría chuparte el coño. Seo comí y chupé hasta que se volvió a correr y luego la monté. Así nos dormimos hasta la mañana siguiente pero, al verla despertar, quise recordar lo sucedido pero ella me dijo: - No, cornudo, no quiero hablar de ello, hacerlo sí, pero no comentarlo. Así es como ella me pone esos cuernos que sabe que me gustan mucho. |
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