Cuando se enteró que una amiga suya estaba pasando un mal trago porque su marido le había pedido el divorcio, acudió a consolarla descubriendo, con enorme asombro, que esa amiga no conocía nada del sexo. Para ayudarla, la instruyó en todos los secretos del placer pero, sobre todo, del como encandilar al marido. El resultado fue perfecto. El matrimonio ha vuelto a unirse y será difícil que, con lo que la esposa ahora sabe, vuelva a separarse.

Resulta que una amiga, cuyo marido le había pedido el divorcio, me llamó para que la ayudara. Saqué la conclusión de que el motivo era sexual. Al hacerle una serie de preguntas, quedé sorprendida de lo atrasada y negativa que era y no me extrañó que su marido le pidiera el divorcio. Yo también lo hubiera hecho. La mayoría opina que es el macho el que necesita a la hembra, pero la hembra también necesita al macho y es más, nosotras tenemos más capacidad y menester de macho que otras especies. En un rebaño de ovejas llevan a un macho para que se monte a muchas, los toros lo hacen con varias vacas, el gallo con gallinas, etc., pero el género humano es distinto. Nosotras sí que estamos preparadas para copular con varios machos pero los hombres están mucho más limitados. El diálogo, la comunicación entre la pareja es muy importante, incluso espontánea y liberal. ¿Con quien mejor que tu pareja para sentirte libre?. Es lógico que lo que no se tiene en casa, se tenga que buscar fuera, tanto él como ella.

La mujer debe ser una señora en la calle pero para su macho debe ser una hembra y cuanto más puta y complaciente, mejor. Para recibir, solo hay que dar. Mi amiga, con 28 años, guapa, con tres de casada, era lo más parecido a un mueble más de la casa. De verdad que me hacía alucinar al ver lo corta que era, así que decidí abrirme con ella y explicarle como entendía y vivía yo la vida conyugal. Estoy en los casi 40, con un cuerpo propio de esa edad. Buen culo respingón, unos kilitos de más pero bien repartidos y unos pechos turgentes y redondos pero con una peculiaridad muy especial. Tengo los pezones de casi tres centímetros de largo que, como sabéis, no es nada natural y menos en mi caso.

Cuando era jovencita, veía los de mi madre y añoraba tenerlos igual. Al comentarlo con ella muchas veces, me dijo que si los deseaba tener igual debía ir a ver a la hermana de mi abuela. La tata, como todos la llamábamos ya que por muerte de mi abuela, ocurrida muchos años atrás, ella hacía su función, es la mujer más extraordinaria que he conocido. Gracias a ella soy como soy. Al comentarle mis deseos y comprobar que estaba decidida, me habló de las relaciones sexuales con toda naturalidad y una precisión fascinante. Al mostrarme sus pechos quedé alucinada al contemplar unos pezones del tamaño de un dedo pulgar. Decía que, para los hombres, era un atractivo lujurioso.

Si estaba decidida sería cuestión de tiempo y sentiría algo de dolor, me dijo. Todas las tardes la tata me ponía aceite en los pechos y me aplicaba un sacaleches. Al hacer la ventosa, el vacío alargaba los pezones. Aguanté el dolor de los primeros días, animada por los resultados. Durante las sesiones, la tata me chupaba y sorbía los pechos con la boca durante buenos ratos. Aprovechando también las sesiones, me dejaba desnuda y me pasaba por todo el cuerpo un mejunje que ella misma preparaba, a base de aceites y plantas, para que la piel se me pusiera tersa y suave. Al mismo tiempo me instruía sobre el sexo y me fascinaba oírla contar los gustos de los hombres y el comportamiento que debíamos tener las mujeres para tenerlos encoñados y que no desearan a otras. Cuando me encontraba tersa, me masajeaba y me acariciaba con las manos hasta que yo orgasmaba. Así creamos una relación muy íntima, sin secretos. Me gustaba que me hablara de sus relaciones sexuales. Con un tono de voz propio de una mujer muy sensual, me contaba cosas como:

- A pesar de mis años, todas las noche le pongo el culo a mi marido, y aunque no me chinga siempre, se lo ofrezco como demostración de que es de su propiedad.

