Publicó un anuncio en una revista sin excesivas esperanzas de recibir respuesta. La explicación era clara. Buscaba mujeres de hasta setenta años que quisieran disfrutar sexualmente con él. Era consciente de que a esta edad muchas mujeres ya no necesitan nada y que otras, que sí están necesitadas, no se atreven a solicitar estos servicios. Pero él tuvo suerte y ahí está el relato de su experiencia.

Cuando publiqué, el anuncio deseando contactar con mujeres de hasta 70 años, no tenía muchas esperanzas de recibir respuesta ya que a esta edad muchas de ellas ya no siente necesidad de nada y las que lo sienten, no se atreven a contactar por una mal entendida vergüenza. Pero fue una agradable sorpresa el recibir una carta de respuesta de un matrimonio que me decían que tenían, ambos, 55 años. Tras hablar por teléfono, ya que en su carta venía su número, quedamos en que iría a su casa el próximo viernes por la tarde. Así lo hice y a la hora indicada llamé al timbre de su puerta. Me abrió Javier, el marido, un hombre bajo, con barriga pronunciada y bigote. Me presenté, le enseñé su carta y muy amablemente, me invitó a pasar.

Ya en el comedor, me dijo que me sentara y al ver él que yo miraba la cafetera, que estaba en una mesita baja, me dijo sonriendo:

- Toma un café, si te apetece, póntelo tú mismo, aquí lo que tú quieras lo puedes coger sin problemas.

En esto estábamos cuando apareció Dolores, la mujer. Era muy atractiva de cara pero no pude evitar mirar con ojos de deseo sus tetas enormes y su culazo como dos jamones.

- Tu marido dice que aquí puedo coger todo lo que me apetezca sin permiso pero, ¿se refiere esto también a ti? - le pregunté sin falsos disimulos y comiéndomela con la mirada.

Ella, sonriendo, se me acercó, se inclinó y dándome un suave beso en los labios, me contestó simplemente:

- A todo.

Antes de regresar a la cocina, ella puso en el vídeo una película y enseguida vi como en la pantalla aparecía una escena en la que estaba ella, completamente desnuda, con dos tíos muy bien provistos de polla, que la besaban, le metían mano y acababan follándosela los dos a la vez, ella a cuatro patas, uno por el coño y el otro por el culo. Aquello me demostró que mi libertad de acción, como había dicho el marido, era total.

Sin esperar a que acabase la película, me fui a la cocina. Ella estaba frente al fregadero. En silencio, me puse a su espalda y apoyando mis manos en sus anchas caderas, le subí la falda hasta la cintura. Ella, sin decir nada, se inclinó hacia adelante, apoyando las manos en el fregadero. Era un gesto de total aceptación a lo que yo quisiera. Apartándome ligeramente, admiré sus gordos muslos y su tremendo culazo, medio escondido por unas pequeñas bragas. Cogí las braguitas y se la deslicé hacia abajo, por aquellos gordos y espléndidos muslos, desnudándole aquel inmenso trasero. Con una mano me bajé la cremallera de la bragueta y me saqué la polla, ya completamente endurecida. Cuando ella notó mi capullo pasearse por sus nalgas, separó las piernas lo que pudo, dejando al aire una raja larga y de labios muy abultados, adornada de largos y rizados pelos negros. Allí llevé mi polla y de un solo golpe la penetré hasta que mis cojones chocaron con sus carnes.

Mientras me la follaba, con una lentitud exasperante para ella pero muy placentera para mi, le desabroché la blusa, subí las cazoletas de su sujetador y dejé caer sus grandes y colgantes tetas que sobé al tiempo que mi polla entraba y salía de su húmedo y caliente coñazo.

- ¿Y tu marido? - le pregunté mientras iba jodiéndola lentamente.
- Está durmiendo, pues hoy le toca trabajar de noche - me contestó entre suspiros, añadiendo - Y termina pronto, que tengo que ir a la compra.

Aquello me molestó. Yo no tenía ninguna prisa y la suya me pareció de muy mal gusto así que le saqué de golpe la polla del coño.

- ¡Tampoco tan deprisa! - exclamó - ¡Acaba de una vez, me has encendido y estoy muy caliente!
- Mejor - le contesté.
- ¡Eres un mariconazo! - añadió con cara de enfado.
- Pues sí - repliqué - ya que después pienso darte por el culo.

Me tomé el café mientras ella iba a vestirse. Luego salí con ella de compras. En el ascensor, al bajar a la calle, nos morrearnos y ya en el super aprovechaba, en los pasillos solitarios, para meterle mano, tanto en las tetas como en el culo y sobre todo en el coño. Al regresar a casa y mientras ella hacía la comida, yo terminé de ver el vídeo de ella con dos hombres a la vez. Supe que era una mujer muy ardiente y que no tenía ningún problema en abrirse de piernas con quien fuera mientras tuviera una polla bien endurecida. Estando en ello, el marido salió del baño, desnudo pero con una toalla enrollada a la cintura. Me saludó, besó a su esposa, que en aquel momento salía de la cocina, y mientras le acariciaba los pechos, me miró y me dijo:

- ¿Los tiene bonitos, verdad?

Le dije que sí, entonces la cogió de la mano, pero antes de entrar en su habitación volvió a mirarme y me dijo:

- Anda, ven, puedes mirarnos mientras follamos.

