Su marido sabía lo caliente que era su mujer y le preparó una fiesta con un grupo de jóvenes. Disfruto de aquellos potentes machos, y no le dejaron ni un agujero de su cuerpo sin follar.

Soy Ana de Castellón y voy a contaros una fiesta que me montó mi marido y quiero que algunos lectores se den cuenta de lo decidida y de lo claras que tengo las ideas. A mí me encanta el sexo con naturalidad, lo cual no quiere decir que sea con un solo hombre, y ese es mi objetivo, el de pasarlo bien, sin complicaciones. En estas relaciones el amor, para mí, no cuenta para nada, eso lo reservo para Vicente, mi marido, que es el que me prepara todas esas sorpresas sexuales para que mi caliente cuerpo reciba todo el placer que necesita. La última sorpresa que recibí fue la orgía que os voy a relatar y donde tuve nada menos que a catorce hombres para mí sola. Si, para mí y catorce. Así es como me gusta. La fiesta fue en un hotel de la ciudad y como siempre, cuando mi marido me prepara algo, me dijo:

- Cariño, hoy estoy liado, acude a tal sitio y allí nos vemos...

Acudí, a la hora que él me indicó, a una céntrica cafetería a esperarle. Allí, como media hora después, me recogió con el coche llevándome a un hotel. Solo de pensar en lo que podría ocurrir, se me mojó el coño. Salimos del ascensor y entramos en una habitación doble la cual, para mi sorpresa, muy agradable por cierto, estaba llena de chicos jóvenes, de 24 a 38 años. Después de que mi esposo me los presentara, me anunció ante ellos como su "objeto de placer" y añadió, que podían hacer con mi cuerpo todo lo que quisieran. Nos servimos unas copas de champan y hablamos durante unos pocos minutos. Estaban todos muy cachondos y empezaron a besarme y a tocarme. Vicente les había puesto al corriente de los que a mí me gustaba. Cuando me dijeron que eran catorce chicos, me puse a tope. Me gusta mucho el sexo y follar me vuelve loca. No me corto por nada y no soy nada estrecha. Tenía a mi alrededor a cinco o seis de ellos, tocándome sin problemas hasta que me desnudaron por completo.

Pusieron un colchón en el suelo y me tumbaron en él, toda espatarrada. Allí me hicieron de todo. Me besaban, lamían mis tetas, mi coño, mis piernas... y yo no perdía el tiempo, mis manos no paraban de tocar sus paquetes hinchados de deseo. Mientras me iban haciendo todas esas caricias tan íntimas, ellos se iban desnudando. Había pollas de todo tipo y tamaños, pero todas eran grandes, como a mí me gustan, y con los huevos peludos. Me estaban repasando con sus manos y sus bocas, y cuando los vi a todos bien empalmados, les pedí que se pusieran alrededor mío. Me arrodillé y les iba chupando la polla a todos. Tenían las vergas como rocas y me dolía la boca de tanto mamar y chupar, pero decidí cambiar de postura. Me senté en una silla y seguí mamándolas una detrás de otra. Además, así sentada, podía tocarles y chuparles los huevos. Cuando todas estaban ya tiesas y duras como barras de hierro y mi coño chorreando jugos, yo misma me situé en el colchón, me puse a cuatro patas, ofreciéndoles al completo la ardiente y abierta raja de mi coño.

Empezaron a follarme uno a uno. Mientras unos me follaban los demás me la ponían en la boca. Estaba en la gloria, sintiendo dos de mis agujeros llenos de carne "en barra". Como utilizaban preservativo, no me importaba que se corrieran en mi coño. Pero si podía prefería sacarlo y mamarla hasta que se corrían en mis tetas o en mi cara. Me vuelve loca esparcir la leche por mi cuerpo. No sé cuantas horas estuvimos así. Follando, tragando su espeso y abundante semen y sintiendo tal cantidad de orgasmos que casi pierdo el sentido en más de una ocasión a causa del intenso placer que estaba recibiendo. Fue una orgía que salió de maravilla pues a mi no me gusta el sexo anal y esos chicos, al decírselo, lo entendieron y en toda la sesión solo se preocuparon de darle gusto a mi coño y a mi boca. Es maravilloso sentir todo eso y más si estás rodeada de hombres con sus lindas y duras pollas apuntándote.

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