Se casó pensando que en el matrimonio encontraría todo lo que su cuerpo joven y vicioso necesitaba. Al cabo de dos años supo que lo que necesitaba era entregarse por completo a un hombre duro, a un Amo. Quería ser una esclava. Buscó en contactos de revistas y encontró al hombre perfecto, al que se ha entregado por completo convirtiéndose en una, como dice ella, guarra totalmente sumisa y entregada a los más viciosos deseos de su señor.

Me llamo Joana, soy de Barcelona, tengo 28 años, soy morena y bien proporcionada, tengo unas tetas de 110, cinturita de 68 y culo de 95, mido 1'78, nací en una familia bien situada económicamente. Me casé a los 22 añitos con más vicio en mi cabecita que nada y creo que Nicolás, mi marido, se casó conmigo por la marcha que yo le proporcionaba, pero no tardé en averiguar que siempre había soñado con ser la esclava de algún tío.
Un día, leyendo una revista, encontré el contacto de un hombre que se anunciaba como Amo y buscaba una esclava sumisa. Aquel anuncio me impacto de tal manera que, al pensar que podría ser yo aquella esclava, inmediatamente se me mojaron las bragas y sin dudarlo ni un momento, le contesté. De todo ello hace dos años aproximadamente. Me llamó al cabo de unos días y con voz muy autoritaria, me exigió que me presentase en una cafetería del paseo de Gracia, sin bragas. Yo temblaba, entre excitada y nerviosa.

Cuando llegué estaba en la mesa que me había indicado. Era bajito y feo, pero un macho de mucho cuidado. Levantándose, me dio una impresionante morreada, pasando su saliva a mi boca. Luego me senté pero tuve la mala suerte de cruzar las piernas. En el acto él acercó su mano a mis nalgas y me dio un pellizco tan fuerte que, sin querer, chillé.

- No te pego un guantazo porque estamos en un sitio público pero, ¿es que no sabes que no debes cruzar las piernas? Mira, vámonos que te voy a leer tus obligaciones como la guarra y cerda esclava que vas a ser.

A mí ya me chorreaba el coño de tanta excitación. Llegamos a su casa, muy modesta por cierto y solo entrar me pegó un fuerte bofetón que me dejó como atontada, y me dijo:

- Ahora te desnudas por completo - y mientras yo lo hacía como un autómata, añadió - Tienes que estar convencida de que únicamente estás aquí para obedecerme, así que préstame atención, tendrás que ir siempre sin bragas, no puedes cruzar las piernas, tienes que sentarte siempre sobre tus nalgas, no sobre el vestido, tienes que depilarte el coño, no quiero verte jamás con pelo...
- Pero estoy casada... - se me escapó.

Otro fuerte bofetón me tiró contra la pared mientras él me decía:

- ¿Y a mi qué? Has contestado mi anuncio y tú sabrás si quieres continuar o no.
- Si, quiero - le contesté con un hilo de voz.

Supe se llamaba Emili y continuó preguntándome cosas hasta que, en una de esas, se me acercó y me puso unas ventosas en los pezones, con unos aros que me cortaban la circulación.

- Desde hoy nada será igual que antes - me dijo.

Me ató las muñecas y colgándome del techo, me puso el culo en pompa. Yo no paraba de destilar mis jugos y él, percatándose de ello, me dijo:

- Si lo quieres, serás la más cerda de todas las viciosas.

En esto noté una fuerte presión en mi ano. El dolor se fue haciendo terrible y entre sollozos le entregué mi voluntad y ya solo deseaba que él disfrutase de mí. Entre el dolor y el placer de la sumisión, tenía más de media mano de mi Amo metida en el agujero del culo y al cabo de un rato me estuvo bombeando el coño, al mismo tiempo, con su polla, al menos media hora. Me dolía el recto de una manera increíble pero también me daba un enorme placer. Me enseñó a buscar yo misma su polla ayudándole en la follada, y cuando se cansó de follarme, desató mis manos, me sacó las ventosas de mis pezones, viendo yo que los tenía enormes pero me prohibió sacarme los pequeños aros que me los aprisionaban, y que en la actualidad tengo enormemente salidos. Me exigió que el culo solo lo utilizaría él y que no se enterara de que otro me lo había follado. Me dio un contrato de esclavitud para que lo leyera y se lo debía devolver firmado si estaba de acuerdo. El primer período de aprendizaje fue de seis meses, con posibilidad de hacerlo indefinido, como el actual.

