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Soy Isa, la zorrita sumisa de Santa Eulalia y quiero contar mi última experiencia guarra esta vez en compañía de Laura, la zorra que está conmigo en la central de alarmas, donde trabajamos las dos como operadoras. En mi último relato expliqué como me follé a mi cuñado y a tres de sus amigos y esta vez contaré lo que hicimos Laura y yo en uno de los lugares donde, vigilantes de la empresa, prestan sus servicios. Uno de los inspectores, Marco Antonio, siempre que le llamamos para pedirle novedades de tono, del tipo "te haría un traje de saliva" o "te lo comería todo". Marco Antonio está cada día de las nueve treinta de la noche a las siete treinta de la mañana y el lugar es una especie de residencia que se halla en el centro de un parque. Solo hace fiesta el jueves por lo que el martes pasado, al tener Laura y yo el día libre para darnos un descanso, decidimos presentarnos en el servicio por sorpresa. Llamamos a la puerta sobre las once de la noche, hora en la que sabíamos estaba solo. Tardó un poco en abrir, sorprendiéndose al vernos. Notamos que estaba un poco alterado pero pensamos que lo habíamos cogido durmiendo y sin darle más importancia, nos hizo pasar. Nos habíamos vestido con ropa muy ajustada y nos habíamos propuesto estar allí un par de horas o tres con él, ponerle a cien y dejarlo con un dolor de huevos para que luego se la tuviera que menear. Marco Antonio está casado y más de una vez su mujer había ido a pasar la noche allí. Llega a las diez, cuando se ha ido todo el mundo, y se marcha a las siete, antes de que vengan y como él es inspector, no le visita nadie por lo que puede hacer lo que quiera. Nos sirvió un refresco y charlando con nosotras lo notamos, ya no alterado sino nervioso y con una simple mirada entre Laura y yo, decidimos averiguar que pasaba allí. Sobre las doce de la noche yo ya estaba cansada y le pregunté directamente: - ¿Por qué no le dices a tu mujer que salga ya de una vez? No somos tontas y sabemos que hay una tía aquí, más que nada porque tú no usas perfume. Se quedó blanco como un papel de fumar y tras mirarnos a las dos fijamente, nos sorprendió con su respuesta. - La verdad es que no es mi mujer realmente, pero... le diré que salga. Estábamos intrigadísimas por ver quien era y con asombro vimos aparecer a Adelaida, la encargada de la recepción. Adelaida tiene 19 años recién cumplidos y seguro que Marco Antonio se la estaba tirando cuando llegamos nosotras, por lo que me decidí a dar caña, ya que me hacía la ilusión de comerle el chochito a aquella palomita. En la empresa nadie se acercaba a ella porque es la hija de un importante cliente de mi jefe pero allí la teníamos liada con un tío de 40 y tantos tacos. Estaba de pie y vestía una camisa blanca a través de la cual se veían los pezones de sus pequeñas tetitas, pues no llevaba sujetador, y una minifalda roja elástica. Me levanté, me puse detrás de ella y pasándole las manos por los hombros, le dije: - Adelaida, cariño, ¿también te ha quitado las braguitas? Asintió tímidamente y pasando los brazos por delante, clavando mis ya duros pezones en su espalda, empecé a acariciar sus tetas por encima de la blusa y besándola en el cuello, le pregunté: - ¿Qué hacías cuando hemos llegado nosotras... se la estabas chupando,verdad? Volvió a asentir y entonces Marco Antonio dijo: - No le diréis nada mi mujer porque si se entera... no me lo quiero ni imaginar... Sonreí y lentamente empecé a desabrochar la camisa de Adelina, que es como la llamamos nosotras, notando que su respiración se agitaba. Le quité la camisa y acaricié sus pequeñas tetas, tirando suavemente de los pezones, haciéndola gemir. Laura, por su parte, acariciaba la polla de Marco Antonio por encima del pantalón del uniforme y yo seguía acariciando a Adelaida, empezando a quitarle la falda, la cual acabó cayendo a sus pies, dejándola, tan solo, con unos calcetines blancos y unos zapatos de tacón negros, que realzaban sus piernas y le hacían un culito encantador. - Cariño... - le dije entonces a Adelaida - ¿por qué no nos enseñas a Laura y a mí como se la chupas a Marco Antonio?. Anda, chúpasela, que lo veamos... La llevé hacia donde estaba Marco Antonio y Laura, sacando la mano del bulto, le dijo: - Sácasela y empieza a chupársela, queremos ver como lo haces. Adelaida se arrodilló delante de él, que se había puesto en pie y desabrochándole el cinturón, le quitó pantalones y calzoncillos, dejando a la vista una polla no muy gorda, de unos 14 ó 15 cm, pero muy dura. Me puse entre los dos y cogiendo con una mano la polla puse la otra en la nuca de aquella ya excitada putita y le dije: - Venga, cariño, que sabemos que te gusta. Abriendo la boca, se introdujo el capullo y Laura, que estaba muy cachonda, la animaba diciendo: - ¡Bien, golfita, bien, chúpala a fondo, verás que