Esperaba pasar una Nochevieja muy caliente en compañía de un amigo pero al fallarle éste, se quedó con la madre del amigo para no dejarla sola. Sin saberlo, fue la mejor idea que podía tener en la vida. La señora, separada y con ganas de recuperar el tiempo perdido, no sólo se le abrió de piernas sino que le entregó por entero sus tres agujeros.

Me llamo Simón, tengo 25 años y resido en Málaga. Soy de lo más normal y nunca he tenido nada interesante que contar a causa de que, a mi edad, aún seguía siendo virgen. Muchos de los relatos que leía me producían envidia al no vivir algo parecido. Pero esto cambió en las pasadas fiestas. Había quedado con mi mejor amigo, Alfredo, para pasar a recogerlo a su casa a las once a fin de ir la Nochevieja de marcha por la ciudad. Así lo hice. Llamé a su puerta y me abrió la madre, que se llama Nieves y es la clásica ama de casa, con unos cuantos kilos de más y que siempre va a lo suyo sin meterse con nadie, ni llamar la atención. Pero esa noche se había arreglado y estaba muy guapa. Al felicitarla, con dos besos en las mejillas, se lo dije. Ella riendo, se sonrojó. A sus 50 años y tan bien arreglada, lo cierto es que estaba apetecible.

- Alfredo se ha ido sin decirme nada - dijo, invitándome a pasar - Supongo que regresará pronto para iros juntos.

Pero el tiempo pasaba y Alfredo no aparecía. A Nieves se la notaba triste y como empezamos a hablar, pronto descubrí el motivo. Llevaba unos años separada y de nuevo pasaba las fiestas sola. Entonces la invité a venirse con nosotros pero no quiso.

- Entre tantos jóvenes yo sólo seré un estorbo - me dijo.

Llegó la hora de las uvas y yo seguía allí, esperando.

- Tómatelas conmigo - me invitó Nieves.

Acepté y así lo hicimos. Fue muy divertido, reímos y nos atragantamos. Después Nieves, emocionada, me felicitó el año besándome en la boca casi sin darse cuenta. Al instante se apartó, disculpándose y yo no supe como reaccionar.

- ¿Puedo quedarme aquí esta noche como tantas veces hice de pequeño? - le pregunté - Está claro que Alfredo se ha olvidado de mi y no me apetece salir a buscarlo por todas partes.

Estuvo conforme, aún avergonzada de lo que había pasado antes y añadió que iba a cambiarse ya que se sentía incómoda con la ropa que llevaba. Fue a su dormitorio y al poco rato volvió. Se había lavado la cara para quitarse el maquillaje y se había puesto una bata y unas zapatillas. Nos pusimos a ver una película en la televisión y cuando terminó, empezó otra erótica. Nieves empezó a sentirse incómoda. Eran ya las dos de la mañana y dijo que se iba a dormir. Poco después yo hice lo mismo. Entré en el cuarto, me desnudé por completo y me metí en la cama. Por mucho que lo intenté, no podía conciliar el sueño y tras una hora dando vueltas en la cama, me levanté para ir al baño. No se me ocurrió ponerme nada encima y salí al pasillo en cueros. El baño estaba junto al dormitorio principal, donde dormía Nieves. A medida que me iba acercando, empecé a oir algo en el dormitorio, me asomé con disimulo y lo que vi hizo que el pito se me empalmara instantáneamente.

Nieves estaba sobre la cama, desnuda, metiéndose en el coño, que tenía extraordinariamente peludo, un consolador que movía frenéticamente, jadeando y emitiendo sonoros gemidos. La observé un rato escondido hasta que no pude más y entré para verla más de cerca. Nieves estaba tan concentrada en lo que hacía que no advirtió mi presencia. En un momento determinado, el consolador le resbaló de la mano, saliéndosele del coño. Instintivamente me coloqué entre sus piernas y le metí, hasta el fondo, mi pito. Empecé a moverme. Nunca había tenido yo antes aquella sensación. Su coño estaba muy mojado y caliente. Yo estaba muy nervioso ya que era mi primera vez. Nieves, sin protestar por mi intrusión, acompañaba mis movimientos. No obstantes a mi me daba la sensación de que ella no era consciente de lo que hacía o que lo seguía haciendo con el consolador. Tenía los ojos cerrados y cara de satisfacción, jadeando y suspirando.