Al día siguiente yo estaba más caliente, si cabe que el anterior. Cuando llegué a su casa me hizo enseñarle el coño, ya totalmente depilado, y me dijo:

- Bien, ahora vamos a casa de un amigo, se llama Diego y le tienes que obedecer en todo como si fuera yo.

Estuve de acuerdo pues el contrato que había firmado, así lo decía. Al llegara casa de Diego y hacernos pasar, Emili me dijo:

- ¡Desnúdate! - al obedecer yo y ponerme de rodillas, añadió - ¡Sácale la polla y chúpasela!

Yo, que de golfa lo he sido en cantidad, nunca en mi vida había visto una polla tan enorme. Como pude, se la fui chupando, mientras ellos me llamaban lo que realmente soy:

- ¡Guarra, puta, mamona...!

Después me folló como quiso, acabando con una lluvia dorada. Me ordenaron que fuera al baño a ducharme pero que regresase lo más pronto posible. Al regresar al salón, me indicaron que me pusiera un tanga con la parte delantera pequeñísima. Me marcaron el contorno de la tela y haciéndomelo sacar de nuevo, Emili señaló un lugar preciso, señalando el pequeño triángulo que había dibujado. Luego me tendieron sobre una mesa y me ordenaron estar quieta y callada. Al cabo de unos minutos me di cuenta que lo que hacían era tatuarme. No dije nada pero al acabar Emili me comunicó:

- Yo ves que te he puesto mi nombre en el pubis, señal de que eres mía.

Yo protesté, diciendo qué diría mi marido pero él me pegó una castaña de mucho cuidado diciéndome:

- Te recuerdo que has firmado un contrato y además, con lo guarra que eres, tu matrimonio no puede funcionar así que te ordeno que busques la mejor manera para la separación.

Al cabo de tres días del tatuaje cogí unas décimas de fiebre, pero mi Amo me requería igualmente a diario. Las cosas entre Nicolás, mi marido, y yo no funcionaban ni funcionarían así que un día, al cabo de un mes de mi entrega a mi Amo, decidí decírselo a Nicolás, me desnudé completamente y lo espere en el salón de nuestra casa. Cuando llegó le dije directamente que quería separarme de él pues había decidido entregarme como esclava a un Amo.

- Ha de ser un tal Emili - me dijo de pronto.
- ¿Cómo lo sabes? - pregunté con sorpresa.
- Lo llevas escrito en el coño - contestó y luego siguió diciendo - ¿A ti te gusta como te van dejando? Mira que pezones, parecen los de una vaca, y tantos morados... enséñame el culo, seguro que ya te lo han abierto al máximo.

Yo le contesté que sí, pero que era muy feliz. Él empezó a pedirme que reflexionara pero yo le dije que no y que si él quería estar a mi lado tenía que entregarse también como esclavo. Me insultó, me pegó y me dijo que al cabo de un mes debería marchar del piso.

Así lo he hecho. No soy libre pero he conseguido lo que realmente me apasiona. En estos dos años que llevo como esclava me han hecho realizar cantidad de fotos y películas de las más fuertes que yo he visto y de las que no he cobrado ni una peseta, ya que Emili es quien lleva la contabilidad. Cuando Emili y Diego van de vacaciones o de viaje, siempre me llevan con ellos pero me dejan en bares de carreteras o haciendo la calle. Supongo que más de uno que me lea, se acordará de mí por el tatuaje, aunque Emili ya me ha dicho que si alguna vez decide venderme a otro Amo, tendré que someterme a borrar dicho tatuaje.

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