Estaba acostumbrada a que, de mutuo acuerdo, fuera su marido el que le llevara a casa sus ocasionales compañeros de cama, así que se preparó para recibir la sorpresa que él le había anunciado unas horas antes. Desnuda sobre la cama, tras una buena masturbación, esperaba el placer que el nuevo invitado iba a darle sin esperarse que no sería "una" sorpresa, sino varias.

Soy Ana, de Castellón y paso a relatar la única experiencia que hemos tenido. Mi marido es el que me trae las "sorpresas sexuales", como él dice, a casa. En cuanto al sexo se refiere, sabe que me gustan los chicos jovencitos, de entre 20 y 25 años, o también chicas bisexuales y macizas como lo soy yo. Esta experiencia empezó cuando mi marido me llamó una mañana al trabajo y me dijo que al acabar no perdiera tiempo y me fuera directamente a casa ya que él tenía, para mí, algo que me gustaría mucho.
Llegué a casa un poco antes de mi hora normal, muy excitada, me duché y tras secarme, pero sin vestirme, me relajé sobre la cama, esperando tranquilamente aunque, al poco rato, pensando en cual sería la sorpresa, comencé a acariciarme el cuerpo. Mis manos empezaron por acariciar mis grandes tetas, pellizcándome los pezones que, muy pronto, se me endurecieron.

Cogiéndome una de las mamas con ambas manos, acerqué el pezón a mi boca y estuve chupándomelo un buen rato hasta que mi coño empezó a arder. Entonces bajé una mano por mi vientre, cosquilleé en mi ombligo y luego llegué a mi coño. Enredé los dedos en los pelos de mi coño, acaricié mi abultada y húmeda raja lentamente y al final, metiendo un dedo, busqué mi clítoris que encontré endurecido y muy sensible. Empecé a masturbarme lentamente, gozando el placer que, lentamente, iba llenando mi cuerpo hasta que, con un profundo gemido, me corrí en un intenso orgasmo.
Cuando pude recuperarme del placer sentido y no satisfecha aún del todo, abrí el cajón de la mesita de noche y saqué uno de los consoladores de mi colección, el más gordo de ellos. Me lo metí en el encharcado coño y me estuve follando a mi misma un buen rato hasta obtener un par de orgasmos que me dejaron bastante satisfecha pero, sobre todo, preparada para otros encuentros.

Al cabo de una hora, o así, oí el ruido de la puerta y un sonido de voces que me sonaban desconocidas. Al poco entró mi marido en la habitación, sonrió al verme completamente en pelotas y aún abierta de piernas, se me acercó y me besó, sobándome el coño y el culo. Al notar como rezumaba jugos mi chocho, exclamó:

- ¡Sí que estás caliente... aunque, claro, como siempre! - y luego añadió - Te traigo un chico muy serio, que seguro te gustará.

Cuando el chico apareció, se me derritió el coño. No tendría más de 24 años, alto, delgado, moreno, ojos marrones y algo excitado y nervioso, pero se tocaba el paquete como con ganas. Me acerqué a él, sin decir palabra le desabroché el cinturón, luego el pantalón, que le saqué, al igual que los calzoncillos, dejando aparecer una bonita polla.

Arrodillándome ante él, le cogí la verga y metiéndomela en la boca, se la mamé, tocándole los huevos, que también chupé uno a uno, metiéndomelos en la boca. Él suspiraba de gusto y a mí me ponía a cien el saber que le estaba dando placer. Su polla iba creciendo dentro de mi boca hasta que mi marido, cogiéndome de la cintura, hizo levantar mi cuerpo pero inclinado, sin que dejara de tener en la boca la polla del chico. En esta postura, mi culo quedaba completamente a la vista y pronto noté las manos de mi marido separándome las gordas nalgas para descubrir la raja de mi coño y allí, sin avisar y de un solo golpe, me metió su polla pues él sabe que me gusta así. Sin que yo dejara de mamar la verga del muchacho, mi marido me estuvo follando un buen rato haciendo que me corriese un par de veces.

Cuando mi marido se corrió, llenándome el coño con su leche caliente, salió de la habitación. Entonces el chico y yo adoptamos la posición del 69, chupando nuestros sexos sin parar. ¡Que gusto me estaba dando el chico! Pero la sorpresa fue cuando, al poco rato, apareció mi marido con cuatro tíos más, de entre 20 y 28 años. ¡Cinco tíos para mí, que gozada y con lo que me gusta! Yo seguía teniendo debajo, comiéndome el coño, al primero mientras los otros, mirándome, se fueron desnudando dejándome ver sus cuerpos jóvenes y no veas como me iba poniendo de cachonda. Al final, tras correrme de nuevo, ahora en su boca, me separé de este chico, me senté en el borde de la cama y vi como se me acercaban los cuatro nuevos. Supe que iba a hacer una cosa que me gusta mucho y que es mamar varias pollas a la vez, mientras tocaba sus huevos y se lo chupaba todo. Fui chupando las pollas, una a una, tocando aquellos huevos de diferentes tamaños hasta que, al tenerlas todos enormemente duras, me tumbaron en la cama y me fueron tocando, sobando, chupando y masturbando.

