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Soy Pedro de Barcelona y mando otro relato con una experiencia caliente que me ocurrió un fin de semana del pasado verano. Como recordaréis por otros relatos, me follo tres días por semana a Ruth, una chavala casada que disfruta poniéndole unos buenos cuernos al cabrón de su marido. También, a veces, se nos une Cristina, amiga de Ruth, también casada, y Sara, cuñada de Cristina y que a sus 19 años, es toda una golfa. Por otro lado, tengo un rollo montado con Maite, mi vecinita de en frente, de 18 años, ya que cada sábado se queda sola en casa todo el día y trae a alguna amiguita suya para que vea como me afeito la polla y los huevos ya que, como lo hago una vez por semana, las golfas de sus amigas se ponen muy calientes y cachondas viendo como lo hago. Naturalmente, me las acabo follando y todas quieren chuparme la polla
recién afeitada. La madre de una de las amigas de Maite, Alicia,
me dijo que se había enterado de lo que hacía los sábados
y me propuso hacerlo para unas amigas suyas. Ana, que así se llama
la madre, quedó muy contenta y sus amigas más, después
de follármelas por el coño y por el culo. Con Ana continúa
la historia porque ese fin de semana, del que hablo, me invitó
a pasar con ella y Nuria, una amiga suya que cumplía años,
a la costa. Al tener el chochito afeitado, los tangas del bikini les tapaban lo justo de la raja y por detrás era una tira que se metía en la raja de aquellos culos que ya quisieran tener muchas niñatas que van de tías buenas pero que al final les enseñas la polla y salen corriendo. Estuvimos en la playa hasta la una, más o menos, y yo ya tenía la polla como una roca porque, además de estar muy buenas, una vez en la playa se quitaron las dos el pequeño sujetador y tomaron el sol en top-less, dejando al aire sus fantásticas tetas. Cuando estábamos en el agua, las sobaba por todos los sitios y ellas también a mi así que los tres muy calientes, decidimos irnos al hotel a comer. Me metí yo primero en la ducha pero a los diez minutos, o así, entraron ella y tras quitarse el bikini, se metieron conmigo poniéndose mi polla, ante su alegría, dura como un garrote. Nos enjabonamos los tres y yo metí los dedos en sus respectivos culitos hasta que Ana no aguantó más e inclinándose, con las manos apoyadas en el borde de la bañera, enfiló mi polla en su culo y se la metió entera en el ano mientras su amiga le acariciaba las tetas y el coño. Al poco se corrió entre gemidos de gata en celo y le tocó a Nuria, que hizo lo mismo, es decir, encularse con mi rabo. Ana imitó a su amiga y le acarició las tetas, tiró de los duros pezones y le metió los dedos en su coño hasta que se corrió. Como yo no me había corrido aún, estuvieron haciéndome una paja entre las dos, enjabonándome la polla. Aguanté bastante hasta que me corrí en sus tetas que, al igual que sus culos, quisieran tener para ellas las niñatas calientapollas que circulan por ahí. Se vistieron muy sexis y marconas. Llevaban un minivestido por encima de las rodillas, debajo únicamente un tanga y marcando sus fantásticas tetas. Yo, pantalón corto, camiseta y al igual que ellas, unas zapatillas. Después de comer, alrededor de las tres y media, volvimos al hotel y desnudos los tres, dormimos una reparadora siesta, yo entre ellas dos. Me desperté con la polla dura y Nuria, al verla, la cogió y empezando a hacerme una paja, le decía a Ana: - ¡Mira, vete a saber lo que estaba soñando! Anda, ayúdame, que se la vamos a bajar... Entre las dos me la chuparon, me comieron los huevos y el agujero del culo. Yo, por mi parte, les metía dos dedos a cada una en el culo y así estuvimos un buen rato hasta que, al ver que no me corría, se pusieron las dos a cuatro patas y se la metí primero por el culo a Nuria. Después de unas cuantas emboladas, enculé a Ana y allí me corrí, llenándole el culo con mi leche. Me la limpiaron con la lengua y alrededor de las ocho de la tarde, nos vestimos y fuimos a dar una vuelta. Ellas vestían igual que al ir a comer y los tíos se las comían con la mirada. Tomamos algo y a eso de las nueve y media nos metimos en un pub a tomar una copa. No había mucha gente y nos sentamos en unos cómodos sofás, en un rincón, donde lo podíamos divisar todo. Al rato de estar allí, entró una tía que estaba muy buena y yo, a pesar de estar con aquellos dos monumentos, me la quedé mirando. Ana se dio cuenta y se levantó diciendo: - Me voy al lavabo y a pedir otra copa. Ahora vengo. Como el rincón donde estábamos apenas nos veían si no te fijabas muy bien, Nuria puso su mano en mi polla y acariciándomela por encima del pantalón, me dijo: - Estoy deseando volver al hotel para ver como te afeitas. Me pones muy cachonda y me entran unas ganas terribles de follar... ¿Verdad que luego me la meterás? Le dije que sí al tiempo de ver salir a Ana del lavabo y acercarse a la barra. Como sin querer, entabló conversación con la buenaza desconocida y a los pocos minutos se acercaron las dos a nuestra mesa. Ana hizo las presentaciones, la desconocida se llamaba Rosa, tenía 32 años y era de Madrid. Estaba pasando unos días allí y se marchaba el domingo por la tarde. Tomamos una copa, charlando los cuatro, aunque Nuria mantenía la mano en mi muslo, si bien ante la presencia de Rosa la había sacado del ya bien visible bulto de mi pantalón. - ¿Vienes con nosotros al hotel a tomar la última copa?