rica! Adelaida ya le había cogido el ritmo de la mamada y Marco Antonio se corrió en su boca, llenándosela de leche que le caía por la comisura de los labios hasta sus tetitas. Entonces se me ocurrió una cosa. Como era la una de la madrugada y yo estaba muy caliente, le dije a Adelaida: - Anda, cariño, vístete que te vienes con nosotras. Laura, antes de que Marco Antonio reaccionara, le dijo: - No te preocupes, que vamos a mi casa y no nos la vamos a comer. Nos despedimos y en un taxi, a las dos, más o menos, estábamos las tres en casa de Laura. Nos pusimos cómodas, es decir en bragas y Adelaida hizo lo mismo pues, antes de salir, se las puso. Laura se sentó en el sofá y poniéndole las manos en sus hombros, empezó a hacerle un masaje mientras yo cogía el móvil para hacer una llamada. Laura, que cuando dejé el teléfono le estaba acariciando la tetitas a Adelaida, me preguntó a quien había llamado y yo le contesté: - En quince o veinte minutos lo sabrás... esta será una noche de sorpresas. A la media hora llamaron al timbre de la puerta y allí estaba, cuando abrí, la persona que yo esperaba, pero no venía sola así que saludé a la otra pero indicándole silencio al tiempo que les decía que mirasen. En el sofá estaban Laura, solo con las braguitas, y la zorrita de Adelaida, estirada y con una mano tocándose el coñito por dentro de las bragas, mientras Laura masajeaba sus tetitas, con los pezones duros como piedras. Entramos en el comedor y Adelaida se quedó de piedra al ver que la persona que estábamos esperando era nada más y nada menos que Juan, nuestro jefe y que venía acompañado por Ricardo, el que nos folló a Laura y a mí en la central de alarmas y que días más tardes nos presentó a sus amigos. Adelaida no dijo nada pero Juan, empezando a desnudarse al igual que Ricardo, decía: - Bien, bien... así que tenemos otra putita en la empresa... Cuando acabó de quitarse la ropa, se acercó a Adelaida y a Laura. Esta última le puso la mano en el terrible bulto que formaba su polla en el slip y Juan, tirando de los tiesos pezones de Adelaida, exclamó: - ¡Ven Ricardo, mira que tetitas más bonitas tiene esta chica...! Ricardo se acercó y empezó a tocar las tetas de Adelaida que estaba ya tan excitada que tenía las braguitas todas mojadas, por lo que Ricardo procedió a sacárselas. Juan, a quien Laura ya le había quitado el slip, acercó su gorda polla a la boca de Adelaida la cual, cogiéndosela con la mano, exclamó: - ¡Oh, que gorda! Laura, que estaba acariciándole los huevos a Juan, le dijo a Adelaida: - Esta noche vas a saber lo que es disfrutar de pollas de verdad... anda, cariño, chúpala y verás que buena está. Adelaida se incorporó un poco y se metió en la boca aquella polla que la tenía fascinada, mientras yo, que hasta este momento me había dedicado a mirar, le abría las piernas a Adelaida y le decía a Ricardo: - ¿No te apetece comerle el coñito? Mira que mojadito lo tiene... Se agachó y empezó a lamer aquella rajita y en el momento en que sintió la lengua, Adelaida se corrió en la boca de Ricardo, al que yo besé en la boca para saborear también los jugos de aquella putita que chupaba, golosamente, la polla de Juan. Mi jefe y su amigo cambiaron de sitio y Juan, abriendo las piernas de Adelaida, le dijo: - No sabes las ganas que tenía de tenerte así, zorrita, verás como te gusta. Yo misma cogí la polla de mi jefe y tras chuparla un poco, la encaré al conejito de Adelaida donde él se la empezó a meter poco a poco. El chochito de Adelaida se abría para acoger la gorda polla de mi jefe, que decía: - ¡Qué coñito tienes, que estrechito y caliente! Laura le acariciaba el pelo mientras los dos machos se la follaban por la boca y por el coño, a la vez que yo disfrutaba enormemente comiéndome las pequeñas, pero sensibles tetas de la chica que se contorneaba como una culebra. Ricardo no aguantó más y le llenó la boca de leche, besándola Laura rápidamente para saborear el semen del amigo y cuando mi jefe anunció su corrida, se la sacó del coño y lanzó su leche en las tetitas de su nueva putita, leche que inmediatamente lamí sin dejar ni una gota. Adelaida estaba rota de tantas veces que se había corrido y descansando de tanto ajetreo cuando Ricardo le preguntó a Juan al mismo tiempo que Laura y yo, teniéndole en medio en el sofá, le sobábamos la polla : - ¡Caramba, tío, como te lo montas... vaya cuadrilla de guarras que tienes en la empresa! - y tras dar un respingo cuando Laura bajó la cabeza y empezó a chuparle la polla, siguió - A estas dos ya las conozco pero la chica que tienes entre tus piernas, no. Me cogió de la nuca y mientras Laura subía y bajaba la cabeza en una viciosa y soberbia mamada, yo me ocupaba de sus huevos y de su ano. Pero, a pesar de todo, Ricardo seguía hablando: - Solo con que fuera una cuarta parte como estas dos zorras, sería demasiado. | |||||||||||||||