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Hola, soy una vez más Nati, la cachonda madurita de Guecho, Vizcaya,
y os escribo para contaros más cosas que nos han ocurrido a mi
cuñada Flora y a mi. Como recordaréis, en anteriores testimonios
os narraba nuestras aventuras con Nico, el joven que trabaja en las oficinas
que limpiamos mi cuñada y yo y como se había incorporado
al grupo su jefe, Gabino, un atractivo hombre de unos 60 años,
con una pollaza realmente descomunal. También nos contó que no había sido el único testigo ya que precisamente había subido a las oficinas en compañía del vigilante del edificio y juntos, nos habían visto hacer todo tipo de guarradas con nuestros dos amantes. Al parecer se había preocupado ante nuestra tardanza en salir y le había comentando el asunto al vigilante, al que ya conocía pues, como sabéis, nos va a buscar casi todas las noches. El vigilante se había ofrecido a subir con él a buscarnos por si nos había pasado algo y con lo que se encontraron fue con que estábamos follando a todo tren con Nico y el señor Gabino. - No nos atrevimos a intervenir - nos explicaba Fernando - pero, como
podéis imaginar, yo tengo la polla a reventar después de
haberos visto en ese plan. Diciendo esto, allí mismo, dentro del coche, le echó mano al paquete a Fernando y sacándole la polla, le empezó a cascar una paja. Como Fernando estaba al volante y la situación no era la más cómoda, entre risas, pasamos los tres a los asientos traseros y allí, entre las dos, seguimos cascándole la polla a Fernando. El también empezó a tocarnos las tetas pero no fue mucho
más allá porque enseguida se corrió, lanzando unos
abundantes y espesos chorros de semen caliente. Cuando el lunes, Flora
y yo volvimos al trabajo, Nico ya no estaba. Había acabado el trabajo
que le había retenido hasta tarde la semana anterior y ahora ya
debía salir de trabajar a una hora normal así que Flora
y yo estábamos solos limpiando las oficinas. La jornada trascurría
entre risas, comentando lo bien que lo habíamos pasado con Nico
y con su jefe la semana anterior. Nosotras sonreímos, un tanto cortadas, pero Fernando continuó diciendo que a él, por lo menos, le habíamos cascado una paja pero que Gabriel, que así se llamaba el vigilante, estaba que no aguantaba. Entonces Fernando, que se había colocado entre nosotras, nos metió la mano por debajo de nuestras batas, levantándolas y empezando a acariciarnos los muslos y las nalgas mientras invitaba al otro joven a hacer lo mismo. El chico estaba bastante cortado pero como a m la idea de follar con él me estaba poniendo cachonda perdida, fui yo misma la que le dije: - Bueno, si ya nos habéis visto el otro día con el culo al aire, no creo que pase nada porque ahora nos lo toquéis un poco. Gabriel se me acercó y me empezó a acariciar un poco los muslos, pero aún se le notaba tremendamente cortado y nervioso. Para entonces, Fernando ya le había quitado a su tía la bata y el sujetador y estaba sobando a dos manos las tremendas tetazas de mi cuñada. La visión de las tetas de Flora parece que acabó con los temores del joven vigilante ya que enseguida empezó a sobarme los pechos, desabrochándome la bata. Yo reía ante el nervioso ímpetu del joven y me dejaba sobar, cada vez más cachonda. Cuando tanto Flora como yo, estábamos ya solo en bragas, mi cuñada dijo: - Por muy cachondos que estéis, será mejor que os esperéis ahí sentados a que acabemos nuestra tarea, que no es poca. Lugo, ya más tranquilos, veremos lo que hacemos, ¿os parece?. Diciendo esto dejó a Fernando, que le estaba chupando los pezones, con la boca abierta y cogió de nuevo la bayeta para seguir limpiando. Yo, aunque no entendía mucho la actitud de mi cuñada, hice lo mismo de manera que las dos seguimos con nuestro trabajo pero con la particularidad de que estábamos con las tetas al aire y vistiendo solo nuestras bragas y los zapatos. Mi cuñada me guiñó un ojo y enseguida me di cuenta de que su idea era poner a los chicos aún más salidos, si es que eso era ya posible. Desde luego las miradas que nos echaban eran de lo más elocuentes y es que debía ser interesante vernos limpiando las mesas con nuestras colgantes tetas bailando o con nuestros culazos en pompa mientras