Mis gritos, mientras me corría una y otra vez, eran imposibles de disimular pero no deseaba que esto parase, quería que ellos siguieran con lo suyo y más porque, mientras hacían todo esto yo siempre tenía una polla bien dura en la boca, que es lo que más me excita. Luego uno se puso de rodillas con su polla frente a mi boca. Se la mamé bien para que se le pusiese bien dura, si es que esto era ya posible, pues adiviné que me quería follar. Tendida en la cama, de espaldas, me abrió de piernas, me las levantó todo lo que pudo y cuando tuvo toda mi raja, mojada a tope, a la vista, me clavó su polla hasta los huevos. Ya toda dentro de mí, empujaba como un loco pero con cierta delicadeza, para darme gusto y yo a él, al tiempo que yo seguía chupando toda polla que se me metía en la boca.

- Goza, cachonda mía, disfruta... ¿Te gusta la sorpresa que te he traído? - preguntaba mi marido.

Uno a uno, mientras aquel muchacho me estaba follando sin parar, se iban cambiando en mi boca hasta que el que me la tenía metida en el coño y me estaba jodiendo, tuvo ganas de correrse. De golpe me la sacó, la acercó a mi boca y me llenó la cara de abundante y caliente semen de macho que yo me esparcí por todo el rostro y tetas. Un segundo, sin dejarme descansar, me puso a cuatro patas y metiéndomela en el jugoso y dilatado coño, me estuvo follando un buen rato, sobándome la tetas, que se me movían a impulso de los golpes que me clavaba en el coño, hasta que se corrió pero cuando me la sacó le dije:

- ¡Venga, dame el condón!

Así lo hizo y cuando lo tuve en la mano, mientras le mamaba la polla, vacié el contenido, lechoso y espeso, en mis tetas mientras unas manos me estaban masturbando.

Alguno también aprovechó para meter su polla entre mis pechos y follarme las tetas en plan cubana. Descansamos un poco tomando algunas copas y algo para picar, hasta que fui yo la que inició la cosa diciéndoles que se sentaran a corro en las sillas del comedor. Mi marido, sabedor de lo que yo quería hacer, puso una película porno y mientras la veían yo, de rodillas ante ellos, les fui chupando la polla y los huevos uno a uno. Mientras yo estaba mamándosela a uno de ellos, otro se levantó y empezó a masturbarme por detrás y así, con una polla en la boca y varios dedos en mi coño, terminé corriéndome como una loca, entregada a ellos que, dejándome a cuatro patas, me follaron uno detrás de otro sin darme un minuto de respiro. No sé las veces que me corrí con todas aquellas pollas dentro de mi coño, follándome sin descanso y luego, sacándose el condón, lanzando sus descargas sobre mi cuerpo que acabó lleno de leche por todas partes.

Cuando la cosa se calmó un poco y hablando de lo bien que nos lo habíamos pasado, vi como mi marido se iba al pasillo con dos de los chicos y adiviné que preparaba algo. No me equivoqué pues al cabo de un rato me llamó y me llevó al baño. Al entrar estaban los dos chicos con la polla en la mano, esperándome. Entonces ya supe de lo que se trataba. Es algo que me apasiona y mi marido se lo tenía guardado en secreto, el muy cabronazo. Me hizo meter en la bañera, chupé las pollas de esos chicos, que ya sabían de que iba la cosa, y después de un rato de mamarles las vergas, se quedaron delante de mí con sus miembros bien empalmados y yo esperando lo que tanto deseaba. La lluvia dorada cayó directamente en mis tetas.

Me vuelve loca que me meen las tetas después de una buena follada y notar como la orina me resbala de ellas hasta el coño y así, muy excitada, no puedo evitar llevarme la mano al clítoris y masturbarme. Agradecida por el placer que me habían dado, les chupé bien las pollas para tener lo que ellos querían darme y que era la leche de sus huevos que yo quería recibir en mi cara o pechos, donde ellos quisieran. Así lo hicieron después de estar un rato mamando sus bonitas vergas. Se corrieron, casi al mismo tiempo, en mi cara y mamas y yo, como si de crema se tratara, la repartí por el resto de mi cuerpo.

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