No pude evitar correrme al poco rato, echándoselo todo dentro. Me aparté, Nieves se levantó, sin ni siquiera mirarme. Creo que fue al baño a lavarse. Yo me quedé tendido sobre la cama, intranquilo por lo que pudiera decirme y lo enfadada que estaría por lo que había hecho. Pero me equivocaba. Regresó del baño sonriente, se echó en la cama a mi lado, muy pegada, m dio un beso y me dijo:

- No sabes cuanto te agradezco que hayas hecho esto. Hace tiempo que voy a un sex-shop donde compré el falso pene para consolarme y también compro películas.
- ¿Así... no estás enfadada? - balbuceé.
- En absoluto - me contestó - lo estaba deseando pero no me atrevía a pedírtelo.
- Pero no lo he hecho bien - le dije - me he corrido enseguida... estaba nervioso... era la primera vez que yo...
- ¿Yo he sido la primera? - me cortó Nieves con cara entre sorprendida y satisfecha.

Asentí, se abrazó a mi y besándome exclamó:

- ¡Que alegría! - y acariciándome con dulzura el pito, añadió - ¿Qué te parece si lo repetimos más tranquilamente?.

Le contesté que lo estaba deseando. Una sonrisa se dibujó en su boca y me dijo:

- Te voy a hacer todo lo que he visto en las películas.

Se metió mi pito en la boca y lo empezó a chupar. Me estaba volviendo loco pero noté que si seguía así me iba a correr. Se lo dije. Entonces paró y me dijo, al mismo tiempo que señalaba su peludo coño:

- Eso me lo tienes que echar aquí. Ahora cómeme las tetas y el coño.

La obedecí. Saboreé sus pezones lentamente, dándoles mordisquitos y chupadas. La tortura le estaba encantando a Nieves que se retorcía de gusto. Después lamí sus grandes tetas por completo, para ir bajando por la tripita hasta alcanzar su peludo coño. En ese momento ella empezó a exclamar:

- ¡Eso es, cómeme el coño, mi amor, cómemelo!.

Lo hice lo mejor que supe y por el comportamiento de Nieves, que chillaba, se aplastaba y apretaba las tetas con fuerza, lo hice bien. Nieves terminó suplicando que se la metiera. Metí mi pito en su ardiente coño, primero muy despacio para que ambos disfrutáramos de cada instante de la penetración y luego, poco a poco, fui incrementando el ritmo de la follada.

- ¡Sigue, sigue... no pares... como la siento... aaah...! - decía Nieves entre suspiros y jadeos.

Al final yo iba a toda velocidad. Nieves chillaba como una loca a punto de correrse hasta que la oí gritar:

- ¡Echamelo en la boca... quiero probar su sabor!.

Se la saqué y escupí toda mi descarga en su boca. Se lo tragó todo, exclamando:

- ¡Esto está delicioso, me tienes que dar más!.
- Estoy a tu disposición, siempre que quieras - le contesté.
- ¡Eres maravilloso! - replicó, dándome un abrazo.

Eran más de las cinco dela mañana y los dos sin pizca de sueño. Nieves propuso que nos diéramos un baño juntos. En cueros por la casa y cogidos de la mano, entramos en el baño. Nieves se encargó de preparar la bañera mientras yo la miraba. Nos metimos en ella, uno frente al otro, muy cerca y acariciándonos mientras hablábamos.

- He sido muy infeliz en mi matrimonio - me confesó - Pero nunca me atreví a buscarme un amante ni cuando me separé porque, a pesar de lo que hemos hecho, yo he sido siempre muy pudorosa. Ahora me siento cómoda estando desnuda contigo y si he recorrido al sex- shop es porque estaba desesperada.