También supe que su esposo le lamía la raja y que ella se metía su polla en la boca. Aparte de las sesiones, al acostarme, me aplicaba el sacaleches y me masturbaba hasta quedarme dormida. Cuando le enseñé a mi amiga los pechos, se quedó petrificada y al contarme que se acostaba con pijama, le dije que era una aberración. Eso es una armadura. Lo peor que puede hacer una mujer si desea tener una rica vida sexual. Le conté que yo lo hago desnuda, en cueros, o a lo sumo un sexy y corto picardías. Me voy a la cama a la misma hora que lo hace mi marido. Todas las noches nos queremos un rato, nos damos las buenas noches con caricias. Con mimo le sobo la polla y los huevos y me ofrezco para que me tome si lo desea, sin presionar ni obligar. Si no le apetece o está cansado, no pasa nada. Si lo encuentro con dudas le sugiero hacerle un francés, sin compromiso ni obligación. Unas veces se duerme, otras se corre en mi boca y otras follamos como locos.

Por las mañanas, nos toca el despertador a las siete y mientras suena la música de la radio, me lo monto y le despierto con besos, refregándole el cuerpo como un culebra. Raro es el día que no me la mete y me echa un polvo mañanero. Es la forma más alegre de comenzar una jornada. Le expliqué a mi amiga que los camisones los uso para cuando vuelve a comer. Si he llevado ropa de calle, porque he salido a la compra, para cuando vuelve me he arreglado, me he vestido con un camisón, por supuesto a pelo por debajo, y zapatos. Nunca llevo zapatillas en su presencia. Nos besamos y me compensa con un piropo, unas caricias, un azote en el culo u otras muchas manifestaciones amorosas. Me dice cosas como que cada día estoy más guapa y más sexy. Eso me alaga y le respondo con frases sexuales o cargadas de erotismo como:

- Es que cada día me atraes más...

Cuando se refiere a mi forma de estar vestida le dijo:

- Lo hago para provocarte y que me desees.

Al terminar la comida, nunca retiro la mesa hasta que se marcha a las cuatro y media. Pongo el café y la copia y nos vamos al sofá. De esta forma tenemos como hora y media para estar juntos, ver las noticias, hablar, darnos algún achuchón o estar disponible si desea satisfacerme metiéndomela en el chocho o en la boca. En el armario del recibidor tengo una bata que me pongo en el casó de que venga alguien. Para él voy desnuda, lo más sexy y provocativa. A los hombres muchas veces hay que provocarlos, independientemente de si se consume o no el apareamiento. No podemos esperar a que lleguen con el rabo tieso. Sin atosigarlos, de una forma natural, demostrarles que estás preparada, a su disposición para ser seducida.

A veces es recomendable ser tú quien provoque la seducción, haciéndoles ver o pidiendo directamente el ser tomada. Les gusta ver que la mujer se pone calentorra y que necesita que el macho la posea. Para seducir con gestos hay mil formas, como sentarse de manera que el coño quede a la vista. Me gusta ir con camisolas ajustadas para realzar los pechos, que se noten los movimientos, y que la camisa a duras penas cubra el chocho. Al existir una comunicación fluida, se hace fácil la seducción. Cuando veo a mi marido en pelotas, le digo frases como:

- ¡Que hermosura de badajo... que rabo más guapo tienes...!.

Otras veces, refiriéndome a mí le digo:

- ¡Mira que pezones más duros tengo... mira que panecillo tengo para ti...!.

Mutuamente nos decimos cosas excitantes y a pesar de que en casa follamos donde nos apetece, para que no exista monotonía, nos preocupamos de buscar lugares donde nos excite ir a realizar el sexo. El campo se presta a hacer maravillas. Los hoteles también nos gustan y a veces lo hacemos en algún meublés. En verano nos gusta hacerlo, por la noche, revolcándonos en la playa. Leemos revistas de temas sexuales y vemos películas porno juntos. Nos divierte crear situaciones morbosas. El resultado de hablarle así a mi amiga, ha salvado su matrimonio. Puso en práctica todo lo que le fui recomendando y tiene al marido de lo más encoñado y como todo es recíproco, ella se siente como en plena luna de miel. Ella misma me ha estado animando para que hiciera este relato. Dice que seguro que le haré un favor a muchas mujeres, como se lo he hecho a ella. Con que sea a una, me conformo, me doy por satisfecha.

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