A sus cincuenta años, nuestra amiga comunicante quiere contarnos todos los placeres que han llenado su vida, desde que conoció el sexo por primera vez gracias a un primo muy adelantado en estas cosas y a unos padres adoptivos sin excesivos tabús.

Hoy tengo 50 años, me llamo Andrea, estoy felizmente casada, soy muy ardiente y junto a mi marido, o por separado, disfruto todo lo que puedo de mi cuerpo. Lo que quiero contar sucedió hace varios años. Nací en Venezuela y fui adoptada por una pareja de españoles que trabajaban en mi país. Mis padres adoptivos, Rafa y Alba, me criaron como a su verdadera hija y me dieron todo el amor necesario para ser una niña feliz. Alba tenía una hermana a la que estaba muy unida, madre de su sobrino César, al que adoraba pues era un niño encantador, pero un mal día, en un accidente de tráfico, fallecieron sus padres y mi primo quedó solo. Por supuesto, Alba lo adoptó y así nos criamos los dos juntos.

Un día estábamos los dos en la piscina y sin saber como, terminamos hablando de sexo. Sin más, mi primo, me preguntó si había visto alguna vez una polla. Le dije que no y él entonces, apartó su bañador y me dejó ver una verga grande, gorda y sobre todo dura. Luego, mi primo se levantó y se fue al baño donde yo, curiosa, le seguí y por la cerradura pude ver que, sentado en la taza, se estaba acariciando la polla en lo que más tarde supe que era una paja. Al verlo se me escapó una exclamación y mi primo, abriendo la puerta, con toda la polla al aire, me cogió del brazo y me hizo entrar. Le pedí perdón pero él, diciéndome que estaba bien que quisiera aprender, siguió meneándosela. Yo miraba fijamente su dura verga hasta que él, con su mano libre, me bajó la braga del bikini y metiéndola entre mis muslos, con uno de sus dedos, empezó a frotar mis labios vaginales. Me abrí de piernas para facilitarle la labor y al poco tiempo una placentera sensación invadió mi cuerpo. Había tenido mi primer orgasmo y en ese momento vi que la polla de mi primo soltaba un gran chorro de semen. Antes de salir del baño, le hice prometer que lo haríamos más veces.

Al día siguiente, después del almuerzo, César me hizo señas. Mis padres adoptivos se fueron a dormir la siesta y yo estaba muy nerviosa por volver a sentir esa sensación. Antes quise asegurarme de que ellos dormían, salí al balcón y fui a la ventana de su dormitorio pero lo que me encontré me dejó paralizada. Alba, de rodillas, chupaba la polla de su marido el cual reflejaba en su cara el enorme placer que le estaba dando. Al poco rato, ella se sacó la polla de la boca, se puso a cuatro patas y abriéndose de piernas, le ofreció su coño diciéndole que se la metiera hasta el fondo. Entonces pude ver como la verga de Rafa, que era enorme, desaparecía dentro del cuerpo de su mujer y como ella, cuando terminó de metérsela, daba un grito de placer.


- ¡Cariño, como me llena, la tienes buenísima, muévete, fóllame y méteme un buen polvo! - repetía ella entre gemidos.

En el acto noté como mi coño empezaba a mojarse. Me había calentado tanto que deseaba imitar a Alba, por lo que me dirigí al lavabo donde mi primo ya se la estaba meneando. Me arrodillé entre sus piernas y cogiendo su polla se la masturbé unos momentos y luego me la metí en la boca.

Su polla empezó a latir con fuerza pero yo no quería que se corriera en mi boca así que me la saqué y como hiciera Alba, me puse a cuatro patas y separando mis piernas, le ofrecí mi chochito. Mi primo, al verme así, me dijo:

- Si quieres que te la meta, estás loca.
- ¡Sí, loca de sentir tu polla dentro de mí... vamos cariño, métemela y dame gusto!

Puso su capullo a la entrada de mi coño y poco a poco me la fue metiendo hasta encontrar mi virgo. Entonces me cogió por las caderas y me penetró con fuerza. Sentí el dolor pero, poco después un placer nunca sentido que me hizo decirle que me que corría.

- Yo también me corro - me dijo mi primo - pero no puedo hacerlo dentro de ti.

Me la sacó y recibí en mis pechos toda la semilla de su placer y que me esparcí por todo el cuerpo encantándome sentir su calor en mi piel. Me abracé a él y le besé en la boca. Esto lo repetimos varios días hasta que nos pilló Alba cuando lo hacíamos en el baño. Nos quedamos los dos callados y rojos como un pimiento. Al final ella me cogió del brazo y me metió en su dormitorio.

- ¿Qué hacíais los dos en el baño? - preguntó - Ya eres una mujer y tu primo un joven muy apuesto, pero quiero que me digas la verdad, ¿te ha tocado? - no contesté pero la expresión de mi cara me delató - Ya veo que sois unos cochinos - añadió pero con una sonrisa, por lo que le prometí que no lo haríamos más - Si te gustó, buscarás con quien hacerlo.
- No, de verdad - insistí - no lo haré más.
- Dime,cariño, ¿tu primo te hizo gozar?
- Sí, mucho.