A continuación me contó las fantasías que se le habían despertado viendo las películas porno que adquirió en el sex-shop, como hacer el amor con otra mujer, que dos hombres se acostaran con ella al mismo tiempo y que la follaran por el culo. Soltó una carcajada y jugueteamos, echándonos agua hasta volver a abrazarnos, concluyendo así el baño. Tras secarnos, volvimos al dormitorio. Nieves estaba muy cariñosa y pese la hora, las seis de la mañana, me preguntó:

- ¿Tienes ganas de seguir?. No puedo dejar irte sin romperme el culo. Me he decidido. Alguna vez me he metido el consolador pero lo tuyo seguro que es mucho mejor. Así me lo desvirgas como yo he hecho contigo. Es un bonito regalo, ¿verdad?.

Como respuesta le di un beso en la boca y le dije que me la pusiera dura. Se echó sobre mi, chupándome el pito. Yo la fui moviendo hasta colocar su trasero encima de mi cabeza, quedando en la posición del 69. Empecé a lamerle, alternativamente, la raja del coño y el agujero de su culo. Ella seguía enfrescada chupando mi pito.

Empecé a meterle los dedos en el ano para dilatarle el agujero y, después, coger el consolador, que seguía sobre la cama, para abrírselo aún más. Cuando lo consideré a punto, le saqué el consolador y dándole una palmada en su amplio trasero, le dije que se colocara. Se sacó mi pito de la boca y yo me salí de debajo de ella. Se puso a cuatro patas, abriéndose las nalgas al máximo. Llevé mi pito a la entrada del agujero. Empujé y poco a poco fue entrando. Nieves no se quejaba y me animaba a continuar. Por fin me acoplé por completo y comencé a moverme lentamente. Entonces sí que se quejó diciendo que le dolía pero también que le gustaba. Seguí moviéndome a un ritmo cada vez más intenso. Nieves chillaba pidiendo que lo hiciera lo más fuerte posible. Tras un buen rato dándole caña por el culo, me corrí echándoselo todo dentro. Nieves exclamó:

- ¡Como siento tu leche caliente dentro... es genial, mejor que en el coño! - se puso boca arriba y añadió - Estoy cansada pero a gusto, gracias.

Yo me bajé de la cama y fui al baño a orinar. Cuando regresé Nieves dormía plácidamente. Debía estar agotada. Ya eran cerca de las ocho. La dejé dormir, me di una ducha y después, buscando algo en el frigorífico, desayuné. Fue entonces cuando llegó Alfredo muy contento. Se quitó la ropa quedándose como estaba yo, o sea en pelotas, pues aún no me había vestido.

- No armes jaleo que vas a despertar a Nieves - le dije.

A continuación le recordé nuestra cita y como no apareció le dije que tomé las uvas con su madre y después, para que no estuviera sola, la llevé a bailar a una discoteca regresando a las cinco de la mañana.

- Habrá sido un muermo de noche - me soltó sin sospechar nada - Yo he estado con dos chavalas buenísimas, he ido a su casa y hemos estado toda la noche follando... mira como me han dejado la polla, pero he quedado con ellas para irnos de marcha un fin de semana. Ahora me voy a dormir.
- Si tú supieras... - pensé para mi.

Ya solo, me fui a buscar mi ropa, me vestí y antes de marcharme fui al dormitorio de Nieves. Verla desnuda en la cama, indefensa, me turbó, la acaricié por todo el cuerpo, después la besé en el coño, luego en los labios y me fui.
A la mañana siguiente Nieves me llamó para decirme que quería volver a estar conmigo a solas. Yo también quería estar con ella, con la mujer que me hizo descubrir los placeres del sexo. Alfredo nos lo ha puesto en bandeja. Va a irse a Almería el fin de semana con las dos chavalas que conoció en Nochevieja. Nieves al saberlo, no tardó en llamarme. Estoy impaciente para que llegue el día. Lo que suceda ya os lo contaré.

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