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Un día, estando en la cama con mi marido haciendo un 69 él me metió, al mismo tiempo, un consolador mientras me chupaba el clítoris y yo le mamaba la polla. Me corrí muy rápido en la boca de mi marido y él entonces, dándome la vuelta, me montó y metiéndomela en el coño, me decía al oído: - He disfrutado mucho y creo que tú también por lo que tendrás que reconocer que sería mucho mejor tener dos pollas de carne que una de plástico. ¿Qué te parece si empezamos a pensar en hacer un trío? Tras corrernos, yo por segunda vez, y estar descansando, le pregunté si sería capaz de verme con otra polla metida en el coño y soportar ser un cabrón consentido, porque cornudo ya lo es aunque él no lo sabe. Enseguida me respondió que sí, por lo que yo le puse una condición diciéndole: - Ya que a mí me la va a meter otro hombre, a ti también te tendrá que dar por el culo. Si estás de acuerdo, haremos el trío pero sino, olvídate de ello. Estaba de acuerdo antes de terminar yo de hablar. Con esta conversación, nos habíamos calentado de nuevo y empezamos a hacer el amor, pero esta vez cogí yo el consolador y poniéndole un poco de crema mientas le chupaba la polla, se lo metí por el culo, corriéndose enseguida en mi boca. Al día siguiente me fui al apartamento de mi amigo Juan y le conté lo que habíamos acordado mi esposo y yo pidiéndole que fuera él el que se follara a mi esposo y después a mí. Me costó un poco convencerlo pero al final aceptó y preparamos el plan de como sería el encuentro. Tras mucho pensarlo, quedamos para el miércoles siguiente, a las diez de la noche, en un club de la Albufereta y yo, durante la semana que faltaba para el encuentro y cada vez que hacíamos el amor, me entretenía en meterle muchas veces el consolador en el culo a mi marido, dándome cuenta de que disfrutaba mucho. El miércoles le dije a mi marido que viniera pronto del trabajo, que tenía una sorpresa para él y saldríamos a cenar fuera. Llegó puntual, nos arreglamos y nos fuimos a un restaurante turco, bebiendo un poco más de la cuenta. Al acabar le dije a mi esposo que me apetecía ir a un club de intercambio, cosa que aceptó encantado. Cuando llegamos, ya estaba mi amigo en la barra. Nos sentamos en una mesa y pedimos unas copas. En eso pusieron música lenta y le pedí a mi marido que me sacara a bailar. Mientras bailábamos en la pequeña pista, yo le decía al oído: - Esta noche me encuentro con ganas de adornarte la frente, el señor
de la barra no está nada mal y debo decirte que me ha guiñado
el ojo por dos veces... Mi marido se fue a sentar a la mesa y yo me fui a la barra diciéndole a mi amigo Juan que me sacara a bailar, aunque antes le comenté que tenía que ir al servicio. Por el camino hacia el aseo, paré en la mesa de mi marido y le pregunté haciéndome la inocente: - Si bailando con el señor, me mete mano, ¿qué tengo
que hacer? Fui al lavabo y al salir me puse a bailar con Juan que, a los cinco minutos, me metía mano bajo la minifalda y me morreaba mientras el cabrón de mi marido nos miraba. Entonces fue cuando le propuse a Juan irnos a otro lugar, fui a buscar a mi marido y los tres nos marchamos al apartamento de Juan. Al llegar, haciendo un poco de comedia, dije que era la primera vez que íbamos a hacer algo parecido y que teníamos un poco de vergüenza. Juan puso una película porno en el vídeo y yo me senté en el sofá entre los dos empezando ambos a meterme mano y a besarme. Mientras uno me chupaba una teta, el otro me metía un dedo en el coño, hasta que propuse desnudarnos y seguir con este juego tan excitante. Ya en pelotas los tres, me puse de rodillas y comencé a chuparles la polla a los dos pasándole, al mismo tiempo, un dedo por la raja del culo a mi marido. En un momento dado, le pedí a mi esposo que me ayudara a chuparle la polla a Juan y aunque no le gustó demasiado la propuesta, logré convencerle para que lo hiciera y mientras él chupaba la polla del que tantas veces le había hecho cornudo sin saberlo, ahora le iba hacer cabrón. Mientras mi marido mamaba la gorda verga de mi amante, yo fui chupando la suya al tiempo que le pasaba un dedo por la raja de sus nalgas y acababa por metérselo en el agujero del culo hasta que le dije a Juan: - ¡Colócate detrás de él y métesela en el culo! Juan así lo hizo. No sé si le dolió a o no pero la cuestión es que el poco rato se la tenía dentro del recto hasta los cojones mientras yo se la seguía chupando. No tardó nada en empezar a bombear viendo yo como mi esposo disfrutaba con aquel su primer enculamiento. Cuando Juan se corrió, llenando las entrañas de mi marido con su abundante esperma, se la sacó del culo y fue a lavarse. Ya a solas, le dije a mi marido que dentro de un momento le iba a adornar la frente con unos hermosos cuernos. Mientras él me besaba, le pregunté: - ¿Has disfrutado con una polla en el culo? Entonces llegó Juan y empezamos a meternos mano mientras mi marido se sentaba en el sofá a mirar. Hicimos un 69 y cuando Juan quiso metérmela, llamó a mi esposo para que hiciera de mamporrero. Mientras, mi esposo agarrando la verga de mi amante, me la metía en el coño, yo le tocaba la frente diciéndole: - Te está creciendo algo en la frente - y dándome cuenta de como se le empalmaba mientras nosotros follábamos, le ordené - ¡Mastúrbate! Mi marido se corrió en el mismo momento en que Juan me llenaba el coño de leche. Entonces me fui al aseo a lavarme y al volver me encontré con mi marido inclinado sobre la mesa, con las piernas abiertas y Juan follándoselo de nuevo. Me coloqué detrás de Juan y empecé a chuparle los huevos hasta que se corrió otra vez dentro del culo de mi marido. Con todo esto se nos hicieron las tres y media de la madrugada. Nos lavamos, vestimos, despedimos y nos fuimos a casa. | |||||||||||||||