- le preguntó Ana a Rosa. Por el camino hacia el hotel, Ana y Rosa iban delante y Nuria y yo detrás. Nuria se cogía a mi cintura y se restregaba contra mí como una gata en celo, sobándome el culo. Estaba cachonda perdida. Pero yo solo tenía ojos para el culo respingón de Rosa, enmarcado por el suave y ajustado pantalón blanco, que se le metía en la raja. - ¿Te la follarás por el culo? - me dijo Nuria dándose cuenta de donde miraba - Quiero ver como le petas el culo a esa guarra bien petado, pero primero me la meterás a mi, que voy muy caliente... Ana se paró a comprar dos botellas de cava y llegamos a la habitación.
- ¡Mientras vosotras habláis, yo voy a por faena! Quitándose el vestido, se quedó con el pequeño tanga blanco y a continuación me dejó desnudo. Ana sonreía excitada y Rosa observaba atentamente como Nuria empezaba a comerme la polla. Mientras miraban, pasándose la botella de cava, pues no teníamos copas, las dos se fueron quitando la ropa hasta quedar totalmente desnudas. Rosa llevaba el chocho afeitado, con una tirita muy fina de pelo en el monte de Venus y cuando Ana le abrió las piernas vi que lo tenía muy mojado. Ana la estiró en la cama tocándole el coño, haciéndole una paja, comiéndole las tetas y cuando Rosa empezó a gemir, Ana le levantó las piernas y mostrándome aquel húmedo coño, me dijo: - Pedro. ¿por qué no le haces los honores a la invitada y te la follas? Aparté a Nuria y me dirigí a donde estaba Rosa, espatarrada y con Ana comiéndole furiosamente la boca, tirando de los pezones que coronaban unas tetas que, sin ser tan grandes como las de mis amigas, eran muy bonitas. Puse el capullo en la entrada y sin pensármelo dos veces, hundí mi endurecida polla en aquel hambriento conejo. Ana le aguantaba las piernas abiertas mientras Nuria pegaba su pecho a mi espalda, siguiendo mis movimientos y jaleándome: - ¡Así... así... fóllatela... fóllate a esa guarra para que sepa lo que es bueno! Rosa se corrió escandalosamente, teniendo que morrearla Rosa para
que no se oyeran sus chillidos de cerda caliente. - ¡Ahora me toca a mí, fóllame hasta que te corras! No me faltaba mucho pues ya había aguantado demasiado, pero hice que se corriera ella antes de hacerlo yo en sus entrañas, haciéndole sentir mi leche caliente. Los cuatro, rendidos, nos tumbamos en la cama pero a mí no se me bajó la polla del todo. ¿Como se me iba a bajar con aquellas tres hembras allí, desnudas y calientes? Bebimos cava y hablamos un rato. Ana le contó a Rosa como me conoció y como la excitó verme rasurarme el pubis. - Me gustaría ver como lo haces - me dijo entonces Rosa - Nunca he visto a un hombre afeitarse ahí abajo. Yo, como he dicho anteriormente, me afeito una vez a la semana y como aún no lo había hecho, fui al neceser y cogiendo el material, les dije que me acompañaran al baño. Se sentaron las tres al borde de la bañera y allí, delante de aquellas hembras hambrientas de sexo y de placer, dejé mi polla y mis huevos más suaves que el culito de un bebé. Rosa, mientras miraba, se tocaba el conejo y cuando acabé, quité el jabón y lo limpié con agua, volvimos a la cama. Allí me tumbaron y entre las tres empezaron a comerme el rabo recién afeitado. Se lo metía una en la boca, daba tres o cuatro chupadas y se lo pasaba a la otra. Así estuvieron un rato y yo, mientras tanto, tanteaba el culito de Nuria, metiéndole primero uno y después dos dedos en el ano. Nuria gimió y con voz de gatita mimosa, me dijo: - ¿Me la quieres meter en el culo...? ¡Estoy deseando que me lo folles! Se puso a cuatro patas, separó las nalgas con sus manos y me mostró el agujerito, que estaba pidiendo a gritos una polla. Rosa y Ana ensalivaron bien mi cipote y entre quejidos, suspiros y gemidos se lo metí enterito en el culo a Nuria. Mientras yo le follaba el culo, las otras dos la acariciaban por todas partes hasta que se corrió. Luego le tocó a Ana pero cuando era el turno de Rosa, esta me dijo: - Despacio, con cuidado que, aunque no soy virgen del culo, hace tiempo que nadie entra por ahí. Se colocó como las otras, a cuatro patas y mientras Ana se dedicó a comerle el ano y ensalivarlo, Nuria se encargaba de mi polla. Se la metí despacio, hasta los huevos. Ella gemía y decía: - ¡Oooh... que bueno... me encanta como lo haces... oooh... sí, destrózame el culo... fóllamelo... aaah...! Aumenté el ritmo de la enculada y mientras Ana se puso en la posición del 69 para comerle el coño, Nuria volvió a ponerse detrás de mí, pegando sus tetas a mi espalda, siguiendo mi vaivén en el culo de Rosa, que se corría como una perra.Cuando dije que me iba a correr, saqué la polla del culo de Rosa y la metí en la boca de Ana, premiándola así por el regalo que me había hecho. |
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