- ¿No se habrá corrido dentro de ti...?
- No, cuando le venía me la sacó y se corrió en mis tetas.
- ¿Te hizo daño cuando te la metió?
- No, no la tiene muy grande, no es como la de Rafa.
- ¿Y cómo sabes tú eso? - dijo ella sobresaltada.
- Hace unos días os vi a los dos en la cama.
- ¿Y qué viste?
- Vi como te la metías en la boca y como él te la metía después por el coño. ¿Te dio mucho gusto, verdad?
- Sí, mi amor.

Alba dijo que podía marcharme, salí de la habitación pero oyendo como ella llamaba con voz imperiosa a César.

Llena de curiosidad por saber qué le diría, me fui al balcón. Alba estaba sentada en el borde de la cama y mi primo de pie con la cabeza agachada.

- ¿Crees que está bien joderte a tu prima? - le dijo su tía - Aún eres joven y espero que sea verdad que no te has corrido dentro de ella.
- No, pero me hubiera gustado - se atrevió a contestar él.
- Está bien, ya no hay remedio pero ahora quiero que me enseñes tu polla para ver si no te has hecho daño.

Mi primo se resistió a sacársela del pantalón pero ella insistió hasta que él se abrió la bragueta y se sacó la verga.

- Perdona, pero tenemos que ponerla dura para ver si está bien - dijo Alba mientras se la cogía con las manos y tras darle unos meneos, se la ponía como el hierro, luego le sacó el capullo, le pasó los dedos y añadió - Lo tienes bien y que duro...

Mi primo estaba muy caliente y sin pensarlo metió una mano bajo la camiseta de su tía y le cogió un pecho.

- César, por favor, tranquilízate - le dijo ella - Eres muy fogoso... ¿te la meneas mucho?
- Sí, tía, todos los días y alguno dos veces - contestó él.

Alba le cogió la polla y le dijo:

- Anda, vamos a guardar esto antes de que te duelan los huevos - pero la tenía tan dura que no había forma de guardarla y ella exclamó - ¡Que potencia tienes, cariño!

Mi primo metió nuevamente la mano y le cogió el pecho pero esta vez ella no protestó. La muy puta se había calentado con la polla de mi primo.

Al final Alba se sacó la camiseta y cogiendo una de sus mamas, le puso el pezón en la boca a César. Yo no podía creer lo que veía. Alba se quería tirar a mi primo. Efectivamente, ella se inclinó y empezó a darle besos en la polla, le pasó la lengua por toda la barra y se la metió en la boca, empezando a mamar. Mi primo gemía como un niño hasta que su tía le quitó toda la ropa y después se desnudó ella, tumbó a César de espaldas en la cama y abriéndose de piernas encima de él, le preguntó:

- ¿Esto es lo que quieres?
- ¡Sí, tía, quiero tu coño! - contestó él con voz temblorosa.

Alba fue bajando lentamente hasta meterse toda la polla en su coño. César empujaba con furia para metérsela entera y ella se movía en círculos.

- ¡Las tetas, mi amor, cógeme las tetas, chúpamelas que las tengo ardiendo! - gritaba ella, así que mi primo levantó la cabeza y se metió un pezón en la boca - ¡Así, mi amor, muérdeme... que placer sentirte tan dentro de mi... tienes una polla maravillosa!

Alba siguió follándoselo mientras él le comía las tetas. La muy puta estaba que se corría hasta que, para darle más morbo, se la sacó y le puso el coño en la cara diciéndole:

- ¡Ahora me vas a comer el coño, mete tu lengua que quiero darte mi primera corrida! - mi primo metió la lengua en la vagina y al poco su tía gritaba - ¡Ya mi amor, ya me viene, sigue... métela bien dentro... oooh...!

La cara de mi primo quedó llena de sus caldos, entonces ella le cogió la polla, se puso el capullo entre los labios y pude ver como un gran chorro de leche se metía en la boca de su tía. Pasé el resto del día como una perra en celo. Estaba deseando que mi primo me la metiese hasta los cojones y también poder probar su leche.

Cuando pensé que Alba y Rafa estarían dormidos, entré en el cuarto de César. Me metí en su cama, lo abracé y le dije que quería probar todo lo que le hizo a su tía. Me dijo que lo dejara para otro día pues ella le había dejado sin fuerzas.

- No te preocupes, primito, ya verás como sí puedes - le dije mientras le cogía la verga y empezaba a chupársela con todas mis ganas logrando ponérsela como el hierro.
- Así, primita, sigue mamando que me da mucho gusto, sigue chupando, que lo haces tan bien como mi tía...
- Quiero que tú me chupes mi coñito - le contesté, poniéndome de espaldas y abriendo mis piernas para que mi primo pudiese comerse bien mi almeja y me hiciese gozar como lo había hecho su tía.

Mientras mi primo tenía la cabeza entre mis piernas, miré a la ventana y vi a Alba. Esto me puso aún más caliente, cogí la cabeza de César, tiré hacia arriba y asiendo su endurecida polla, la llevé la entrada de mi coño.

- ¡Métemela, fóllame fuerte que quiero correrme con tu polla! - gritaba yo hasta que me provocó un hermoso orgasmo

Entonces se salió, me incorporé me metí todo el rabo en la boca y sentí el chorro caliente golpear mi garganta. Al sentir ese semen caliente dentro de mi, me vino otro orgasmo. Mi primo seguía soltando leche y seguí mamando hasta que se le puso floja.

  volver al menú