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Soy Pedro y mando un nuevo relato en el que la protagonista es una chavala llamada Ruth, que tiene 25 años y está casada. Me la vengo follando desde hace más de un año y disfruta horrores poniéndole los cuernos a su marido. Trabajamos juntos y desde que me la follé por primera vez y le estrené el culito, se ha vuelto poco menos que una ninfómana, porque, gracias a mi aguante, conmigo disfruta follando ya que, dice, su marido no aguanta nada y ella no se corre con él. Hemos hecho un trío con su amiga Cristina y nos la hemos follado mi amigo Carlos y yo a la vez, probando ella el bocadillo por primera vez en su vida y quedamos en que se traería un día a Cristina para que disfrutara también del placer de ser perforada por dos pollas al mismo tiempo. Este es el relato de lo que pasó aquella tarde. No sé que excusa le darían a los cabrones de sus maridos, pero lo cierto es que las dos se presentaron puntuales en casa de mi amigo Carlos. Iban vestidas muy sexis y estaban ansiosas. Sobre todo la guarra de Ruth, deseosa de ver como su amiga era follada por dos pollas a la vez. Nos sentamos Carlos, yo y Cristina en un sofá y Ruth en una silla, frente a nosotros. Estaba un poco inquieta y para ir calentando el ambiente, abría las piernas para que nosotros, sentados en un plano más bajo, le pudiéramos ver las diminutas braguitas que llevaba. - ¿Tú también llevas unas bragas tan pequeñas? - le pregunté yo a Cristina al oído. Ella, levantándose un poco la faldita, nos enseñó su afeitado chochito diciendo: - ¿Bragas...? Hoy no me puesto bragas... Le toqué el coñito metiendo un dedo en la raja. Estaba empapada y suspiró al notar mi dedo haciéndole una lenta y suave paja. Carlos la besó en la boca y empezó a quitarle la blusa. Tampoco llevaba sujetador. En un momento estuvimos los tres desnudos y mientras yo seguía masturbándola, Carlos le comía las tetas agarrando ella una polla en cada mano haciéndonos, también, una lenta paja. Ruth estaba sentada en la silla, desnuda y masturbándose, excitada por lo que estaba viendo, pero de momento solo se dedicaba a observar como la zorra de su amiga se ponía cachonda. De pronto, Cristina se incorporó y arrodillándose delante de nosotros, siguió enganchada a nuestras pollas, pero ahora, mientras le hacía una paja a una, chupaba la otra. Ruth sacó los dedos que tenía entrando y saliendo de su chochito, se lanzó como un rayo hacia Cristina y abriendo las nalgas de su amiga, se puso a lamerle el ano. Cristina dio un largo gemido, pero no dejó de trabajarnos las pollas. Carlos hacía esfuerzos para no correrse, así que hice ponerse de pie a Cristina y sentándola encima de mí, de espaldas, le metí toda la polla en el culo. - ¡Ooooh... que pollazo, como me gusta... toda tu polla en el culo... así, que bien...! - gritó Cristina al sentirse enculada. Ruth hizo de mamporrera y cogiendo la polla de Carlos, la encaró en el chocho de su amiga la cual se abrió de piernas esperando la embestida. Cuando tuvo las dos pollas en sus dos agujeros hasta los huevos, Ruth exclamó: - ¡Anda que si te viera tu marido ahora tal y como estás, le da un telele...! ¿Te gusta, guarra? - y dirigiéndose a nosotros, añadió - ¡Eso es, follaros a esta perra hasta que reviente de gusto... dadle caña... eso es... hacedla disfrutar...! Cristina se corría una y otra vez y mi amigo también se corrió pero se la sacó del coño y le echó la leche en el estómago y las tetas. Ruth se lanzó a lamer las tetas de su amiga y entre esto y mi polla, que todavía tenía metida en el culo, Cristina se volvió a correr como una cerda. Entonces Ruth, cuando hubo lamido todo el semen del cuerpo de su amiga, le dijo a esta, después de darle un beso en la boca: - Vamos a hacer que te llene el culito de leche caliente. Agachándose, empezó a comerme los huevos hasta que hizo que sacara yo el culo un poco más, al borde del sofá, y entonces llegó con su lengua al agujero de mi ano. Este tratamiento y Cristina, que no paraba de subir y bajar por mi polla, hizo que me corriera en el culo de la chica que, al notar mi leche entrar en su culito, se quedó quieta y empezó a gemir como una gata en celo. Ruth se incorporó y acariciándole las tetas, le dijo: - ¿Te ha gustado, verdad? Pues no te preocupes, que luego te volverán a follar. Ahora que descansen que mis agujeritos están cachondos y calientes. Los cuatro, desnudos, tomamos una copa y ellas, inevitablemente, nos hablaron de sus maridos. Las dos coincidían en lo mismo. Cuando se las follaban, se corrían enseguida y ellas no se enteraban. Mientras Ruth hablaba, su amiga le acariciaba los duros pezones y cuando vio que nuestras pollas daban señales de vida, dijo: - ¡Venga, Ruth, vamos a ponérselas bien duras para que te follen a ti, tengo ganas de ver como te meneas con dos pollas follándote a la vez! Ruth empezó a chuparle la polla a Carlos mientras Cristina se metía la mía en la boca. Cuando las tuvimos a punto, nos dedicamos los tres a poner a tono a aquella putita rubia que, sin dejar de chupar mi polla, pajeaba la de Carlos y abría las piernas para que Cristina le prepara el agujerito anal. Cristina lamía con avidez el ano de su amiga pero fue Ruth, cachonda perdida, quien se subió encima de Carlos y se metió su polla en el coño, luego, echándose un poco hacia adelante, me dijo: - ¡Venga, no esperes más, métemela por el culo... fóllame el culo! Cristina abrió con las manos las nalgas de su amiga para facilitarme la enculada y así se la metí enterita. Carlos le comía las tetas a Ruth mientras nos la follábamos los dos a la vez. Cristina acariciaba a su amiga que gemía, pidiendo más y más. Le hice un gesto a Cristina y, obediente, se puso sumisamente detrás de mi y agachándose, me fue lamiendo la espalda hasta llegar, con su lengua, al agujero de mi culo. Me encanta que me coma el culo una tía mientras enculo a otra y aquello hizo que enculara aún más fuerte a Ruth, que pedía, excitadísima, que la folláramos más fuerte. Carlos y Ruth se corrieron al mismo tiempo y yo, gracias a las lamidas de Cristina en mi ano, me corrí al momento en el interior del culo de Ruth. Desde que se corrieron y debido a mi aguante, le estuve follando el culo a Ruth de quince a veinte minutos sin dejar Cristina de comerme el culo. Ruth aún tenía dentro la polla de Carlos y este, mientras yo le follaba el culo, le comía las tetas y los pezones, haciendo que entre la enculada y la comida de tetas, Ruth se corriera dos veces más antes de llenarle de leche el culito. Estuvimos follando con ellas hasta las nueve y media porque tenían que estar en sus casa a las diez ya que les habían dicho a sus cornudos que iban a merendar y luego al cine. Quedaron muy satisfechas y con ganas de volverlo a repetir, lo cual hemos hecho en varias ocasiones. Las dos disfrutan poniéndoles unos buenos cuernos a sus maridos, y particularmente Ruth, que se vuelve loca cuando me la follo ya que, con mi aguante, en el primer polvo se corre tres o cuatro veces antes de que yo lo haga, y el segundo ya se hace interminable, llegándose a correr, entre los dos polvos, catorce veces en una sesión. Por lo menos ahora puede disfrutar de una polla y no como con el cabrón de su marido. |
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