vaciábamos las papeleras. Al poco rato, los chicos no pudieron aguantar más el espectáculo que les estábamos brindando y Fernando, dándole una sonora palmada en el culo a Flora, nos dijo: - Venga, zorras, que esto ya es demasiado. Si vuestro trabajo es hacer la limpieza ya estáis dejándonos bien brillantes nuestras herramientas. Diciendo esto, se quitó pantalones y calzoncillos y agarrando a su tía por los hombros, le metió toda la estaca en la boca empezando a follársela. Enseguida Gabriel le imitó, desnudándose, pero a éste debía darle algo de corte ser tan agresivo conmigo así que tuve que ser yo quien, arrodillándome delante de él, le dijera: - Vas a ver la mamada que te va a hacer esta vieja, cariño, seguro que tu novia no te saca así la leche. Las dos empezamos a comerles las pollas a los chicos pero sin duda el
numerito exhibicionista, ideado por Flora, había sido efectivo
porque ninguno de los dos aguantó demasiado. En mi caso, apenas
le había dado media docena de chupadas a Gabriel cuando empezó
a gemir como un toro y se corrió de forma tremenda en mi boca mientras
me llamaba guarra, mamona, puta y otras lindezas por el estilo. Instantes
después era Fernando el que le ponía las tetas perdidas
a Flora pues se corrió echándole la leche en ellas mientras
le dedicaba palabras similares. Pero eso no era bastante así que les dijimos que lo que necesitábamos eran unas buenas pollas que nos taladraran el chocho a base de bien. No se hicieron de rogar y enseguida Fernando se la estaba metiendo a Flora estando ella sentada en el borde de una mesa y él entre sus piernas, agarrándola de los muslos. Yo, por mi parte, me puse a cuatro patas en el suelo y con todo mi gordo trasero en pompa, invité a Gabriel a que me follara como una perra. Cuando sentí el cipote del joven en el chocho ya tuve un primer e intenso orgasmo, pero la follada no había hecho más que empezar. Los dos chicos nos follaban con ganas y como ambos se habían corrido hacía poco, aguantaron bien mientras nosotras gozábamos como cerdas. Yo tuve tres orgasmos, a cada cual más intenso, antes de que Gabriel me inundara el chocho con su caliente leche mientras me decía: - ¡Que ganas tenía de joderte, cacho puta, como me pone de cachondo tirarme a una madurita calentorra como tú... toma, guarra, toma polla, puta!. Flora, por su parte, estaba berreando como una cerda en una especie de orgasmo continuo mientras Fernando la follaba sin compasión. Finalmente ambos debieron tener un orgasmo simultáneo que los dejó casi sin sentido mientras resoplaban como fieras para, luego, fundirse en un morreo absolutamente vicioso. A mi me calentaba enormemente ver a Fernando morrear con aquel vicio a una sesentona como Flora retorciéndole, al mismo tiempo, los pezones y así se lo hice saber a la vez que les decía que seguía con ganas de follar a lo que los dos jóvenes contestaron que seguro que no estarían en forma hasta pasado un buen rato pero Fernando, con un brillo de lujuria en los ojos, le dijo al vigilante: - Bueno, Gabriel, si nuestras pollas no están en forma igual podemos utilizar tu porra de vigilante para calmarle los ardores a esta puta. Todos reímos y creo que nos excitamos con el morbo de la propuesta. Yo debo reconocer que aquella idea tan viciosa hizo que mi coño se me mojara tanto que casi tengo un orgasmo. Ambos me cogieron en volandas para tumbarme sobre una mesa, con las piernas bien abiertas. Gabriel fue a por su porra y siguiendo las indicaciones de Fernando, me la empezó a pasar por toda la raja. Me tocaba el clítoris y me la metía un poquito para sacármela enseguida. Yo estaba que explotaba y cuando finalmente exploté en un orgasmo brutal fue cuando el chico se decidió a meterme un buen trozo de porra en el conejo barrenándome ahora el coño a toda velocidad y yo, entre el placer que me proporcionaba aquello y el morbo de la situación, empecé a experimentar una cadena de orgasmos que me hicieron gritar como una guarra hasta que me quedé destrozada sobre la mesa y sin fuerzas para poder levantarme. Así acabó aquella jornada de trabajo pero como días después empezamos a limpiar una discoteca, lo que nos ha pasado en este nuevo puesto, ya os lo contaré, porque no tiene desperdicio. | |||||||||||||||