Les seguí con todas las ganas del mundo y sentándome en una silla, vi como ella se tendía de espaldas en la cama, separaba sus gordos muslos, dejando a la vista aquel peludo coño de raja larga y labios gordos mientras él dejaba caer la toalla y mostraba una polla de regular tamaño, ya medio erecta. Sin que ella se moviera, él se colocó a horcajadas sobre sus tetas y llevó el capullo a la boca de su mujer la cual, abriéndola, se lo tragó todo lo que pudo empezando a mamársela con ganas. Me deleité y excité viendo como ella le chupaba la polla, poniéndosela tiesa, al mismo tiempo que con una mano le magreaba los gordos cojones, repletos de leche. El hombre tenía una buena polla y me extrañó que su mujer necesitara mi presencia, o la de otro hombre, para gozar a tope pero, al montarla y metérsela entera en el coño, entendí porque la mujer necesitaba otro tío.

El marido se corrió a los pocos segundos de habérsela metido en el coño. Al acabar, él, confesándose, me dijo:

- Como has visto me corro enseguida y solo consigo calentarla.
- Pues a Dolores le gusta que la calienten - repliqué yo en broma.
- Pero que también le den placer - añadió - Venga, fóllatela que quiero ver, aunque solo sea un momento, lo que vais a hacer estando solos toda la noche.

Rápidamente me desnudé y ocupando el lugar que él había dejado vacante, es decir encima de aquel cuerpo macizo y lleno de curvas abultadas. Cogiéndome la polla, la apunté a la raja y apretando, se la metí también hasta los huevos empezando en el acto a follármela hasta que el marido, tras estar un rato mirándonos, tuvo que marcharse.

Ya solos y con toda tranquilidad, continué con la labor lentamente hasta que ella tuvo varios orgasmos antes de que yo la llenase con mi leche. Descansamos un rato, besándonos y acariciándonos hasta que ella, excitada de nuevo, se tragó mi verga y me la empezó a chupar con tal frenesí que al poco rato yo ya la tenía de nuevo tiesa como un palo. Entonces le dije que se pusiera a cuatro patas. Obedeció y lleno de excitación, ya que es algo que me gusta mucho hacer, me situé detrás de ella, separé sus enormes glúteos para descubrir el agujero menudo de su culazo y sin perder tiempo, se la metí, dándole por el culo. Me encantaba entra y salir de aquel agujero mientras, con ambas manos, ordeñaba su grandes y colgantes tetas. El placer que yo sentía era tan enorme que no tardé nada en notar que me iba a correr. Pegué dos o tres golpes muy fuertes contra aquel hermoso culazo y mis cojones explotaron, llenando, con toda mi espesa y abundante leche, las entrañas culeras de aquella madura y caliente mujer.

A continuación, ya tranquilos, nos dimos un baño y luego comimos, ella y yo desnudos, hasta que a los postres, excitado porque todo el rato no habíamos dejado de sobarnos, la coloqué de espaldas sobre la misma mesa, le levanté las piernas y allí, metiéndole mi polla hasta el fondo de su caliente coño, me la follé hasta que reventó de placer al recibir en todo el chocho una nueva descarga de mis cojones. Al tranquilizarnos de nuevo, ella me dijo que, cerca de su casa, había un club de intercambio al que podíamos ir a tomar unas copas y así yo podría cambiarla, si me apetecía, por otras mujeres. Acepté pero con la condición de que si follábamos, lo haríamos en la misma habitación. No quería perderla, aunque solo fuera de vista. Fue a vestirse para salir y cuando apareció estaba radiante, aunque muy provocativa.

Llevaba un vestido muy corto, la falda casi a medio muslo, desnudando aquellos muslazos de carne apretada y hermosa y con un escote que dejaba ver la mitad de sus gordas tetas por la parte de arriba. Mientras la observaba, sintiendo que mi polla empezaba a endurecerse, se levantó la falda mostrándome que no llevaba bragas y que, además, se había afeitado el coño. Al llegar al local en cuestión, le indiqué un lugar bastante oscuro, cerca de la barra, ella se sentó en el sofá y yo me fui a buscar unas bebidas. No tardé nada, pero al regresar me la encontré sentada sobre las rodillas de un tipo, follando, evidentemente por la expresión de su cara.

- Mira Josep - me dijo tomando una de las copas que yo llevaba en las manos - este es Pedro, no me ha pedido nada, me ha cogido y sentada en sus rodillas, me la ha metido en el coño y me está jodiendo... Aquella rubia de allá es su mujer, haz lo mismo, no le digas nada, simplemente cógela, bésala y fóllala como él me está follando a mí.

No entendí demasiado el como se desarrollaba todo aquello pero, entrando en el juego ya que no tenía más remedio, fui hacia aquella mujer y me senté a su lado.

Yo no sé si ella me esperaba o no pero, sin decir una palabra, me empezó a desabrochar la camisa, besando mi pecho desnudo y bajando poco a poco hasta que llegó a mi polla que, previamente, y sin importarle el lugar donde nos encontrábamos, me había sacado fuera del pantalón. Una vez la tuvo bien tiesa, gracias a la mamada que me regaló, se montó encima de mí y al igual que Dolores hacía con su marido, empezó a follarme, cabalgándome como la más experta de las amazonas. Debía de estar muy caliente, ya que se corrió muy pronto y de nuevo lo hizo cuando yo descargué toda mi leche caliente en sus entrañas. Ya más tranquilo, miré hacia Dolores, pero no estaba.

- Tranquilo - me dijo la rubia al ver mi expresión de asombro - seguro que están en los lavabos, ya que a mi esposo le encanta hacerlo en el de las mujeres.

Haciendo que la mujer me descabalgara y escondiéndome la verga, fui hacia allí y en efecto, dentro de uno de los reservados estaban, pero no los dos solos sino que, mientras el esposo de la rubia se la follaba por detrás, otro tipo se la tenía metida en la boca. Esperé a que acabaran y luego nos fuimos los dos para su casa. Al llegar nos dimos un baño juntos y así acabó esta interesante y cachonda experiencia.

  volver al menú