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Esto que voy a contarte, me sucedió hace algunas semanas. Es algo que no me esperaba y que nunca imaginé que pudiese sucederme. Todo comenzó una tarde en la que me encontraba trabajando en la oficina. Estaba a punto de marcharme, cuando oí a un compañero discutiendo con su novia, cosa que ya se había convertido casi costumbre en los últimos días. Su relación, al parecer, no andaba muy bien, por lo que no le di mucha importancia pero cuando me acerqué a la puerta para salir, primero escuché un portazo, me encontré con Silvia hecha un mar de lágrimas. A ellos los conozco desde hace varios años, compartiendo estudio, trabajo y fiestas, por lo que ella, al verme, se arrojó a mis brazos, buscando algún consuelo el cual, como buen amigo, traté de brindarle. Estuvimos hablando un buen rato aunque, bueno, yo hablaba mientras ella
lloraba y trataba de explicarme lo ocurrido. Cuando se sintió mejor,
más calmada, me pidió que por favor la llevara a su casa,
a lo cual accedí. - ¿Por qué eres tan bueno conmigo? - me preguntó. Luego tomó una de mis manos y se la llevó hasta uno de sus pechos. Me costó un momento reaccionar ya que, a pesar de que muchas veces soñé con tenerla, nunca pensé que pasaría. Por cierto todavía no la he descrito, ella es bajita como de 1,60 m, cabello lacio castaño hasta el cuello, una cara atractiva, aunque un poco pecosa, piel blanca, unos pechos pequeños pero redonditos y bien duros, delgadita de cintura y lo que más me gusta, unas caderas anchas con un culo grande y redondo, y unas piernas bien torneadas. Pudo más la calentura que la razón y comenzamos a acariciarnos hasta que ella, poniéndose en pie, se quitó la blusa y el sujetador. Esto terminó por eliminar los últimos indicios de cordura que me quedaban. La atraje hacia mí y comencé a saborear aquellos manjares, coronados por un pezón rozadito y duro, jugando con mi lengua. Ella comenzó a emitir pequeños jadeos mientras mis manos acariciaban el resto de su cuerpo. Pronto me encontré quitándole el pantalón mientras ella hacía lo propio con mi ropa, hasta quedar los dos con una única prenda. Yo tenía una erección descomunal y no es que sea un superdotado, pero dadas las circunstancias, estaba excitado a más no poder. Sin decirle nada, ella comenzó a lamer la punta de mi polla y luego se la introdujo, poco a poco, en su caliente y sabrosa boca. Ella era un poco torpe, pero era más el gusto que me daba y más cuando, según me comentó después, fue su primera vez. Antes de correrme, le dije que era mi turno. Ella se mostró un poco asustada, pero me permitió quitarle su braguita. Poco a poco, fui separando sus piernas y besándolas, llegué hasta esa dulce cuevita, envuelta por unos labios rosaditos ya bastante mojados y coronados por un triangulito de vellos castaños bien cuidados. Con mi lengua comencé a explorar la raja separando sus labios y cuando alcancé el clítoris, ella dio un gran suspiro y arqueó la espalda. Comencé a introducir uno de mis dedos en su coñito hasta hacerla correr como tres veces. Lentamente deslicé mi dedo húmedo por sus jugos hasta la entrada de su ano y empecé a jugar con él mientras ella se retorcía de gusto. Así estuvimos por algunos minutos, luego me levanté y tomé posición para penetrarla, pero ella, deteniéndome, me dijo: - No, aún soy virgen y quiero seguir siéndolo. Esto me dejó bastante frustrado. Le dije que lo entendía pero que no podía dejarme a medias. Entonces ella se levantó y se fue al baño. Pensé que la cosa se había terminado y que ella tenía remordimientos, pero regresó con algo en la mano, se acercó con una sonrisa y me dijo: - Mi coñito lo quiero seguir teniendo virgen, pero te compensaré entregándote mi culo, que también es virgen. Esto me ocasionó gran alegría. Por fin iba a gozar de algo que había deseado por mucho tiempo. Se puso de rodillas en el sillón, dejando su culote en pompa, me acerqué y la acaricié, luego me puse de rodillas y le lamí el coño y su ano, introduciendo mi lengua y cuando me pareció que ya estaba lista, tomé posición pero no sin antes aprovechar y deslizar la punta de mi polla entre sus labios vaginales, lo cual le causó un gran estremecimiento. Luego se lo coloqué en su entrada trasera y comencé a empujar. Ella se quejaba, pero me pedía que no me detuviera. Cuando ya tenía más de la mitad de mi verga dentro de su culo, la dejé un momento para que se acostumbrara para luego iniciar un movimiento de metisaca cada vez más rápido y fuerte. Ella gemía de gusto mientras seguía dándole, acariciándole las tetas, hasta que llegamos juntos a un increíble orgasmo, del cual tardamos varios minutos en recuperarnos, mientras nos abrazábamos y besábamos. Luego tomamos una ducha juntos, donde me mamó nuevamente la verga, pero esta vez si dejé que se tragara todo mi semen, lo cual le fascinó y también la volví a penetrar por ese sabroso culo. Nos vestimos y esperamos a llegaran sus compañeras, para después irnos a cenar. No sé si ella se lo habrá contado a alguien y no sé si lo volveremos a repetir. Creo que ella ya hizo las paces con su novio pero, en algunas ocasiones y muy disimuladamente, me lanza unas miradas cómplices mientras desliza una mano por su exquisito trasero. | |||||||||||||||